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13 de noviembre de 2009

Las drogas me están matando


Ayer hice una de las cosas más estúpidas del mundo: dejé a Wenceslao olvidado en una restaurante. Me di cuenta como 18 minutos después... ¿Quién se da cuenta de que dejó su computadora olvidada tanto tiempo después? Soy una pelmaza.

Mientras corría las dos calles que me separaban de mi querido Wences, por mi mente desfilaban escenarios alternos: era cierre editorial de El Chamuco, y no iba a poder hacerlo. Gastaría mis ahorros para mi viaje de mochilazo en una nueva Wenceslao. Me sentiría estúpida y deprimida durante semanas enteras: extrañaría sus teclas mugrosas, su aplicación para imitar el sonido de un sable de luz, la forma en que se traba cuando llevo trabajando en Photoshop muchas horas, el nuevo paquete Microsoft Office que le instalé hace poco (no la última versión, sino justo la anterior, que es la que más me acomoda), los múltiples
bookmarks en Firefox, el millón de estupideces guardadas en sus archivos, mis fallidos textos literarios, las fotos de mis sobrinitos, mis videos porno mis videos artísticos, los torrentes a medias... Y, sobre todo, Wenceslao en todo su esplendor a 18 pagos sin intereses: su otrora blancura, su otrora rapidez, su otrora fascinación.

Al mismo tiempo, sin embargo, algo en mi corazón me decía que no lo había perdido. Era un rayo de esperanza en el campo pantanoso de mi alma: ya antes, en esos mismos bisquets, Carlangas había olvidado un morralito con millones de pesos. Nos dimos cuenta ya en mi depto, así que volvimos sobre nuestros pasos con los ojos clavados en el piso, sin esperanza casi. Y, ¡oh!, hubo esperanza: encontramos el morralito atorado debajo de la pata de una mesa.

Subí las escaleras del lugar con el corazón estrujado. Miré hacia nuestra mesa y no había nada, ¡no había nada, Alá mío! Sin embargo, al virar la cabeza, la mesera me miraba con unos ojos llorosos: "¡Aquí la tengo, señorita! ¡Aquí la tengo!"

Nos abrazamos y todos los comensales aplaudieron. Entró música emotiva y corrieron los créditos.

Después de regresar con las piernas temblorosas, mi desayuno en la garganta, y la presión baja, pasé toda la tarde diciéndome: estúpida, papanatas, irresponsable, distraída de mierda. Luego golpeé un poco a Wences por separarse de mí.


***

Soy toda una guía de turistas. Bueno, no. Hoy fui a Teotihuacán con el camarada Gregory y con otro camarada que no conocía, recién desembarcado de Francia, que resultó ser una agradable compañía en nuestra conquista piramidal.

Subimos inmensos escalones, escupimos nuestras vísceras (bueno: escupí mis vísceras, mientras ellos me miraban) (bueno: escupimos nuestras vísceras, Gregory
et moi, mientras el francés nos miraba fumando un Gauloise).


Acá tomamos un atajo que nos llevaría directo a la Pirámide del Sol, donde cada tanto hicimos pausas para, en efecto, escupir sangre.


A la entrada del museo estaban estas palabras de unos venezolanos molones. El camarada Gregory fingió que él lo había escrito, lo cual le pareció "arrechísimo" (ya estoy aprendiendo a hablar venezolano, chamo).


Estúpido y sensual cabello. Acá ya estamos en la punta. De espaldas, la Pirámide de la Luna, que Rafa y yo subimos... Rafa subió fresco como lechuga, mientras yo lo seguía con el alma en un hilo.



En este punto debo confesar que sufro un poco de vértigo.


Finalmente fuimos a comer al pueblo. Nos metimos en lo que creímos que era un restaurante (y lucía como un restaurante), pero un señor nos condujo dentro de la casa, donde una señora con apariencia de lituana en drogas nos gritoneó para luego ofrecernos su mesa y su comida. Extraño. Y sensacional.

Como corolario de un post que no tuvo nada que ver con nada, diré que hace dos noches me picaron unos malditos moscos en la frente y me dejaron una estúpida (y sensual) cadena montañosa. ¡Idiotas moscos!



19 de septiembre de 2009

Un poco de hostilidad no le hace daño a nadie

Por estos días había querido escribir sobre mi primer año en El Chamuco*, donde he aprendido tanto y he conocido a gente estupenda. Sin embargo, todo es complicado y difícil y hermoso y triste y extraordinario y desgarrador, como un romance tormentoso que no quiere terminar pero al mismo tiempo se desviste a la luz de las velas y se bate en una lucha a cuerpos sin principio ni final.

* ¿Notan que ya estoy actualizando el sitio de El Chamuco?

Mi único consuelo es que, como la heroína de Devil wears Prada, ya cumplí un año en un trabajo de bien. Ahora puedo hacer cualquier cosa: mi misión en el mundo está completada.


Mis vecinos son unos hijos de puta. ¿Recuerdan cuando pensaba que eran unas basuras? Estaba equivocada: verdaderamente son unos hijos de puta. Todos. Cada departamento, cada piso, cada porción de metro cuadrado: todos. Cuando me vaya de ahí, el diablo en mi hombro espera que haya un temblor, y el edificio se caiga con todos ahí adentro.

-Por supuesto, mi estúpido ángel al hombro se persigna dieciocho veces ante esta perspectiva, y luego me obliga a dar una limosna para restablecer mi karma artificialmente-

Sus groserías y ataques directos han llegado a un nivel que me obligó a pronunciar, de pie frente al cubo en común: "Todos ustedes están muertos para mí. ¡Muertos!".


En otras noticias

Celebré el 15 de septiembre en Tepoztlán. A la mera hora ya no iba a ir, pero por fortuna fui convencida de último momento y me la pasé fenomenal.

Conocí a mi tocaya de Oakland. También el suizo más estúpidamente gracioso del mundo. De todos los extranjeros que he conocido, que no han sido pocos (pero tampoco muchos) (pero tampoco menos que muchos) (pero tampoco mucho más que pocos), éste se lleva la corona y el cetro al "Extranjero más estúpidamente gracioso del mundo", como establecí dos frases arriba. Supongo que gran parte de su dominio del español, su estadía en ciudades latinoamericanas, y sus altos consumos de chocolate suizo lo hacen virtualmente hábil para imitar y hasta mejorar el humor chilango más fino: de la burla al sarcasmo al humor blanco al humor negro al sarcasmo de nuevo y a la declamación de un poema en francés.

Lo que es curioso: hace dos semanas conocí a otro suizo. Este suizo era un nerdazo, con calcetines blancos y camisa Polo, tenía un doctorado en física cuántica, e intentaba bailar una cumbia sin éxito. Me cayó muy bien, pero este otro suizo le gana al primer suizo. Aunque este primer suizo no es el primer suizo, pues el año pasado conocí a otro suizo que te obligaba a mirarlo a los ojos mientras le decías "salud", y también era fenomenal. Creo que Suiza es un país con muchos suizos, qué curioso.

Esto me recuerda a mi historieta "Soy Polaco". Pueden verla en bajísima resolución (y cuando digo "bajísima resolución", en realidad quiero decir: les tomé fotos con una cámara digital) a continuación:

Soy Polaco Parte 1

Soy Polaco Parte 2

Soy Polaco Parte 3

Soy Polaco Parte 4

Soy Polaco Parte 5 (GRAN FINAL)


Ah, sí. En mi mini-viaje a Tepoztlán me mojé bajo la lluvia, me bañé con agua fría y luego me bebí unas Tepoznieves. Como resultado, estoy enferma de la garganta. A pesar de todo, fue increíble y me la pasé fenomenal. Creo que eso ya lo había dicho. La repetición es enfática.


Un ángulo estratégico del Tepozteco, a media mañana. Nótese cómo la bruma descendía.




Y esto es lo que vería usted si viviera en esa casa, frente al Tepozteco. Pero como no: JA-JA. Idiota.


El suizo recitando un poema. Lo olvidó al segundo verso.



Acá fuimos a desayunar al tianguis, aunque ya no encontramos birria. Comimos barbacoa con salsas exóticas de piña, mango, tamarindo y cacahuate. En primer plano, el suizo patea-traseros. En segundo, mi amigazo Jordy y mi amigazo Luis Urquieta -su servilleta dentro del sándwich- y Lillian sonriente.


En el camino de regreso, a Vincent le tocó ser el jamón de un sándwich de Lilianes. Cul.



¿Qué hicieron el 15? No, esperen. La verdad no me importa.

Un poco de hostilidad no me hace daño.





22 de julio de 2009

Desaguisados a lo largo del día


En realidad, no debería decirlo pero... qué más da. No sería yo si no ventilara estupideces en mi blog.

1. Medio me llamaron la atención en El Chamuco. No realmente. Puede que sí. Y lo hizo mi amor platónico, El Fisgón (bah: si lo sabe media revista, Alá y el coro angelical que vigila mis acciones desde el cielo, que lo sepa el mundo). En realidad, no me regañó... ¿O sí? De todos modos, mis columnas siempre son realmente malas y si la gente me dice que soy un asco, lo acepto sumisamente.

No, no es cierto.

Tengo un problema severo para aceptar críticas. Y ni siquiera es un problema de ego. Es que no sé cómo reaccionar cuando me dicen que hice algo mal. Por lo general, los ojos se me llenan de agua, toso un poco y digo que tengo que ir a polvearme la nariz. Y luego lloro. Tengo como 12 años mentales.

2. Si quieren saber una de las razones del "altercado", visiten mi blog alterno. Al parecer, Loret de Mola me va a perseguir y me hará un boicot y me dirá "niña estúpida, tú qué sabes" y ya jamás podré ejercer ni en éste ni en un ningún país donde coman chile picante y la población sea mayoritariamente católica. Bah.


La insoportable levedad de ser... Loret de Mola (gratis dando click)


3. Leí una nota sobre un niño al que le hicieron chanchullo en la Olimpiada del Conocimiento Infantil, y ciertos recuerdos de la infancia se reavivaron como hierro incandescente. Después me enteré que hay otros como yo a los que les hicieron fraude, y quise contar mi historia.

En 1998 yo iba a conocer al mismísimo Ernesto Zedillo Ponce de León. Estudiaba en el Colegio Regional Villa Ilustración, una primaria tan pequeña en mi pueblo natal que en sexto grado sólo íbamos ¡4 mozalbetes! ¿Se imaginan lo que es estudiar en un salón con sólo otros 3 estupidines?

Es sensacional.

Así que concursé y fui escalando los infinitos municipios del Estado de México, dándoles metafóricas patadas en las metafóricas bolas a los escuincles mexiquenses. No entiendo cómo lo hice si me pasaba la tarde viendo Friends y leyendo las revistas Eres de mi hermana, pero a quién le importa. El último examen, en Toluca, tuve mareos y deseos de vomitar. Aún así, salí avante.

Un mes después, había ganado. Hasta me habían tomado las medidas para el uniforme con el que iríamos a saludar al niñito de Harvard que no despertaba ni odio ni simpatía ni lujuria ni nada, porque era muy gris y no ofrecía gran posibilidad de burla.

[con tono lúgubre] Pero una semana antes le llamaron a mis papás... y el sueño acabó [termina tono lúgubre]

La razón oficial era que mi primaria era muy pequeña, y encima era 'privada', y que preferían darle la "oportunidad" a otros niños de ganar el súper súper súper premio de desayunar con Zedillo.

Desde entonces, cada que un niño gana ese concurso, algo dentro de mí se revuelca en envidia y dolor. Y después muere lentamente.

Todavía en la secundaria concursé en el súper súper súper campeonato de ortografía. Me entrené de una forma tan absurda, entusiasta y poco saludable que las secuelas fueron irreparables... y hoy en día me dedico a corregir la ortografía de los demás. ¿No es eso patético?

[voz de lector] Sí, sí es patético. Continúa con tu patética historia [lector se sienta de nuevo en su lugar]

En la penúltima etapa, en el municipio de Jilotepec, concursé contra un escuincle de la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez, de la capital. Yo iba en la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez... del pueblo Polvotitlán de la Ilustración. Ergo: yo era un cero a la izquierda y él, un ganador en potencia.

Cuando terminó el examen, comparamos resultados. El tipo se había equivocado en tantas y tan escandalosas formas, que hasta sentí pena por él. Y luego me comí un sándwich, un plátano y un jugo Jumex de manzana.

Luego, por supuesto, el imberbe ganó.

De ahí todo fue cuesta abajo. En la preparatoria jamás me distinguí por tener buenas calificaciones, no volví a concursar en nada, tomé drogas, alcohol y prostitutos baratos. Y eso me llevó a ser lo que soy: una guacamaya del planeta NF11 que les trae un mensaje de amor y paz.

4. El taxista de hoy me vino contando sobre un jefe suyo al que secuestraron, pidieron 3 millones de dólares por él, y amenazaron a su hermano. Bonita forma de despejarse después de un arduo día de trabajo (el sarcasmo es lo mío) mientras viajaba por la noche con mi Wenceslao a cuestas. Yo traía las bolsas del súper, pero había pagado con tarjeta, así que no tenía cambio. Le dije que se parara en el Oxxo de la esquina mientras bajaba a cambiar.

El taxista me dijo que dejara las bolsas ahí mientras se estacionaba. Miré mis bolsas: Pinol ecológico, una revista para mariquitas, unos Yakults y una pastilla para el excusado. A lo mejor no iba a robarse mis compras porque éstas eran insulsas, vulgares, de mal gusto, pendejas y estúpidas. Pero eran mis compras, y yo pensaba: ¿por qué, Alá, por qué? ¿Decirle que no y sorrajarle en la cara que no confío en él? ¿Confiar en él y perder mi Pinol? ¿Hablar con un extraño de inseguridad y luego darle un voto de confianza? Era una auténtica encrucijada.

Confié en él. En el Oxxo estaban los putitos de siempre, y se tardaban siglos. Y yo sólo pensaba en mis artículos para limpiar el piso de mi casa, y mi corazón se estrujaba.

¿Notan cómo esta anécdota no va a ningún lado?

Finalmente, no me robó.

Uoooooooooh.


5. En serio: tenía un punto muy bueno para el punto anterior, pero perdí el punto. El post se terminará aquí abruptamente. No tuvo pies ni cabeza. Hola mamá.



25 de junio de 2009

Estafas

Apenas en dos días, mi sangre ha sido víctima de dos estafas mayúsculas.

La primera: a mi hermano le robaron un vocho que tenía. Estaba estacionado en la calle, nadie daba una naranjada por él porque es un vocho y los vochos a quién le importan, pero igual ahí estaba. Lo peor, según me dijo mi mamá cuando hablé con ella hace un rato, es que se lo robaron DOS veces. Cuando creían que ya lo habían recuperado, y los policías ineptos y corruptelas fueron a avisar a la casa del robo (donde nadie se había dado cuenta, porque el vocho a quién le importa), resulta que ya otra vez se lo habían robado. Pobre vocho. Ahora a todos les importa un poquito más que antes, pero ya para qué si ahora seguro está desmantelado y mirándonos desde arriba en el cielo de los coches robados.

La segunda estafa la sufrió la sangre en mis venas, que lo único que deseaba era alcoholizarse un poco. Fui al Black Horse, que en miércoles es como el Waldo's Mart de las bebidas (a dólar antigüito la bebida: 12 pesos sin impuestos). Allá me encontré a la diseñadora de una de las empresas donde frilanseo, y más tarde al Vic, mi camarada de la agencia. Sin embargo, todo lo que yo quería era embrutecer un poco mis sentidos y con poco presupuesto.

¿Pero lo logré? ¡Por supuesto que no! Sus bebidas vilmente rebajadas y peor atendidas -cuánta tardanza por sólo 9 tragos de jalón- no me dieron ni risa. Una cerveza te embriaga más. Una bofetada te pone más contento. Una escupida reaviva más la adrenalina en el cuerpo de un luchador grecorromano.

¡Bah!

Pero eso sí: hubo zafarrancho como de cantina. Y lo tuve que soportar yo sola, porque las viciosas con las que iba se salieron a fumar. Vasos rotos, una tipa con un ojo morado, gritos, miedo y desorden general. Mis polainas con la sana diversión de miércoles por la noche.

Estafa estafa estafa.







Actualización:

Y ahora se nos mueren Michael y la Farrah. Maldita la hora en que el universo nos estafó. ¿Qué sigue, Alá? ¿Qué sigue?


25 de mayo de 2009

¡Por favor, denme permiso de desangrarme en su presencia!



En la materia de Multimedia hice una página web sobre la donación altruista de sangre. No sé por qué elegí este tema, supongo que fue un reflejo, una manifestación del subconsciente bondadoso (del que no creía que hubiera residuos en mi organismo), y me vi diciéndole a mi maestro guapo y generoso: SANGRE. DONACIÓN (me costaba trabajo hilar las palabras en su presencia, siendo él tan guapo y generoso).

En el proceso aprendí mucho del tema y me
comprometí con él. Tuve la certeza de que la donación altruista de sangre era necesaria. En el ínter, pasé el 90% de mis clases de Multimedia dibujando en Adobe Flash -A MANO- las venas de un corazón palpitante, que se llenaban de sangre candorosamente en la animación introductoria a mi página.




-Ésta es una versión beta del corazón, que ya al final lucía IMPONENTE. Éste es, digamos, el único adelantito que subí a una cuenta Image Shack. Para ver su imponencia tendrían que recargar la página cientos de veces y ni así estarían cerca de sentir su PODERÍO.

-gracias a ese corazón saqué 10 en la materia, aplausos-.




Tres veces en mi vida he intentado donar sangre.

La primera vez fue en Querétaro, mientras trabajaba en el café Dos Minutos (rebautizado por Carlangas como "Dos Mierdutos"). Escuché en la radio que un niño de 10 años necesitaba sangre O Negativo, que es mi tipo, así que enseguida fui al Seguro Social. El tipejo en la ventanilla, apenas me vio, me dijo:

- No puedes donar porque tienes bráquets. ¡Largo!



Así es. Alguna vez en la vida tuve fierritos en los dientes. ¡Gran cosa! ¡Supérenlo!


La segunda vez, mi tía Blanca la necesitaba urgentemente, también O Negativo. No encontraban el tipo en ningún banco de sangre y la transfusión era imperativa. En los requisitos pedían pesar más de 60 kilos. No sé quién (¿mi mamá? ¿Mi conciencia?) me recomendó mentir. Así que cuando me tomaron los signos vitales y me preguntaron mi peso, contesté muy segura de mí misma: 60.

La enfermera, una gorda enana horrible, me miró de arriba a abajo, como quien duda de la honorabilidad de uno, y me dijo:

- Súbase a la báscula.

No tengo qué decir que me corrieron con una patada en el trasero, mientras me gritaban agitando el puño:

- ¡Y no vuelva nunca más por aquí!


Esta vez pensé: la tercera es la vencida. Además, sólo pedían 50 kilos. ¡50 KILOS!

El jueves en la tarde fui, pero me retacharon porque digamos que había
abusado del ayuno. Además, me dieron una lista de alimentos que no podía consumir. ¡Carajo! Todo lo bueno estaba ahí: los dulces, las fritangas, los lácteos, las grasas, el alcohol y las drogas intravenosas.

Me cuidé de cumplir con sus requisitos absurdos, y el viernes en la mañana volví.

Sufrí como reo condenado a muerte cuando me sacaron la muestra de sangre, apretando los puños y haciendo muecas dolorosas. Luego, con esa sensación de post-violación, me dirigí al cuestionario con la doctora.

Me rechazaron.

No voy a ventilar aquí los motivos, porque entonces sabrían de mis aventuras lésbicas con luchadoras grecorromanas y mis hábitos de consumir crack y acostarme con enanos pansexuales y cómo me tomé una aspirina y me desvelé y tengo chancros.

Sólo quiero asentar que su lista de requerimientos es DISCRIMINATORIA y absurda.

¡Carajo! ¡Alguien se está muriendo y USTEDES se ponen sus moños! Ya quiero ver cuando haya una emergencia real -i.e. Holocausto Zombie- y nomás le pidan a la gente ponerse en mangas de camisa y amarrarse una liguita en el brazo. Cerdos.

Por eso, estoy de acuerdo con Méjico Májico cuando dice que -y la cito- sólo
puro májico mejicano notable, sano, casto y ñoño puede donar. Gente sin vida sexual, sin aventuras escandalosas, sin un pasado digno de vivirse, sin -parajódicamente- SANGRE EN LAS VENAS.


Por eso he resuelto una cosa: no donar mi sangre. ¿La quieren? Pues no la tienen. La voy a envenenar a mi gusto.

*se inyecta heroína con toda rudeza*


PD. Este post se lee mejor si mientras tanto usted escucha la GRAN banda Type O Negative, uh, góticos gringos ridículos que me hicieron feliz durante mi adolescencia. Ponga especial atención a la letra de "I don't wanna be me": poesía pura.







19 de mayo de 2009

Un día con demasiada publicidad...


...Y creo que estoy a punto de decir cosas como "no puedo contarte ahora, mejor te mando un
brief al rato" o "quiero comerme una torta al pastor ASAP" o "qué cagado, güey", etcétera.

Primero, porque comí con mis antiguos colegas de la agencia del mal: el Roger y el Vic (en ese entonces era preponderante agregar un artículo antes del apócope de cada uno) (a que no adivinan cómo me llamaban) (¿No? ¿Se dan?) ("La Lili") (así, sin acento, con la sílaba tónica en la primera li). La comida fue muy agradable, yo tiré todos los arroces sobre la mesa y los escupía mientras hablaba y derramé la salsa de soya sobre el pantalón de ambos y el gerente llegó y nos pidió que nos retiráramos y yo lloré en la banqueta, etcétera.

De la misma forma en que ver fotografías antiguas te remonta a recuerdos de tu infancia de los que no creías que aún hubiera registro mental (por ejemplo: esa tarde viendo caricaturas te recuerda que tenías unos shortcitos color verde con pequeños pececitos amarillos, o que una tarde cualquiera comiste albóndigas con agua de jamaica, o que una vez en la escuela trataste de hacer trampa en el examen de Historia y te condenaste académicamente de por vida, etcétera). Y aunque no son recuerdos propiamente dichos, pues en ellos no hay acción ni sentimentalismo ni significación, sí ayudan a ver la imagen más amplia: el shortcito te recuerda esa edad y tus amigos y tus sentimientos y tus esperanzas. Eso: una simple prenda ridícula y apestosa.

De la misma manera, la conversación con el Vic y el Roger me transportó a esas tardes terribles con tiempos muertos en los que -maldita maldición- encontré en el Twitter un refugio de "mi realidad" (como personaje de Guillermo del Toro durante la Guerra Civil española y eso). Esas conversaciones en el comedor con chismecitos sobre el mundo publicista, que Fulano ganó la cuenta no sé cuál, que Zutano se cambió a la agencia quién sabe cuántas, que Mengano es pero si bien homosexual, etcétera. Y también me di cuenta, como ya lo he reiterado, que la diferencia entre "la Lili" que ellos conocieron, esa burda escuincla que se reía cuando un coreano escupía la sopa, y "la Lili" que ahora se ríe de los coreanos por el simple hecho de ser coreanos... es grande. Aunque no sé qué tanto. Sólo sé que, si volviera a entrar a trabajar ahí, todo sería MUY diferente. A lo mejor no hubiera renunciado a los tres meses, pero quién sabe.

Lo más curioso fue cuando llegamos al APASIONANTE tema de las bicicletas, porque tanto el Roger como el Vic (y sobre todo el primero, que publicó un libro extraordinario, "Las bicicletas y sus dueños") son bicicleteros de corazón. Le dije al Roger que gracias a su libro me compré mi bicicleta, y él me dijo que ése es el mejor halago que le podrían hacer a su libro, y yo le dije que qué va, que qué había de "es una obra maestra que está destinada a trascender durante siglos" y él me dijo que por qué no me callaba y disfrutaba del momento sentimentaloide-ya-no-soy-tu-jefe-ya-no-tienes-qué-alabarme.

Entonces el Vic que me dice:

"¡No me digas! ¡Seguro tu bici es rosa, con florecitas y una canasta!"


¿Qué le dije?

"¡Oh! ¿A poco ya la viste?!"


¿De verdad soy tan predecible?



Más tarde, ya en mi casa, me senté a ver la tele. Cuánto me divertí. Bueno, en realidad no. En eso, que veo este comercial de Toyota Corolla:



Enseguida me indigné. Ese comercial era el PLAGIO de algo que ya había visto alguna vez, un día que me metí al cuarto de Luis Mariano a buscar un cortauñas y de paso compartir tiempo de calidad con mi sobrino y de paso aterrorizarlo emocionalmente.

Primero pensé que era de los Padrinos Mágicos. Tiene sentido: Timmy Turner es el escuincle ese que puede hacer realidad lo que se le antoje, manipular a su padre y conseguir que le regalen el ROBOT que él quería, incluso si ya había una versión anterior.

Expresé mi indignación en Twitter y todos se indignaron igual que yo. Corrimos en manada hacia el video en YouTube y lo inundamos de comentarios (bueno, sólo Jair Trejo lo hizo). Incluso, tuve el atrevimiento de ponerles un insulto que en buen castellano podría traducirse como "chupapijas". Luego les escribí que eran unos remedos de creativos y luego borré mi comentario, porque era suficiente catarsis por el día de hoy.

Sin embargo, todos en Twitter me preguntaban en qué capítulo sucedía eso. Busqué en la Wikipedia y nada. Empezaba a dudar de mi salud mental, así que hice lo que cualquier tipa de casi 23 años con una duda haría:

Llamarle a mi sobrino de 11 años.

- Loló (es que en realidad así lo llamo desde que nació; "Lolocián", cuando quiero molestarlo), dime cuál es el capítulo ese de Los Padrinos Mágicos donde Timmy quiere un robot y hace que su papá se lo compre, y su papá le dice que ya tenía uno igual, pero Timmy le dice que no, que éste es nuevo porque habla y así, DÍMELO por amor de Alá.

- No entiendo de qué estás hablando.

- Sabes de qué estoy hablando, niño. ¿Acaso el papá de Timmy no es el que se queda a hacer las labores domésticas mientras su mamá va y trabaja y tiene el rol económicamente activo de la casa y eso?

- No. Estás hablando de Johnny Test, el niño con cabeza de flama.

- JA-JA. Lo sabía.

Click.

Bueno: "hice una papanatas de mí misma", como dicen los gringos, al afirmar tajantemente que era de Los Padrinos Mágicos. Bah, cualquiera se confundiría: Timmy Turner y Johnny Test tienen en común que son escuincles y que inspiran deseos de darles una patada en el rostro.


Acto seguido: busqué en la red. ¡Y he aquí mi descubrimiento!



Videos tu.tv

Está en portugués, muchachos, pero hagan un esfuerzo: no en balde lo llaman "portoñol".


¿Qué aprendimos de todo esto? Que seguro algún creativito de Saatchi & Saatchi llegó un día agobiado de su chamba, siempre los mismos problemas, siempre la misma jeta de la tipa de cuentas, siempre la misma comida insabora e incolora del comedor, siempre los mismos mails idiotas... y se puso a ver Cartoon Network y decidió PLAGIAR una idea y luego vendérsela millonariamente a los de Toyota.

Qué tipo tan listo.




Creo que es suficiente por hoy de publicidad, aunque aún tenía reservados algunos comentarios ácidos sobre los comerciales del PRD y cómo uno de Pepto Bismol me recuerda algunas escenas de Fight Club y lo que pienso de este noble arte, en fin. Pero... tengo sueño.


Actualización:

El comentario de S.S. me recordó una página que, en la agencia, era algo así como nuestra biblia de contenidos. Mi jefe, no el Roger, sino el que a ambos nos caía en las hipotéticas bolas, era un tipo sin una sola idea original. Por consiguiente, cada que proponía algo que a simple vista no se oía mal, TODOS corríamos a joelapompe a ver si ya se había hecho.

10 veces de 10 ya se había hecho.

Si usted, creativo en ascenso, aún no conoce joelapompe... ¿Espera a que alguien le dé un zape o qué?

JOELAPOMPE
- donde se exhiben los plagios más horrorosos de la industria creativa.




4 de mayo de 2009

Odio a mi casero


(Uf: escribir ese título fue tan liberador como despojarse de las ropas en un día soleado, o darle un bofetadón a nuestra suegra idiota, o soltar un ronquido fenomenal en clase de Álgebra IV)

(Habrán notado que en estos días de asueto y de comida casera, me resultaba difícil escribir un post agrio y desbordante de ira, que son los que de veras molan un mogollón).

Pues bien.

Odio a mi casero. A ese cerdo fascista pendejo con delirio de persecución, mal tino para vestirse y modales de trailero enmonado que suele referirse a mí como "señorita Lilián" con algo que él cree cercano al sarcasmo, pero que ni siquiera (¡ni siquiera, he dicho!) se acerca a la pena ajena.

En primer lugar, es un maldito paranoico. Cuando firmamos el contrato tuvimos que ir a la oficina de mi tío, que está en la Anzures. Enfrente está un café al que ya había ido porque pertenece a la hermana de cierta señorita buena onda con la que alguna vez hice un frílans (¿huh?). Como no recordaba la ruta exacta, dimos unos cuantos rodeos y le preguntamos al conductor de un pesero que pues qué onda, carnal, qué pedo, por dónde nos vamos, no mames, no entendemos una naranjada (mi nueva forma políticamente correcta de decir "no entiendo un carajo": no entiendo una naranjada).

Y entre tanto, ¿saben qué me dijo el idiota casero?

"Uy, señorita Lilián, ¿cómo que no puede llegar a la oficina de su tío? ¿Qué nunca lo visita? ¿Qué no es su tío? ¿Qué no comparte algún pa-ren-tes-co con él?


Me daban ganas de contestarle:

"Ah, claro. Pues fíjese que no, no es mi tío. Es sólo un señor al que vi una vez afuera de una tiendita y al que le ofrecí que por cincuenta pesos se ofreciera a ser mi aval, firmara un contrato y un pagaré por un año; nada más, ¿por qué se apura?"


Cerdo fascista.

Pero la culpa (como filosofía de mamá que se autocompadece) la tengo yo. Sí, porque fui incapaz de darme cuenta de que un departamento tan barato en una zona tan céntrica y que encima tenía una tina (JODER: una tina, ¡una jodida tina, como en las películas!) no podía ser sino un chanchullo de esos... De esos que al final del día, con la ropa hecha jirones en el suelo, te hacen gritar con las manos en alto: "¡Nooooo! ¡Todos menos yo... y mi tinaaaaa!".

Claro: el departamento se está cayendo pedazo a pedazo. He gastado sumas obscenas en plomería. Los vecinos, por supuesto, son un hato de animales sin cadena a los que sólo les falta subirse en un risco, darse de golpes en el pecho y gritar "¡Aaauuuuuuuu!" hasta que les duelan los pulmones.

Cerdos imbéciles.

Ah, pero no tenga yo el atrevimiento de retrasarme un maldito día en la paga. Uuuuuuuy, no. Alá no lo mande. No, por favor. Todo menos eso.

El viernes me manda un ese-eme-ese: "Señorita Lilián, ¿a qué hora me va a depositar?". Le contesté "OK" y me seguí durmiendo. No tengo idea de por qué lo hice, si no suelo mandar mensajes de una sola palabra por considerarlos idiotas y redundantes, y además no tenía la mínima intención de pagarle... Supongo entonces que entre sueños tomé el celular, apreté dos teclas y me volví a dormir.

Luego comprendí mi error. ¿Cómo CHINGADOS iba a haber un banco abierto en primero de mayo?

A pesar de que ni siquiera salí de mi casa, le contesté que había recorrido un mar de calles y no había encontrado un solo banco pero que "oh, disculpe, señor, haré lo posible por depositarle el lunes".

Y hoy, HOY 4 de mayo, me dijo por ese-eme-ese (o sea: mensajito de celular, no vaigan a creer que chateamos y todo) que ME IBA A COBRAR INTERESES.

Le recomiendo, como un lector harto simpático en El Chamuco dijo en una carta, que haga sus intereses rollito y se los meta por donde le produzca más placer.

Cerdo idiota.



18 de enero de 2009

Más sobre las basuras que tengo por vecinos


Mi departamento, esa zona de guerra asolada por los desperfectos y las composturas a medias, es una Franja de Gaza de concreto y vidrio. En medio estoy yo, con una banderita blanca raída, pidiendo ayuda.

Por un lado, está la vecina del 14. La demente que lee mucho (TODA la TvNotas cada ocho días) y que se busca el pan de cada día por medio de la estafa y el engaño. Por otro lado, está la vecina del 1... que habla y habla y habla mientras me mira con dos ojillos que apenas le sobresalen de las arrugas. Ambas se odian. Ambas desconfían una de la otra. Ambas consideraron, con base en algún razonamiento absurdo e ilógico, que podrían encontrar una aliada en mi persona.

La del 14 me dice que la del 1 es una ratera. La del 1 me dice que no confíe en la del 14. Ambas vienen, tocan mi puerta, me cuchichean estupideces en el pasillo, se echan miradas de escopeta, me invitan a pasar a sus departamentos con decoración setentera y muebles empolvados y sevilletitas bordadas, ambas pretenden que las escuche.

Me deprime escuchar hablar a estas señoras. No sé por qué, debe ser la forma de mis ojos y el modo en que puedo desconectar mis cables interiores y fingir que las escucho atentamente, pero algunas personas encuentran en mí un gran desahogo. Porque mientras hablan yo los miro a los ojos y muevo la cabeza afirmativamente cada cierto intervalo de tiempo, y ellos creen que por fin encontraron alguien que da un centavo por sus problemas. Como si lo que tuvieran por decir, que usualmente no es nada y está plagado de circunloquios y composiciones gramaticales pobres y crisis de la edad y baja autoestima y nostalgia por los años que se les escurrieron de las manos, de alguna forma me interesara. Como si por la mañana yo me despertara pensando qué le aflige a la subnormal del 14 o qué nueva historia traerá bajo el brazo la mentecata del 1.

[Ahora recuerdo un hecho un poco tangencial: cuando escribí todos los relatos y chismes de mi universidad en forma novelizada, comprobé que si sabía todos esos chismes era porque los involucrados me los habían contado de primera mano. Y que la frase que más escuché en el año 2005 fue "te tengo mucha confianza". Y que estas personas, que creían que me interesaba por sus problemas sólo porque los miraba a los ojos y asentía de forma muy circunspecta mientras hablaban, confiaban en mí sin saber que sus secretos no significaban nada para mí y que más tarde que temprano acabaría ventilándolos por diversión. Que no es bueno tenerme confianza. Que es mejor que nadie me diga sus secretos, a pesar de que mi lenguaje corporal resulta tan confiable y familiar en cierto modo.]


¿Cómo debo actuar ante los innumerables chismes de este maldito edificio? ¿Qué actitud debo tomar para mantenerme siempre neutral y alejada? ¿Portarme grosera? ¿No abrirles la puerta? ¿Qué clase de objetividad puede mostrar alguien que efectúa reuniones en su hábitat tiro por viaje y baja las escaleras ruidosa y oscilatoriamente y saca grandes bolsas negras de basura que tintinean con el sonido de las botellas?

Los del 12 se robaban mi luz en pos de su borreguito de oro. Y hace rato los vi hablando con la del 1 y comprobé que son la misma cosa. Los del 20, justo al lado de mi depto, son lisa y llanamente unos animales. Animales. No saben convivir. No conocen las palabras "higiene", "salubridad", "silencio" o los conceptos "vivir como seres humanos", "poseer inteligencia humana", "comportarse como un ser humano pensante".

De toda esta bola de sociópatas y analfabetas emocionales, sólo tengo una relativamente buena opinión de la señora del 24, a quien saludo frecuentemente. También del vecino del 23, que me regaló unas cervezas por ninguna razón. Y especialmente del 16, claro.

El vecino del 16 me abordó una noche que yo estaba en la calle esperando a unos amigos. Acepto que mi comportamiento era sospechosista, pero qué le importa a la gente si me gusta estar parada en la calle a las 10 de la noche. El vecino del 16 me miró y me preguntó si vivía en el edificio también, porque "me había visto" por ahí. Le dije que sí. Se presentó, dijo algunos detalles de su persona que olvidé apenas los dijo, y luego me aseguró que si necesitaba que me llevara a CUALQUIER lado, él siempre siempre siempre estaría ahí. Y que le daba mucho gusto conocerme.

Es un acosador de pacotilla, como todos. En el pasillo me ve y remarca mi nombre, como esos agentes de seguros o de bancos que están bien aleccionados para repetir tu nombre ad nauseam, con el fin de estrechar vínculos. "Hola, Lilián". "A dónde vas, Lilián". "Qué bueno verte, Lilián".

O hace dos días, que me encontraba trabajando en la casa. De pronto escuché que gritaban mi nombre: LILIÁAAAAN, LILIÁAAAAAN, LILIÁAAAAAN. Abrí la puerta y nada. Y luego: "¡Acáaaa, en la ventanaaaa!". Abrí la ventana que da al cubo. Ahí enfrente estaba el vecino del 16, mirándome con su cara de idiota.

La siguiente charla se dio entre gritos, de ventana a ventana:

Acosador del 16: ¿Quieres ir a tomar un caféeee?

Lilián: Es que estoy muuuuy ocupadaaaaa.

Acosador del 16: ¿Mañanaaaa?

Lilián: No puedooooo.


Silencio.


Acosador del 16: ¿Tienes aguaaaaa?

Lilián: Neeeel, nos la cortaroooon.

Acosador del 16: Si quieres te subo dos cubetaaaaas.

Lilián: Bueno.


Lo cual hizo. Al otro día me pagó la cuota del gimnasio de la calle de al lado, para que pudiera bañarme. Y luego se fue a sus clases de piloto aviador. En el trayecto habló del cambio climático, repitiendo mi nombre entre los datos sacados de la Wikipedia: "es que la modificación del clima, Lilián, y pues la tierra tiene que defenderse, Lilián, y por eso está haciendo mucho frío, Lilián. En fin, me dio mucho gusto conocerte, Lilián".






12 de enero de 2009

Tengo un problema con la fe de la gente


Mi papá anda haciendo un proyecto en el DF y se quedó un par de días en mi casa. El primero de ellos se levantó muy temprano y me dijo que se iba ir a cumplir una manda.

Sí: una
manda... que consistió en irse caminando desde mi depto hasta la Basílica.

Francamente, la empresa me pareció ridícula al principio. Según él, todo había salido bien en la chamba y además tenía toda la disposición de irse caminando y corriendo alternadamente por todo Reforma y Calzada de Guadalupe. Le dije que por lo menos desayunara antes de emprender su hazaña. Luego me dormí otro rato.

En la noche llegó airoso y me dijo que lo había logrado, lo que no me sorprendió (subió y bajó los más de 500 escalones de la cascada de la Tzaráracua con una sonrisa en la cara, mientras yo iba escupiendo cada una de mis vísceras mientras lanzaba imprecaciones contra las maravillas turísticas michoacanas).

Vamos: lo que me sorprendió fue su determinación, motivada por algún oscuro resquicio de religiosidad en su sangre. En mi casa siempre oscilaron del agnosticismo al valemadrismo y de ahí al repentino catolicismo motivado por bodas, bautizos y misas de año nuevo. En todo lo demás, al parecer, su leitmotiv religioso se componía del "ni lo afirmo ni lo niego".

Yo soy atea y me gusta que respeten mis creencias. No tengo problema con los fanáticos religiosos, excepto que es improbable que me parezcan intelectualmente respetables y que procure decir frases provocadoras en su presencia por diversión y que después me acusen de hereje y yo llore y les diga, con lágrimas en los ojos, "¡Por favor respeten mis creencias!" y ellos me digan, con ira en su voz, que mi ateísmo es infundamentado y yo les responda que sí tiene fundamento: en los extraterrestres y en un mundo sin diostodopoderoso.

Pero sí tengo problema cuando su fe interfiere con mi persona. Cuando alguien me quiere llevar a misa. Cuando alguien pretende que me persigne en carretera. Cuando mis cerdos vecinos, a quienes yo solía respetar y considerar personas decentes, se roban MI luz para iluminar SU virgen a la entrada del edifcio.

Sí: descubrí, gracias a una vecina samaritana que me dio el pitazo un día que yo iba bajando las escaleras y ella las iba subiendo, que ALGUIEN conectó la virgen a MI toma de luz. Mi ira afloró, como un botón de rosa que se abre en la alborada. De inmediato conjeturé, muy sabiamente, que yo no estoy para patrocinar la fe de nadie. Que es muy bonito y muy lindo que tengan su virgen y todo, pero que paguen su propio recibo de luz o consideren apoyar su fe en otro simbolismo como... no sé, un calendario de bailarinas estilo Tongolele o un pedazo de cuero viejo en un pedestal de hojalata.

Ahora, por designios de su fe, debo 443 pesos a Luz y Fuerza del Centro. Decidí no armar panchos innecesarios, sino operar con diplomacia y armar un escandalazo de proporciones épicas. Comploteé con la vecina samaritana hoy que fui por el periódico y optamos por un plan de acción exento de fallas. Al final el asunto quedó en que iba a hacer una lectura de mi medidor y que necesitaba las llaves del cuarto donde están los fusibles. Después iba a fingir sorpresa al ver unos cables ajenos en mi interruptor y exclamar: "¡Oh, ¿qué podrá ser esto?!", mientras el esposo de la vecina samaritana decía, a su vez, "¡Parece que son los cables de la virgen!". Y entonces el acto terminaba en que yo concluía, con agilidad mental envidiable, que seguramente ESA era la causa de un recibo de luz tan caro. Y que me dieran 200 pesos todos, gracias.

Después el esposo de la samaritana me puso un socket fundido. Les invité un café y lo rechazaron, pero en cambio la vecina samaritana mostró una habilidad increíble para transformarse de la
vecina samaritana a la vecina desquiciada, al contarme cómo le encanta leer TvNotas y pedirme, rogarme casi, que la conectara en el fascinante mundo editorial. Al final les pagué sus 100 pesos por el servicio completo con un miedo atroz y deseos intensos de que se fueran de mi casa YA.

Sin embargo, supe que alguna vecina fanática consideró una CONDENA asegurada el desconectar la mentada virgen, por los motivos que fueran. ¿Es eso una actitud católica o sinceramente ruin? ¿Le parece más honorable robarme con tal de tener una figurita de céramica con un foquito prendido día y noche? ¿Adorar a esa figurita le da acceso directo al cielo? ¿O nomás es una tarada sin criterio? Ustedes decidan.

Al final del día, mientras me comía un taco de cochinita pibil, concluí que la fe es un monstruito camaleónico de muchas cabezas. Algunos la sustentan en lo que sus ojos ven: un foco con un montón de florecitas de plástico, un pedazo de madera tallada colgado en la pared, un recinto con olor a incienso y agua de crisantemos podrida, un pedazo de masa insaboro...

Otros, como mi papá, hacen algo con su fe. La canalizan, se sienten bien consigo mismos, practican algo de ejercicio... pero al menos no se meten con nadie. Y yo no tengo problema con ello, porque su fe es individual y privada, como todo lo que debería concernir a la religión.





BONUS PROVOCADOR 'A PLUS':

Mejor hubieran puesto esta bonita imagen y me cae que yo les pago todos los focos prendidos día y noche que quieran.



Actualización: Hay que congratularnos porque la censura blogueril no conoce límites. Visiten el post de controlzape al respecto, mucho más interesante que éste, y piensen qué tanto les gusta tener miedo hasta de lo que piensan o dicen. Reflexionen, oh, si en el fondo no se sienten un poquitín culpables por disfrutar esta imagen y la de Scarlett.



8 de diciembre de 2008

Actualizaciones aburridas y sin sentido

¿Qué clase de blog personal perdedor sería éste si no ventilara múltiples quejas sobre mi nuevo departamento?

1. El casero es una mierda. Ya sé que si fuera sensato, me buscaría en Google para ver mis referencias, como todo buen empleador/casero moderno lo haría. Así que si me encuentra, señor X, sepa que usted me parece una mierda. No obstante, le pagaré siempre a tiempo y procuraré no inhalar ni inyectarme demasiadas drogas sobre el piso del departamento que le renté.

2. La luz de la estancia, justo donde puse mi escritorio al que hace mucho le pegué un sticker de Placebo en un acto muy adolescente,
no sirve. Estoy a oscuras en donde debería tener más luz. ¡Albricias, albricias!

3. El agua de la regadera sale TIBIA. ¡Tibia, maldita sea! Para alguien que usualmente se escalfa (me encanta esa palabra, que me enseñó Fanny, porque es muy propia de chef/estudiante de Gastronomía) cada que se baña, darme un regaderazo se ha convertido en una auténtica tortura. No me da vergüenza admitirlo: cada que lo hago grito, lloro y maldigo a todos los dioses. Los vecinos piensan que pertenezco a una secta satánica.

4. El casero mierda mencionado tres puntos arriba me entregó el departamento sin pintar. Lindísimo y profesional, él. Como soy una inepta para las manualidades y trabajos domésticos (tampoco me avergüenza admitirlo), he resuelto hacer la única cosa sensata que se me ha ocurrido en mi vida:

Sobornar a mi amigo El Abuelo para que me pinte las paredes.

Ambos tenemos muchas ganas de ver la obra dirigida por Malkovich Malcovich, y ¿quién es la amiga rica? Sí, mi prima Eustacia. Nos tiene boletos de primera fila.

(No cierto. La parte anterior es mitad cierta, mitad mentira, pero seguro ninguno de ustedes sabe detectar el sarcasmo. CERDOS)

5. Los vecinos de al lado, ay destino insulso, son unos hijos de puta. Infaltable. Tienen como cuatro perros y los tienen adentro (sí, encima son unos puercos). Ponen reguetón a todo volumen. Gritan cuando ven el fútbol. Tienen su puerta rayada y llena de calcomanías de mal gusto. Son un auténtico germen de la sociedad y YO seré el insecticida. Ajá.

6. Mi experiencia laboral en Samsung me dejó una bonita fijación: los coreanos.

7. Ahora los coreanos son mis vecinos.
Ya imagino que la siguiente jugarreta que el destino insulso me aplicará será la de:
enamorarme de un coreano.

8. XxXx

9. Um. ¿Ya dije que el agua no sale hirviendo, como debería, sino medianamente tibia? ¡TIBIA!

10. La cocina está increíblemente cochambrosa. Debo pintarla. Aún así, ya le colgué cosas inservibles en las paredes.

11. Persianas. Estúpidas. Aptas para oficina y no para casa decente. NE CE SI TO cortinas. Ahora.

Y lo PEOR:

¡Aún no tengo internet ni teléfono ni televisión por cable con 435 canales que jamás veré!

PILÓN BUENA ONDA:

Un amigo me pasó esta tira. Me gustó mucho, no porque me vea "retratada" en ella, sino porque soy muy fan de Chynna Clugston-Major. Esa monera sí que me hace
volaaaar.


19 de octubre de 2008

Eventualidades @ Motorokr 2008

Mi karma de conciertos es fallido. Siempre me duele una muela, el estómago o las falanges de los dedos. Me dan ganas de orinar a dos segundos exactos de que salga mi banda favorita. Las suelas de mis zapatos se parten en dos. Alguien me pisa. Otro me pica los ojos. Los roadies me miran feo. A todos les caigo mal. Etcétera.

Como saben, me perdí a Muse por mi cirugía de la muela del juicio, y a los Smashing Pumpkins porque estaba a punto de muda
rme para el DF. Decidí vengarme con el Motorokr Fest y hasta fui a comprar mi boleto al Mix Up de la Zona Rosa.

Tenía todo perfectamente planeado, pero la logística me falló: ¡Lo sabía!

Todo empezó mal desde que el sábado al mediodía no encontraba mi boleto, lo que debe ser la pesadilla más recurrente de un s
er sensato antes de ir a un concierto. A pesar de que don Rufián Melancólico me había marcado el día anterior (¡oh, un día tan funesto y lleno de altibajos!) para incluirme en su pase de prensa, los 539 pesos no dejaban de dolerme mientras revolvía mis pertenencias con gesto contrito. Al final, después de haber agitado el puño fúricamente mientras maldecía a todos los dioses de Oriente y Occidente, el boleto apareció metido en un libro de Saul Bellow.
(Es un boleto muy culto)

Luego están los malditos celulares. Creemos que la consigna de Motorola fue bloquear secretamente las señales de todos los celulares que no son Motorola, por lo que mi recién adquirido Nokia fue inútil (¡incluso ante mi antiguo Motorola, que sin duda hubiera funcionado a las mil m
aravillas en tal situación!). Les dije a TODOS que eso de mandarse mensajito revelando ubicación exacta resultaría en un bodrio de magnitudes colosales, y así fue.

Ir con distintos grupos no es la actitud. Por un lado tu peor-es-nada con sus amigos; por el otro, tus amigos de la prepa; por el otro, tu hermana y cuñado; por el otro, tus amigos realmente cultos; y por el otro una tipa vestid
a de oso que te cayó excelente en cuanto la viste y pensaste "ridícula".

Sin contar que tuve que interrumpir la actuación de los -
reverencia- Flaming Lips -termina reverencia- para ir a dar el boleto a un muchacho sen-sa-cio-nal que conocí en producción y que, según una chilena que bebió con nosotros el viernes, es "un ángel".

Las bandas, formidables. The Kooks me gustan muchísimo, aunque digan que son como los Hanson pero con más punch. De Stone Temple Pilots y NIN sólo tengo halagos.


Pero sigo con el enojo por culpa de los celulares y las perdidas y los corajes. Me he convertido en una persona problemática y enojona. Luego sucede.

Una mísera foto:



15 de octubre de 2008

Taxis

Tengo pésima suerte con los taxis. Siempre me tocan taxistas que a las primeras de cambio me sueltan:

"Ahí me va diciendo usted por dónde me voy".

Zoquete. Si me subo a su taxi, es porque:

a) Tengo prisa
b) No sé cómo llegar yo sola.
c) Las dos anteriores.

Es ya absurdo el número de veces en que esto me sucede. A veces imagino que fue una consigna secreta de la ciudad para molestarme en formas insospechadas. Para hacerme llegar tarde y de malas a todos lados. Para empobrecerme paulatinamente (con lo que he gastado en taxis podría comprarme un harén de prostitutos negros y obligarlos a bailarme el himno finlandés en tanga).

Las dos peores experiencias: un sujeto que no tenía ni la más remota idea de cómo llegar a una pinchi colonia a la que todo mundo sabe llegar, y que además ya me quería botar en el primer alto. En el camino tuvo la delicadeza de preguntar decenas de veces si iba a una "cita de trabajo" (como todo mundo tiene citas románticas a las 10 de la mañana) y de asegurar que "no es que no supiera, sino que el paisaje estaba bien bonito en esa parte de la ciudad" -ni menciono que lo más estrambótico del trayecto fue recibir un SMS de la extinta Chica Ye-Ye deseándome una feliz semana
... Aún así tuve ánimos para renegociar lo que marcaba el taxímetro a pie de una crepería famosa donde me esperaban dos individuos con las caras enjutas por mi tardanza.

La otra ocurrió hace poco. El taxista hizo un rodeo innecesario y luego se metió, casi a propósito, al tráfico de Periférico a mediodía. Yo hervía de sangre, pero aún así dejé ir un "ay, me va a salir bien caro". Y el señor:

"Sí, ¿verdad?"

Lo odié. A lo mejor lo notó, porque enseguida mencionó que "debería trabajar en tele". Yo alcé las cejas y dije "sí, ¿verdad?". Zoquete.

Lo cual prueba que si un taxista te cobra 80 pesos por dejarte ahí donde te dé el solecito, ni sus halagos baratos y prefabricados debes aceptar. Nunca.





En otro orden de ideas, un Zombie está enamorado de mí. Ya se veía venir:

Al menos puedo estar segura de que en el Holocausto Zombie estaré protegida.







7 de julio de 2008

Estúpidos oftalmólogos

Odio ir al oftalmólogo. Es casi peor que ir al dentista. Al menos el dentista sabe lo que hace y lo único que el paciente tiene que hacer es abrir la boca y dejar que el sacamuelas jurgunee en su cavidad bucal.

Pero el oftalmólogo no; no señor. El estúpido oftalmólogo tiene que ponerte diez mil cristalitos redondos y preguntarte hasta la náusea:

¿Con cuál se ve mejor? ¿Éste o éste? ¿O éste? ¿Mejor? ¿O con éste? ¿Y éste?

¡Estúpido! ¡Sólo saca la maldita graduación de una buena vez! ¿De qué sirve la tecnología si un estúpido oftalmólogo no puede confiar en los parámetros finales de la computadora? ¿Acaso creen que el ingeniero oftalmólogo que la inventó no sabía nada de oftalmología? ¿Estúpido oftalmólogo?

¿Se dan cuenta que repetir la palabra oftalmólogo arbitrariamente hace que pierda todo su sentido? ¿Estúpidos oftalmólogos?




















Estúpidos oftalmólogos.


29 de enero de 2008

Se solicita Chandler Bing

Es frecuente que la gente me diga:

"¡Vamos a rentar un departamento juntos!"

Y que yo diga: "Está bien".

Y en el fondo piense: "Ajá. Cómo no".

No por mí. Por ellos. No digo que sea difícil vivir con su servilleta (a continuación expondré ejemplos prácticos), pero todas las ofertas que he recibido tienen sus desventajas. Al final no son más que idealizaciones y proyectos a largo plazo; a lo mejor se concretan y a lo mejor no. La divagación y el albur son demasiado tangibles como para considerarlos ofertas viables. Esta parte del texto está hundiéndose como el Titanic. Voy a pasar a la siguiente.

Estas personas han de pensar que vivir con su servilleta es la mar de emocionante y divertido.

Tienen toda la pinche razón.

Los tres años que viví con distintas tipas insufribles fueron bomba. Las ignoraba el mayor tiempo posible, me encerraba a piedra y lodo en mi recámara, consumía muchos megabytes de banda ancha, me comía su jamón y me bebía su leche, y además invitaba a gente a dormir sin avisarles. Por supuesto, cuando era necesario, me mostraba lo suficientemente amable/hipócrita como para ofrecerme a preparar la cena de esa noche (consistente en tostadas con frijoles de lata y galletas Marías) y las ayudaba con sus tareítas en la medida de lo posible. Sólo que eso casi nunca era posible: una estudiaba arquitectura (cortaba con su novio cada semana y hacíamos apuestas para ver qué tan rápido iban a regresar, aunque para ella todas las veces eran "la última vez"), otra estudiaba medicina (era de lento aprendizaje y memorizaba sus apuntes a grito pelado en el pasillo), y dos estudiaban química (una era un mueble que no hablaba y la otra era una estupidilla de cuyo nombre ni me acuerdo).

Claro, eran unas babosas y todas -TODAS- me caían infinitamente mal. Me complacería mucho no saludarlas cuando las vea por la calle. No volveré a pintar aserrín de verde para una maqueta de un hospital, ni traducir artículos sobre las cuatrocientas quince arterias del corazón.

Ni siquiera extraño las veces que nos zampábamos un cartón de cervezas, ocho Red-Bulls y dos Nestea para los noches de insomnio estudiantil.

Eso que me estoy limpiando no es una lágrima, joder.

Hace un año que me fui, escribí este post medio lacrimoso al respecto. Bah. No las extraño nada.

Mensaje para los posibles roomates de su servilleta:

Tengan el champán listo dentro de un par de meses. Yo invito los hielos.

10 de noviembre de 2007

Soy una mártir y, como tal, DEBO publicarlo a la brevedad

Ayer sufrí EL dolor. No el dolor punzocortante del aparato inhibidor de lengua, ni las dolencias vergonzantes producto de una extraña conjunción de elementos.
Empiezo a creer que este proceso por convertirme en una persona más juiciosa, templada y racional debe componerse por un dolor inversamente proporcional: intolerable e irracional.
Me he quejado mucho al respecto. Tanto que, gozosamente, he llegado a alcanzar uno de mis sueños de juventud: sonar como un disco rayado.
Os pido atentamente no me recuerden algo que ya hice y que no sirvió una chingada: ir al dentista.
También creo que es el karma, lo cual refuerza una teoría que he sostenido por años.
Ayer, concierto gratis de La Gusana Ciega en el Jardín Guerrero. El atuendo de Daniel Gutiérrez y la voz del Chalupas mientras gritaba a moco tendido las letras de “Tornasol” me hicieron sentir como si todavía estuviera en 1998… situación que debí agradecer furiosamente en lugar de soltar mierdeces respecto a una muchacha inocente que nunca me ha hecho nada y cuyo único error en la vida es parecer hombre y estar bien pinche fea.
Acto seguido: casi me llevan a Urgencias en la madrugada y mi oído estuvo a punto de explotar y mi hombro paralizado se colapsó y mojé las sábanas con mis lágrimas, SNIF.
Si es el karma, si es castigo divino, entonces mi teoría mafufa adquiere dimensiones espeluznantes: dios (un dios cualquiera, al fin que es un dios y pinche dios por ser dios, ¿están de acuerdo con su pretensión?) gobierna este universo y los ateos somos sus terribles disidentes.
Rojilla de la religión: mi segundo mote.

En otros temas: quería hacer algo de veras temerario en mi vida cibernética y saqué una cuenta en Facebook. Me sentí desafiante. Estoy pensando en cambiar la fuente del bló. Georgia me gusta. Jum.



¿A poco no mi prima la jipiosilla es re-parecida a mí? Suertudota.

18 de junio de 2007

Está lloviendo enloquecedoramente...

Y aún así me levanté a las siete y cuarto, a pesar de que me había acostado casi a las cuatro (como es mi costumbre, así que el asunto no me resultó demasiado incómodo).

Llegué al salón al filo de las ocho (bueno: ocho y veinte, pero es que soy jodidamente impuntual) y resulta que no hay nadie.

La triste maestra no fue.

¿Creen que es justo?

No.

Nomás venía a avisar y asentar mi enojo.

Se ven.

17 de junio de 2007

¡El primer comentario anónimo!

O a lo mejor no, pero sí es el primero que se mete con mi integridad física y moral (ajá).

Ya había dicho que no me han insultado mucho que digamos en este bló (lo cual me parece en suma sospechoso y si no, por lo menos bien patético) (porque todos los blogueros exitosos siempre tienen un buen detractor) (no implico con ello que yo sea una bloguera existosa, porque todos sabemos que no lo soy) (pero entienden mi punto).

Mirad:

Te faltó decir cuando fue tu primera relación sexual? y si has tenido sexo ultimamente porque te notas muy estresadita.


Y la respuesta sería:

1) Pues fue un bonito día de... eh, no. Mis hermanos leen esto, jojorojó.

y

2) No hace mucho, de hecho... eh, no. Mis hermanos leen esto, jojorojó.

¿Contento?

Aunque quiero preguntarle al amable anónimo por qué me nota tan "estresadita".
¿Será que me vio inyectándome heroína y tirando espuma por la boca y danzando por las calles de la ciudad y hablando sola como enloquecida, como acostumbro cuando me estreso demasiado?