10 de noviembre de 2008

¡Hoy conocí a Rius!

Y fue uno de los días más felices de mi vida.

Hernández me perdonará la naquez, pero no pude evitar emocionarme como se emocionaría una fanática de los Backstreet Boys si fuera al súper y se encontrara a Kevin El Cejón comprando leche en tetrapak. Tampoco pude evitar balbucir mi nombre y correr a otra habitación ipso facto, para no lucir tan tonta. Lo que sí evité, y fue una AUTÉNTICA lástima, fue confesarle que soy su más fiel admiradora.

¿Y quién no? Tengo la convicción de que la mayoría de los que recientemente nos hemos integrado al (maravilloso) mercado laboral, fuimos educados por los libros de Rius. Estoy casi segura de que todo lo que sabemos (lo que realmente entendemos de la forma en que se entendería una estampita con los jugadores del Cruz Azul) del marxismo, la revolución mexicana, las plantas que se comen y Jesucristo... lo sabemos gracias a Rius.

A ese hombre de mirada turquesa y profunda, que usa una pulsera de cuentitas y huaraches modernos, que nos convidó una alegría y lo primero que me dijo fue:

"Te pareces a ese jugador de fútbol, Andrés Guardado".


Aunque los demás opinaron que su comentario era poco caballeroso, yo me sentí halagadísima. No porque me parezca a un tipo que abusa del Sedal Rizos Obedientes, sino porque Rius (el magnífico Rius) me encontró parecido con otro ser humano. Porque fue capaz de sintetizar los rasgos más sobresalientes de mi físico -el cabello desobedientemente rizado- y encontrar una similitud con el físico de alguien más: un hombre que juega fútbol.

Fue bellísimo.

Salimos de la junta casi al mismo tiempo, pero pensé que había tomado otro rumbo. A unos pasos lo encontré como 5 metros delante de mí. Caminamos por la misma avenida casi diez minutos, pero en todo ese lapso no fui capaz de adelantarme y decirle que admiraba mucho su trabajo. Permanecí en la quietud del anonimato, con el conocimiento de que mi timidez espontánea era cosa de Satanás, y pude mirarlo en un contexto desconocido: solo, en medio de la gente, con un destino fijo. Los que pasaban a su lado no podían imaginarse lo que ese hombre significó para la cultura mexicana. Casi todos eran adolescentes de poco pelo, y qué podían saber.

Lo vi entrar al metro y pensé: ahí va Rius y todavía le falta mucho por escribir. Casi se me salieron las lágrimas.






12 comentarios:

chilangelina dijo...

Yo no me acabo de integrar al mercado laboral pero también fui educada por el maestro Rius y sus "(inserte aquí el tema en turno) para principiantes".
Felicidades por el nuevo empleo; aplícate y conviértete en jefaza bien pronto, porque así como va la cosa voy a necesitar que me des chamba un día de estos.

Lilián dijo...

Ay, mi querida Chilangelina. Exageráis. En la revista mencionada nomás hago como que trabajo, y hay testigos que lo confirman.

Nuevo, nuevo: tampoco. Ya llevo dos meses, JA, y no se me había ocurrido publicarlo en este pasquín.

¡Gracias por las congratulaciones!

Dédalo dijo...

Recuerdo una vez cuando era un mocoso insolente (¿era') y mi padre en una feria del libro empujó docenas de personas para poder acercarse y lanzarme a una mesa donde el maestro repartía autógrafos. En aquel entonces sólo decía "el de los monitos malhechos" y conseguí lo que años después provocaría casi un paro cardiaco cuando mi padre supo ese libro regalado...

Lilium dijo...

"La próxima vez titularé uno con "de cuando me hice estúpidamente millonaria y me casé con Christian Bale".

Seeeeeeee!!!!! escribe eso. Y logralo! porque con el karma que traemos tu y yo con los galanes, me toca... ya sabes quien jajajaja

Lilium dijo...

Es más, TE ORDENO que lo hagas. Jum!

controlzape dijo...

Yo también lo leía mucho hasta que me dí cuenta que Rius era gran fan de teorías conspiranóicas y pues ya no rifó tanto.

En un viaje que hice a Canada, en el trayecto de Quebec a Montreal se sentó al lado mío en el camión. Lo acompañaban una chava veinteañera y una niña oligofrénica de 6 años. Discutían por tonterías con mucha pasión y apliqué lo de meterme los auriculares a las orejas y quedarme jetón.

Antes de eso cuando lo reconocí me dijo. Ssshhhh. Vengo de incógnito. No quiero que se enteren de quién soy.

Pffff.

Lo poco que alcancé a platicar con él me indicó que ya estaba gaga. Eso sí, continúa dibujando chido. Me hizo un mono que quien sabe donde dejé.

El Agus dijo...

Desde hace un rato sigo tu blog y si los cálculos no me fallan estas trabajando en el Chamuco, si estoy en lo correcto me das una gran envidia de la buena porque estar en contacto con Hernández, Rius, Helguéra y demás moneros ha de ser todo un lujo. Felicidades.

P.d. para nada te pareces a Guardado, tu metes mejores goles.

Anónimo dijo...

Rius! todavía me acuerdo cuando le daba en la madre a "Los supermachos"... aaah que tiempos. El primero libro que leí de él fue "El mundo del fin del mundo", tenía como 9 años.

Jair Trejo dijo...

Jaja, ¡te envidio!

Como a los diez años, después de leer varios de sus libros, me aventé el manifiesto del partido comunista.

Gracias a él, me pasé la pubertad lamentándome por no haber nacido antes de que cayera la cortina de hierro.

mancha dijo...

Justo hoy leí que es opinión generalizada que un jugador de fútbol se parece a una bloguera afamada. Mira tú.
¿Es cierto esto? ¿Trabajas con el Chamuco?

Aire dijo...

Hola Lilián! Trabajar en el chamuco, mira nomás, que trabajo más envidiable. También crecí con Rius y él le debo los pininos de mi agnosticismo. Verlo me causaría desvanecimiento, similar al que podría causar un rockstar, suerte que tienes! Saludotes

Lear dijo...

Pues ya estuvo, ¡cambio de imagen en la foto del blog!