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17 de noviembre de 2010

La Isla a Mediodía vintage


Hoy tenía que estar en Lomas de Chapultepec antes de las nueve de la mañana. Tomé un taxi en la Roma a las ocho con treinta y me puse los audífonos. Tardé dos horas en llegar. De la Diana Cazadora a Periférico hicimos hora y media; ya no llegaba, así que me hablaron para que los alcanzara en Santa Fe. Le dije al taxista que fuéramos a Santa Fe. Se perdió. No supo escuchar indicaciones. Dio vueltas a lo idiota. Me puse nerviosa, primero; después me puse de mal humor. Luego empecé a notar que se me bajaba la presión, palpé mi bolsa y mis Dalays, pero no había con qué tomarlas. Seguidamente tuve un ataque de pánico. Me dieron ganas de salirme y aporrear los carros, en especial el camión con el anuncio del "túnel giratorio más largo de Latinoamérica" y subirme a los cofres y desgarrarme la camisa y ponerme a llorar y mojar los pantalones que no tenía puestos. Me dieron ganas de abrir la puerta e irme corriendo y llorando, con largos ríos negros sobre las mejillas, el cabello despeinado, los nudillos sangrantes. Me dieron ganas de decirle al taxista que no me pusiera nerviosa y, de paso, que era un idiota y, de paso, que era un hijo de puta y, de paso, que fuera a chingar a su madre. Me dieron ganas de huir del DF, esta ciudad tan hermosa y tan inhabitable, como nunca antes las había sentido.

Me bajé en una calle aleatoria del hoyo negro que es Santa Fe -su aridez compuesta por rascacielos de concreto y vidrio, en medio de avenidas y automóviles-, y tomé otro taxi. Llegué al lugar de mi junta y le marqué al que, pretendidamente, será mi jefe. Escuché balbuceos y un cortón extraño, y me dispuse a esperar a que alguien bajara por mí. Quince minutos después noté que en realidad le había marcado a un compa zacatecano y que me había acabado el crédito de un tirón. Ataque de pánico, Dalays en la bolsa, nada con qué tomarlas. Salí y busqué una tienda; encontré una farmacia, compré un agua y una tarjeta Amigo Telcel, me tomé mis tranquilizantes sin muchas esperanzas y volví a marcar. Subí a mi junta, entré a una sala con paredes de vidrio y un proyector y gente vestida con traje. Dije "hola" tímidamente y me senté en una esquina y deseé que el mundo se acabara en ese instante.

Más tarde, de regreso a la civilización, pasé al Pialadero de Guadalajara y me comí una torta de camarón y una tostada de aguachile y miré con tristeza a un niño despeinado que se comía un pastel en compañía de su mamá y de su abuela, mientras pensaba: "qué niño tan malcriado, desearía ser él". Luego vi sus aretes y me di cuenta de que era una niña. Qué cosa tan rara.

Regresé caminando y pasé por mi antiguo edificio y me encontré al bien conocido portero del amor. Lo saludé y le pregunté cómo estaba, cosa estúpida porque veinte minutos después él seguía hablando de dios y de la honestidad y del sentido de la vida. Ataque de pánico, no puedo abusar de los fármacos, necesito una llamada que me salve la vida.

Bingo. Llamada entrante de mi roommate. "Qué gusto me dio verlo, don Daniel, debo irme, que le vaya bien, rece por el bien de mi alma, adiós". Un aventón a Coyoacán después, fui con mi terapeuta y lloré en su presencia y me soné los mocos con un kleenex. Regresé al metro a pie, llorando en la oscuridad de las calles, con un raro sentimiento de alivio.


***

Hace como un mes, Plaqueta me llamó de improviso y me preguntó si quería entrevistar a Damián Alcázar al día siguiente. Le dije que PEROPORSUPUESTOQUESÍ. Esa noche, me comí un helado de yogurth. Nota: soy intolerante a la lactosa. Más tarde esa noche, abracé tanto a mi excusado que formamos una amistad estrecha y duradera. Media hora de sueño después, con fiebre, vómito (ay, soy tan honesta), dolor de cabeza, de costillas y de párpados, nos dirigimos a San Miguel de Allende.

Tengo la suerte más puñetera del mundo: no es muy frecuente que me enferme, pero cuando me enfermo es como si todas las células de mi organismo se convirtieran en muertos vivientes y ahí adentro ocurriera el apocalipsis zombie. Así, enferma, me la pasé genial. Damián... ¿Cómo describirlo? Es divino. Es caballeroso. Es gentil. Es inteligente. Es atractivo, con un encanto muy particular y contagioso, con una voz profunda y arrulladora, con una colección de sombreros envidiable.

Debo ser honesta. Fue una semana difícil, pues me estaba mudando. Entre eso y mi colitis recién diagnosticada, escribí el texto lo mejor que pude. Lo mejor que pude en esas circunstancias. Alguien dirá que soy muy "autocrítica", que soy "muy perfeccionista", que me gusta la "autoflagelación" (alguien como un terapeuta, digo), pero no dejo de sentir que pudo quedar mejor. Que yo podía escribir algo mejor. Que Damián merecía algo mejor. Que Gatopardo merecía algo mejor. ¡Lo siento! Éste es el párrafo de alguien que justifica lo injustificable.

Pese a todo, pueden leer la versión final aquí o la versión penúltima acá. Con toda seguridad, no notarán la diferencia. Eso es bueno. Pero yo sí la noto, porque tengo mis neurosis y me tatué elocutio en el brazo. Se imaginarán.

Algunas fotos de ese bellísimo día:


 Acá una foto harto artística de todo el crew en proceso de trabajo. Mientras tanto, yo me insolaba mientras hacía apuntitos. Ya saben, uno que trabaja arduamente.

 Damián es bien guapo *se desmaya*

 Quihobo con mi ángulo arrrrrtístico.

 Llegamos a estas ruinas y ahí estaba un grupo de bandoleros con vestuario muy siglo XX, comienzos, departamento de disfraces Televisa Telenovelas 1993.

 Pues, eh, ruinas y, pues, eso.

 ¡Benny!

 Noten mis ojos de perro muerto. Pero aguanté estoicamente. Y mientras me quejaba en la menor oportunidad posible, por supuesto.

 ¡El hijo de don Chespirito himself! Se me figura como a David Duchovny, ¿qué pensará Antara?

 A este padrecito sí le quito lo casto.

 El fotógrafo, Atonatiuh Bracho, Cacho, es talentosísimo de verdad.

Y la clásica foto grupal.




Lean el reportajete y compren la revista, está bien padre y tiene una doble portada muy hermosa que, en serio, es de colección.



16 de diciembre de 2009

La FIL 2009



(este post había estado refrigerado durante unos días y ya huele rancio, pero igual se lo vamos a sorrajar)

He regresado de mi travesía en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y aún estuve una semana entrenando mis dotes de huésped en casa de Defeña Salerosa. Veredicto: soy una mala influencia y me como todo lo que me den sin chistar.

Me siento mucho más ligera ahora que he dejado atrás dos pendientes que solían ocasionarme insomnio eventual: dejar mi departamento y presentarme con los chamucos en la FIL. Lo segundo me tenía particularmente consternada, porque el encuentro era de caricatura e historieta (género en el que he participado de forma más bien lastimosa en el pasado) y porque son... ¡los chamucos! (que tienen una cantidad apantallante de fans, que seguramente me rechiflarían -pensaba yo- en cuanto dijera con mi voz chillona: "hola, me llamo...")

Afortunadamente, ambas cosas salieron bien. La presentación con los chamucos fue tan chamuca como fue posible: Patricio hizo innumerables bromas, las mujeres se derritieron por Toño Helguera, El Fisgón nos dio una conferencia magistral, Rapé no ocultó su clásico estilazo para dibujar copetes, Erasmo Rodríguez se comparó con Carstens (pero de una forma tan jocosa que uno olvida las cuatrocientas toneladas de humanidad que carga el segundo) y Cintia Bolio atendió a sus legiones de fans. A pesar de que tardé algunos minutos en captar una pregunta del amable público, y de que se me salió un "mis vecinos son unos hijos de puta", la sesión fue realmente bonita.


-Sin contar, claro, a un provocador que se quiso poner con Sansón a las patadas: pretender cuestionar al Fisgón es como querer derretir un iceberg con un encendedor Bic.

-Y que el gran ausente fue el querido Hernández.

Agradecimiento especial a mi querida y ahora más que siempre admirada Chilangelina: ver su rostro en la primera fila "apaciguó los fuegos de mi alma", y además hizo una pregunta realmente interesante (sobre la inmediatez de la noticia y cómo hacer que perdure en una caricatura cada quince días). Al otro día la vi en el encuentro de periodistas latinoamericanos en Los Ángeles y su conferencia fue la más interesante y nutrida. Gobierna.

Tengo varios comentarios, pero dejemos que las imágenes hablen por sí solas:


Éstas son las tortas ahogadas que Isis me recomendó. Nuestro veredicto: dos pulgares arriba (aunque debo admitir que las mejores que he probado están en el DF, en el Pialadero de Guadalajara - Hamburgo con Lieja - dios hecho torta ahogada)



Una vaca ahí en la pared, cosa de todos los días.



Ja, miren la composición fotográfica de Rapé et moi. Estábamos abajo de unas tarántulas gigantescas y horrorosas.




Esta foto la tomé desde la terracita de un bar jocoso en el que farfullé teorías sobre los "corazones tan blancos" (Javier Marías dixit) y no sé qué otras babosadas más. Rapé es mi testigo.


Finalmente, todo muy padre y divertido. Vi a mi adorado Bef, le gané en comer comida a George I Paint, y conocí a mi héroe Jorge Cavazos. En el avión de regreso me senté en el lugar equivocado y charlé con una señora popof que no quería despegarse de mí. Josefina: también te considero mi amiga. O tal vez no.


Ahora sí: estaré actualizando más seguido.

PD. Si alguien tiene fotos del evento, se le agradecería las rolaran en el departamento de paquetería.



22 de julio de 2009

Desaguisados a lo largo del día


En realidad, no debería decirlo pero... qué más da. No sería yo si no ventilara estupideces en mi blog.

1. Medio me llamaron la atención en El Chamuco. No realmente. Puede que sí. Y lo hizo mi amor platónico, El Fisgón (bah: si lo sabe media revista, Alá y el coro angelical que vigila mis acciones desde el cielo, que lo sepa el mundo). En realidad, no me regañó... ¿O sí? De todos modos, mis columnas siempre son realmente malas y si la gente me dice que soy un asco, lo acepto sumisamente.

No, no es cierto.

Tengo un problema severo para aceptar críticas. Y ni siquiera es un problema de ego. Es que no sé cómo reaccionar cuando me dicen que hice algo mal. Por lo general, los ojos se me llenan de agua, toso un poco y digo que tengo que ir a polvearme la nariz. Y luego lloro. Tengo como 12 años mentales.

2. Si quieren saber una de las razones del "altercado", visiten mi blog alterno. Al parecer, Loret de Mola me va a perseguir y me hará un boicot y me dirá "niña estúpida, tú qué sabes" y ya jamás podré ejercer ni en éste ni en un ningún país donde coman chile picante y la población sea mayoritariamente católica. Bah.


La insoportable levedad de ser... Loret de Mola (gratis dando click)


3. Leí una nota sobre un niño al que le hicieron chanchullo en la Olimpiada del Conocimiento Infantil, y ciertos recuerdos de la infancia se reavivaron como hierro incandescente. Después me enteré que hay otros como yo a los que les hicieron fraude, y quise contar mi historia.

En 1998 yo iba a conocer al mismísimo Ernesto Zedillo Ponce de León. Estudiaba en el Colegio Regional Villa Ilustración, una primaria tan pequeña en mi pueblo natal que en sexto grado sólo íbamos ¡4 mozalbetes! ¿Se imaginan lo que es estudiar en un salón con sólo otros 3 estupidines?

Es sensacional.

Así que concursé y fui escalando los infinitos municipios del Estado de México, dándoles metafóricas patadas en las metafóricas bolas a los escuincles mexiquenses. No entiendo cómo lo hice si me pasaba la tarde viendo Friends y leyendo las revistas Eres de mi hermana, pero a quién le importa. El último examen, en Toluca, tuve mareos y deseos de vomitar. Aún así, salí avante.

Un mes después, había ganado. Hasta me habían tomado las medidas para el uniforme con el que iríamos a saludar al niñito de Harvard que no despertaba ni odio ni simpatía ni lujuria ni nada, porque era muy gris y no ofrecía gran posibilidad de burla.

[con tono lúgubre] Pero una semana antes le llamaron a mis papás... y el sueño acabó [termina tono lúgubre]

La razón oficial era que mi primaria era muy pequeña, y encima era 'privada', y que preferían darle la "oportunidad" a otros niños de ganar el súper súper súper premio de desayunar con Zedillo.

Desde entonces, cada que un niño gana ese concurso, algo dentro de mí se revuelca en envidia y dolor. Y después muere lentamente.

Todavía en la secundaria concursé en el súper súper súper campeonato de ortografía. Me entrené de una forma tan absurda, entusiasta y poco saludable que las secuelas fueron irreparables... y hoy en día me dedico a corregir la ortografía de los demás. ¿No es eso patético?

[voz de lector] Sí, sí es patético. Continúa con tu patética historia [lector se sienta de nuevo en su lugar]

En la penúltima etapa, en el municipio de Jilotepec, concursé contra un escuincle de la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez, de la capital. Yo iba en la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez... del pueblo Polvotitlán de la Ilustración. Ergo: yo era un cero a la izquierda y él, un ganador en potencia.

Cuando terminó el examen, comparamos resultados. El tipo se había equivocado en tantas y tan escandalosas formas, que hasta sentí pena por él. Y luego me comí un sándwich, un plátano y un jugo Jumex de manzana.

Luego, por supuesto, el imberbe ganó.

De ahí todo fue cuesta abajo. En la preparatoria jamás me distinguí por tener buenas calificaciones, no volví a concursar en nada, tomé drogas, alcohol y prostitutos baratos. Y eso me llevó a ser lo que soy: una guacamaya del planeta NF11 que les trae un mensaje de amor y paz.

4. El taxista de hoy me vino contando sobre un jefe suyo al que secuestraron, pidieron 3 millones de dólares por él, y amenazaron a su hermano. Bonita forma de despejarse después de un arduo día de trabajo (el sarcasmo es lo mío) mientras viajaba por la noche con mi Wenceslao a cuestas. Yo traía las bolsas del súper, pero había pagado con tarjeta, así que no tenía cambio. Le dije que se parara en el Oxxo de la esquina mientras bajaba a cambiar.

El taxista me dijo que dejara las bolsas ahí mientras se estacionaba. Miré mis bolsas: Pinol ecológico, una revista para mariquitas, unos Yakults y una pastilla para el excusado. A lo mejor no iba a robarse mis compras porque éstas eran insulsas, vulgares, de mal gusto, pendejas y estúpidas. Pero eran mis compras, y yo pensaba: ¿por qué, Alá, por qué? ¿Decirle que no y sorrajarle en la cara que no confío en él? ¿Confiar en él y perder mi Pinol? ¿Hablar con un extraño de inseguridad y luego darle un voto de confianza? Era una auténtica encrucijada.

Confié en él. En el Oxxo estaban los putitos de siempre, y se tardaban siglos. Y yo sólo pensaba en mis artículos para limpiar el piso de mi casa, y mi corazón se estrujaba.

¿Notan cómo esta anécdota no va a ningún lado?

Finalmente, no me robó.

Uoooooooooh.


5. En serio: tenía un punto muy bueno para el punto anterior, pero perdí el punto. El post se terminará aquí abruptamente. No tuvo pies ni cabeza. Hola mamá.



22 de junio de 2009

El freelance es como la mascota que amas pero te caga los sillones


A veces, cuando veo a los oficinistas zamparse unos tacos de carnitas o correr prestos por un Red Bull al Oxxo de la esquina, siento un cosquilleo en el estómago. Vivo en una zona oficinista, supongo: los asalariados corren de aquí para allá, con sus tacones y sus corbatas y sus trajes sastres. Van del metro al corporativo. Del corporativo a la fondita de poco pelo. De la fondita de poco pelo a un café de cuarta categoría. Salen a fumarse un cigarrito con Susana la de Cuentas y Romualdo el de Finanzas. Comentan unos chismecitos de la oficina: quién se acuesta con quién, quién se quiere acostar con quién, a quién van a correr por acostarse con quién y a quién van a ascender por acostarse con quién.

Y a veces, cuando bajo por mi ropa a la lavandería o paso a al mismo café de cuarta categoría por un frapuchino mediano descafeinado, me gusta imaginar que yo también tengo que regresar corriendo a la oficina porque uuuuh, mi jefe me regaña...

Y luego me acuerdo que soy freelance. Y algo dentro de mí se hace pedacitos, se rompe como cristal cortado, se derrite de vergüenza y autocompasión. No soy asalariada. No tengo prestaciones. No tengo horarios.

Trabajo en casa. Nadie me vigila. No tengo por qué chatear a escondidas, ni bajar a cada rato por un chunche hiper-azucarado como pretexto para que me dé el sol. Puedo maldecir al jefe, porque el jefe soy yo (bueno no: hasta los frílans tienen jefes, pero están allá en sus oficinas y no dan un cacahuate garapiñado por nosotros). Puedo trabajar en ropa interior, si trabajar en ropa interior fuera mi deseo y no una extrapolación de los deseos que la televisión me ha impuesto desde 1992, año en que empecé a entender lo que veía en la caja idiota.

El lado amigable: puedo hacer citas a horas inusuales. Ir al cine a la función de matiné. Ponerle a mi ropa Vel Rosita. Levantarme tarde. Comer frente a la computadora. Decirle al jefe que estoy muy apurada y pasar toda la tarde leyendo chismes en Perez Hilton y luego "esnifar" coca para tener un "rush" de adrenalina y trabajar como autómata hasta las 4,30 AM (ay: ustedes saben que no me meto drogas, salvo heroína y peyote y LSD).

En realidad, no me desagrada. Anoche soñé que volvía a la agencia, pero no a la zona Cheil que era divertida y donde estaba la salita de peloteo con un Xbox que nadie usaba y unos puffs hiper-cómodos donde me echaba unas siestecitas clandestinas y eso... sino al emporio Samsung. Tener jefes coreanos idiotas que apestaban a ajo y comían con la boca abierta y cada frase la terminaban con su "ooooo-ooo-oooh" usual. Y era horrible: la perspectiva de enclaustrarme de por vida en horario de oficina y con todos los ojos sobre mí y mi conducta y mi monitor y mi atuendo.

Desperté con estertores.

Lo único que me saca unas ganas de llorar es la idea de que mi casa ya no es ese recinto del descanso y esparcimiento que solía ser cuando la oficina y la escuela estaban en otros edificios y otros lugares. Llegar por la noche exhausta no significa sentarme a ver la televisión mientras desconecto cada neurona y enlace cerebral. En la mayoría de los casos, significa que tengo trabajo pendiente y que me sentaré frente a mi Wenceslao, comeré gomitas, tomaré té negro, tuitearé sin descanso y maldeciré a los dioses mientras avanzo tortuosamente.

Y entonces, en ese universo particular del frílans, el tiempo se expande y adquiere autonomía propia: ya no obedece a sus propias reglas, sino a otras, menos amigables, más elusivas... pero también más moldeables. La posibilidad de establecer un horario propio requiere una disciplina que, al menos yo, sencillamente no tengo. De ahí que todo se retrase, todo adquiera el tinte de la madrugada y del deadline tormentoso, y que todo suceda en una realidad paralela.

Ojalá todos los freelances del mundo nos unamos. Les exigiremos al gobierno y a la sociedad más infraestructura: no me refiero a los cafés, los restaurantes y los asientos de metro donde usualmente llevamos a cabo nuestras labores. Me refiero a una oficina universal donde los ilustradores, escritores, periodistas, programadores, pintores, comerciantes y artistas varios se congreguen para sentir un poco lo que son los horarios y la vida ordenada. Una oficina donde haya café sabor a calcetín, tarjetón de entrada, una recepcionista inepta y hora de salida a las 6 en punto, para irnos caminando bajo la lluvia a la parada de microbús o a la entrada del metro con la sensación del deber cumplido.

No es mucho pedir. Creo.


30 de marzo de 2009

Me gusta mi trabajo en El Chamuco


Porque aunque mi labor elemental es corregir la ortografía y luego sufrir vergüenzas cuando se cuela un CUPLIMOS en plena portada (que no dejé pasar directamente, pero que igual se suma a mi larga lista de infortunios ortográficos), de pronto tengo oportunidades invaluables para ensayar chispazos de brillantez.

Por ejemplo, un territorio que es todo mío: la sección de cartas.

Ojalá no me lean LOS JEFES, pero he corrompido esa parte de la revista. En mi reino, mando saludos a quien se me antoje: a mis amigos de la cuadra, a mis amigos blogueros, a mis amigos tuiteros, a mis vecinos sicópatas y a la señora del puesto de carnitas. Elijo las cartas a discreción, mediante métodos poco ortodoxos: sostengo una brújula sin aguja imantada, le doy dos vueltas en dirección contraria a las manecillas del reloj, la arrojo por la ventana y mido un ángulo perpendicular al sitio donde cayó. Ahí, marco una flecha con orines de gato y la dejo secar al sol. Al día siguiente reviso cuántos forúnculos han surgido de mi marca, y con base en ello decido cuántas cartas saco, en qué orden las coloco, y qué lectores desecho sólo porque sus nombres son Miriam, Cutberto y Quetzalcóatl.

También elaboro las cabezas de cada carta. Me permito bajezas tales como: burlarme del lector en cuestión y... burlarme del lector en cuestión. Uso mis frases y palabras favoritas como "es lo de hoy", "zopenco" y "arbitrariamente". Le tiro pedradas a la iglesia, incluso cuando la ocasión no lo amerita, y le quito las mayúsculas a Norberto, Jesucristo y Jean Paul The Second.

Cambio la ortografía y la redacción. Mocho las cartas sin recelo. Modifico la sintaxis. Pongo palabras en la boca hipotética de sujetos oriundos de Colorinao de Zapatitlán. Me conmuevo hasta las lágrimas con relatos absurdos y exagerados, que cabeceo con el amor tierno de una madre ante el primer golpe de su hijito varón.

Soy tan atrevida...

Hace rato llegué al pináculo de mi inventiva. Decidí publicar esto como sigue:

Para beneplácito de nuestros lectores, y divertimento de nosotros mismos, hemos decidido publicar el siguiente circunloquio en su forma primigenia: tal como nos llegó. Disfruten.

“señores selos comente enuna ocasion antereor,me agrada que agan critica de los politicos y ecleseasticos,nos defienden por este medio del marranerio que hai en la polaca,pero tambien no sean complices de las pendejadas del prd,en su siguiente edicion voi a checar aver si hacen critica del marranerio que hiso el prd en sus elecciones internas de hai es de donde se ba a ver de que partido politico estan por que eso si ese marranerio fue orquetado por bejarano que sige alas ordenes de el pinche loco del peje,que cuando fue encontrado con esos videos mas chingones que cualquir filme, y despues el peje se hiso pendejo que el no savia nada ami la neta nunca me hiso pendejo ese wei como si se los hiso en chalelandia(df o a nuestros supuestos "intelectuales"que de eso no tienen ni madres, como monsivais,poniatonska etc,..”

Gustavo Vera Pérez



Debo admitir que tiene mucha mala leche EXHIBIR a los lectores, pero ultimadamente... ¿ya vieron? ¡Un conejo que vuela!



Nota:

Los invito a continuar el juego que propuse en el poust anterior.

A veces, cuando ---aquí insertamos una situación perdedora----, me gusta pensar que ---aquí insertamos un sueño irrealizado---.



Al momento tenemos:


Trompetista de Falopio:
A veces, cuando no me siento el centro de atención, me gusta imaginar que soy la reina del mundo.


S.S.:
A veces, cuando estoy bajando fotos de personas que no conozco en Facebook, me gusta pensar que de hecho yo corté con ella.


Defeña Salerosa:
A veces, cuando caigo en la paranoia extrema y reviso sus conversaciones, me gusta pensar que yo soy la reina de este barco.


Omar:
A veces, cuando debería estar en misa, me gusta ir a oler ropa interior (sin usar) a Liverpool.


M.L.Rod:
A veces, cuando se me cuelan en la fila del metro, me gusta pensar que cuando sea grande no les agradeceré al recibir el Óscar.


¡Participen! Haremos votación y el ganador se llevará un regalo hecho por mí y el gato Malken.



15 de febrero de 2009

Sobre el noble oficio de correctora... (not)


El noble oficio de correctora, sí… que me jodió la espalda. Que me mantuvo en una posición poco adecuada para la columna vertebral promedio, encorvada sobre el escritorio, mientras me enteraba de que hay que colocar un molletón sujetado por los extremos en una mesa, redonda o cuadrada, antes de ponerle un mantel encima. Sí, es tan noble que me permite enterarme de cosas que no me interesan un ápice, pero que debo corregir porque ¿qué le importa a los editores franceses si me importa muy poco el servicio de restauración cuando es urgente que ALGUIEN corrija un libro sobre el servicio de restauración? ¡Por Alá! ¡Vamos a ser más sensatos!


También es un oficio excitante, por supuesto. Hay una magia oculta en la sintaxis, que pocos ven. Desde mis, ejem, campeonatos de ortografía no me perdía de nuevo en la aventura de las palabras. Uoooh: hay tanto por aprender, tantos codiguitos  para indicar que ahí va una minúscula y no una mayúscula, unas itálicas y no unas comillas, un sinónimo y no un homónimo, uooooh.


4 de abril de 2008

Fin de temporada

Hoy es mi último día en el periódico. Escribo desde la computadora de la discordia: innumerables veces hubo miradas asesinas entre algunos reporteros y su servilleta, por causa del teclado suave y el maus con botón derecho que generaban envidia y escozor cuando uno se tenía que ir a la Mac viejita a escribir con un teclado duro y un maus redondo y obsoleto.

Adiós a la rutina de llegar, ir al baño, tomar agua, revisar la blogósfera, bromear con el editor de deportes, leer correos electrónicos, mirar un punto en el vacío, odiar el trabajo, y luego empezar a corregir y corregir y corregir.

¿No han sentido, alguna vez, que algunos periodos de su vida son como un final de temporada?

En el mío todo ocurre a mil por segundo, con los emocionantes trámites de liberación de servicio social (¡Alabado sea Alá!) (en efecto), el cardiaco fin de las prácticas profesionales, el giro inesperado en mi elección por la Pepsi Retro en lugar de la Pepsi regular, las circunstancias adversas del calor que derrite a la población entera, y un nudo en la trama que quedará inconcluso: tenis verdes o azules.

Me tomaré unos días de vacaciones, en los que me dedicaré a levantarme tarde, ver programas malos en la televisión, comer chunches repletos de grasas saturadas y leer el último libro que saqué de la biblioteca. Oh.

¡Ajá! Hice todo a mil por hora y podré largarme antes que mis compañeritos de generación. ¡Tómenla por burlarse de mí cuando me caí en las escaleras del baño, y cuando las aguas de riego alcanzaron mi mesa en la cafetería, y cuando mi proyecto de multimedia generó risitas mala onda por la inclusión poco oportuna de Jeringuín!


19 de marzo de 2008

Post ególatra (como todos, más velados)

Querétaro quiere retenerme. He formulado esta teoría durante los últimos días, en que subrepticiamente han aparecido múltiples oportunidades por todos los sitios posibles (imaginar una moneda de diez pesos aparecida junto a una coladera en una avenida por la que nunca paso).

Parece que la ciudad, que ya intuye mi pronto abandono, está echando mano de toda clase de tretas con tal de mantenerme a su lado (o sobre ella). Todo lo que me negó por siete años, de pronto me lo ofrece en un lapso menor a dos semanas.

Pues yo digo: ¡Naranjas!


La semana pasada estuve sumida en un océano profundísimo de pesar, confusión e incertidumbre respecto a mi futuro laboral. Iba caminando por la calle, pensaba en eso, e instantáneamente sudaba frío y las manos me temblaban. Mis sueños estaban poblados de persecuciones en rutas a las que nunca me subo, por calles donde nunca camino, y llamadas al 066 que culminaban en gritos y descalificaciones desde el otro lado de la línea.

Era un martes, y me levanté decidida a terminar con la mala racha. Así, después de una charla con el jefe, salí convencida de que "en provincia sobresaldría y en el Distrito Federal iría a competir". Pero no. Porque, ¿cuál es el mérito de sobresalir donde casi todos --- (censurado)?

Empecé a pensar que la ciudad no quiere que me vaya, que en realidad me está ofreciendo recompensas fáciles para que deje de pensar en todo lo que me he cansado de ella después de siete años de vivir en nueve lugares diferentes, en zonas disímbolas de la ciudad, con los trabajos más estúpidos y las ocupaciones más irrelevantes del universo.

He llegado a conocer la ciudad mejor de lo que hubiera esperado. Resultado evidente de recorrerla a pie durante tantos años. Sólo que siempre supe que en este momento me iría, que llegaría ese punto inevitable en el que ya no tendría nada que ofrecerme. Gasté todos sus lugares, sus avenidas, sus jardines, sus plazas, todas las nuevas sorpresas que podría darme. Pensé que no la extrañaría y ya la extraño un poco.

Por otra parte, ¿creo en la suerte? Probablemente no. El sábado estaba comiendo muy feliz en el área de comida de una pinche plaza a la que verán si vuelvo algún día, y cuando me di cuenta, ya me habían robado mi bufanda. ¡Mi bufanda! ¡Mi bufanda favorita! ¡La misma que perdí por tres meses y que luego recuperé sana y salva! Ahí pensé que mi suerte había acabado. Luego descubrí que no, y por dos horas tuve la cara roja y los puños crispados pensando en el desgraciado que ahora disfrutaba de mi bella bufanda de cuadros morados y ¿cafés? (¡Ya estoy olvidando cómo luce!)




La resolución ya está tomada. Nada de lo que haga el bello Querétaro habrá de retenerme.

21 de enero de 2008

Sobre cómo un post emo puede generar preguntas ociosas en el Messenger. Nah.

Según mis planes, muy pronto voy a dar un salto al vacío y el resultado puede ser fractura frontal fulminante o isla soleada y tropical con buena temperatura y mojitos adornados con una sombrilla.

Los propósitos siguen en pie. Hoy me acerqué peligrosamente a terminar uno, porque todos sabemos que el primer paso para terminar algo es empezarlo.


Un lector, muy indignado, se levanta de la mesa y le grita a la computadora, como si su pantalla pudiera responder por las obviedades que su servilleta está escribiendo.

Es la emoción.

Nada, hoy fue mi primer día en las prácticas profesionales en un periódico muy respetable de la ciudad. Todo fue alegría y felicidad. Cabecear cosas como "Roban cinco becerros; dos tenían cáncer de próstata" y arreglar defectitos de la redacción, la gramática, la ortografía y el sentido común, los que sin duda me convertirán en una mujer prematuramente neurótica con un odio inconmensurable hacia la Humanidad entera.

Como en toda buena película sobre la vida, en un momento dado llegó una reportera muy ruidosa y se sentó a mi lado. Enseguida platicamos sobre las coincidencias de nuestra vida (el mismo peinado, la misma universidad y la misma tendencia a hablar hasta por los codos), y luego ella siguió dando teclazos furiosos y hablando sola mientras yo veía el video de una pareja de chinitos besándose en el metro.

Aún es tiempo de hablar bien de mis jefes y no temer secretamente que encuentren este bló y entonces toda mi imagen de Periodista Respetable se venga abajo. Buena onda, todos. Hola jefe: no rezongaré respecto a todas las comas que quieras poner. Mira: ,,,,,,


En el fondo sí puedo poner comas donde no van. Como aquí: La Secretaría de Seguridad Pública, no cree... (Aaggrrrrhhhggg)

Juro que en el futuro no escribiré algo como esto*.

Quieeeeeeeeeeetos.

* Un quemón escrito de forma muy adolescente, lleno de quejidos innecesarios y colores chingapupilas, que seguramente me ganará una demanda prontamente. Pero en ese entonces no me importaba quemar a la gente así por el blog. Bah. Todavía pienso que es un maricón con muy mal sentido de la moda. Hola Julián, ¿las paces?

6 de diciembre de 2007

Quejica es mi tercer nombre (Impuntual es el segundo, por si nadie lo recordaba)

Desearía tener 12 años para que las tareas consistieran en brevísimos proyectos sobre la Geografía de Europa del Este. O que me pagaran por hacer las miserias que hago ahora.

Una de dos.

Claro que si tuviera doce años, mi ingenio consistiría en la siguiente entrevista mafufa que ya antes había aireado y que sirve para llenar espacio en un blog que se hunde como el Titanic.


La verdad es que me gusta hacerle al cuento de que ando muuuuuy ocupada.

Buenos días. Estamos aquí con el reconocido revolucionario Emilio Villa Díaz, ¿cómo está?
No, pos yo más o menos porque con eso de las guerras no da tiempo pa’ descansar.
Y dígame por favor, ¿cuál ha sido la guerra que más trabajo le ha costado?
No, pos yo creo que la del cerro de Tixhiñú porque tenían bombas y un montón de fusiles.
Y siguiendo la pregunta, ¿sí ganaron esa batalla del cerro de Tixhiñú?
Pos pa’ qué le digo que sí si no, como le digo: tenían un chorro de armas de fuego.
Oh, qué mala suerte, pero y dígame: ¿cuál es la que ha sido más victoriosa para usted?
Pos yo creo que la del cerro de Timilpan, allí éramos como 1000 tropas bien armadas.
Y en esa sí ganaron, ¿verdad?
No pos no, porque se enfermó el general Ramiro y nos agarraron por sorpresa.
Oh, oh, entiendo y dígame, ¿es cierto que usted se va a retirar de esta “carrera”?
Pos no sé, a lo mejor, porque estoy viejo para estas cosas y ya no aguanto.
Y en caso de que se retirara, ¿quién va a remplazarlo?
Pos estoy pensando en Ramiro Huerta porque él es muy valiente.
Ah, de modo que él ha realizado hechos valerosos, ¿no?
Nooo, nooo, cómo cree. Lo que pasa es que se tomó 8 cubas y así se fue a su casa con su esposa a la que apodan Lola la Trailera.
Ah comprendo, bueno, pues estos momentos fueron muy buenos para mí.
No, al contrario: cuando necesite sabiduría, pos aquí ‘toy yo*.

Aprender es divertido rulea. El mejor libro de ejercicios de sexto de primaria.
*Versión estenográfica con todo y vicios gramaticales de una bella etapa en la que mi vida giraba alrededor de Friends y La Vida Moderna de Rocko.

26 de octubre de 2007

El enemigo de toda persona cuerda y normal: entrevistar

No me gusta hacer entrevistas. Ya lo he dicho antes y lo repetiré cuantas veces sea necesario. Todo ese protocolo de fijar la cita, el horario y un lugar determinado… me da urticaria. La charla, que invariablemente comienza restirada y tensa, me produce sentimientos similares a los que experimento cuando estoy tendida en el diván de un dentista y me jurgunea con unas agujas tamaño familiar y entonces puedo sentir cómo la baba se me sale por los costados y no puedo hablar y luzco muy reducida e inverosímil ahí tirada con la boca abierta.

Creo que no es tan terrible, después de todo. No pasa de que un tipo que se apellide Andrade y se maquille un poco los ojos te diga: “soy primo de Sergio: puedo convertirte en una estrella” y luego se ría y tome de su café y a partir de ahí surja un silencio incómodo que te haga pensar que lo dijo quizás no fue una broma realmente.

La otra vez, en un cuaderno que encontré en el estudio de mi señor padre, me encontré una hoja de papel donde estaba la primera entrevista que hice… ¡en la primaria! Era a la directora, una señora obesa muy simpática y muy cristiana que con sutilezas nos hacía sentir muy pecadores, y comprobé que desde entonces tengo el mismo método perdedor: hacer garabatos en el cuaderno a la velocidad de la luz, ¡sachám! Lo malo es que después no puedo descifrar los jeroglíficos y acabo escribiendo muchas sandeces, que por supuesto nunca corrijo y que desde luego significarán en un futuro muy cercano mi ruina periodística.

Prefiero inventar entrevistas. Todos en la carrera lo han hecho alguna vez. Ah: método noble que te salvaguarda del terrible proceso de escribir la maldita, mil veces maldita, versión estenográfica.


Y una foto de eh... Esto:

Los mocos de mi sobrino

3 de septiembre de 2007

Tres sin importancia

1. Anoche soñé con Ruth Zavaleta. Lo juro. Me ofrecía trabajo porque yo le chismeaba que por ahí le andaban diciendo Ruth Pantaleta en cierto lugar y que nadie mejor que yo para remodelar su imagen y quitarle esas greñas que le restan seriedad a su trabajo como señorona papas fritas de la Mesa Directiva. Y me decía que ya dejara la universidad, que sueldazo, que de acá eres mi reina y entonces yo dudaba y me tentaban los millones y luego miraba a Ebrard sentado en una fuente y le guiñaba el ojo.

Momento de confesión: Yo, querido lector, voté por Andrés Manuel López Obrador. Excelente decisión. Vengan los insultos, yo puedo solita con todos ellos.

2. El viernes entrevisté a un músico de jazz que me tocó los yembés, los bongós, el djun-djun, una olla de barro y una marimba africana que sonaba bien chistoso (en esta frase no hay albur alguno; ni le busque). Yo estaba cruda, tenía náuseas y no obstante soporté estoicamente las tres horas de charla con todo y la Chaparrita de naranja que me resultó la bebida más repugnante de la creación. Luego, claro, me enseñó las fotos de sus hijos y me leyó un pasaje literario y me relató la vida de Charlie Parker y me echó un aventón. Agradabilísimo señor. Lo cuento porque es menester aclararles que ya la libré en mi Servicio Social. Parece que ya no soy una basca. Bueno, me dijeron que "ya mejoré un poco" y yo celebré internamente con trescientos litros de champagne imaginario. Todo, por una nota medio mal escrita. Ésta*.

3. Me sentí fabulosamente orgullosa cuando mi hermano me dijo que la verdad, la verdad... me parezco a una estríper que sale en G-String Divas. Eso sí fortalece los lazos filiales y no pendejadas. Busqué fotos suyas por todos lados y no encontré ni una, pero se trata de la que juraba ser artista underground. Oh sí, me sentí querida cuando supe que mi hermano se acordaba de mí al ver a mujeres encueradas.


* Parece que con estos links inútiles busco demostrar a toda costa que también escribo cosas serias. Bah. Las cosas serias son aburridas.

29 de agosto de 2007

De cuando los del Chamuco me ofrecieron trabajo... Not

Ayer estuvieron Hernández y Rapé en la facultad, moneros excelentísimos que han engalanado con sus hermosos, pulcros, correctísimos e intachables dibujos las páginas de publicaciones como La Jornada, Reforma, Milenio diario, Proceso y, en conjunto, la revista El Chamuco (y los hijos del averno, que no de la ver...no).

Claro que sus dibujos, más que todo lo anteriormente dicho, son ácidos y bien ponedores del dedo en la llaga.

Y, claro, como hay *cierta* conspiración en la facultad en contra de la "libertad de expresión" de *cierto* compañero que dibujó (de forma un tanto imbécil) a un profesorcito y el asunto se excedió al grado de que la comisión de Honor y Justicia dictaminó un castigo ciertamente exagerado... (sí, es mi blog y puedo decir lo que quiera y no me importa que mis maestros lo lean y digan "jijijiji, se autocensuró, no dijo que el muchacho se llama R., ni que el maestro era G., jijiji) (y no, no fui yo, aunque ganas no me hubiera faltado) (y dibujos tampoco, pero yo sí los guardo en lugares poco visibles y es poco probable el riesgo de ser descubierta).

El párrafo anterior fue tan críptico que decidí terminarlo prematuramente.

Lo que iba a decir fue que la frase del día perteneció a otra *cierta* compañera que empezó su discurso con "Es que es muy irónico, de veras". Esta frase ha ganado fama inusitada desde ayer por la noche.

Los de Chamuco prometieron darle trabajo al *cierto* compañero, lo que me hizo hervir en envidia de la mala. Sí, de la mala malosa maldita. Porque ya antes, desdendenantes, había hecho público mi propósito de convertirme en monera. Aún persigo ese sueño.

Pues ya. Fotos. No, no salí "hermosa" como cierto compañero de la facultad que firma con el sobrenombre
Phantom en este blog afirma. Pero igual desde donde estaba él ni se notaba.

Pues sí. Mi amiga se llama Mariana. Si quieren su teléfono, pídanlo a mi mail.


Perdónenme. No sé posar de otra forma. Juro que no le estaba haciendo cuernitos al bueno de Hernández. Yo no sé cómo vaya su vida amorosa, aunque podría hacer milagros al respecto.
(por cierto: cuánta connotación hay en esa foto).
(claro que tendrían que estudiar en mi fea facultad y ser tan mala leche como su servilleta para comprenderlo)

28 de agosto de 2007

Dudas vocacionales de ayer y hoy

Decidí estudiar periodismo porque era la única carrera que, según creí hace tres años, me obligaría a escribir como único método de supervivencia. Rechacé Lenguas Modernas en Español porque me aterrorizaba la idea de convertirme en una maestra de español bigotona en una preparatoria de niños cuasi-emos y ñoños que se pasan la tarde entera recluidos en la biblioteca haciendo la tarea en conjunto (los ñoños, claro está, puesto que los emos estarían en las canchitas de fútbol quemando mota y charlando sandeces).

Escribir. Ese es el punto. Por eso materias como Radio y Televisión han sido una tortura medieval. Por eso hago todo casi a fuerzas y saco sietes y ochos cuando me va bien. Por eso mi carrera a veces me parece tan pendeja, porque tengo que tomar esos talleres estúpidos que no me conducen a nada y de los que no aprendo nada.

No tengo trabajo, honestamente. Llegué a un punto en el que me dije que continuar tomando chambitas de medio tiempo en cafetines o agencias de viajes era una vergüenza para alguien que a estas alturas ya debería haber agarrado un hueso respetable. Sí, colaboro en revistas y donde me inviten... pero trabajo, trabajo decente no tengo. ¿Alguien me ofrece alguno?

Estoy haciendo el servicio social en el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, en el área de comunicación social. Todos los días regreso deprimida y con una frase bien motivadora en la cabeza: "soy una basca". No importa lo que haga, no importa cuánto lo intente, ninguna de mis notas es lo suficientemente buena. Me digo que debo perseverar y mostrarle a la maestra (La Eminencia, a quien sigo respetando y admirando no importa cuánto me rechace y entorne los ojos cada que me mire en la puerta de su oficina y piense "esta muchachita babas no tiene ni la más remota idea") que sí puedo entrevistar a alguien y sacarle información importante. Pero la verdad es que no me gustan las entrevistas. A los quince minutos ya quiero irme, todo el asunto me resulta como una larga charla incómoda. Y odio, ODIO transcribir. Lo he dicho siempre: las versiones estenográficas son cosa del diablo.

Luego está el hecho de que es más fácil escribir sobre cosas poco importantes. Pero uno piensa en Proceso. Pero luego llega Mariana Chávez, corresponsal de La Jornada, y te dice que tu reportaje de investigación es una mierda y entonces tienes que estar un poco de acuerdo con ella, porque la verdad es que investigaste más bien poco y a regañadientes.

Está bien el semestre y todo, pero me gustaría estar en una oficina ya. Y me gusta la inmediatez, el hecho de escribir algo y saber que va a ser leído casi enseguida (no, no hablo del blog). Pero eso me aterra y me hace escribir pura zonzada y luego digo: "Caray, ¿dónde está el gusto de escribir por gusto y no porque alguien te está apurando cada tanto?

Y me quiero ir a Chile. En cuanto se pueda. Sin concesiones, sin segundas reflexiones, sin avisos. Nomás tomar el avión y ya.

Sólo que no estoy tan segura de si lo que me espera es el magíster en Literatura Hispanoamericana, como siempre proyecté. A lo mejor termino vendiendo porotos en las esquinas. A lo mejor no.

17 de agosto de 2007

Soy una daga

Me acaba de escribir Juho Niemelä, bajista de Callisto, EN PERSONA.

Está bien: no saben quién es, pero no se preocupen... algún día lo sabrán.

Actualización: Veo que este hecho increíble
no suscita la emoción que uno esperaría. Escépticos. Una fotografía del finlandesirijillo en cuestión:


¡Mírenlo! ¡Usa peinado EMO! ¡Toca el bajo! ¡Se llama Juho! ¡Tiene una banda! ¡Ámenlo!


Oquei. Ellos son Callisto:


¡Tienen mirada introspectiva! ¡Usan suetercitos confortables en colores fríos! ¡Van al mismo peluquero! ¡Lucen tristes y melancólicos y profundos e inescrutables y abismales y complejos y altivos! ¡Ámenlos!

29 de julio de 2007

Malos hábitos/buenos hábitos

Soy una persona de malos hábitos. Mañana empieza el séptimo y penúltimo semestre de mi carrera y, aunque sólo he tenido una semana de vacaciones reales, ya quiero tener un horario inflexible y no todas estas horas a mi disposición que puedo malgastar como se me antoje (¿o dibujar cuadrito por cuadrito no es una perdedera de tiempo fabulosa?)
Me desvelo muchísimo, indiscriminadamente, y por ninguna razón. Siempre ha sido así; no importa que tenga que estar en algún lugar a las siete de la mañana: son las cuatro a.m. y todavía no me acuesto. Supongo que mi nuevo horario vespertino hará milagros en mi organismo, porque voy a seguir viviendo de noche, pero al menos ahora dormiré más, oh sí.
[O no: porque en la mañana haré lo que antes hacía en la tardes, que es el TEMIBLE servicio social]
Soy asquerosa, irremediablemente puntual. Carajo: ni yo misma he conocido a alguien que sea la mitad de impuntual que yo. La otra vez hicimos un corto bastante tonto y decidimos grabar en mi depa y... sí, llegué tarde. ¿Cómo fue eso posible? Pregúnteme: en cuestión de impuntualidad soy capaz de lo inimaginable.
Y luego está la desidia, la maldita desidia. Entrego todo fuera de plazo, hago todo en el último momento, soy capaz de navegar durante tres punto cinco horas por internet antes de decidirme a abrir el documento de Word y luego emplear otros quince minutos en teclear la primera palabra.

Esta imagen nomás la pongo porque es bien sabido que un post sin imagen es harto aburrido y Pimpinela siempre resulta fantástico para ilustrar textos-de-lo-que-sea.

Me siento como el protagonista de la Obediencia Nocturna, al que le encargan traducir un libro intraducible y le prometen que ya mero, que ya casi va a conocer a una muerta que se llama Beatriz. Sobre todo cuando dice:
“Quiero bañarme, afeitarme, lavarme los dientes, arreglar mis libros, leer, estudiar, volver a la escuela”

Claro que yo sí me baño y me lavo los dientes, y además no necesito afeitarme, y leo muchísimo todavía, y ayer arreglé mis libros... Bueno, en realidad no me siento en lo absoluto como el tipo de la Obediencia Nocturna, pero la sensación es la misma: salir de los malos hábitos y regresar a esos tiempos mejores en que uno solía tener su tingladito en mejor estado. ESCRIBIR, por ejemplo, al menos al ritmo en que lo hacía antes y no tener la amenaza del cierre de edición y otros asuntos que me resultan muy incómodos y que me hacen desaprovechar las oportunidades que me dan y preferir escribir intrascendencias en un bló de quinta.
Todos estos hábitos, que vistos de lejos resultan ñoños e inofensivos, podrían convertirse a la larga en mi ruina profesional. Están los buenos hábitos, desde luego, pero ninguno de ellos me ayuda a vencer a esos tres malditos enemigos llamados: trasnochadas, impuntualidad y desidia.
Pero al menos no me inyecto heroína como todos ustedes creen y jamás pensaré que estoy gorda y vomitaré mis alimentos transgénicos y me miraré al espejo y a pesar de ver las costillas salientes diré que estoy bien bofa. Pero no puedo llegar temprano nunca, oh Alá: TEN PIEDAD.

Conclusiones que no concluyen nada:
  • Llevo seis meses prometiéndole al jefe un artículo sobre Jeff Buckley y es la hora que no me salen más de dos párrafos. La dificultad está en asir la esencia de algo tan inasible como la música: es lo que digo para no sentirme culpable. Pero para que vean cuántas ganas tengo de superar mis baches, me propongo firmemente terminarlo esta semana.
  • Sigo enfurecida por no haber aprobado el famoso taller del reportaje, pero supongo que ya era hora de que me pusieran en mi lugar para agarrar la onda y hacer las cosas bien, bujujujú.
  • Y éste es el primer paso de todos estos propósitos porque, como se ve, un post así de largote no me quita naaaada de tiempo ni resulta un obstáculo para seguirle a otras cosas que sí debería hacer. Pero lo haré. Algún día. No... muy... lejano.

26 de julio de 2007

El internet es el diablo

El internet es una distracción total. Cuando crees que estás a punto de terminar un trabajo muy importante, el maldito Google se aparece y es como si te llamara: "Ven, investiga cosas importanteeeees, pierde tu tiempo conmigoooo, averigua cuántas actrices se estrangularon con la mascada atorada en la llanta mientras viajaban en un convertibleeee".

Es imposible. Y además, sí, tengo que admitirlo (como todas las personas que se respetan en un momento determinado de sus vidas):

Tengo un MySpace y tengo un Hi5.

Pero juro que el maispeis es nomás para contactar a las bandas que voy a entrevistar.

Y juro que el jaifai es nomás para explotar mi egolatría a grados insoportablemente frenéticos.

Actualización: Estoy que la sangre me hierve. Acabo de recibir un correo electrónico donde se me deja saber que mi reportaje de la yatrogenia es... bueno, una mierda. Y como necesitaba que no fuera una mierda para aprobar ese maldito taller extracurricular que en primer lugar se sacaron de la manga... ¡Maldición!

No aprobé.

Cada vez veo más lejano el momento en que me suba a ese avión con destino a Santiago, bujujujujú.

Lo que de verdad me enoja es que la maestrita es una vieja enana sin suficiente presencia, lo cual me hace recapitular:


¿Envidia, enanita? ¿ENVIDIA?

No, qué va. Qué va.

Lo que más me hierve la sangre son las paradojas. Por ejemplo, que esa misma tipita haya escrito esta nota, engalanada precisamente con una foto MÍA. Apuesto que si no fuera por mi guapura nadie habría leído eso. Sí, eso apuesto.


9 de julio de 2007

Para las innumerables personas que no pudieron dormir pensando en mi abnegado destino...

Ya terminé mi reportaje sobre la yatrogenia.
[Aplausos]
Aprendí cosas importantísimas como que, en la práctica médica, las reacciones adversas provocadas por ciertos medicamentos dkfldlkjfd (esta es la reacción adversa de mi cabeza muerta de cansancio golpeándose contra el teclado).

Ahora, durante las próximas dos horas, me abocaré a escribir una bonita reseña sobre una obra de teatro que me hizo reír poco y casi a fuerzas, pero que igual soporté con una entereza de espíritu similar a la que presenté cuando me explicaron los sacramentos de nuestro señor padre y las formas más rápidas y tramposas de aprenderse el credo, que sin lugar a dudas es una oración bastante inúti y bastante larga.

Y además, claro, la entrevista fue una oda al buen gusto. Sobre todo porque me recordó lo molesto que es cuando el mono en cuestión está recomendándote continuamente qué deberías escribir o no en tu cuadernito de taquigrafía. "Eso si quieres apúntalo", seguido de una risita nerviosa. Lo que no sabía, ¡ajá!, es que sólo estaba jugando partidas de gato con mi otro yo.

Eh... ¿ya visitaron pornotube?

Las cuatro treintaiocho de la madrugada son una hora curiosa. Hola mamá.

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Por cierto: no olviden recomendar un cambio de diseño que sea de veras cul y a todo dar. En la barra lateral encontrarán una encuestita innecesaria que arrojará luz sobre mi indecisión mortal respecto al diseño de este cuchitril.

Lo haré cuando entre a la escuela. Lo malo de todo es que acabo de descubrir que no tendré vacaciones sino hasta diciembre... con suerte. ¿Y para qué sirven los blogs si no es para quejarse de la jodida suerte de uno?


Actualización: En el nuevo video de Marilyn Manson lo vemos cogiendo haciendo el amor con una güerejita a la que se le saltan las costillas. ¿A ustedes les excita ver a Marylin cogiendo haciendo el amor? A mí no. Espera: sí. Al final están encharcados en sangre. ¡Haberlo hecho antes! Con la sangrita ya me excitan. Qué bueno que puse el link a pornotube. Permiso.

25 de junio de 2007

De cuando me quité la máscara de Grupi y me puse el disfraz de Periodista Seria®

Entrevisté a Lucybell. El asunto fue muy emocionante a pesar de que hice muchos osos, como decir Pólice en lugar de Police o derramar el azúcar por todos lados mientras me preparaba mi té con manos trémulas.

Me citaron en una chocolatería en la Condesa y yo llegué muy puntualita con mis chaperones, léase mi carnala y mi cuñado. Estaba preparando mis notas apresuradamente cuando llegaron Eduardo Caces -el bajista y tecladista- y Jorge Gaete -el simpatiquísimo mánager, con el que me estuve carteando virtualmente durante todo el día anterior- y entonces yo hice acopio de toda la dignidad que no tengo y me dispuse a ser una periodista musical con todas las de la ley.

(Claro que en el fondo mi grupi interior quería decir "Aaay, Lucybell, dénme un autógrafo, los amo, aaay, qué emoción". Pero me contuve).

Jorge llamó a Claudio Valenzuela -el vocalista, quien para mayores señas es mi Sueño Erótico Número Uno- y, según mi hermana, le dijo algo como "la niña ya está aquí". Esto yo no lo escuché y ultimadamente no tiene mayor importancia, salvo que ahora mi autoconfianza está hecha añicos y ahora cuando me veo al espejo no veo más que una escuincla poco profesional e infantil.

Excelente todo.

Hablamos de muchísimas cosas y pude comprobar lo que el profesor Efraín solía decir con frecuencia respecto a las entrevistas: "si no logras que te respondan de un modo, vete por otro lado, llégales de una manera diferente" (parafraseado, claro).

Con lo cual logré que me dijeran sus secretos más íntimos. En realidad, lo que yo buscaba era que rememoraran un poco su infancia en Chile y lo logré con creces: hablaron del Innombrable (el tata Pinochet), del golpe militar en 1973, del río Mapocho, de las leyes arbitrarias en cuanto a las asociaciones y los toques de queda, los lujos de tener teléfono o computadora y, en general, lo mierda (y aquí los cito) que estuvo todo aquello.

Comprobé que sí se llaman Lucybell por la hija del guitarrista de Cocteau Twins, Lucy Belle. Que su plan más inmediato es dormir a pierna suelta. Que, como todos los chilenos, se refieren a los niños como "pendejitos" y no lo hacen de manera despectiva. Que desde los doce años el Cote tocaba "a toda raja". Que si estás en la "cresta" te tienes que bajar. Que Claudio tiene simbolismos junguianos que se reflejan inconscientemente en las letras de sus canciones. Y que, bueno, si yo no fuera tan "pendejita" me invitarían a salir, pero qué más da.


Nótese cómo el mesero idiota arruina toda la tensión acumulada. Y cómo pongo tanta atención que la única forma de demostrarlo abiertamente es asentir a lo loco.


Claro, cuando todo terminó pude ¡por fin! desprenderme de mi disfraz y posar para las fotos como la excelente grupi que siempre he sido.



Acá sí dije "mejor cierro la boca y poso más o menos circunspectamente". Creo que funcionó.

Tampoco podía dejar de poner esta foto, donde me besuqueo a Claudio:

Claro que sólo es un bobo besito de saludo, pero hasta ahí uno nota la tensión sexual, ¿a poco no?



En total: 1 hora con veinte minutos de conversación, 17 cuartillas de transcripción íntegra, 33 fotografías, 3 videos, dos expressos, un té negro, mucha azúcar derramada... Una excelente entrevista =)

24 de mayo de 2007

Peleas gatunas internas

Se me ocurría hace poco que en todas las facultades hay constantes riñas entre los estudiantes de diferentes carreras.

Peleas tontas y sin motivos definidos que resaltan las diferencias primordiales entre sus áreas de estudio.

Por ejemplo:

Un veterinario zootecnista a un especialista en producción porcina:

- ¡Anda y alimenta a tus puerquitos y comercializa sus carnitas, porcinólogo de mierda!
- ¡Ah! ¿sí? ¡Pues tú ve a clasificar bichitos y métetelos por donde te quepan!

O un ingeniero a un arquitecto:

- ¡Y la verdad es que no fuiste tan maricón como para ser diseñador, pero no lo suficientemente hombre como para ser ingeniero!
- Mejor vete a ebriar y luego hablamos.

O un criminólgo a un futuro abogado... Bueno, entienden el punto.

En la facultad, la cosa es más o menos así:

- Sociologuitos de porquería, ¿por qué no se van a un pueblo y levantan encuestas?
- Y ustedes, paparazzis de mierda, vayan a sacarle chismes a quien puedan.
- ¿Qué tal a ti, ociólogo sin oficio ni beneficio? Ya vete a leer a Marx.
- Y tú a La Oreja, estúpido.

Etcétera.

¿Y los de Ciencias Políticas?

Nah, a esos nadie los pela.


Toman clases en la tarde.