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23 de diciembre de 2009

El subconsciente me traiciona


Hace 9 días, soñé que me bebía un perfume. Sentí que el sueño duró toda la noche, y que en él me debatí entre beber o no el perfume: un trago primero, luego ponía el frasco en otro lado, luego regresaba a él, luego ponderaba los riesgos de beber alcohol del 96 con notas de bergamota, luego pensaba que era el perfume más delicioso del mundo. Al final, derrotaba, me lo tomaba todo y reflexionaba en lo mal que estaba, en lo asquerosamente mal que estaba empacarse semejante bebida.

En la mañana fui al Péndulo. En una pila de libros estaba éste, cuya portada me hizo sonreír:


Mira, mamá, puse unos senos en mi blog.


Después recordé una fiesta de disfraces a la que fui en mis años mozos universitarios. Estábamos Fanny y yo en el cuarto de la anfitriona con nuestras bebidas en la mano, y después ya sólo tuvimos los vasos vacíos (entra tema musical de Los Fabulosos Cadillacs). Como nos daba mucha flojera salir a buscar más estabilizador neuronal, nos quedamos como tontas sobre la cama. De pronto, encontramos un frasquito en el tocador. Tenía un líquido ambarino y unas manzanitas en la etiqueta, sin leyenda.

Pasamos como media hora discutiendo si era perfume o era licor. Yo insistía en que era licor, pero Fanny argumentaba que
tenía que ser perfume (porque, además, ¿quién tendría una frasquito de licor en su tocador?) (yo decía que cualquiera; es más, si yo pudiera tendría botellas de ron escondidas debajo de la cama).

Al final, nos lo tomamos. No recuerdo que haya sido malo, ni que nos sacaran en ambulancia, ni que... Es más: puedo asegurar con absoluta seguridad que no recuerdo lo que pasó después. Prueba superada.

El recuerdo explica el sueño, ¿pero cómo el sueño explica la foto? (entra tema musical de The Twilight Zone).










El comité evaluador de posts navideños decretó que esta gansada careció de sustancia jocosa, por lo que nos obligaron a poner esta foto (que nos recuerda a este listado).

25 de junio de 2009

Estafas

Apenas en dos días, mi sangre ha sido víctima de dos estafas mayúsculas.

La primera: a mi hermano le robaron un vocho que tenía. Estaba estacionado en la calle, nadie daba una naranjada por él porque es un vocho y los vochos a quién le importan, pero igual ahí estaba. Lo peor, según me dijo mi mamá cuando hablé con ella hace un rato, es que se lo robaron DOS veces. Cuando creían que ya lo habían recuperado, y los policías ineptos y corruptelas fueron a avisar a la casa del robo (donde nadie se había dado cuenta, porque el vocho a quién le importa), resulta que ya otra vez se lo habían robado. Pobre vocho. Ahora a todos les importa un poquito más que antes, pero ya para qué si ahora seguro está desmantelado y mirándonos desde arriba en el cielo de los coches robados.

La segunda estafa la sufrió la sangre en mis venas, que lo único que deseaba era alcoholizarse un poco. Fui al Black Horse, que en miércoles es como el Waldo's Mart de las bebidas (a dólar antigüito la bebida: 12 pesos sin impuestos). Allá me encontré a la diseñadora de una de las empresas donde frilanseo, y más tarde al Vic, mi camarada de la agencia. Sin embargo, todo lo que yo quería era embrutecer un poco mis sentidos y con poco presupuesto.

¿Pero lo logré? ¡Por supuesto que no! Sus bebidas vilmente rebajadas y peor atendidas -cuánta tardanza por sólo 9 tragos de jalón- no me dieron ni risa. Una cerveza te embriaga más. Una bofetada te pone más contento. Una escupida reaviva más la adrenalina en el cuerpo de un luchador grecorromano.

¡Bah!

Pero eso sí: hubo zafarrancho como de cantina. Y lo tuve que soportar yo sola, porque las viciosas con las que iba se salieron a fumar. Vasos rotos, una tipa con un ojo morado, gritos, miedo y desorden general. Mis polainas con la sana diversión de miércoles por la noche.

Estafa estafa estafa.







Actualización:

Y ahora se nos mueren Michael y la Farrah. Maldita la hora en que el universo nos estafó. ¿Qué sigue, Alá? ¿Qué sigue?


7 de mayo de 2009

TERROR matutino


A ver: les voy ir aclarando una cosa.

Mis papás NO viven en Querétaro.
Vivíamos. No más. El clima, la mochez, los panistas, el ángulo de ciertas calles, la manera en que la gente suele mirarte cuando tiene prisa, la oferta excesiva de gorditas de maíz quebrado... En fin, ¿cómo podían soportar más tiempo viviendo en un lugar así?

Nuestro pueblo se llama Polotitlán de la Ilustración. Sé que les parece increíble, pero es la verdad. Así se llama. Polotitlán, cuya raíz etimológica es "lugar de los Polo". Los hermanos Polo, una bola de zoquetes buenos para nada que tenían bigote, fundaron este pueblo hacia el siglo XVIII. Fue una mejora, después de hacerse llamar "El Ventorrillo". Verídico.

Fotos:


Laralei-Laralai



Detalle del kiosko, auténtica réplica de un kiosko chino... de Tepito.


Así que, cuando digo que me la estoy pasando en casa de mis papás, es LA casa de mis papás, no el departamento que rentábamos en Querétaro (que era grande y tenía mosaicos en el piso y una mancha de vino en mi cuarto que en realidad hizo Paty la primera vez que departimos sanamente ahí).

Atrás de nuestra casa hay una milpa muy grande. Antes era fantástica, aunque ahora ya se está llenando de casas. Oh, la sobrepoblación es un concepto tan triste...

El punto es que a mí me mandaron al cuarto de abajo, donde almacenan los triques. Este post de Jei es extrañamente similar a mi situación. Mi buró es un CPU viejo -pero al menos tiene la altura adecuada para poner mi celular y otros artículos de uso diario, como la aguja con la que me inyecto heroína y unos cuantos látigos.



¡Al grano, al grano! (grita un lector desesperado, que ya quiere pasar a la parte del TERROR descrita en el título)


Ah, sí. Anoche, después de escribir unas cuantas sandeces, procedí a desconectarme las neuronas viendo la tele. Así que estaba, pues, viendo la tele... en el cuarto de tele, que es donde hay una tele y, pues, algunos sillones y... cosas propias para ver la tele, cosas que te hacen más placentera la acción de ver la tele, cosas lindas, ustedes saben.

En eso, un ruido. Abrí la cortina. La milpa desierta. Continué viendo Nickelodeon, digo... Discovery Channel.

Otro ruido. Como de pasos. Valientemente, decidí ir a esconderme bajo las cobijas de mi cama. La cortina estaba entreabierta y, en mis delirios, pensé que quien quiera que estuviese ahí podía verme.

¡Shazam!


Ahora sí: la parte terrorífica


En tales circunstancias, ¿no les parecería TERRORÍFICO recibir un mensaje de un número desconocido a las 7 de la mañana que diga "¡Ya despierta! ¡Ah, yo no estoy afuera de tu casa!"?

¿No les daría TERROR?

Pues a mí sí me lo dio. Con dedos trémulos, tecleé un "¿Quién eres?".

La respuesta no me dejó nada claro, porque iba más o menos "Fulano, ¡sí estás despierta!"

¿Huh?

Hice una rápida inspección cerebral, hurgando mentalmente en mis archivos de memoria. Hasta que, de pronto, todo fue claro.

Recordarán que el día en que la influenza se apoderó de nuestras vidas, yo me salí a andar en bici muy temprano por la mañana. De casualidad, llegué hasta la calle de unos amigos, a quienes nombraremos Essex y Lemus (lo linquearía, de no ser porque súbitamente consideró esto de los blogs como algo absolutamente pueril y enajenante) (aunque eso no le impide tuitear con enjundia). Como sabía que estaban crudos, porque sin ir más lejos los había arrastrado al Covadonga la noche anterior, decidí gastarles una bromita infantil: despertarlos con mis toquidos.

Lo triste es que mi broma no prosperó, no me escucharon, nadie me abrió, y tuve que pedalear de vuelta a mi casa triste y sola -sorteando los oficinistas neuróticos a lo largo de Monterrey y Florencia, ¡hijos de puta!-.

Dos semanas más tarde, al Diego se le ocurre hacerme la misma bromita por mensaje. Ay, qué tierno. Lo malo es que no contaba con que había escuchado pasos afuera de mi ventana la noche anterior y que sentiría TERROR.

El terror matutino.













¿No sienten como que éste ha sido el peor post de mi historia bloguil?



20 de abril de 2009

Se cierra la votación


Y les juro que no hice chanchullo. Todo aquí es legal, no como las elecciones en México y el IVA de Ticketmaster y los chows de Laura Bozzo y lo
light de los refrescos y los amigos que de hecho conoces en Facebook.

Para mostrar mi rectitud, he aquí unas impresiones de la encuesta con todo y estadísticas:

Cerramos la encuesta a las veintiún horas del lunes 20 de abril, y declaramos al ganador indiscutible...


















El compadre S.S., también conocido como Monstruoso, con la frase:

A veces, cuando estoy bajando fotos de personas que no conozco en Facebook, me gusta pensar que de hecho yo corté con ella.




He aquí las pruebas que sí quisimos presentar, no como los del IFE y como los productores de Laura Bozzo




En segundo lugar tenemos, como el amable lector puede constatar con un vistazo, a la bloguera Fa-fa-fabister Crowley, con la gran frase:

A veces, cuando se descompone el Large Hadron Collider, me gusta pensar que me llaman a mí para que vaya a Geneva y se los componga en chinga.



Y en tercer lugar tenemos a Yo-yo-yo-soy ella, con la frase:


A veces, cuando veo viejas ultra-buenas por la calle, me gusta pensar que son frígidas y anorgásmicas.



Excelentes frases las tres, muy superiores a la original, y tendrán un bonito regalo que está en proceso. El gato Malken fue removido de su cargo, por pendenciero, y en su lugar tenemos a la gata Mina. Hace básicamente las mismas gracias, como tomar agua del grifo y dejarse acariciar, así que le dimos chance:


Ni el gato Malken ni la gata Mina son de mi propiedad, como ya expliqué, pero igual los quiero. Los acaricio y no me hago cargo de su manutención. Todos los beneficios y ningún perjuicio.




En otras noticias

Ayer tuve una parálisis del sueño. Es la primera vez en este departamento, y sufrí los percances que la Wikipedia tan bien resumió muy a mi pesar. Me entró un miedo increíble, por ninguna razón, y no pude moverme. De pronto, tuve la sensación de que entraban...


Esperen.


Tienen que leer esto con mucha soltura, con mucha naturalidad, como si lo que dijera a continuación fuera equivalente a decir que ayer fui a andar en bici -que sí lo hice. Lo de la bici. 


...Tuve la sensación de que entraban ¡los mismísimos jinetes del Apocalipsis a mi recámara! Tuve la seguridad de que estaban ahí y, les juro, pude escuchar los golpes de los cascos contra el piso (las parálisis del sueño, como las películas malas, también tienen plot holes: el piso es de alfombra). Sabía que de voltearme los vería, ataviados con ropajes negros muy vikingos (las parálisis del sueño, como las películas malas, también tienen pésimos directores de vestuario) y rostros deformados y cadavéricos. Quise abrir los ojos y no pude. En mi sueño, cosas terribles que jamás podría reproducir en palabras tomaban lugar. De pronto, pude abrir un ojo. Luego, el otro. Respiré. Oscuridad total. Logré darme la vuelta y enseguida fui tragada por las fauces de un sueño pesado y violento, que me torturó durante 6 horas seguidas.

Bien padre todo.

Parálisis del sueño: definitivamente no es la recomendación de la semana.



En otras otras noticias

Hace mucho que no escribía en mis Textos Serios. Debe ser porque el nombre no sugiere nada divertido ni interesante.

En realidad, mi parálisis del sueño se originó por un libro de Auster. Pero lean acá mis sentidas reflexiones al respecto.

Aquí.




Lo cual también me recuerda que mi post favorito en ese blog es Discovery. Aún me parece perfectamente lógico, y perfectamente real, y aún me parece que colonizar el corazón de alguien es la empresa más grande que existe.



20 de enero de 2009

La loca del microbús


Ayer en la tarde, después de una junta de El Chamuco particularmente amena y alta en carbohidratos, me subí a un microbús en División del Norte. En el trayecto pensaba distraerme con un método muy apreciado en las montañas del Himalaya, que consiste en mirar un punto en el vacío e imaginar que somos borlas de algodón flotando en la nada.

Y entonces la vi. Estaba sentada detrás del chofer. Tenía unos zapatos excesivamente picudos, como de bruja, y la cara empastada con maquillaje ocho tonos abajo del de su piel. Se levantó de su lugar con una molestia evidente, y me fijé que tenía la boca toda pintarrajeada de morado.

Se sentó casi al lado de mí. Yo seguía imaginándome que era un pedazo de algodón al que no le importaba nada y era muy feliz en su ordinariez. Después escuché una conversación bien extraña, como de reclamos, pero nadie en el pesero estaba hablando por celular.

Era la loca. Estaba hablando sola. Concentradísima, como si tuviera un interlocutor perfectamente real, que la escuchaba con atención. Llegué a pensar que, en su mente, lo tenía: un tipo medio escuálido que decía que sí a todo y estaba de acuerdo en todo.

La loca estaba escupiendo quejas como buzón del IMSS: de los pasajeros, de la inseguridad en las calles, de que no quería ir "abajo" porque podrían "llevársela", de lo que comentaban los demás. Incluso parodiaba y remedaba las conversaciones de los presentes.

"Es que la culpa es de la ignorancia, sobre todo de las mujeres, como ésta que se acaba de subir. Yo no sé a dónde va a parar esto, con gente de este tipo. Y no me quiero bajar porque me van a matar y tú, sí, tú lo sabes muy bien".

(esta frase es 100% real: la escribí con cuasi-taquigrafía en mi cuadernito mientras la escuchaba).

La verdad, yo me fui riendo todo el trayecto. Al principio, cuando la vi por primera vez, arqueé las cejas con incredulidad y asombro. Todo mundo la miraba de soslayo y cuchicheaba, pero qué le importaba a ella si su oratoria era sagaz y plagada de palabras rimbombantes. Yo no quería que se bajara, era muy feliz escuchando de primera mano los dislates de un esquizofrénico.

Después una modelo se subió y todos se pusieron a mirarla, sobre todo porque le sobresalía una tanga roja. En una parada, cuando ambas iban a bajarse, la modelo le preguntó a la loca si esa calle era Concepción Béistegui. La loca dijo que "no sabría decirle". Y la modelo le contestó: "sí, ya me di cuenta".

Fue apoteósico.

Cuando trabajaba en el café Dos Minutos, en Querétaro, había un loco que recorría la avenida de principio a fin mientras gritaba sandeces anarquistas. Diario pasaba frente al café como ocho veces. A Nidia, mi colega y a partir de ahí GRAN amiga, y a mí nos hacía mucha gracia verlo efectuar el mismo recorrido una y otra vez, absolutamente ajeno a la lógica del tiempo y el espacio. Cada que pasaba le gritábamos "¡Quihobo, loco!", lo que eventualmente condujo a que ella y yo nos llamáramos loco a discreción.

(a la fecha la gente nos pregunta por qué nos decimos "loco" y no "mija", "mana", "amigui", "bestia" u otro epíteto más femenino y amistoso. Es difícil explicarles que todo se lo debemos al loquito desatado de las calles de Querétaro, donde abundan locos que andan por la ciudad como fantasmas desorientados... a falta de un bonito instituto que los albergue).



10 de junio de 2008

Post fantasmagórico

Hace unos días llegué a la oficina y la novedad era el siguiente video:




Estaba en una página gringa y confirmaba las "alegaciones" de empleados sobre un fantasmete que rondaba el mentado Blockbuster -mexicano, como puede observarse por la promoción de martes a 15 pesos.

Naturalmente, me dio risa. Y luego se me olvidó. La cuestión con este tipo de cosas es que no me provocan tener una opinión en lo absoluto. Es como observar a una teibolera que usa chiles habaneros caramelizados en su rutina de los jueves: me resulta totalmente intrascendente. No. La teibolera, CON HABANEROS, me resultaría más interesante.

Yo padezco una fobia (lo he repetido hasta el hartazgo: ofidiofobia, así que ándense con cuidado), y es tan mortal que no deja espacio para sufrir otros miedos: esotéricos, principalmente. No me molesta atravesar un panteón vacío a las 2 de la mañana (ahora mismo vivo enfrente de cantidad de panteones, y no hay nada más relajante que ir a leerse los epitafios). Toda la cuestión "sobrenatural" me pasa de largo, como me pasaría de largo una legión de hippies desdentados con bufandas multicolores.

No. Los hippies me resultarían más interesantes.

Desde el viernes Petronila anda en Pachuca. Hemos charlado de dichas cuestiones, como es de esperarse, y en el ínter salió el famoso tema del “tercer ojo” -que yo sólo conozco de lejos gracias a Lobsang Rampa, falso monje budista.

No estoy para ventilar sus intimidades, pero al parecer una bruja le hizo el feliz comunicado de que ella era receptora del finísimo don de ver gente muerta (espero que NUNCA tenga que ver a Mischa Barton mientras guacarea).

Un domingo, en el zócalo, me dijo que nos hiciéramos una limpia. Rechacé la invitación categóricamente: no quiero que un maldito hippie desdentado me dé ramazos a lo idiota, salvo si se trata de un finlandés de dos metros de altura en un sauna de Tampere. Y lo último sólo si ambos estamos desnudos y sentados sobre rocas calientes.

Insisto que esas ondas nomás no me van, de la misma forma en que no me iría un vestido de organdí con lunares morados (he plagado el presente texto de metáforas estúpidas con el único fin de apabullarlos con metáforas estúpidas).

¿Gustan creer en fantasmas? ¡Adelante! ¿Quieren jugar Ouija? No veo por qué no. Pásame el tablero. ¿Sustentas tu ateísmo en extraterrestres? Eres de mi bando.

Veo que no he llegado a ningún punto.

No me creo ni descreo lo del Blockbuster. No como los de YouTube que se quieren ver muy listos y explican que hay hilos, que uno por atrás golpea las películas, que es una estrategia contra la piratatería. O los que afirman que, ¡oh Alá!, el video es cien por ciento real. Me parece, a lo mucho, tema de sobremesa.

¡Pero la maldita sugestión!

El domingo estaba limpiando mi cuarto y una bolsa de arroz se cayó de la repisa. Lancé un gritito imbécil que por fortuna nadie escuchó -estaba sola-, y seguí en mis quehaceres. Ayer yacía en calidad de bulto sobre mi cama y otro objeto no identificado se cayó. Enseguida conjeturé: la culpa la tiene Petronila por andar poseyendo ojos terceros.

Y, claro, me sugestioné fabulosamente.

Lo siguiente fue pensar que de un momento a otro caería en lo que, me explicaron después, es la parálisis del sueño. Lo que en fino mexicano se conoce como “subirse el muerto”. Me ha pasado algunas veces y en el momento lo defino como “miedo de tener miedo” (soy tan poética que ganaré un Nobel en un futuro no lejano, como ese viejito que.. entienden el punto).

Lo más sorprendente es que hasta la Wikipedia es amarillista: la presencia, voces distorsionadas que piden ayuda, gente vestida de negro. Pero tiene razón: al momento siento que “si tan sólo pudiera voltear”, me encontraría con una visión espeluznante.

¡Un Blockbuster encantado!



23 de mayo de 2007

Dos fenómenos extraños


En el buró junto a mi cama tengo (tenía) un disc-man del año del caldo (porque el mío de años más posteriores repentinamente dejó de funcionar) con unas bocinitas bastante simpaticonas -también del año del caldo-. Y así, tenía todo lo que una post-adolescente pudiera soñar y esperar de la vida: música a todo momento y sin complicacones tecnológicas (es que no le he entrado a la moda de los gadgets, pero quizá algún día caiga).

No me quedo en el departamento casi ningún fin de semana, pero no hay nada nuevo cuando regreso: una cucaracha o más polvo, nada que me sorprenda.

El viernes estuvieron dos personas en el cuarto, pero además de organizar una orgía y consumir drogas sintéticas, nada interesante ocurrió.

Y el caso es que todo el choro introductorio anterior era para decir que el domingo llegué y el mugroso disc-man ya no estaba. Así, de la nada. Ha desaparecido de la faz de la tierra.

Muchas conclusiones se agolpan en mi mente:

a) El ladrón que me robó es un idiota (porque bien pudo llevarse otros artículos de mayor valor, como el saco con quinientos mil dólares que guardo bajo la cama).

o

b) Una fuerza sobrenatural opera en mi cuarto con tal clandestinidad y mala fe que no me he dado cuenta jamás.

La segunda opción parece más creíble.

Aún lo extraño, hasta tenía una fotito de él:


En realidad le puse zoom máximo a una fotografía en la que aparezco con una tribu del Paraguay en posiciones comprometedoras. Por eso nomás recorté lo verdaderamente importante (mi dis-man)


2. Creo que acabo de enamorarme de Robert Downey Junior. De pronto me di cuenta que es un tipo sencillamente genial, carismático, maduro, interesante y con un trasero perfectamente moldeado. Esperen: lo ÚLTIMO en lo que yo me fijo en un hombre es su retaguardia. Para mí, los puntos importantes a considerar son las manos y luego los zapatos (cada uno tiene su extravagancias). Pero es que, ¡oh!, me fue imposible abstraerme de la contemplación de ese par de regalos de Alá enfundados en unos pantaloncitos de vestir con rayas verticales que ¡oh! ¡oh! ¡oh! me sofocaron al punto.
Y además sus autogoles, como cuando en alguna entrega de premios dijo que en el noventa y tantos, lo usual para él era un viajezote ultra-loco yeah brother.
Lo amo.


Señor Downey: cásese conmigo. Prometo que nos inyectaremos mucha heroína y haremos que nos arresten por ahí y nos corran de programas de televisión y mandemos nuestra carrera a pique. ¡Lo prometo!

23 de abril de 2007

Hollywood nos ha timado

En efecto.


No es que yo sea una niñita ingenua, pero siempre he creído que de verdad existe un parque jurásico en alguna isla perdida y que en la Tierra Media yace un anillo único y que la vida es como una caja de chocolates y nunca sabes qué te va a tocar y que King-Kong tiene su corazoncito y que Don Vito Corleone nunca dejará de ser el mafioso más cabrón que existe y que Rosebud es una de esas palabras místicas e incomprensibles que pueden encerrar las paradojas de tu vida y -sobre todo y lo más importante- que no, Darth Vader no mató al padre de Luke Skywalker... Darth Vader es el padre de Luke.
Pero acabo de descubrir una infamia que merece los calificativos más ruines:
Ahora que uno puede enterarse de los nombres de los pasajeros del Titanic gracias a FindMyPast, lo primero que hice fue ir y corroborar la veracidad de James Cameron.
Al principio no tuve mucho de qué dudar, pues tecleé Jack Dawson y obtuve seis registros. Considerando que tres de ellos contaban entre dos y cinco años al momento de zarpar el "Insumergible" (Premio Anual al "Nombre Más Paradójico y Estrictamente Idiota" en su versión 1912), me incliné por pensar que el Jack Dawson con destino a Buenos Aires, Argentina era el verdadero Jack Dawson interpretado por Leonardo DiCaprio.
Todo bien hasta ahí.

Luego, como es natural, tecleé Rose DeWitt Bukater, quien, como todos sabemos, es el personaje interpretado por Kate Winslet. Y aquí es cuando comencé a sospechar: no hay registro de ella.

Aún creyente, pero con el escepticismo a flor de piel, pensé que quizás y sólo quizás esos nombres no estaban a la vista del público, así que pensé que el maloso de la historia, el buen Caledon Hockley, sí estaría.

Pero tampoco.

Aquí su servilleta ya estaba bufando de ira. No dejaba de pensar: "ese James Cameron me ha embaucado a mí y a mi familia entera" (porque ellos también creyeron con fe ciega en el idilio de la pobre muchacha rica y el aventurero pobre pero con un corazón enorme).

Ya desesperada, recurrí a otras películas dedicadas al Titanic, entre ellas la poco conocida "La Camarera del Titanic" o la que se fue directo a la televisión, ya bastante olvidada y con Catherine Zeta-Jones en el papel de una vieja adinerada, pero con ningún personaje me funcionó la mentada "lista oficial de los pasajeros".

Lloré muchísimo y armé gran alboroto luego de descubierta la infamia. Pero ya logré aceptar mi destino:


Hollywood nos ha timado.


Todos esos diálogos de "prométeme que vas a sobrevivir y vas a tener un montón de bebés y los verás crecer y te vas a morir anciana en tu camita" y "estoy volaaaando, Jack" y "¡Soy el rey del mundo!"... Todos, todos eran mentira.
Estoy inconsolable.

4 de abril de 2007

Oh sí

2 de abril de 2007

...

Entra un gangoso a una tienda y le dice al tendero:

- Mej-á unogs chi-legs
- ¿Herdez?
- Nig mo-ó que ajulejs

*Y se hundió*

2 de febrero de 2007

¡Intento de roboooo!

Estaba yo ayer en la madrugada viendo el Informativo 40 y pensando que exigiría en cuanto antes la renuncia de Hannia Novell por maldita prejuiciosa y desgraciada (la muy imbécil juzga negativamente la unión civil de las tamaulipecas Karina Almaguer y Karla López mediante el famoso pacto civil de solidaridad) (ya estaba dispuesta a reunir 187 firmas -que consistirían en 187 versiones de mi propia firma- para sacarla a patadas del canal) (que deje ser felices a las machorras, pues qué), cuando subrepticiamente se me ocurrió ir al baño.

Y he aquí que, estando allá, escuché que la ventana de mi cuarto se abría estruendosamente. No imaginé nada malo (a la una de la madrugada, y con los oídos ligeramente estropeados por cierta música que me dejé escuchar horas antes, es difícil carburar lo que se percibe) y seguí en lo mío. Luego sonó el timbre. Pensé que eran los departamentos de al lado. Seguí en lo mío. Luego sonó de nuevo. Me acerqué sigilosamente y pregunté quién era. Balbuceos inconexos del otro lado. Pregunté de nuevo.

- Ábreme por favor.

Y ante lo irrefutable de sus argumentos, abrí (aunque estaba descalza y con media cara enjabonada).

- Acaban de robarte.

Chaca chacán.

- Pero perseguí al ladrón y aquí tengo tu lap-top.

Luego sucedió una serie de hechos altamente peliculeros, como la llamada repentina al 060 y el diálogo policiaco que se suscitó:

- Acabo de sufrir un intento de robo.
- ¿Cómo lucía el sospechoso?
- Así y asado... Y el ladrón escapó por la calle de atrás.
- En un momento mandamos una unidad.

Lo cual sucedió en menos de cinco minutos y luego nos trepamos a la "unidad" y recorrimos la colonia y volvimos a encontrar al héroe que devolviome mi computadorsucha y me dijo que también había encontrado mi cartera tirada en el piso (entendible, porque además de mis credenciales, no tenía un peso) y patatín patatán, nunca se encontró al malhechor.


Diagrama de un robo furtivo



En resumen: perdí y recuperé mi herramienta de trabajo en menos tiempo del que tardo en lavarme los dientes (¡y pensar en las formas tan terribles en que mi carrera periodística/literaria hubiera quedado truncada!)