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25 de junio de 2009

Estafas

Apenas en dos días, mi sangre ha sido víctima de dos estafas mayúsculas.

La primera: a mi hermano le robaron un vocho que tenía. Estaba estacionado en la calle, nadie daba una naranjada por él porque es un vocho y los vochos a quién le importan, pero igual ahí estaba. Lo peor, según me dijo mi mamá cuando hablé con ella hace un rato, es que se lo robaron DOS veces. Cuando creían que ya lo habían recuperado, y los policías ineptos y corruptelas fueron a avisar a la casa del robo (donde nadie se había dado cuenta, porque el vocho a quién le importa), resulta que ya otra vez se lo habían robado. Pobre vocho. Ahora a todos les importa un poquito más que antes, pero ya para qué si ahora seguro está desmantelado y mirándonos desde arriba en el cielo de los coches robados.

La segunda estafa la sufrió la sangre en mis venas, que lo único que deseaba era alcoholizarse un poco. Fui al Black Horse, que en miércoles es como el Waldo's Mart de las bebidas (a dólar antigüito la bebida: 12 pesos sin impuestos). Allá me encontré a la diseñadora de una de las empresas donde frilanseo, y más tarde al Vic, mi camarada de la agencia. Sin embargo, todo lo que yo quería era embrutecer un poco mis sentidos y con poco presupuesto.

¿Pero lo logré? ¡Por supuesto que no! Sus bebidas vilmente rebajadas y peor atendidas -cuánta tardanza por sólo 9 tragos de jalón- no me dieron ni risa. Una cerveza te embriaga más. Una bofetada te pone más contento. Una escupida reaviva más la adrenalina en el cuerpo de un luchador grecorromano.

¡Bah!

Pero eso sí: hubo zafarrancho como de cantina. Y lo tuve que soportar yo sola, porque las viciosas con las que iba se salieron a fumar. Vasos rotos, una tipa con un ojo morado, gritos, miedo y desorden general. Mis polainas con la sana diversión de miércoles por la noche.

Estafa estafa estafa.







Actualización:

Y ahora se nos mueren Michael y la Farrah. Maldita la hora en que el universo nos estafó. ¿Qué sigue, Alá? ¿Qué sigue?


4 de mayo de 2009

Odio a mi casero


(Uf: escribir ese título fue tan liberador como despojarse de las ropas en un día soleado, o darle un bofetadón a nuestra suegra idiota, o soltar un ronquido fenomenal en clase de Álgebra IV)

(Habrán notado que en estos días de asueto y de comida casera, me resultaba difícil escribir un post agrio y desbordante de ira, que son los que de veras molan un mogollón).

Pues bien.

Odio a mi casero. A ese cerdo fascista pendejo con delirio de persecución, mal tino para vestirse y modales de trailero enmonado que suele referirse a mí como "señorita Lilián" con algo que él cree cercano al sarcasmo, pero que ni siquiera (¡ni siquiera, he dicho!) se acerca a la pena ajena.

En primer lugar, es un maldito paranoico. Cuando firmamos el contrato tuvimos que ir a la oficina de mi tío, que está en la Anzures. Enfrente está un café al que ya había ido porque pertenece a la hermana de cierta señorita buena onda con la que alguna vez hice un frílans (¿huh?). Como no recordaba la ruta exacta, dimos unos cuantos rodeos y le preguntamos al conductor de un pesero que pues qué onda, carnal, qué pedo, por dónde nos vamos, no mames, no entendemos una naranjada (mi nueva forma políticamente correcta de decir "no entiendo un carajo": no entiendo una naranjada).

Y entre tanto, ¿saben qué me dijo el idiota casero?

"Uy, señorita Lilián, ¿cómo que no puede llegar a la oficina de su tío? ¿Qué nunca lo visita? ¿Qué no es su tío? ¿Qué no comparte algún pa-ren-tes-co con él?


Me daban ganas de contestarle:

"Ah, claro. Pues fíjese que no, no es mi tío. Es sólo un señor al que vi una vez afuera de una tiendita y al que le ofrecí que por cincuenta pesos se ofreciera a ser mi aval, firmara un contrato y un pagaré por un año; nada más, ¿por qué se apura?"


Cerdo fascista.

Pero la culpa (como filosofía de mamá que se autocompadece) la tengo yo. Sí, porque fui incapaz de darme cuenta de que un departamento tan barato en una zona tan céntrica y que encima tenía una tina (JODER: una tina, ¡una jodida tina, como en las películas!) no podía ser sino un chanchullo de esos... De esos que al final del día, con la ropa hecha jirones en el suelo, te hacen gritar con las manos en alto: "¡Nooooo! ¡Todos menos yo... y mi tinaaaaa!".

Claro: el departamento se está cayendo pedazo a pedazo. He gastado sumas obscenas en plomería. Los vecinos, por supuesto, son un hato de animales sin cadena a los que sólo les falta subirse en un risco, darse de golpes en el pecho y gritar "¡Aaauuuuuuuu!" hasta que les duelan los pulmones.

Cerdos imbéciles.

Ah, pero no tenga yo el atrevimiento de retrasarme un maldito día en la paga. Uuuuuuuy, no. Alá no lo mande. No, por favor. Todo menos eso.

El viernes me manda un ese-eme-ese: "Señorita Lilián, ¿a qué hora me va a depositar?". Le contesté "OK" y me seguí durmiendo. No tengo idea de por qué lo hice, si no suelo mandar mensajes de una sola palabra por considerarlos idiotas y redundantes, y además no tenía la mínima intención de pagarle... Supongo entonces que entre sueños tomé el celular, apreté dos teclas y me volví a dormir.

Luego comprendí mi error. ¿Cómo CHINGADOS iba a haber un banco abierto en primero de mayo?

A pesar de que ni siquiera salí de mi casa, le contesté que había recorrido un mar de calles y no había encontrado un solo banco pero que "oh, disculpe, señor, haré lo posible por depositarle el lunes".

Y hoy, HOY 4 de mayo, me dijo por ese-eme-ese (o sea: mensajito de celular, no vaigan a creer que chateamos y todo) que ME IBA A COBRAR INTERESES.

Le recomiendo, como un lector harto simpático en El Chamuco dijo en una carta, que haga sus intereses rollito y se los meta por donde le produzca más placer.

Cerdo idiota.



13 de abril de 2009

Otra anécdota con un taxista idiota


Creo que hay una consigna secreta contra mí: mandarme a todos los taxistas idiotas del universo. Hace rato tomé uno en Universidad a la altura de Viveros. Le dije, tranquilamente, que me dejara en la Juárez. Incluso, por si las moscas, le aclaré que en Hamburgo, una maldita calle a la que todo mundo supondría es bien fácil llegar.

¿Pero este taxista idiota lo sabe? ¡No-ho! No, señor. No lo sabe. Así que luego de preguntarme cómo le hacía, y de haberle dado señas vagas mientras buscaba una vena disponible para inyectarme heroína, el muy güey empezó a cajetearla arbitrariamente.

Luego sucedió que, por azares kármicos, el muy güey ya estaba bien encaminado sobre Gabriel Mancera. Me congratulé por la agradable coincidencia y procedí a concentrarme en mi estaaaaadazo, pero a la primera vuelta disponible... el muy güey ¡se dio la vuelta!

En la operación una tipeja le gritó ¡PENDEJO!, epíteto con el que me solidaricé. A dos cuadras, sin embargo, el taxista se paró en una esquina, volteó a verme con rostro compungido, y me dijo:

- Señorita, ¿la puedo dejar aquí? Es que ya no doy.

(O sea que y no daba, y se dio por vencido. De paso me dijo que no era nada, pero yo no puedo aprovecharme de los muy güeyes de esa forma, de modo que le di 10 pesos de manera simbólica. Espero que algún dios tibetano me esté viendo y apunte en un cuadernito mis karmapuntos).

Repito:
Ya no daba. YA NO DABA.

¿Cómo se supone que te levantes todos los días, te bañes, te pongas Vapo-Rub atrás de las orejas y salgas a conducir un taxi cuando no conoces los más elementales caminos de la ciudad? ¡Por favor! No es como si le hubiera pedido que me dejara en una calle perdida, enclavada entre dos callejones sin salida, dentro de una colonia subida en un montecito a la que sólo puedes llegar preguntándole a ocho viandantes y llevando un mapa de las carreteras de México -además de un equipo de primeros auxilios, una brújula, alimentos no perecederos y un teléfono satelital. ¡Dame un corte! (mi nuevo mexicanismo para el manido
gimme a break!).

Así que ahí estaba, perdida en medio de ese terreno pantanoso e inhóspito conocido como colonia Narvarte, y tuve miedo. Un miedo feroz. Miedo que fue cortado de tajo cuando alcé el dedo índice y otro taxi se paró. Albricias.

Me subí molestísima y procedí a callarme la boca. Dos cuadras adelante, el nuevo taxista -llamémosle Taxista B- volteó y me preguntó:

- ¿Ya va tarde?

Pues claro que iba tarde, maldita maldición. ¿Pero lo dije? ¡No-ho! No, señor. En cambio, empecé a quejarme del Taxista A y cómo hay muy güeyes tan güeyes que andan por ahí fingiendo que son taxistas, como pretensos escritores que escriben "persepsión" y "educatibo" y usan "anfibiologías" y "figuras remóricas" e intercalan en sus textos cosas como "jajaja" y "no, no es cierto".

¿Saben qué me dijo el Taxista B? ¿Lo saben?

Que por qué estaba tan estresada si la vida era tan corta. Verídico. Quise reírme cuando me lo dijo, y en ese momento me di cuenta de que estaba apretando las mandíbulas como si mis mandíbulas fueran las de Robocop y dentro de ellas estuviera un villano que mereciera la muerte. Después quise recargarme y noté que mi espalda era un pedazo nudoso de dolor y sufrimiento. Quise decirle que no era cierto y sólo salió espuma de mi boca. Jajaja, no, no es cierto.

Me di cuenta de que siempre estoy innecesariamente estresada.

Los siguientes 20 minutos fueron empleados en una retahíla de consejos muy zen por parte del Taxista B. Que siendo tan joven por qué me preocupaba tanto, si al final las cosas siempre salían. Que por qué andaba toda malhumorada si totalyaqué. Que si por qué no apreciaba un poco más la vida, y notaba las cosas que importaban, como que un advenedizo te recetara su filosofía
Selecciones en un trayecto en el que sólo quieres concentrarte en tu odio hacia el mundo y no escuchar las ordinarieces de nadie. Bah.




Creo que amo al Taxista B.


12 de febrero de 2009

Gente grosera/Gente amable

Hay gente muy amable, que me desconcierta. Hay gente muy grosera y patanesca, que me molesta. Con unos y otros me cruzo cada tanto, y de todos ellos obtengo una reflexión adecuada: que los primeros contagien a los segundos, quienes ojalá eventualmente contraigan una enfermedad venérea y mueran en medio del escarnio público.

Hace rato, por ejemplo, fui a sacar mi basura. Se trataba de una caja de cartón con chunches varios adentro, como: envases de agua, sobrecitos de té húmedos, envolturas de cacahuates japoneses, restos de mi cabello y jeringas-de-heroína usadas, ajá. A punto de cruzar la calle, escuché que una señora le decía a otra:

"Mira, si por eso hay tantas ratas"

Me volteé y la señora empezó a gritarme, con su voz rasposa de señora-que-no-ha-cogido-en-15-años-completos, que por tirar mi basura ahí había tantas ratas. Primero le dije: "¡¿Qué?!", pero la señora frígida siguió balbuciendo sandeces incomprensibles. Entonces, de la nada, yo también le grité:

"¡Pues ahí es donde la recoge el camión!"

Ante lo cual, la señora siguió soltando sus mierdeces. Así que me di la vuelta y la dejé hablando sola.

Tuve que caminar cinco cuadras con los puños crispados para bajarme el coraje. Sobre todo, porque lo había hecho frente al portero del edificio de al lado, quien ha sido la persona más amable conmigo desde que me mudé acá. Él me dijo que la basura se tiraba ahí... Sólo soy un juguete del cruel destino.

Hace rato, mientras cargaba con una mano un montón de bolsas llenas de objetos de vidrio, intenté firmar un recibo. Como el papel se me movía, una chica me lo detuvo con el dedo. Fue un acto absolutamente desinteresado, y le agradecí de veras.

Otro ejemplo que me gusta es la fonda donde como. La comida en sí no tiene nada de extraordinario, incluso es algo sosa y poco original, pero los dos meseros que me atienden alternadamente son tan amables, tan divertidos y tan amigables que voy cada que puedo a pesar de tener unas 10 opciones diferentes tan sólo en mi cuadra.

Nunca me ha gustado ser grosera. Procuro ser cortés. Siempre he creído que se gana más siendo amable, en cualquier lado: el banco, la oficina, la ventanilla, el trámite burocrático. La gente siempre va a estar más dispuesta a atender rápida y eficazmente si le muestras tu sonrisa de dientes chuecos y dices "gracias", "por favor" y "tenga sexo más seguido, de verdad".

Sin embargo, en cuanto percibo una grosería manifiesta, puedo volverme muy hostil. Antes dejaba pasar estas hijodeputeces más campechanamente, en realidad no me importaban gran cosa, pero ahora no acepto la mierdez de nadie, de NADIE. A pesar de tener voz de pito, mi voz de pito puede decir cosas hirientes y salvajes, así que ándense con cuidado HIJOS DE PERRA y SEÑORAS FRÍGIDAS. Los encontraré y me vengaré, Alá sabe que me vengaré.



Actualización del SICÓPATA del 16:

El domingo me llamó por teléfono. Antes de que dijera cualquier cosa, le dije que no estaba en el DF, que me estaban cobrando el roaming y que tenía que colgar. Y le colgué. Secamente.

¿Entendió? Por supuesto que no.

Hace rato me lo encontré en las escaleras. Le dije hola sin detenerme y seguí subiendo sin prestarle atención. Alcancé a escuchar que me preguntaba si necesitaba algo de Puebla, ¡de Puebla!

Díganme qué carajos podría yo necesitar de Puebla. Esto es todavía más arbitrario que lo de las palomitas de dulce, y se vuelve más enfermo a medida que pasa el tiempo. Creo que tendré que programarme en mi modo hostil cada que lo vea y decirle algo que debí decirle hace mucho tiempo:


No estoy interesada en ti.




Ya me siento mejor, gracias. La irritabilidad es signo de sanidad.

11 de febrero de 2009

Post enfermo

Todo empezó, quiero suponer, con un licuado de mamey que me compré en la glorieta de Insurgentes. Haría un viaje medio largo a través del metrobús y no había desayunado, así que pensé: this should do the trick.

¡NEL!

Llevo todo el día con fiebre. Me depuré de todas las formas en las que es posible depurarse (por favor, por favor: NO PREGUNTEN. Es vergonzoso). Me di un baño de tina con agua tibia, pero temblaba muchísimo -tengo escalofríos desde en la madrugada- y abrí el agua caliente. No sé si estaba alucinando, pero el agua salió ARDIENDO y por más que le abría la fría, el agua se ponía más-más-más caliente.

Luego me envolví en una cobija (qué inteligente soy) y me puse a ver
Empire Records, porque tenía que subirme el ánimo de alguna forma. Me reí un par de veces, buena señal. Y en el ínter, en medio de estremecimientos máximos, llegué a la conclusión de que esta película es lo MÁS NOVENTERO que existe.



No hay más.

Qué suerte tuve de encontrarla en una tiendita darketosa por mi barrio, luego de haber oído incansablemente a una sueca alabarla en el HIMclub (¿todavía existe HIMclub? Prometí hablar de ese fantástico lugar alguna vez).

Debo el recibo de Telmex, pero no tengo fuerzas para salir. En verdad. Reuní las pocas que tenía y me aventuré a la farmacia cruzando la calle por Terramicina y 9 litros de líquidos varios.

Quería dejar constancia de mi sufrimiento, porque, eh, soy una especie de mártir. Con fiebre y sin su madre, UOOOH.


No, en serio. No había tenido una fiebre peor desde el 13 de junio de 1997, en que me enfermé de varicela.





8 de diciembre de 2008

Actualizaciones aburridas y sin sentido

¿Qué clase de blog personal perdedor sería éste si no ventilara múltiples quejas sobre mi nuevo departamento?

1. El casero es una mierda. Ya sé que si fuera sensato, me buscaría en Google para ver mis referencias, como todo buen empleador/casero moderno lo haría. Así que si me encuentra, señor X, sepa que usted me parece una mierda. No obstante, le pagaré siempre a tiempo y procuraré no inhalar ni inyectarme demasiadas drogas sobre el piso del departamento que le renté.

2. La luz de la estancia, justo donde puse mi escritorio al que hace mucho le pegué un sticker de Placebo en un acto muy adolescente,
no sirve. Estoy a oscuras en donde debería tener más luz. ¡Albricias, albricias!

3. El agua de la regadera sale TIBIA. ¡Tibia, maldita sea! Para alguien que usualmente se escalfa (me encanta esa palabra, que me enseñó Fanny, porque es muy propia de chef/estudiante de Gastronomía) cada que se baña, darme un regaderazo se ha convertido en una auténtica tortura. No me da vergüenza admitirlo: cada que lo hago grito, lloro y maldigo a todos los dioses. Los vecinos piensan que pertenezco a una secta satánica.

4. El casero mierda mencionado tres puntos arriba me entregó el departamento sin pintar. Lindísimo y profesional, él. Como soy una inepta para las manualidades y trabajos domésticos (tampoco me avergüenza admitirlo), he resuelto hacer la única cosa sensata que se me ha ocurrido en mi vida:

Sobornar a mi amigo El Abuelo para que me pinte las paredes.

Ambos tenemos muchas ganas de ver la obra dirigida por Malkovich Malcovich, y ¿quién es la amiga rica? Sí, mi prima Eustacia. Nos tiene boletos de primera fila.

(No cierto. La parte anterior es mitad cierta, mitad mentira, pero seguro ninguno de ustedes sabe detectar el sarcasmo. CERDOS)

5. Los vecinos de al lado, ay destino insulso, son unos hijos de puta. Infaltable. Tienen como cuatro perros y los tienen adentro (sí, encima son unos puercos). Ponen reguetón a todo volumen. Gritan cuando ven el fútbol. Tienen su puerta rayada y llena de calcomanías de mal gusto. Son un auténtico germen de la sociedad y YO seré el insecticida. Ajá.

6. Mi experiencia laboral en Samsung me dejó una bonita fijación: los coreanos.

7. Ahora los coreanos son mis vecinos.
Ya imagino que la siguiente jugarreta que el destino insulso me aplicará será la de:
enamorarme de un coreano.

8. XxXx

9. Um. ¿Ya dije que el agua no sale hirviendo, como debería, sino medianamente tibia? ¡TIBIA!

10. La cocina está increíblemente cochambrosa. Debo pintarla. Aún así, ya le colgué cosas inservibles en las paredes.

11. Persianas. Estúpidas. Aptas para oficina y no para casa decente. NE CE SI TO cortinas. Ahora.

Y lo PEOR:

¡Aún no tengo internet ni teléfono ni televisión por cable con 435 canales que jamás veré!

PILÓN BUENA ONDA:

Un amigo me pasó esta tira. Me gustó mucho, no porque me vea "retratada" en ella, sino porque soy muy fan de Chynna Clugston-Major. Esa monera sí que me hace
volaaaar.


15 de octubre de 2008

Taxis

Tengo pésima suerte con los taxis. Siempre me tocan taxistas que a las primeras de cambio me sueltan:

"Ahí me va diciendo usted por dónde me voy".

Zoquete. Si me subo a su taxi, es porque:

a) Tengo prisa
b) No sé cómo llegar yo sola.
c) Las dos anteriores.

Es ya absurdo el número de veces en que esto me sucede. A veces imagino que fue una consigna secreta de la ciudad para molestarme en formas insospechadas. Para hacerme llegar tarde y de malas a todos lados. Para empobrecerme paulatinamente (con lo que he gastado en taxis podría comprarme un harén de prostitutos negros y obligarlos a bailarme el himno finlandés en tanga).

Las dos peores experiencias: un sujeto que no tenía ni la más remota idea de cómo llegar a una pinchi colonia a la que todo mundo sabe llegar, y que además ya me quería botar en el primer alto. En el camino tuvo la delicadeza de preguntar decenas de veces si iba a una "cita de trabajo" (como todo mundo tiene citas románticas a las 10 de la mañana) y de asegurar que "no es que no supiera, sino que el paisaje estaba bien bonito en esa parte de la ciudad" -ni menciono que lo más estrambótico del trayecto fue recibir un SMS de la extinta Chica Ye-Ye deseándome una feliz semana
... Aún así tuve ánimos para renegociar lo que marcaba el taxímetro a pie de una crepería famosa donde me esperaban dos individuos con las caras enjutas por mi tardanza.

La otra ocurrió hace poco. El taxista hizo un rodeo innecesario y luego se metió, casi a propósito, al tráfico de Periférico a mediodía. Yo hervía de sangre, pero aún así dejé ir un "ay, me va a salir bien caro". Y el señor:

"Sí, ¿verdad?"

Lo odié. A lo mejor lo notó, porque enseguida mencionó que "debería trabajar en tele". Yo alcé las cejas y dije "sí, ¿verdad?". Zoquete.

Lo cual prueba que si un taxista te cobra 80 pesos por dejarte ahí donde te dé el solecito, ni sus halagos baratos y prefabricados debes aceptar. Nunca.





En otro orden de ideas, un Zombie está enamorado de mí. Ya se veía venir:

Al menos puedo estar segura de que en el Holocausto Zombie estaré protegida.







7 de julio de 2008

Estúpidos oftalmólogos

Odio ir al oftalmólogo. Es casi peor que ir al dentista. Al menos el dentista sabe lo que hace y lo único que el paciente tiene que hacer es abrir la boca y dejar que el sacamuelas jurgunee en su cavidad bucal.

Pero el oftalmólogo no; no señor. El estúpido oftalmólogo tiene que ponerte diez mil cristalitos redondos y preguntarte hasta la náusea:

¿Con cuál se ve mejor? ¿Éste o éste? ¿O éste? ¿Mejor? ¿O con éste? ¿Y éste?

¡Estúpido! ¡Sólo saca la maldita graduación de una buena vez! ¿De qué sirve la tecnología si un estúpido oftalmólogo no puede confiar en los parámetros finales de la computadora? ¿Acaso creen que el ingeniero oftalmólogo que la inventó no sabía nada de oftalmología? ¿Estúpido oftalmólogo?

¿Se dan cuenta que repetir la palabra oftalmólogo arbitrariamente hace que pierda todo su sentido? ¿Estúpidos oftalmólogos?




















Estúpidos oftalmólogos.


23 de noviembre de 2007

Otro post misceláneo

Ayer revisaba por curiosidad los borradores de mi bandeja de entrada y de pronto -como esos golpes azarosos que te hacen ver una escena pasada con más nitidez de la necesaria- me encontré con un correo electrónico recibido el 12 de julio de 2001... Yo tenía 15 años y el remitente, 16.

Lo anexo para saciar la curiosidad de los presentes, ejem:

>que pez por que ya no escribes chinga,  uno te tiene que escribir por que
tú bien gracias he...

>bueno mi pedo por fin acabe mi verano pots..
que pedo hay que organizar una fiesta el proximo fin no,: que te aguitas?... 
ha y gracias por asistir a mi invitación eso se te agradecera un buen 
laneta me caias muy bien ahora nada mas me caes bien
oye con una chingada cada cuando checas el correo:  
pues  que haces por aya espero no estes de huevona ponte hacer algo no! digo... 
por que con razon las mujeres son como son.

>Bueno ahora si el día eta de hueva. me invitaron a una fiesta mis vecinos
nadamas que estan un poco tontos 
no mames no se como tienen 14 años ca..
bueno ni pedo tendre que ir para no aburrirme aqui

>sale novemos dentro de 15 en polo para la fiesta espero
no me falles esta vez por que este fin te perdiste de una fiesta chida
aunque acabo un poco mal pero a mi si me divirtio 
valio la pena oye que no te aburres de estar en polo

>

>                                     atte. J.J.

>P.D.hable con tu hermano bueno no hable si no que el me contesto el telefono

Un mes después yo me mudaría a Querétaro y jamás habría de ir a una fiesta de este zopenco. O sí: una comida familiar en la que nos sirvieron un pozole insaboro y soporté estoicamente los comentarios mala leche de sus primas.

Nótese cómo al individuo en cuestión le preocupaba sobremanera la forma en que yo invertía mi tiempo libre en mi querido Polotitlán de la Ilustración. No imaginaba que es divertidísimo correr por las milpas frescas, saludar al lechero por las mañanas, perseguir a las hormigas en las banquetas, mirar las puestas de sol y quedarse embebido con un punto fijo en la pared durante cuatro horas seguidas.

Y, en resumen, me hizo recordar lo baboso que es andar hasta las chanclas por un sujeto igual o más imbécil que uno. Pero ah: la adolescencia.

En otras noticias...

Mi mamá siempre tiene refranes para toda la ocasión. Cosas como "si el perro ya probó la manteca, ni aunque le quemen el hocico..." y otras de gran utilidad. Ahora mismo yo tengo una genial para mí misma: "más rápido cae un hablador que un cojo". Ajá. Dije que no participaría más en los Metatextos Bis porque la "retroalimentación" (¿alguna vez la hubo?) consistía en meros comentarios con ínfulas de sarcasmo propios de tipos y tipas ma-mo-nes que se autonombran escritores. Pero, claro, vi que se mudaron a un dominio personalizado -el nuevo Metatextos- y que además el último ejercicio era en torno a los zombies, y ahí voy de zoquete a participar. Craso error.

Siento, en todo caso, mucha risa. Una risa similar a la que te provoca la contemplación de un tipo que afirma que la melodía que está en su cabeza es excelsa, pero que -digamos- no saber tocar la guitarra es una minucia. Gente muy linda que está convencida que importa más el fondo que la forma. Jum.

Por supuesto, si yo escribiera estos comentarios en el sitio, todos ahí me acusarían de "divismo". Pero, a mi gran Alá gracias, tengo mi propio blog y puedo hacerlo aquí. Tampoco me malinterpreten: hay ahí mucho talento, pero concentrado en unos pocos.


*********Aquí termina la parte ardilla del post*************

Bah. Les tengo otro truco bien loco. Abran un documento de Word y tecleen la siguiente combinación ultrasecreta:


=rand(200,99)

Opriman Enter... ¡y atérrense!

10 de noviembre de 2007

Soy una mártir y, como tal, DEBO publicarlo a la brevedad

Ayer sufrí EL dolor. No el dolor punzocortante del aparato inhibidor de lengua, ni las dolencias vergonzantes producto de una extraña conjunción de elementos.
Empiezo a creer que este proceso por convertirme en una persona más juiciosa, templada y racional debe componerse por un dolor inversamente proporcional: intolerable e irracional.
Me he quejado mucho al respecto. Tanto que, gozosamente, he llegado a alcanzar uno de mis sueños de juventud: sonar como un disco rayado.
Os pido atentamente no me recuerden algo que ya hice y que no sirvió una chingada: ir al dentista.
También creo que es el karma, lo cual refuerza una teoría que he sostenido por años.
Ayer, concierto gratis de La Gusana Ciega en el Jardín Guerrero. El atuendo de Daniel Gutiérrez y la voz del Chalupas mientras gritaba a moco tendido las letras de “Tornasol” me hicieron sentir como si todavía estuviera en 1998… situación que debí agradecer furiosamente en lugar de soltar mierdeces respecto a una muchacha inocente que nunca me ha hecho nada y cuyo único error en la vida es parecer hombre y estar bien pinche fea.
Acto seguido: casi me llevan a Urgencias en la madrugada y mi oído estuvo a punto de explotar y mi hombro paralizado se colapsó y mojé las sábanas con mis lágrimas, SNIF.
Si es el karma, si es castigo divino, entonces mi teoría mafufa adquiere dimensiones espeluznantes: dios (un dios cualquiera, al fin que es un dios y pinche dios por ser dios, ¿están de acuerdo con su pretensión?) gobierna este universo y los ateos somos sus terribles disidentes.
Rojilla de la religión: mi segundo mote.

En otros temas: quería hacer algo de veras temerario en mi vida cibernética y saqué una cuenta en Facebook. Me sentí desafiante. Estoy pensando en cambiar la fuente del bló. Georgia me gusta. Jum.



¿A poco no mi prima la jipiosilla es re-parecida a mí? Suertudota.

3 de octubre de 2007

¡Oh por el amor de Alá! ¿Por qué esta vida es un lugar tan cruel?

Ayer fue un día muy atropellado.

Mis desgracias comenzaron desde temprano en la mañana, cuando desperté y me encontré con que mi ojo estaba otra vez infectado. Lo blanco era una masa rojiza y muy hinchada. Fue una visión muy gore.

Luego fui a entrevistar a un mono hasta la colonia Agapito una hora más tarde de lo que debí y NATURALMENTE me dejó plantada.

Mientras tomaba clases, oí que decían "¡Miren lo que está en medio de la cancha" y como no puedo ignorar esta clase de cosas, me asomé. No debí hacerlo. Una INNOMBRABLE viva.

Tengo la suficiente presencia de ánimo como para poner este link. Éste.

Yo tengo eso.

Iba a exponer, pero me largué porque mi ojo se estaba saliendo de su órbita, con lo cual pensé que ya me había librado del suplicio. Error garrafal. Voy a ser la primera en exponer mañana.

En la noche me dolió mucho mi muela. Según la sabiduría popular, estoy en medio de un proceso que me convertirá en una persona más juiciosa, madura, consecuente y templada.

Pamplinas.

En mi sueño, como si todos estos problemitas insulsos que he enumerado no fueran suficientes, soñé con la puta innombrable.

No pude gritar ni abrir los ojos porque tenía los globos oculares embadurnados de Terramicina Oftálmica.

Y otras cosas más jarcor que no merecen mención. No es cierto. Es que mis desgracias me parecen infantiles y quería darles a entender que me afligen, además, asuntos de índole sentimental que no me dejan en paz.