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16 de diciembre de 2009

La FIL 2009



(este post había estado refrigerado durante unos días y ya huele rancio, pero igual se lo vamos a sorrajar)

He regresado de mi travesía en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y aún estuve una semana entrenando mis dotes de huésped en casa de Defeña Salerosa. Veredicto: soy una mala influencia y me como todo lo que me den sin chistar.

Me siento mucho más ligera ahora que he dejado atrás dos pendientes que solían ocasionarme insomnio eventual: dejar mi departamento y presentarme con los chamucos en la FIL. Lo segundo me tenía particularmente consternada, porque el encuentro era de caricatura e historieta (género en el que he participado de forma más bien lastimosa en el pasado) y porque son... ¡los chamucos! (que tienen una cantidad apantallante de fans, que seguramente me rechiflarían -pensaba yo- en cuanto dijera con mi voz chillona: "hola, me llamo...")

Afortunadamente, ambas cosas salieron bien. La presentación con los chamucos fue tan chamuca como fue posible: Patricio hizo innumerables bromas, las mujeres se derritieron por Toño Helguera, El Fisgón nos dio una conferencia magistral, Rapé no ocultó su clásico estilazo para dibujar copetes, Erasmo Rodríguez se comparó con Carstens (pero de una forma tan jocosa que uno olvida las cuatrocientas toneladas de humanidad que carga el segundo) y Cintia Bolio atendió a sus legiones de fans. A pesar de que tardé algunos minutos en captar una pregunta del amable público, y de que se me salió un "mis vecinos son unos hijos de puta", la sesión fue realmente bonita.


-Sin contar, claro, a un provocador que se quiso poner con Sansón a las patadas: pretender cuestionar al Fisgón es como querer derretir un iceberg con un encendedor Bic.

-Y que el gran ausente fue el querido Hernández.

Agradecimiento especial a mi querida y ahora más que siempre admirada Chilangelina: ver su rostro en la primera fila "apaciguó los fuegos de mi alma", y además hizo una pregunta realmente interesante (sobre la inmediatez de la noticia y cómo hacer que perdure en una caricatura cada quince días). Al otro día la vi en el encuentro de periodistas latinoamericanos en Los Ángeles y su conferencia fue la más interesante y nutrida. Gobierna.

Tengo varios comentarios, pero dejemos que las imágenes hablen por sí solas:


Éstas son las tortas ahogadas que Isis me recomendó. Nuestro veredicto: dos pulgares arriba (aunque debo admitir que las mejores que he probado están en el DF, en el Pialadero de Guadalajara - Hamburgo con Lieja - dios hecho torta ahogada)



Una vaca ahí en la pared, cosa de todos los días.



Ja, miren la composición fotográfica de Rapé et moi. Estábamos abajo de unas tarántulas gigantescas y horrorosas.




Esta foto la tomé desde la terracita de un bar jocoso en el que farfullé teorías sobre los "corazones tan blancos" (Javier Marías dixit) y no sé qué otras babosadas más. Rapé es mi testigo.


Finalmente, todo muy padre y divertido. Vi a mi adorado Bef, le gané en comer comida a George I Paint, y conocí a mi héroe Jorge Cavazos. En el avión de regreso me senté en el lugar equivocado y charlé con una señora popof que no quería despegarse de mí. Josefina: también te considero mi amiga. O tal vez no.


Ahora sí: estaré actualizando más seguido.

PD. Si alguien tiene fotos del evento, se le agradecería las rolaran en el departamento de paquetería.



19 de agosto de 2009

Ya estoy reconciliada con el freelance y otros temas de gran importancia


Sencillamente, en un viaje exprés a Querétaro, me di cuenta de que es mil veces mejor que los horarios castigadores de las empresas. De todos modos pierdes el tiempo. De todos modos esperas desde las 11 de la mañana, con un ansia loca y estúpida, la hora de la comida. De todos modos, después de la comida, te sientas somnoliento frente a la computadora y tu cerebro se desconecta, se deja ir, entra en un estado catatónico apacible y despreocupado. Trabajas con los músculos contraídos porque dormiste mal y poco. Ves a tu jefe y te dan ganas de apuñalarlo, porque después de todo, su trabajo es vigilar que seas productivo y estés haciendo
algo constantemente.

De todos modos, todos trabajamos lo mismo. Todos tenemos fechas límite, y entregamos el trabajo hecho sin importar los desvelos, las inyecciones cafeínicas (o heroínicas), y los tiempos perdidos en esos estados catatónicos. La diferencia es que el empleado de oficina los padece frente al monitor o la máquina de cafés o sentado en el baño con los pies alzados para que nadie lo vea. Y los frilanseros, ja: los frilanseros los empleamos frente a la televisión. O en un parque. O en un Burger King. O en una clínica de rehabilitación.

***

Como les decía, estuve en Querétaro. Tenía objetivos muy claros: ir a la graduación de Fanny, que por fin ya es cocinera profesional (gastrónoma, pues), y arreglar lo de mi titulación.

En lo segundo, como siempre, me hicieron dar 54,9 vueltas alrededor del campus, persiguiendo documentos puñeteros aquí y allá. O esperando a las secretarias/encargadas de biblioteca, que como buenas asalariadas, son impuntuales e ineficientes. Luego tuve que ir al periódico de mis prácticas profesionales por una puñetera firma: por supuesto, mi ex jefe no estuvo sino hasta la tercera vez. Sentí escalofríos nomás de caminar por esa hórrida calle, repleta de bodegas de azulejos y albercas.

Ese jueves nos tomamos unos martinis, y luego procedimos a seguir matando neuronas con el ya desaparecido bloguerísticamente Calleja. Esto lo cuento porque surgió un chiste estúpido que hemos repetido ad nauseam en Twitter, y que no es gracioso a menos que hayas estado ahí.

Sentados en el jardín de su casa, mi amiga María vio una lucecita en un árbol. Como hasta entonces habíamos estado filosofando barato, reacción lógica de la ingesta de sustancias ilegales, María reaccionó rápido:

- ¿Es eso una lucecita que está parpadeando desde el farol de la calle... o es el diablo?

Lo dijo con tanta seguridad en sus palabras, con una irrefutabilidad tan evidente, que todos coincidimos en que si no era la luz,
forzosamente tenía que ser el diablo. Sólo eran dos opciones: un efecto natural o el mismísimo Belcebú.

A partir de ahí, de la deformación de una broma, le dimos al DIABLO una entonación de gringo explicándole algo inexplicable a un mexicano. ¡Es EL DIABLOU! Y desde ese momento, y hasta la fecha, hemos pasado casi 36 horas totales riéndonos del asunto. Es increíble cómo una broma puede durar tanto tiempo, casi sin alteración, y renacer en el momento exacto en que ya estaba muerta. Tres horas después, cuando alguien se quedaba callado, era pertinente preguntar si eso era el silencio.. O EL DIABLOU.

El viernes tuve una mañana difícil. Me había quedado sin un peso en la bolsa, y tuve que despertar a Fanny para que me prestara ¡1oo pesos! para sacar mis cartas de no adeudo a la biblioteca. En el camino, llamaba a mi "pagador" para que me pagara, pero no me contestaba. Me daba de topes contra todas las paredes de mi antiguo recorrido a la facultad. Veía niños y me daban ganas de patearlos. Veía parejas y me daban ganas de desollarlas. Veía hot-dogs y me daban ganas de comérmelos.

En la universidad, por supuesto, nadie trabaja antes de las 1o de la mañana. Di vueltas absurdas, hablé con una secretaria y le comenté que la ineficiencia de la burocracia era pasmosa, y al hacerlo las lágrimas rutilantes estaban al borde del derrame. Avergonzada, corrí a refugiarme en el único sitio que siempre me ha aceptado con los brazos abiertos: el internet.

Me enteré de una gran noticia.

Finalmente, pude resolver el absurdo. Me titulo antes de que acabe el año, como 18 meses después de lo que tenía proyectado. Mi plan maligno e infantil de titularme antes que todos mis compañeritos, con el único fin de chingarlos simbólicamente, se fue al caño en el momento en que casi la totalidad se tituló antes que yo. Pero no me importa, porque yo tengo un... líquido para limpiar lentes de armazón.

El sábado fui a sacarme unas fotos ovales, y luego vagué por el centro (previendo el pandemonium en casa de Fanny, donde había casa llena). Fue un paseo reparador. Querétaro me gusta muchísimo en tanto que cada esquina y cada calle me trae un recuerdo específico de la adolescencia. Sin embargo, hay tanto que no me gusta de esa ciudad. Hay tanto que me hubiera gustado no vivir ahí. Hay tantos anuncios mal escritos, tantos camiones que en algún momento me tiraron en alguna avenida (verídico), tantas distancias qué recorrer para tomar un transporte público, tantas reminiscencias de la pobreza universitaria y las comidas de cartón.

La graduación fue bonita. Bebimos y comimos como reyes (o como invitados de graduación de estudiantes de Gastronomía, que se le asemeja). Nos burlamos de la gente, para anticiparnos a las burlas de la gente, y bailamos desde nuestro lugar. Al salir, la pose DEL DIABLOU:



Hace mucho que no escribía posts tan pormenorizados de mis actividades. Otro logro: vencí un nuevo paradigma alimenticio, y comí pancita. No vomité.

Finalmente, fue un buen viaje. Pensé en muchas cosas. Todo este mes ha sido de replanteamientos muy grandes, que empezaron con un post iracundo (¡hola, rechazados de la UNAM!) y culminaron en una de las acciones más abominables que he cometido (¡hola, flaggeo innecesario!). Es como cuando uno tiene la certeza de que es horrible, y luego lo comprueba, y luego piensa que no, pero luego otra vez lo piensa... y al mismo tiempo reconsidera sus afiliaciones políticas, sus creencias e ideologías, y mientras tanto se da la oportunidad de probar platillos como la lengua en escabeche y el caldo de pancita.

De ahora en adelante, hay muchas cosas qué demostrar.






¡EL DIABLOU!



2 de junio de 2009

Pues me animé



Una vez, como a los 8 años, mis papás me organizaron una fiestita de cumpleaños: consistía en invitar a todos los de mi primaria (éramos como 45 en total, en TODOS los grupos) a comer a mi casa. El evento se llevó a cabo, y comimos algún pastel de carne y sopa y sandwichitos en triangulitos y gelatina verde. Algo que no olvido, sin embargo, es que en algún momento -a falta de payasos, imitadores, cantantes o de perdis un estéreo a la mano- mi papá sacó unos libros de arte y se puso a hablarnos del expresionismo, del cubismo, del realismo, de la oreja de Van Gogh, de la desnudez en la pintura, del papel de la religión en la Edad Media, etcétera.

Me gusta la anécdota porque es muy ñoña y muy inusual: un montón de escuincles -que no sabrían ni siquiera definir lo que es el arte- escuchando a un señor atentamente, con un interés que no era fingido sino auténtico, extraño, increíble.

A los quince años también me hicieron una cena, en una edad en la que yo me sentía llanamente absurda. También comimos pastel de carne y gelatina verde, bailamos en la sala de mi casa, nos sacamos fotos y todos se fueron a dormir. Yo seguí sintiéndome absurda por unos cuatro años más.

Después de eso no volví a tener fiestas de cumpleaños. Apatía o vergüenza social o la incertidumbre anticipada de pensar que nadie llegará a tu fiesta o la pereza de organizarlo todo, en fin: no se me había dado la gana celebrar una fiesta de cumpleaños. Además, como dije alguna vez aquí, la idea de CELEBRARME a mí misma me parece algo ególatra y protagónica. Por supuesto, es una idea hippiosona, un comentario ególatra en sí (como ayer que me saqué comentarios marxistas idiotas durante la final del fútbol, preguntándome por el valor pragmático del balompié y el hecho de que funciona como el verdadero opio de la sociedad y demás mamarrancias
new age para ocultar el hecho de que no le entiendo una naranjada).

En fin: este año me dije ¿POR QUÉ NO? (oquei: me lo pregunté). Ya tengo 23 años, bah: no tengo que pedirles a mis papás su casa, ni correr a todos porque mis papás duermen, o mi hermana ronca, o mi tía Rosita Corcuera viene a desayunar a las 7 a eme.

Días antes, mandé invitaciones por Facebook enajenadamente. ¿De qué se trataría? Pues lo clásico: varios tipines bebiendo con música de fondo. No se necesita mucha planeación para eso, ¿verdad?

Ajá. El jueves en la noche, ya acostada en mi cama a punto de dormirme, un pensamiento atroz me asaltó:

"¡Imbécil! ¡No van a caber en el huevito que tienes por departamento!"

Entonces me levanté. Di varias vueltas por el perímetro total y, al comprobar que sólo podía dar dos vueltas sobre mi propio eje, declaré oficialmente la alerta roja.

Aún el viernes y parte del sábado hice mis quehaceres evitando a toda costa el pensamiento terrible, la vocecilla sardónica que me decía al oído: "¡Ja-Ja! ¡Tu fiesta, la primera que organizas en tu vida adulta, será un fiasco! ¡No van a caber! ¡Tus vecinos marcarán al 060! ¡La gente huirá! ¡Serás la vergüenza de tu generación! ¡Alguien rodará por las escaleras! ¡SUICIDIO SOCIAL!"

En la tarde del sábado, la inefable Aline Salazar llegó a mi casa con comida yucateca y me dijo:

"Basura: no van a caber en tu casa".

Yo lloré un poco y le dije: "Patrañas".

Y en eso me dijo:

"Basura: te presto mi casa. Llamemos a todos en este momento y cambiemos la locación".

Yo le dije: "Patrañas".

Ella me dijo:

"Basura: eres una basura".

Entonces entendí.

De inmediato llamamos a todos cuantos pudimos y les explicamos que por CAUSAS DE FUERZA MAYOR se cambiaba la locación de la fiesta.

En fin: no tengo que decirles, muchachos.















ÉXITO TOTAL.

Uhh, qué buena fiesta. Uuh, nos estupidizamos. Selección musical de diez. Vergüenzas. Ligues. Miradas. Tropezones. Tocino con salsa de ostión calentado en el microondas. Caguamas por montones. Los calimochos del honor. Personas pachecas. Personas borrachas. Personas felices.

La crónica de una fiesta sería muy vulgar, por eso nomás algunas fotos de rigor, para el quemón oficial:






















Chavos, ya es muy tarde y me da un poquitín de miedo empezar a poner los links de todos los blogueros que fueron (uno que es ñoño, total): propongo que todos los asistentes dejen constancia en los comentarios. Y que finalicen con la bonita imagen del puño en alto.

¡Rock!


29 de diciembre de 2008

Recuento ególatra del 2008 (post largo y plagado de detalles intimísimos, ¡entérese!)


En diciembre del 2007 me tracé ocho propósitos ineludibles y obligatorios para el año 2008. En el post en cuestión afirmé que, de no cumplir con uno de ellos, cualquiera estaba invitado para burlarse de mí sin piedad. He aquí el recuento:

1. Darme de alta en Hacienda.
Lo hice. Ahora debo una suma cuantiosa a ese organismo corrupto. Um. Quizás nunca debí hacerlo. Um.


2. Finalizar mi servicio social.
El periodo más odiado y temido de todo estudiante de universidad, en donde una institución cualquiera nos tortura con trabajo monótono y no remunerado. El mío lo hice en el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, como reportera. Entrevisté a artistillas del mundo cultural queretano, generalmente becados para contribuir con su sapiencia a las artes en general. Lo digo sin vergüenza: entrevisté a mucho tarado con un léxico pobre y sin la habilidad para ver a la gente a los ojos mientras habla. Pero también a muchas lumbreras, y algunas personas simpáticas cuyas salitas decoradas con figurillas y comentarios fuera de lugar todavía me alegran. Es increíble que todavía en enero de este año haya estado sentada en la oficina de mi jefa, una eminencia del periodismo cultural exiliada en Querétaro, y haya sentido un poco de rabia por entregar notas que le parecían tontas e incompletas. Claro que luego mejoré.
No terminé las horas reglamentarias, lo confieso ahora. Tenía mucha apuración por irme de la ciudad y ya estaba con otro trabajo, así que un día de abril llegué con los papeles de la universidad para que la Eminencia los firmara. No objetó. Faltaba más.



Las hice en el periódico El Corregidor, de Querétaro. Originalmente entré como coeditora de (¡horror!) la sección Municipios, pero no pasó mucho tiempo antes de que TODOS ahí -hasta la señora que hacía la limpieza, una sujeta muy simpática por cierto- se dieran cuenta de que trataban con la Más Grande Periodista de México en Ciernes. Exagero (es bueno para mi autoestima). La realidad es que el director general y su servilleta simpatizamos de inmediato, porque en una conversación nombré a Kapuściński y obtuve sus favores ipso facto. Entonces hice algunos reportajes que tuvieron tanto éxito que fueron enviados a la última plana de la sección más cutre en el día de menos venta. Fue maravilloso.
Terminé mis prácticas antes que todos mis compañeritos de generación porque me aboqué a un horario de ocho a diez horas diarias y con algunos fines de semana investigando en pirámides olvidadas los secretos arqueológicos más fenomenales del universo. Así que en abril ya estaba lista para…


La cual versó sobre la literatura chilena post-dictadura, un tema fascinante y de gran incidencia en la realidad sociopolítica de México. En realidad, me mudé al DF con la mitad de la investigación a cuestas, pero en mi trabajito de acá tenía tantas horas libres que no fue difícil escribir sobre Barthes y las pantallas plasma al mismo tiempo. Acabé algunas horas antes de que tuviera que enviar el mamotreto de sepetecientas páginas por mail a mi tutor, quien me lo regresó algunas semanas después con sesudas observaciones basadas únicamente en su aversión hacia mi persona (lágrima lágrima). Aún así, no me fue mal porque ¿quién puede refutar a Rafael Gumucio y compañía? Las autoridades de mi facultad ciertamente no.


Lo hice el domingo 13 de abril de 2008. Llegué a las 11 de la noche. El clima estaba despejado.


6. Encontrar trabajo en el Distrito Federal
Mi primera chamba acá fue como copy o redactora publicitaria en Samsung. Oh Alá. Conocí los horribles secretos de la publicidad, atrocidad soportable en comparación con la de aguantar a los coreanos y su perenne olor a ajo. Puaj. Había un agradable ambiente de trabajo, no lo niego, y conocí a gente a todo dar que aún hoy me cae bien y de la que no hablaría mal a menos que tuviera que hacerlo. Tenían la costumbre de hacer bolitas consuetudinarias en la salita de peloteo cada que la ocasión lo ameritara, y todos le hacíamos burla conjunta a mi compañero de cubículo, apodado El Carbohidrato por sus grandes proporciones.
Sin embargo, a los tres meses me di cuenta de que mi futuro no estaba ahí. Fue un trabajo agarrado por desesperación, sin emoción alguna. Sabía, en el fondo, que no planeaba hacer una carrera en publicidad, así que conforme pasaban los días resolví renunciar. Esta decisión fue, oh, dolorosa y difícil en muchos sentidos, porque en todo momento pensaba que estaba tirando la toalla de la forma más vil y que no estaba esforzándome lo suficiente.
A la larga fue una buena decisión.
Desde entonces soy miembro honorario del mundo del freelance. A mí me ha ido bien en la feria, así que no puedo hablar mal al respecto. He trabajado en proyectos disímbolos, desde una página web para niños con contenidos ecológicos hasta un programa de risa a la Monty Python. Y en una revista haciendo como que edito.
La verdad, lo confieso, me va bien. Muy bien.

7. Encontrar departamento.
Mi camarada Petronila se aventó la peligrosa puntada de vivir conmigo durante siete meses. No soy una mala ‘compañera de cuarto’ (este terminajo y el de roommate me dan urticaria), pero sí una mala persona. No cierto.
Pero la verdad es que me encuentro muy bien en la soledad. Y también, aunque últimamente parezca una virtud y sea blandida por todos como descripción hip y contracultural de sus personalidades, poseo muchas neurosis. Si usted me conoce, dará fe de ello. Cosas como la posición de los cubiertos en el escurridor y el olor del champú por la mañana pueden llegar a alterarme en grados inimaginables. Por supuesto, no lo demuestro, así que me trago mis corajes y después exploto con pataletas y lagrimitas y bebidas arrojadas a la cara. Es verdad.
Así que renté mi propio departamento, para hacer de él un campo de concentración con la ropa tirada en el piso y cuya única dictadora sería yo. Claro que a veces me apachurro porque es difícil sostener una conversación con la cafetera, pero en general me la paso bien yo sola. Y además me gusta llegar a pie a todos lados, empresa que ahora es posible dada la jotísima ubicación de mi refugito.


8. Titularme.
Adelante: búrlense. No lo logré. A lo más que llegué fue a enviar mi carta al consejo y a que éste aprobara mi solicitud de titulación, pero todo el tramitaje aburrido lo fui postergando indefinidamente hasta que de pronto se acabó el año, yo entré al Hi5 de algunos de mis compañeritos de generación (oh, ocio maldito) y me enteré que tres de ellos ya se habían titulado. Pensé, dentro de toda mi egolatría y ánimo competitivo de pacotilla, que nadie lo haría antes que yo. Pero lo hicieron.

Me gradué, sí; tengo mi certificadito que en las fotos sostuve al revés, todos los créditos cursados y todo en su lugar para que nomás vaya a servicios escolares y lleve a cabo algunos trámites y ya estuvo, pero no lo hice, ¡no lo hice! Así que merezco sus burlas.

En general, 2008 fue un año extraordinario en todos los sentidos, buenos y malos. Sin duda, el año más importante de mi vida, en el que experimenté más transformaciones en doce meses de las que tuve antes en cualquier periodo.

Me divertí. Mis propios errores me dieron bofetadas en la cara, de los que espero haber aprendido algo. Celebré. Aprendí cosas no tan agradables sobre mi carácter. Tuve aventuras idiotas. Y accidentes idiotas. Conocí gente asombrosa. Me hice de enemigos innecesariamente, que luego conocí en fiestas y a los que tuve el cinismo de decirles "no me arrepiento de nada". O no. Confronté la realidad de ser adulto. Perdí cosas y personas, cuya ausencia todavía no supero del todo.

Me gusta pensar que logré levantarme, cambiar muchas cosas de mi circunstancia que no me complacían, y obtener algunos logros, como si la vida fuera un videojuego y en cada misión hubiera secretitos, llavecitas y puntajes qué desbloquear. Creo que algo así no se repetirá, al menos no pronto.

Extrañamente, no tengo ningún propósito definido para el 2009. No es que me confunda qué es lo que sigue ahora. Sencillamente, ya no me place moverme de donde estoy. Así que, si tuviera algún propósito, seguramente sería el de mantenerme. Mantenerme donde estoy.


10 de febrero de 2008

El futuro novio que no

Una vez iba yo caminando por una calle céntrica de la ciudad, en 6 de enero. Venía de una cita preparatoriana (en las que no haces nada esencialmente importante, y luego cada quién se regresa a su casa en camión) y me maldecía mentalmente por mi poca habilidad para las artes de la conquista. En eso, a la puerta de una escuelita para niños fresas, un jovenzuelo veinteañero me increpó.

Me preguntó, según recuerdo, si tenía fuego.

Fuego. No cerillos, ni encendedor. La frase ligadora más trillada y absurda del planeta. Por supuesto, le dije que no, y que no fumaba. Cuando me disponía a seguir mi camino, mientras me hundía más y más en mis pensamientos de poca autoestima adolescente, el sujeto me tomó de la muñeca. Acto seguido: acercó mis manos a su cara y las miró por largo rato. Yo tenía las uñas de la mano derecha pintadas de azul eléctrico, y las de la izquierda de rojo sangre. Él comentó que se veían interesantes, y luego explicó que estaba esperando a sus amigos para ir a comer rosca de reyes.

- Creo que ya me dejaron plantado.

Me quedé callada, con una sonrisa imbécil que esbocé a propósito, para que pensara que estaba media tarada y me dejara ir. Claro que mi mueca no fue suficiente (ah: las uñas dispares siempre atraen a los hombres por manadas), y acabé respondiendo un interrogatorio sobre mi vida y ocupaciones. Estuvimos ahí parados como media hora, y entonces el sujeto lanzó la segunda frase excepcional de la noche:

- ¿Quieres ir por unos tragos?

Tragos. No chela, ni chupe. Por supuesto, le dije que sí. Digo: no. Le dije que no.


Después me dijo su nombre, que desde luego olvidé a los tres segundos y medio. Me pidió mi teléfono, y yo en ese entonces me sentía muy anarquista, y en realidad era muy pobre... así que no usaba celular. Enseguida dijo que me daría el suyo. Sacó un pedazo de papel y apuntó un número larguísimo, como de quince dígitos. Y después dijo:

- Acuérdate: soy tu futuro novio.

Otra vez hice la sonrisa imbécil, pero de forma inconsciente. El sujeto se me acercó y yo creí que me iba a besar y chocamos la cabeza y acabamos dándonos un abrazo de Día de Reyes muy baboso.

Me fui caminando pensando, no en él, sino en mi cita preparatoriana y en cómo era posible que el otro no se fijara en mí aunque habíamos recorrido el centro a pie un millón de veces, y en cómo éste me tiraba los perros con verme de lejos y luego ver mis uñas multicolores.

Y después me fui a comer unos tacos con mi hermano, pero esa es otra historia.

Nunca le hablé, obviamente.

24 de septiembre de 2007

Post ilustrativo que escribo nomás porque hay fotos al respecto (qué insultante es la egolatría)

Mi familia está muy loca. En especial mis tías, quienes TIENEN que celebrar cualquier fecha con una pachanga mágica-cómica-musical alusiva y temática. Como el día de muertos cuya ambientación era toda referente a la Edad Media. Se decoró la troje del rancho del tío con velos negros, antorchas y velas. Se asó un mamífero (cuya identidad no revelaré) en la noche, que nos comimos con los dedos y sin cubiertos. Bebimos vino y degustamos pan duro y queso. Mis tías se disfrazaron de hadas, de monjas capuchinas, de Robin Hoods y de princesas. Yo me atavié de un mariconsito de la corte con todo y bigotito mamón. Escuchamos a Enya y nos emborrachamos a lo grande.

(guardo mucha expectación para la celebración de este año)

El 15 de septiembre comimos pozole, tamales oaxaqueños y cochinita pibil. Bebimos tequila. La casa comunitaria (donde estudié la primaria, con tres compañeros en sexto grado... historia que contaré algún día) estaba decorada con banderas y guirnaldas. El tío autoritario de siempre no paró de decir
carajo carajo en toda la noche; la tía guapa fue torteada por un borrachito cuando dimos el grito en la plaza principal del pueblo; se exaltaron los valores familiares como la humillación masiva y la observación aguda de los defectos -físicos y mentales- de todos los integrantes del clan Camberos.

Uf.

También, por otra parte, mi familia es buena onda. No se fijan cuánto vino le echas a tu calimocho y hacen como que no vieron si tropiezas de borracho. Eso me contaron.

Parte de la familia piripitín con los cachetes rayoneados en tricolor.

Claramente tuve que achaparrarme para que mi hermano Y. se viera en la foto. Noten el orgullo de la futura hija de mi hermano B. y el primo que a sus casi treinta parece de quince. La hermana D. sonriente (la hermana L. andaba en otro reven, osea) Y las tías simpáticas. Bueh


Claro que no sería un post totalmente ególatra si no presumiera además de mi amiga del alma. Más de diez años de amistad ininterrumpida. Jamás nos hemos enojado. Bueno: sí. Una vez le di un almohadazo con el que su cabeza rebotó contra la pared. Teníamos como 9 años. Laura estuvo ofendidísima durante dos semanas enteras.

Está soltera por el momento. Insisto: si gustan su teléfono, pídanlo con confianza.

Hum. La ollota del pozole, una panza en rosa y mi hermano Y. sonriente como diciendo: je, par de hipócritas. Pero nada de eso es cierto.



Lo mejor de todo es que esta clase de cosas a nadie le importan. Pero igual estaban bonitas las fotos y no podía dejar de presumirlas.


Ya: lean La Jornada o algo igual de instructivo.

9 de septiembre de 2007

Soy una discapacitada

Lo descubrí ayer después de haber visitado, fácilmente, más de ocho ópticas distintas en toda la maldita ciudad. Recorrí el centro histórico a tientas, sin ver más allá de un radio de veinte centímetros. Y me perdí de todo lo bello que hay ahí, de todas las vitrinas con rebajas inalcanzables, de todos los puestos de chunches folklóricos, de toda la gente con atuendos absurdos y de todos los extranjeros simpáticos que se sienten como en Barcelona región 4.

Estoy ciega, oficialmente. O eso temo, por lo menos. Como si no fuera suficiente con todas mis dolencias (sí, soy hipocondríaca), parece que mis ojos ya dieron todo lo que tenían que dar. El día que me los opere va a ser, oficialmente, el día más feliz de mi vida.

Mientras tanto hay otro tema muy importante que debo confesar.

Descubrí que, además de discapacitada, soy una adicta.

Sí, adicta a las NUEVAS GALLETAS de Hershey's.


Saluden a su papá. Hola papá.


Oh por el amor de Alá. Son tan excelentes y hermosas. Galleta blandita con chispas de chocolate y crema de cacahuate y una capa de chocolate derretido en la cara transversal. Es tanta azúcar que les aseguro no necesitarán otra dosis de calorías en el resto del día. Es la cosa más fabulosa que su servilleta ha probado. Y es tan adictiva que la otra noche me sorprendí a mí misma llorando porque no tenía dinero (12.50 la galleta. Cara, ¿no?) y el Oxxo de la esquina ya había cerrado. Como siempre, el primer paso es aceptarlo.

Las amo.

Bueno. Eso fue aburrido. Como sé que les gusta verme haciendo el ridículo, las fotografías del partido que las honorables Jawarras (contraparte femenina del honorable equipo Jawarros) perdieron 5 a cero. Aunque yo sólo dejé pasar dos goles... o quizá tres. Seguramente mi número ultra-cachondo confundió a las marimachas del equipo contrario:


La verdad llevaba toda la universidad sin tocar un balón, así que esas costumbres futbolísticas me son del todo ajenas.

Como cuando todo es alegría y felicidad:


Y de pronto un gracioso hace una graciosada poco graciosa:


O cuando estás celebrando una jugada magnífica y no puedes evitar exudar ridiculez por todos lados:

O cuando llega un colado que quiere colgarse de la fama de las orgullosas perdedoras:

Y ya. Admiren mi introspección. Celebraba internamente con novecientos litros de champagne, como es mi costumbre:


Postdata: Mi droogie friend, la genial Triquis, también ha de haber amanecido con calambres alucinantes en todas las articulaciones posibles. Por eso lo del debut y despedida, no porque perdiéramos. Sino porque los dolores físicos fueron insuperables. Snif.


Y además perdimos.

13 de junio de 2007

Ocho detalles que ni son chuscos ni interesantes, pero que ahí les van...

Por invitación expresa del buenazo de Miguel Cane, este ¿juego? que tiene el objeto de escribir ocho detalles sobre uno mismo y luego invitar a otros a que hagan lo mismo.
Aquí voy:


  1. Soy muy neurótica y mis excentricidades a veces rayan en lo ridículo. Por ejemplo: la gente no puede tomar más de un cubierto en mi presencia; el sonido de los cubiertos amontonados me produce una aversión casi tan absoluta como la que algunos sienten con una uña en el pizarrón o una corcholata aplastada en el piso.

  2. Tengo dos hermanos y dos hermanas, todos ellos mayores que yo. El asunto ahora es benigno y feliz, pero cuando ellos estaban en la edad de la punzada y yo no era más que una escuincla impresionable e inocente fui objeto de sus burlas encarnizadas. Léase: fui su botana hasta que se cansaron. Me vestían como Margarito y me grababan diciendo el clásico "Láaaastima, Margarito", mientras me daban una pera como premio de consolación (?). O me ponían bigotes y una chamarra de motociclista y me hacían ejecutar malabares imposibles. O me llamaban "mocosa" y "Lila Deneken". Etcétera. En realidad me divertía bastante. Ahora tomamos cerveza y yo me comporto muy diplomáticamente con sus parejas/esposas/esposos/concubinos.
  3. Padezco ofidiofobia, que es la fobia hacia las... En realidad nunca digo el nombre y todos los que me conocen se refieren a ellas como las "innombrables". Una pista: "tengo una innombrable en mi bota" (con acento ranchero) o "a la innombrable, innombrable de la mar...". ¿Cactan?
  4. Este me da vergüenza, pero igual lo diré: he besado a cuatro hombres en lo que va del año. Probablemente no es una cifra estratosférica ni apantallante, pero en mi caso es más de lo que lo había hecho durante toda mi pubertad/adolescencia. Para explicar lo anterior no tengo más que decir que las circunstancias se dieron en el momento preciso y en el lugar adecuado, ñaca ñaca. Digo, en el caso de los que fueron besos arbitarios y accidentales. Y de los otros eran de esos que uno da porque... tiene que darlos, ¿entienden?
  5. ¿Quién será el quinto...? El mayor de los hombres que he besado tiene 46 años.
  6. Otro detalle ruin que no debería compartir: tomé mamila (o biberón, pues) hasta los seis años. PERO aclaro que era nomás por gusto y eso sólo durante las noches, cuando mi máximo en la vida era tomar la leche ahí y pasar los dedos por los conitos (flequitos) de las cobijas. Creo que esa es la sensación más beatífica que recuerdo.
  7. Estudié en la mundialmente conocida Preparatoria Sur, que en realidad se llama Salvador Allende. Es muy curioso: a los quince años no sabía quién era él y ahora planeo mudarme a Chile en cuanto las aguas se templen un poco.
  8. Una de las frases más geniales que me han dicho provino de una chicuela que, en una carta, escribió: "Podrás ser de un pueblo, pero yo creo que tienes mucho mundo" (¡áijos!).

Bah: estuvieron aburridos. Nada de sexo, drogas y rocanrol. En fin.
Ah y lo paso a Don Rul y a... eh, al chico que dejó un comentario en el tagboard, Chukustako...

30 de mayo de 2007

¡Ay!

Ya sé que había prometido para ayer la crónica de mi cumpleaños (en el que en realidad ni voy a ahondar), pero es que se me derramó el líquido letal de unas pilas y ya andaba con la sugestión hecha bolas: pensaba que iba a morir intoxicada y de pronto se me secó la boca y ya no podía hablar, además sentía pulsaciones en la cabeza y pensaba: "Chin, ya estuvo, ya me chingué" y cosas así... como que iba a morir joven. Y, en adelante, estaría muerta todo el tiempo. Y morir. Y una tumba, con su lápida y florecitas marchitas. Y los recuerdos y las certidumbres de todo lo que podría haber hecho esa muchacha que hablaba hasta por los codos y pelaba los ojos y usaba pilas chafas con el ácido al borde del desparrame...

Sí, ¡todo por unas pilas!

Pero luego bebí kilolitros de leche y me tomé el asunto relajadamente, con lo que el riesgo de intoxicación se redujo en un 73%.

Mañana, ahora sí, la crónica. De una vez revelo el misterio:


¡Conciertoooo de Lucybell!


De lo demás, no hay mucho para contar. Mi sacrosanta madre me hizo mi platillo favorito, que descrito suena bastante humilde, pero que en realidad es un Regalo Fabuloso del estado de Campeche: frijoles negros/carne de puerco/arroz blanco hervido/pico de gallo/habaneros toreados/cebollitas moradas. Algo más o menos como los moros con cristianos.

No estos. Otros.
Luego, ya en conocidísima plaza del EdoMex donde se suscitó el magno concierto, anduve dando vueltas por los pasillos mientras mis hermanos se empacaban sus cervezotas en conocida franquicia de cervezas de sabores, texturas y estilos variadísimos.
Y también vi a cierta persona a quien aprecio hartísimo. No conviene decir quién. Él y yo lo sabemos.
Luego el concierto, del que hablaré mañana.
¿Quieren saber cómo pasé mis últimos dos cumpleaños?
Búrlense.
Hace un año estaba trabajando en el café y tuve un pleito fenomenal con mi jefa. La vieja estúpida lloró y lloró porque su vejestoria madre estaba al borde de la muerte (¡santas catarinas rostizadas!) y me arruinó mi fabuloso cumpleaños número veinte.
Terminé comiendo un pozole verde en dudosa zona de la ciudad.

Hace dos años estaba destrozada porque había perdido beligerantemente un concurso de cuento bastante facilón y los ganadores se paseaban ante mí en el saloncito donde fue la ceremonia de premiación. Luego vi a un exnovio baboso que ni siquiera me saludó y finalmente terminé comiendo unas enchiladas verdes, yo sola, en la cafetería de una facultad que ni siquiera era la mía.
Pero la Historia me bendijo y además me estoy quedando ciega (¡maldita pila!)

25 de mayo de 2007

¡Cruda asquerosaaa!

Me invade una Cruda Asquerosa. Pero también quiero entrar a la moda blogueril (una de tantas), que consiste en relatar una pachangona donde uno haya sido el anfitrión perfecto. Y cómo no, si agasajé a mis invitados con gelatinitas de vodka y comentarios oportunos como "¡Cuidado con el florero!" y "A guacarear al baño, señores".

Fotos, nomás para rellenar espacio:

Acá una horda de metaleros ruidosos y enojados, muy enojados.

Acá no sé qué estaba viendo, pero seguramente era algo muy en onda.

Y acá me gané el premio a la mejor sonrisa fingida en su versión 2007.

De nuevo, la pose comodín.

Estuvo tan divertido todo que lo último que quería era irme a dormir y correrlos a todos.


Pero lo más genial del asunto fue despertarme al día siguiente y encontrar esta escena en el cuarto contiguo:

Y así estuvo por horas. Hasta me recorté las uñas sentada en la cama...
Dos más, que doña Emily envió:

22 de mayo de 2007

Mi última semana como una veinteañera rozagante

Y yo ayer quejándome por un hecho irrefutable, conocidísimo por todos, y ante el cual nadie nunca podrá hacer nada.

De veras que sí se siente algo diferente, no sé exactamente qué. Pero pronto, ¡pronto!, podré tomar alcohol en cualquier país que se me antoje.


¡Salucitaaa!

(les regalo una cara ebria, nomás por buena onda)

Tres niñitas ingenuas que no saben posar si no es con su consabida pose de drogasexoyrocanrol

Por cierto: acepto regalos por paquetería. No me incomoda ni me produce conflictos. Calculen la talla: caderonsona y de piernas larguiruchas. Aunque, por supuesto, todos sabemos que los mejores regalos del mundo siempre han sido un disco o un libro... Sorpréndanme.
Nah, sólo bromeo: de todos modos celebraré mi cumpleaños -el próximo sábado- de la manera más fantástica y maravillosa posible.
Ñaca ñaca.

16 de mayo de 2007

Diarios de una muchachita neurótica

Resulta que la nueva moda en ciudades cosmopolitas como Nueva York, Los Angeles, Chicago, Boston y San Francisco es desatarse en público con los diarios adolescentes de uno.

La cosa es así: en un barecito medio atiborrado de gente, un treintón o cuarentón cualquiera lee, micrófono en mano, los diarios que escribió en la edad de la punzada, cuando era un estupidín que no sabía ligar, besar, ebriar o sostener una relación cordial con su familia.

En Milenio, Patricia Ruvalcaba escribió al respecto (con un excelente inicio: “Por favor, ayúdame a madurar, ayúdame a llenar mi brasier. El ruego fue formulado en 1980 por Becky Ciletti, estadounidense, cuando ella tenía 12 años y empezaba a flirtear. Ciletti, ahora con 39 años, leyó en público ese y otros textos que escribió en su diario de adolescencia”) y al final formuló una posible explicación sobre el fenómeno: “una especie de ansia social por incorporarse a las corrientes deshinibitorias desatadas por internet, donde los blogs y espacios como YouTube han sido atiborrados de asuntos privados”.

Leí esto y reflexioné un poco. En realidad, con este blogsete, su servilleta no se ha desinhibido mucho que digamos, principalmente porque no encuentro hartas cosas interesantes de dónde desinhibirme. Pero sí he tenido diarios y muchos. En realidad han sido textos casuales, escritos por aquí y por ahí sin mayores propósitos. De épocas particulares, no necesariamente importantes, he escrito relatos verdaderamente largos y pormenorizados, que luego al leer me producen sentimientos contradictorios: a veces me río y a veces me pregunto por qué carajos era tan infeliz por los motivos más insignificantes.

Aquí, algunos párrafos elegidos al azar, que no echan de cabeza a nadie (cambié los nombres, aunque ni era necesario):

- Su novia, si tiene... ¿tiene novia?
Pregunté con un tono de voz rayano en lo imbécil.
Durante el fin de semana entero (después de haber resuelto no pensar más en el Hecho Impactante) estuve reflexionando sobre la forma más sutil y disimulada de indagar sobre el estado civil/romántico de Archibaldo. Me dije que, en caso de obtener una respuesta afirmativa a la pregunta planteada en el párrafo anterior, daría un paso atrás y me alejaría con la prudencia del que no se quiere quemar y por lo tanto se niega a jugar con fuego. Esa semilla que no debía crecer, pensé. Y si no debe crecer, el asunto no puede incomodar más allá de la comprobación práctica y científica de una teoría que elaboré años atrás, según la cual sólo hacía falta que un sujeto dado X me agradara en una proporción mayor a la simplona amistad (Y) para que el individuo, en cuestión de días, encontrara pareja definitiva (Z).
X + Y = Z en nueve casos de diez.
(Rodomiro me dijo un día: “piensa que te gusto, piensa que te gusto”)
- Sí.
Diez de diez.
La respuesta es procesada eficazmente y sin reacciones negativas, como se hubiera previsto. Es tanta la emoción y la risa contenida por los recitales de momentos cumbre en The Holy Grail que sólo atino a esbozar una sonrisita tonta.
Luego se asimila el monosílabo.
Sí…


También he escrito de esas cartas gigantescas que tienen cierto olor a reproche y melancolía, jamás enviadas por supuesto, y que por lo general terminan con un “probablemente nunca leerás esto”:
Pero en ellas encontré esta frase, que me pareció híper-romántica:

Esos besos que me diste, noches después, podrían bastarme para recordarte una vida entera.

O también están las quejas apáticas, que nunca fallan:

Tengo entendido lo que debo hacer, pero es muy claro que no me place. Tarea y reportes y ensayos y leer artículos y lecturas y otras cosas que no me place, que no me da la gana. Y luego resulta que no tengo ganas ni de esto ni de nada. Que sencillamente no tengo ganas de nada. Ni de dormir porque tengo continuas pesadillas de víboras que se meten a la casa y que hacen un ruidito fastidioso conforme avanzan y que al morir dejan esparcidos su piel y veneno.

Y luego, días después:

Y el punto es que he hecho mis cosas, mal o bien, he salido del brete escribiendo mis tres o cuatro cartillas del ensayo tal y leyendo los textos a la mitad. Ahora pienso que ciertos maestros deben odiarme. Me la paso hablando o dibujando o bostezando en sus clases. Qué molestia. Por eso ni me atrevo a quejarme de un siete en un ensayo que naturalmente no merece. El ensayo. Pero igual yo sí lo merezco.

Y más quejas aún:

Me recuerda a otra época, no hace mucho, cuando aún estaba en la preparatoria y sintiéndome entre marginada y entre que no, entre que no tenía ganas de ver a nadie y entre que deseaba que alguien acudiera a mí, me la pasaba todas las clases leyendo el diario de Mew, que bajé de internet. Me lo sabía de memoria pero ah, cómo me levantaba el ánimo leer las aventuras de estos daneses que pecaban de dulces y correctos.

O episodios estúpidos:

Llegué al café con media hora de retraso, me senté en una mesa y esperé a la jefa. Crueladevil apareció y se sentó junto a mí mientras sostenía a una bebé de meses.
- Qué linda su nieta –dije.
Sonrió como sólo ella sabe hacerlo y luego aclaró:
- Es mi hija –me miró sin ganas–. No estoy tan vieja.
Una frase he cruzado con ella y ya lo he arruinado. A pesar de eso –y en gran, grandísima parte por la urgencia que la apremiaba– me dio el empleo. Empecé esa misma tarde y a las pocas horas ya había derramado la espuma de algunos capuchinos, me había quemado los dedos con la máquina y me enfrentaba a la desdicha de servir sin saberme servida y sufrir por la petulancia del que te ve por encima del hombro y con un chasquido de dedos ordena y dispone. Ganar dinero honradamente y yo que había pensado inaugurar el Proyecto Caos y hacer volar todos los complejos bancarios de la ciudad.


Todo esto nadie lo ha leído y es una lástima: decenas, casi cientos de cuartillas de digresión barata con muchas aventuras igualmente baratas. De ellas extraigo algunas conclusiones, como que la apatía me ha invadido en ciertos periodos de mi vida y que también, cuando lo he decidido, me da por convertirme en la conquistadora más picuda de la ciudad (eso fue una frase sarcástica, por si no lo habían notado).


En diez años o veinte los leeré completos, de eso estoy segura.

9 de mayo de 2007

Un meme: ¡Sacrilegio!

No soy asidua de contestar cuestionarios con pretensiones psicologistas, pero el buen Raúl g.n. tuvo a bien mandarme este meme (ignoro de dónde proviene la palabra; yo al único Meme que conozco es al de Café Tacvba y ese no me agrada tanto que digamos) y no me queda de otra que contestarlo, porque su servilleta es una persona muy cortés y diplomática.

Leí las preguntas y me parecieron altamente extrañas, pero como no me puedo ir por la tangente, trataré de hacerlo lo mejor posible:


1. Los principales rasgos de mi carácter:
Desidia, obstinación, hiper-sensibilidad (¡ja!)

2. La cualidad que deseo en un hombre:
Francamente: que sea buen amante.

3. La cualidad que deseo en una mujer:
Que sea graciosa.

4. Lo que más aprecio de mis amigos:
Que son personas chipocludas, amables, a todo dar, buena onda. En una palabra: que son seres humanos chingones.

5. Mi principal defecto:
Tozudez.

6. Mi ocupación favorita:
Errr... ¿Bloguera?

7. Mi sueño de felicidad:
Una bodega repleta de Sabritas y Gansitos.

8. Lo que para mí sería la mayor desgracia:
Una bodega vacía. Y la muerte.

9. Quién me gustaría ser:
Carlos Slim, sin dudarlo un segundo.

10. Dónde me gustaría vivir:
Santiago de Chile.

11. Mi color preferido:
Negro.

12. La flor que más me gusta:
Eh... Diré, al igual que don Ru, que la buganvilia. Me trae recuerdos de infancia invaluables. Y no sólo hay moradas, sino color rosa, durazno, azulosas...

13. Mi ave favorita:
Los canarios. También por los recuerdos (como la vez que mi mamá asesinó a nuestro pobre canarito al ahogarlo con su medicina... Cómo lloré aquella vez... Cómo lo desenterré una y mil veces... Cómo empujaba los gusanos gritando y sollozando por lo insoslayable de su muerte... ¡Ah! ¡Recuerdos agrios!... Mejor cambiaré canarios por patos).

14. Mis autores preferidos:
Muchísimos y no pretendo pasar por intelectualoide de pacotilla, así que me los reservo. Pero entre ellos destaca el autor de Condorito y la de Memín Pinguín.

15. Mis poetas favoritos:
Supongo que Gabriela Mistral y Gorostiza.

16. Mis héroes de ficción:
¡Spider Man! Y... no. En el fondo siempre serán Anakin y Luke Skywalker, además de Chewbacca y Han Solo.

17. Mis heroínas de ficción:
Leia Organa.

18. Mis compositores preferidos:
Diré que... Jeff Buckley, por el momento.

19. Mis artistas favoritos:
¡Ay! Van desde Uff hasta Magneto, sin olvidar a Mercurio y Tierra Cero.

20. Mis héroes en la vida real:
Un señor que se tragó fuego real (¡real!) y luego anduvo muy campante, como si cualquier cosa, caminando por la avenida.

21. Mis heroínas históricas:
La Carambada. Esa vieja...

22. Los nombres que más me gustan:
Lautaro, Elián, Amelia...

23. Lo que más odio:
Odio más de lo que amo y no es para que me desate escribiendo una lista gigantesca.

24. Los personajes históricos que menos me gustan:
Plutarco Elías Calles. ¡Y qué nombre!

25. La campaña militar que más me gusta:
Aquella que el buen Álvaro Obregón desplegó, como estratega cabrón que fue.

26. La reforma que más aprecio:
La avenida. Es linda.

27. El don de la naturaleza que me gustaría tener:
Llover a discreción.

28. Cómo me gustaría morir:
Heroicamente. O en mi cama. Una de dos.

29. El estado actual de mi alma:
Vaporosa.

30. Las faltas que puedo soportar:
Cualquiera mientras no sean de ortografía.

31. Mi lema:
¡Juntos, unidos... El pueblo jamás será vencido!
Eh... Tuve que robarme uno popular. Yo carezco de uno. Soy chafa.