Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayos lúcidos sobre la cultura pop. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayos lúcidos sobre la cultura pop. Mostrar todas las entradas

29 de julio de 2010

Una breve reflexión...

...patrocinada por Inception.

**

Ya vi Inception tres veces. Me gustó mucho desde la primera y cada vez que la veo de nuevo encuentro detalles que antes no había visto, lo cual es una bonita analogía sobre los niveles que se acceden en un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño. Sin embargo, no escribiré -al menos ahora- una reseña o explicación arrebatada sobre la película, sino una pequeña reflexión que recordé mientras leía este párrafo en IMDB:

ALERTA SPOILER ALERTA SPOILER ALERTA SPOILER ALERTA SPOILER

In many interviews Nolan says that although this (Inception) is a completely original idea, there are causes of inspiration for everything he's done. This explains the whole premise of "inception" and is a big symbol of how our lives are all made up of tiny little inceptions (or inspirations) caused by others.


TERMINA SPOILER TERMINA SPOILER TERMINA SPOILER

Como muchos sabrán, o habrán tenido ocasión de comprobar, soy una persona sumamente dramática. A pesar de mis repetidos intentos por parecer una persona alivianada a la que no le importa nada, una cínica über-cool-we con un gran peinado, una nerd sin sentimientos, en el fondo soy muy romántica. Lloro con poco: un comercial, una película, una escena en la calle, un anuncio de Google... Escribo cartas y correos electrónicos con frases ardorosas, épicas. Me creo la protagonista de un culebrón y lo celebro con lágrimas y risas y gritos y actos apasionados.

Cuando me enamoro, oh Alá, lo hago con las vísceras. Lo hago en serio. Me enamoro hasta la médula, hasta el paroxismo, hasta olvidar mi propio nombre. Luego de enamorarme, lo que más me gusta hacer es sufrir. Si puedo sufrir por amor, secretamente soy la persona más feliz del mundo, porque entonces puedo existir en consonancia con mi corazón: mi vida tiene coherencia.

Nunca me pregunté por qué soy así. Me parecía natural y perfectamente lógico, como el color de mis ojos o lo espeso de mis cejas: esa clase de cosas con las que naces y mueres, sin razón muy evidente más allá de la genética y la suerte.

El problema está en creer que todo esto era real...

ENTRA SCORE DE HANS ZIMMER ENTRA SCORE DE HANS SIMMER ENTRA SCORE DE HANS ZIMMER

Hace un año, haciendo limpieza en las cajas donde tengo amontonados trabajos viejos, ensayos y las fotocopias de toda mi vida escolar, encontré un montoncito de hojas engargoladas con una portada rosa. Era una antología literaria que hice en tercero de secundaria.

Estaba escrita con letra Comic Sans a once puntos y tenía un índice que yo misma hice al tanteo porque todavía no descubría las ilimitadas bondades del Word. Mi computadora tenía Windows 98, yo tenía catorce años, la vida era simple... ¿O lo era?

Movida por la curiosidad y la nostalgia, me puse a leer los fragmentos literarios que a los catorce años me parecían revelantísimos, esperando encontrar diálogos de Friends mexicanizados y los cuentitos de mis Textos Literarios de la primaria.

Y leí: Cumbres Borrascosas, la escena donde Catherine Earnshaw muere y entre lágrimas abraza, maldice y besa por última vez a Heathcliff. Marianela, la escena donde Pablo recupera la vista y se enamora de su prima, provocando que Marianela muera de amor. Love Story, la chaquetita novela de Erich Segal, sobre un amor muy puro que acaba por transformar a un tipo sin sentimientos cuando la mujer de su vida muere de una larga y penosa enfermedad. Los diálogos de Romeo y Julieta cuando se separan al pie de la fuente, la noche que se conocen. Y así sucesivamente.

Me di cuenta entonces cuál era el origen de mi distorsionada percepción del amor. No es que yo fuera una persona dramática porque así naciera, no es que no hubiera amor en mi casa, cuando mis papás eran la pareja más amorosa del mundo; no es que me hubieran roto el corazón tan frecuentemente antes de los quince. Era, sencillamente, que había leído muchas novelas de amor. De amor trágico. Algo en mi cerebro hizo clic y mi vida cambió por completo: en adelante quedé con la idea, tal vez subconsciente, de que la tragedia marca sólo a los grandes amores. Lo demás es un juego, una bagatela.

A pesar de que me di cuenta de dónde provenían estas fijaciones que a la fecha no me abandonan, no pude hacer mucho por erradicarlas. Entender de dónde viene, "rastrear la génesis" de una idea aparentemente original, no te brinda mucho consuelo cuando ya se ha arraigado en lo más profundo.

Comprendí que la literatura romántica me había incepcionado.




APLAUSOS.


28 de diciembre de 2009

Me gusta ser mansa cuando los directores quieren (contiene spoilers remarcados en rojo)


El sábado fui a ver Avatar 3D con mis
droogies de toda la vida. Durante toda la película me conmoví, a veces hasta las lágrimas, y aplaudí internamente cuando a James le hubiera gustado, y me regocijé y sufrí y VIVÍ (como un ñoño que vive en el sótano de sus padres sugirió en los foros de IMDB). Al final, todos dijimos: "Oh, James, lo hiciste de nuevo".

Más tarde, mientras me empacaba comida malaya de forma desesperada, comentamos sobre las intenciones efectistas de algunas películas: en especial las que están hábilmente diseñadas para hacerte llorar en los momentos precisos. Recordé entonces una ida al cine con mi mamá para ver My Sister's Keeper (sólo porque pensé que le gustaría, y porque tenía la nariz tapada), y los centilitros de lágrimas que derramé durante ciento nueve minutos, a veces contra mi voluntad. Nunca había presenciado el fenómeno de escuchar auténticos moquidos en distintas partes de la sala, y un rumor sutil pero constante, similar al chillido de un recién nacido al que no le han cambiado el pañal cagado.

Fue tan agotador que, más que conmovidas, salimos de ahí maldiciendo las películas kitsch en la acepción Umberto Eco que tanto me gusta mencionar para parecer una intelectual que leyó "Apocalípticos e integrados" durante su educación universitaria en la última mesa de la biblioteca de mi facultad. Todas las tardes durante una semana.

Saber jalar los resortes en el momento adecuado, sin embargo, no es empresa fácil. Cuántos guionistas de porquería lo han intentado sin éxito, en dramones sobre santitos y virgencitas que hacen favorcitos, logrando una mescolanza de pena ajena. Algunos utilizan recursos desesperados, como música expresamente lacrimógena, emplazamientos de cámara y
close-ups a media luz. A veces ni con eso.

Las películas que me hacen llorar...
siempre me hacen llorar. No importa que "me prometa no llorar esta vez": siempre lo logran. Ejemplo al azar: he visto "Billy Elliot" unas ocho veces, y siempre lloro con la cara del papá mientras se va a trabajar a la mina, en medio de los abucheos de los huelguistas, su hijo jalándole la chamarra y preguntando qué está haciendo. Y esa respuesta del papá, ese sacrificio resignado por trabajar en una mugrosa mina durante años, sólo porque el niño tiene talento y podría estar malgastándolo.

Estoy segura de que una mente enferma, mientras maquilaba esta escena, sonreía para sí mientras fumaba su puro (una voz cavernosa en la penumbra, frente a una máquina de escribir antigua, las volutas de humo esparciéndose por el aire): "Ja, los tengo. Estarán llorando como mariquitas, ¡soy un genio!". Acto seguido: se iría a comer a un McDonalds.

Y la verdad, siempre me ha gustado reaccionar tal y como la mente enferma en la penumbra quisiera. Me gusta reír cuando se supone que debo reírme. Me gusta llorar cuando tengo que hacerlo. Me gusta no comprender nada cuando
ellos no quieren que comprenda nada. Me gusta conducirme como un niño obediente cuando veo una película, sin anticipar giros de tuerca innecesarios ni adelantarme al final con un gesto intelectualoide de pacotilla.

Creo que aprendí estas reacciones en mi casa. Mi familia siempre ha sido muy cinéfila, pero poco pretenciosa. Son fanáticos de los clásicos, ustedes saben: El Padrino, Star Wars, Terminator, E.T., Fargo, El Exorcista... ¡Los clásicos! Desde niña me metían a ver películas al cine con subtítulos, aunque no supiera leer, y jamás le adelantaron a las escenas cachondas o me prohibieron ver una película porque estuviera "muy horrorosa" (tal vez ellos tengan la culpa de mi inestabilidad mental).

Las charlas de sobremesa siempre son sobre actores (creo que no hay ninguno que no conozcamos) y en qué película lo recordamos, como Troy McClure. Nadie me ha inculcado tanta cultura pop como ellos.

No entiendo a la gente pretenciosa a la que sólo le gusta el "cine de arte" y se dejaría matar antes que apreciar genuinamente una joya como "Mi pobre angelito". Luego entonces, siempre ven los grandes
blockbusters a través de sus ojos críticos y exquisitos, gentilmente educados por Tarkovsky y Bergman. Yo también me dejaría matar antes que ver "2012", pero porque creo que la línea es muy sutil: no notar que Terminator II es una CHINGONERÍA de película no es lo mismo que tragarse cualquier mierda en la que Jim Carrey hace gesticulaciones excesivas y maneja fluidos corporales.

Esta gente es la que no puede ver la grandiosidad de Avatar, la que no puede situarse en otro lugar que no sea su cinismo exacerbado más cerca de lo políticamente incorrecto que de lo ingenuo, naïve si se quiere, esos ojos de niño que cree en Santa Claus porque le da concesión a la magia y a todo lo que hay de bueno en los hombres (
suena Himno de la Alegría y todos nos tomamos de las manos).

Me gusta que una película me conquiste, que me haga despojarme de mis conductas amargosas y nihilistas, y
me haga creer en un mensaje ecológico sobre la majestuosidad de la Tierra y lo que está conectado a ella. Me gusta pensar que el amor por una persona (o un Na'vi del clan de los Omaticaya), por un lugar, por una raza y por una cultura te haga "traicionar" tu propia estirpe, y vivir como ellos (de nuevo me remito a grandes películas que hoy nadie considera artísticas o mínimamente cul para llenar tu perfil en tu red social favorita, como "La misión", "Danza con lobos", "Leyendas de pasión", "El último de los mohicanos", etcétera, etcétera). Me gusta creer en todo esto, porque estoy convencida de que para eso fue creada la película. Para generar estas emociones, desprender esas reflexiones, sentir esta clase de cosas.

Y ahora, bajo el riesgo de verme pasivo-agresiva con mi gran amigo Rufián Melancólico, me gustaría comparar dos reseñas:

Una) La de Carlos en aquella bitácora ensayística y profunda: Las reflexiones del Rufián Melancólico.

Dos y otra y otra) La de Ruy Xonocostle, escritor que siempre ha exaltado su educación pop, en Paiki. Y de paso, la de Macho Cabrío en el mismo blog. Y la de Antara Adachi en 4:3 / 16:9.

No quiero sonar tajante ni con ningún ánimo de clasificar. Sólo quiero asentar que las últimas tres reseñas me emocionaron, me hicieron ver aspectos de Avatar que no logré ver bien la primera vez, y me llenaron de un gozo muy disfrutable. El gozo de ver películas. De las películas que en mi casa consideran clásicas, las que engendran conversaciones sobre el subtexto, pero también sobre las actuaciones y sus intérpretes, sobre el curriculum de los que estás detrás, sobre
lo emocionante que fue ver el primer vuelo de Jake en su Ikran y lo impresionante del CGI.

Algo que me hubiera gustado comentarle a Rufián en su post, pero que hago ahora con este mamotreto, es que intentar ver Avatar a través de los ojos del buen cine (y ya saben a lo que me refiero) es imposible con esta joya, si se quiere,
mainstream. Porque no hay profundidades demasiado inextricables en Avatar, y reducir lo hermoso del mundo de Pandora a efectos apantallantes sólo mata el espíritu con el que fue creada. James Cameron cuenta espectaculares historias de fantasía, y nos gusta que lo haga, y que sólo haga eso (no llegar al núcleo de la condición humana, porque no es su labor como cuenta-historias). Y si para conmovernos echa mano de recursos facilistas, so be it: ha conquistado nuestros corazones antes, y no fue difícil que lo hiciera de nuevo.




Por eso me encantó Avatar. Por eso me enterneció hasta las lágrimas y dejé que me enseñara la
lección eco-friendly-new-age. Por eso quise aplaudir y no dejar que sus fallas me la arruinaran. Es algo que me gusta hacer desde que era una niña: disfrutar de los clásicos. De los que, me enseñaron, eran los clásicos.





20 de octubre de 2009

Por qué las rupturas son dolorosas

Hoy estaba viendo Felicity, una de mis series cursilonas preferidas, y sucedió la ruptura entre la mencionada muchacha y Noel (amor platónico de la adolescencia). Aunque no estoy atravesando por una ruptura ni nada parecido -esta clase de posts son lloriqueos crípticos para sacar "todo el dolor"-, de pronto sentí una cosa parecida a la empatía. Algo casi doloroso, como si en ese preciso momento me estuvieran partiendo el corazón también.

En el orden de acontecimientos, Felicity y Noel estaban atravesando por una mala racha, avivada por la llegada -tarán- de la ex novia de éste, con quien sostuvo una relación "muy profunda y tormentosa". Los ánimos estaban muy ríspidos, había miradas y frases como "no voy a decirte qué hacer" y "esto es muy complicado para mí" y "voy ir a cepillarme mis chinos" y "sí, no te preocupes, mientras tanto estaré aquí luciendo muy guapo", etcétera.

En todas las relaciones hay un punto de quiebra: de la nada aparecen las tensiones, y uno se habla pero como con enojo, o luego deja de hablarse y a la siguiente vez finge que todo está normal. Mientras tanto, se sigue con la vida como de costumbre, negando lo evidente: la relación se está yendo a la goma. Uno quiere salvarla, pero al mismo tiempo tiene rencores guardados, y todo es triste y extraño. Creo que las cosas no dichas siempre duelen más, las que están en la punta de la lengua: "no quiero terminar", "todavía te quiero", "eres una mierda de persona", etcétera, etcétera.

Regresando a mi serie, estaban Felicity y Noel discutiendo en el "dormitorio de estudiantes", y ella le preguntó si todavía amaba a su ex novia. Noel dijo que no, pero hubo una duda en su voz. De pronto él le dijo que no podía pedirle que lo esperara hasta saber qué sentía realmente (¡Por Alá! ¡Qué buena serie! ¡Qué buenos diálogos!). Y entonces ella:

Felicity (con ojos vidriosos): Oh, espera un momento... ¿Estás... estás terminando conmigo?


Ahí está todo el quid de mi disertación. En ese momento exacto, mezcla escepticismo y mezcla reto, en que no podemos creer que realmente nos están terminando. Es un vértigo, un dolor en la boca del estómago, como estar parados en el filo de una azotea y sentir que estamos a punto de caer, pero al mismo tiempo negarlo: no, no, estoy en tierra firme, esto no puede pasar, esto no está sucediendo.

Y en ese momento exacto desfilan todas las angustias futuras, no las pasadas. Todos los días en que estarás llorando con la cabeza hundida en la almohada, y no esos días en que eras feliz con tu pareja. Presientes que lo vas a pasar mal y es como un presagio atroz. Al mismo tiempo quisieras arreglarlo todo con otras palabras, regresar el tiempo, quisieras no haberte enredado en esa pelea estúpida en primer lugar, no haber dicho lo que sentías, haberte guardado todos tus enojos, soportarlo todo con tal de que no se terminara. Es el miedo lo que te mueve.

Creo que eso es lo que odio de las rupturas. Ese momento. Esa incredulidad. Ese "dime que no me estás terminando, por favor". Y hasta ese "por favor, no podemos terminar, por favor, dame otra oportunidad". Sí, como dijeran los gringos: he estado ahí, lo he hecho, y hasta me compré la camiseta.

Denme un tequila.

-lástima que no estoy terminando con nadie, ¡maldición! ¡Quiero algo de emoción en mi vida!-



3 de octubre de 2009

Vimos Placebo y ningún hueso roto


El primer concierto al que fui en mi vida fue a uno de Placebo, en el Metropólitan. Julio de 2003, si la memoria no me falla. En esa época, a los 17 años, nada me importaba más que Placebo: Fanny y yo veíamos los videos que ella había descargado de internet, durante tres semanas ininterrumpidas a través de Kazaa u otro servicio de antaño, y decíamos BrianBrianBrian. También creíamos en el rumor de que Stephan y él habían tenido un amorío. En mi fuero interno, deseaba que "My sweet prince" fuera la canción de amor escrita de Molko a Olsdal.

Luego, cuando nos enteramos del concierto, empezamos a correr alrededor del circuito de la Preparatoria Sur. Yo pensaba que comprar un boleto de ¿450 pesos? era inalcanzable. Casi de inmediato pensé que no lo lograría, que esos lujos sólo le estaban permitidos a los citadinos con poder adquisitivo. Sin embargo, algo nos impulsó.

Carlita y yo empezamos a vender dulces en el salón. Suena como el plan más idiota del universo, pero tenía todo el sentido posible: comprábamos los dulces en una tienda/supermercado deprimente en avenida Pasteur, llamada Gary's, y luego les aumentábamos un porcentaje razonable. Las ganancias fueron visibles al cabo de dos semanas, o tres, y compramos el boleto en un MixUp recién abierto en la flamante Plaza Galerías.

Nos tocó en la penúltima fila. Tortuosamente revisábamos los planos del teatro Metropólitan, y sufríamos por la distancia, pero también nos creíamos con una suerte infinita por poder ver a nuestra banda favorita.

Una vez con el boleto, me di cuenta de que el viaje al DF me costaría más dinero del que mi venta de dulces me proveería. Ergo: tomé mi primer trabajo. Encuestadora para el Partido Acción Nacional.

Sé que es un shock descubrir que yo trabajé para ese partidete, pero necesitaba el dinero. Mi trabajo consistía en ir de casa en casa preguntando por quién iban a votar, y luego llenar unas hojitas con circulitos. Al cabo de un mes empecé a llenar los circulitos en la comodidad de mi casa.

Junté mil pesos. Pensaba que no era suficiente. La angustia se agrandaba: sin dinero suficiente, tan lejos del escenario, ¿qué pasaría el día final?

Uno antes mi mamá me pidió prestado el dinero de urgencia. Se lo di. Me dijo que al día siguiente me lo depositarían por la tarde.

Me fui tranquilamente al DF. Pasamos a Mundo E y comimos comida griega, corrimos por las escaleras, estábamos emocionados, éramos unos adolescentes estúpidos que creían tenerlo todo. Cuando fui a revisar al cajero, no había nada. ¡Cómo era posible! ¡Estafada por mi propia familia! Me puse a llorar sobre una banca hasta que Fanny llegó y dijo: dude, no pasa nada, dude.

Me depositaron a la media hora. Luego de eso nos fuimos al Metropólitan. El vecino de Jorge, quien nos llevó al DF en su Chevy, se fue a pasear en el coche y prometió pasar por nosotros después del concierto.

Naturalmente, nos compramos como cinco playeras antes de entrar al concierto (éramos vírgenes de conciertos... y de todo lo demás). Compramos binoculares, jamás estuvimos sentados en nuestros asientos, gritamos hasta que a los cuatro se nos apagó la garganta, no podíamos creerlo, éramos tan felices... Todavía conservo memorabilia del concierto: un encendedor que ya no prende, y una calcomanía que está pegada a mi escritorio.

Cuando el vecino llegó, por haber cometido una infracción, había perdido el celular de Carlita -quien a partir de entonces, sospechamos, desarrolló un karma negativo de celulares, pues siempre los pierde o se los roban.

En el momento no nos importó, regresamos a Querétaro y fuimos muy felices. Durante cinco días asistimos a la escuela con nuestras playeras del concierto (¡Ah! Los tiempos en que llegar con la playera del concierto anterior a la escuela era el atuendo más elegante posible).

Ese mismo año volvimos a verlos en la Concha Acústica, en Guadalajara. Fue un concierto sin precedentes: íntimo, al aire libre, estábamos hasta adelante, Brian cantó "Bésame mucho" a capella... Todavía lo considero uno de los mejores conciertos a los que he asistido.

Desde entonces he visto a Placebo más veces. Cinco o seis. Y, sin embargo, siempre me emociono, porque cada una es revisitar esa primera vez. De hecho, cada concierto, de cualquier banda, es un homenaje al Metropólitan en 2003 (a la fecha, mi mamá no entiende por qué me gusta ir a repegarme a un montón de gente y brincar y sudar y gritar y sufrir deshidratación y descargar adrenalina).

El miércoles vimos otra vez a Placebo. Muchas cosas eran diferentes: hay un nuevo baterista, un nuevo disco, Brian ya es un padre, yo ya no tengo que ahorrar por cinco meses para verlos -sólo por cuatro.

El concierto, extraordinario. A pesar de las constantes interrupciones de los señores que venden cervezas, refrescos y nieves de limón. A pesar de que tocaron casi puras canciones nuevas, y pocas clásicas. A pesar de. Creo que nunca me voy a cansar de verlos.

Lo bonito: la unión de la "banda queretana" con la "banda defeña". El encuentro de dos mundos. Y cómo nos une el amor por una banda. Joterías, diría Aline Salazar.

A continuación, fotografías flagrantemente robadas del Facebook de Defeña Salerosa y mi amigo Nidia "El loco" Sánchez:

Sí, eso es lo que veías desde tu lugar. Unas bonitas nieves de limón.


¿Qué sobra acá? ¡Buena noticia! Carla -baterista y MUY buena- se ganó una baqueta. Si eso no es destino, entonces no sé qué lo sea


Acá Defeña se cortó que porque el flash le hace daño y le causa cáncer o algo así. Nótese la mirada reflexiva de Queque (abajo, el Rufián Melancólico, que me hizo leer "Los siete locos", era virgen de Placebo)

Y todos en el éxtasis post-concierteril


En resumen: hola, mamá.


16 de septiembre de 2009

Not quite friends, but not quite strangers


El único disco que mi mamá me ha comprado de su bolsa fue
Frengers. Yo iba en la preparatoria, estábamos en una plazuela, pasamos frente a un MixUp y le pregunté, a bocajarro:

- ¿Me compras un disco?

Por supuesto, en mi pregunta había mucho cinismo. Para mí, en esa situación, era como preguntar: "¿puedo darle un macacazo a ese niño que está sosteniendo una nieve de guayaba?". Lo sorprendente no fue lo aventurado de mi propuesta, sino lo inverosímil de su respuesta: dijo que sí.

Entramos a la tienda y no tuve que recorrer ningún pasillo, ni pensar en nada más. Fui directo al
Frengers.

Lo puse en el camino de regreso en el coche. Ahí mismo lo rayé. Soy una imbécil.

Es uno de mis discos favoritos y a partir de entonces me hice fanática de Mew. En este bló lo mencioné una vez, cuando en la preparatoria tenía un complejo de emo que me hacía encerrarme en el salón con unas impresiones de internet y dos litros de un té de limón con hielos.

Desde entonces, espero con ilusión (la ilusión del niño sin gusto musical) cada disco nuevo. Y siempre pensaba: ojalá algún día vengan a México. Aunque, en el fondo, me parecía imposible.

Por eso, cuando supe que venían, no pensé otra cosa que DEBO IR, DÓNDE ESTÁN MIS LLAVES, TENGO QUE IR POR LOS BOLETOS, DAME UN LITRO DE CERVEZA, NI SIQUIERA MANEJO, OMG!!!1111

Adquirimos los boletos muy apresuradamente, y hasta entonces decidí entrarle al disco que apenas sacaron el mes pasado, cuyo título exacto es: No More Stories / Are Told Today / I'm Sorry / They Washed Away / No More Stories / The World Is Grey / I'm Tired / Let's Wash Away.

Lo escuché en un trayecto nocturno de camión, afuera llovía, y las circunstancias se prestaron para un viaje pacheco sin pachequez. ¡Qué extraordinario disco! ¡Qué texturas tan encontradas y contrastantes y raras hasta el punto de la belleza!


--pausa de casi una semana, en la que dejé el post recalentándose--


Gracias a la suerte, mis vigilantes en Twitter, Insurgentes casi despejado, y mi aipot... pude ganarme un pase doble para la grabación de Mew en Sesiones con Alejandro Franco. Estuvimos 4 horas en total de pie, pero fuimos testigos de detalles como:

1) Jonas Bjerre calienta la voz bostezando. Eso o estaba bostezando.

2) En el foro Condesa, aparentemente, los baños jamás están "habilitados".

3) Puedo aguantar cuatro horas sin ir al baño... aún con una vejiga del tamaño de la vejiga de Pulgarcito.

4) Mew PATEA TRASEROS.


Al día siguiente, el concierto en el ex-21: no fue tan cautivador en términos musicales que el día anterior, por la sencilla razón de que resulta difícil disfrutar la voz de Jonas si se empalma con la voz de pito de un tipo atrás de ti. Pero a lo que iba era a la descarga de adrenalina: meterme a los cocotazos y brincotear, sudar y sentir agradables codazos en la espalda. Fue un concierto perfecto, y fui demasiado feliz para ponerlo en palabras.

Lo más decepcionante es que no tengo foto de ningún evento. Sólo tengo fotografías mentales. Pero, curiosamente, son esas las que prefiero.

Estos muchachos me hacen volar...






19 de julio de 2009

Algo que siempre me ha perturbado


Y que quizás deba desfogar en algún foro de IMDB y no aquí, pero bah: no más interacción estéril sobre temas insulsos en internet.

Excepto en el blog, claro.

El tema es delicado y se remonta unos años atrás, cuando sin querer me rebané media ceja con las pincitas de depilar. En tales circunstancias, con la cara
completamente desfigurada, decidí no salir hasta que la ceja sanara.

Menos mal que eran vacaciones.

Fue entonces cuando vi "Abre los ojos", la obra maestra del maestro Alejandro Amenábar. Por Alá, qué buena película. Qué gran actuación de Eduardo Noriega. Qué sufrimiento y cuánto me identifiqué, absurdamente, con el dolor del protagonista.

Años más tarde, Cameron Crowe (que como director ha tenido un par de aciertos, pero definitivamente éste no se cuenta entre ellos) hizo su versión hollywoodense con el pelmazo de Tom Cruise en el papel principal.

Destrozó una de mis películas favoritas. Todo en "Vanilla Sky" es asqueroso: la novia loca y estúpida, pero no loca y misteriosa (de nuevo: Cameron Diaz no tiene nada qué hacer frente a Najwa Nimri), el amigo jocosón pero no demasiado jocosón (Jason Lee contra Fele Martínez), secuencias enteramente robadas o reconstruidas de la original, cambios aparentemente pequeños en la personalidad de los protagonistas, que vistos a la distancia traicionan la esencia de éstos... Y, sobre todo, Tom Cruise. ¡Tom fóquin Cruise!

Sólo dos cosas me gustaron más en "Vanilla Sky" que en la original:

1. El
soundtrack.

2. La parte donde explican por qué Vanilla Sky, y que resulta un bellísimo homenaje a la cultura pop.

Fuera de ahí, es un
remake hueco, absurdo, que no le agregó nada a la original y que resulta una ofensa para el pobrecito Amenábar.

Lo que me perturba fue la idiota decisión de conservar a Penélope Cruz en el mismo papel.

Hay una escena muy hermosa en la original. César va a buscar a Sofía al parque y la encuentra ejerciendo su humilde oficio como mimo. El descubrimiento es desgarrador, porque tiempo atrás ella le dijo que era actriz. Primera mentira de la antagonista, que en "Abre los ojos" es muy humana: no quiere quedarse con César porque antes era guapo y ahora está desfigurado. Claro, también se ha vuelto un amargado, cosa muy lógica, así que ella prefiere al amigo menos espectacular que antes le parecía un poquito ordinario.

En "Vanilla Sky" pensaron que este matiz del personaje era en realidad abominable. Una vez más, estamos en Hollywood: los personajes no pueden tener una pizca de humanidad. No, señor. Tienen que ser enteramente admirables y bellos, o enteramente detestables y feos.

Así que la Sofía de "Vanilla Sky" es bailarina, y cuando César va a buscarla después del accidente,
realmente es bailarina.

Jamás entendí esto. La primera vuelta de tuerca en la historia es eliminada sin explicación. Lo peor: creo que quien haya adaptado el guión no alcanzó a comprender la belleza de esta pequeña circunstancia, y lo mucho que afectó la historia en general.

La Sofía de "Vanilla Sky" es algo así como una españolita exiliada, que para añadirle folklor al personaje, de pronto grita groserías en español y nadie la entiende. Es una heroína por completo, con una bella historia, bella profesión, bellos amigos, y bello departamento. Y realmente quería a David Aames.

Nada de esto me molestaría si no fuera por la cuestión del mimo. Toda la escena del parque, de hecho. Y la línea: "en mi sueño no llovía".

Y ya para terminar, hagamos un ejercicio de comparación con los dos tráilers:



Dicen que a Alejandro Amenábar se le ocurrió el guión de "Abre los ojos" mientras deliraba por la gripa. Creo con todo mi corazón que las historias surgidas en la duermevela, a medio camino entre el sueño y la lucidez, son las mejores y las más inexplicables y las más hermosas.




¿Notan cómo Tom Cruise ni desfigurado luce realmente desfigurado? Seguro el pendejín no quiso arriesgar su guapura en pos del papel. ¡Hasta en eso "Vanilla Sky" está maaal! Incluso el tráiler tiene el desagradable tufo del sueño americano interrumpido por una fatalidad. Uuuichk.



4 de junio de 2009

Without you I'm nothing... at all


I'm unclean, a libertine
And every time you vent your spleen,
I seem to lose the power of speech,
Your slipping slowly from my reach.
You grow me like an evergreen,
You never see the lonely me at all


A los 16 años, Placebo era mi banda favorita. Hoy tengo 23 y lo sigue siendo. La conclusión evidente es que uno no cambia lo que es, ni lo que vivió en una época incómoda.

Celebro este post porque, como es natural, estoy escuchando el nuevo disco de una manera obsesiva. Al principio reticentemente, pero luego con la entrega propia del que sufrió una infidelidad y después no encuentra muchos motivos para continuar en el enojo.

Abundaré: Steve Hewitt, el baterista viril al que todos llegamos a querer y respetar, abandonó la banda. En su lugar entró un tipín con peinado rubio semi-emo, también llamado Steve. El cambio de alineación me pareció chocante, como a cualquier fanático estúpido que se cree dueño de la vida de quienes admira, y me pareció por un momento que la banda estaba muerta para mí. Escuchaba la letra de "20 years", la promesa de un recorrido -por cursi que suene- como banda y como fanáticos, un recorrido que no tendría fin hasta que alguna de las partes lo decidiera, y me sentía herida. Lo escuchaba como si leyera las cartas de un ex amante que me juraba amor eterno y ahora, con la ruptura, hacía patente lo falso de sus promesas. Pensaba en cómo podía seguir siendo fan "si me habían fallado" de esa forma.

Error: aún con otro nombre, a millones de años luz, yo seguiría amándolos por algo que se escapa a lo que
son en realidad, algo que está tatuado más en mi memoria subliminal, en mi historia de vida incluso, que a su música en sí.

Placebo es el
soundtrack de mi vida. Sus canciones son las canciones que escuché en los momentos más álgidos de confusión y terror adolescente, momentos realmente trágicos que ahora (con años más de experiencias y sabiduría puñetera)... me siguen pareciendo trágicos. Terribles, con cierto sabor a anestesia local, como inyecciones cuasi-indoloras que te sacan un chorrito de sangre pero te dejan un moretón descomunal en el brazo.
Placebo entonces


Recuerdo sentirme fascinada, pero con una fascinación muy ajena porque se fundamentaba en el desconocimiento y candor puberto. Leía sus letras, veía sus fotos, sabía que hablaban de sexo y drogas (dos cosas que yo no conocía ni por equivocación, al menos no de primera mano) y me parecía que vivían en un mundo intenso que no era necesariamente bello, pero sí decadente. Y la decadencia siempre resulta atractiva, sobre todo cuando uno no ha caído en ella.

(como alguna vez leí una entrevista, no sé si en la
New Musical Express aunque dudo que fuera esa por el contenido, que le hicieron a Brian Molko. Le contaba al reportero, con un descaro muy provocador, que se dio cuenta de su decadencia en medio de una orgía con muchas drogas. Y la imagen mental era muy poderosa: mientras penetraba a la quinta o sexta persona, de pronto se daba cuenta de que no sabía si ya se había venido o no. Esa idea me parece tan decadentemente hermosa que la conservo siempre, y sobre ella construí mi idea del señor Molko, y de sus compañeros y de su música y de sus sentimientos).

Así que, en el fondo, mi romance con Placebo se sustenta en el fondo. En que sus letras me hacen llorar, y a la fecha tienen ese efecto en mí. Me parecía entonces, y me sigue pareciendo ahora, que nadie capturaba mejor esa desolación aguda y patética que el muchachito que no sabe si ya se vino, el Burger Queen de pacotilla que no sabe conciliar su orientación ni su apego más bien ingenuo a las sustancias tóxicas. ¿Y cómo no identificarse con una letra tan plagada de poesía adolescente como "My sweet prince", con todo y su endiosamiento barato pero no por ello menos doloroso, casi casi asqueroso?

Creo que Brian Molko es un letrista muy talentoso, y que este elemento se les ha escapado a algunos críticos. Se concentran demasiado en el estilo, en la forma, en la onda hiper-sexuada y descaradamente bisexual, en el maquillaje y el protagonismo. No ven que todo es, y de una manera bien obvia además, la máscara de Maybelline (y
mascara, también) de ese patetismo convertido en gloria, del patito feo convertido en estrella de rock y en ícono sexual y en "portavoz de generaciones".
Placebo ahora


La otra vez, en el Shuffle del iPod, salió una canción nueva del "Battle for the sun". Enseguida, un lado B antiquísimo, "Miss Moneypenny". El contraste fue primero divertido, luego un poco tormentoso. En primer lugar, la voz aguda que se ha hecho grave y masculina. Después, la estilística y el tema, que ha mutado (porque madurado no, porque hay fruta verde que siempre debe permanecer verde). La imagen mental ya no es la misma: ya no veo al tipo que se acaba de inyectar heroína y que procede a penetrar hombres y mujeres sin distingos. Tampoco el atormentado con baja autoestima que escribe poesía pura (ver epígrafe). Sin embargo, escucho en ellos lo mismo que me atrajo en un principio y que aún hoy tiene la misma validez que ayer. Me siguen gustando, con la misma intensidad, y no pienso mover su sitio de mi top jamás.

Placebo es mi banda favorita... y puto el que me contradiga.




(en entregas próximas, por ejemplo si hacen una visita este año, abundaré AÚN MÁS en los otros motivos de mi gusto) (es que nos clavamos y nos clavamos y nos clavamos, y los editores de este bló -o sea, yo- dicen que suficiente clavadez y cursilería por un día).


19 de mayo de 2009

Un día con demasiada publicidad...


...Y creo que estoy a punto de decir cosas como "no puedo contarte ahora, mejor te mando un
brief al rato" o "quiero comerme una torta al pastor ASAP" o "qué cagado, güey", etcétera.

Primero, porque comí con mis antiguos colegas de la agencia del mal: el Roger y el Vic (en ese entonces era preponderante agregar un artículo antes del apócope de cada uno) (a que no adivinan cómo me llamaban) (¿No? ¿Se dan?) ("La Lili") (así, sin acento, con la sílaba tónica en la primera li). La comida fue muy agradable, yo tiré todos los arroces sobre la mesa y los escupía mientras hablaba y derramé la salsa de soya sobre el pantalón de ambos y el gerente llegó y nos pidió que nos retiráramos y yo lloré en la banqueta, etcétera.

De la misma forma en que ver fotografías antiguas te remonta a recuerdos de tu infancia de los que no creías que aún hubiera registro mental (por ejemplo: esa tarde viendo caricaturas te recuerda que tenías unos shortcitos color verde con pequeños pececitos amarillos, o que una tarde cualquiera comiste albóndigas con agua de jamaica, o que una vez en la escuela trataste de hacer trampa en el examen de Historia y te condenaste académicamente de por vida, etcétera). Y aunque no son recuerdos propiamente dichos, pues en ellos no hay acción ni sentimentalismo ni significación, sí ayudan a ver la imagen más amplia: el shortcito te recuerda esa edad y tus amigos y tus sentimientos y tus esperanzas. Eso: una simple prenda ridícula y apestosa.

De la misma manera, la conversación con el Vic y el Roger me transportó a esas tardes terribles con tiempos muertos en los que -maldita maldición- encontré en el Twitter un refugio de "mi realidad" (como personaje de Guillermo del Toro durante la Guerra Civil española y eso). Esas conversaciones en el comedor con chismecitos sobre el mundo publicista, que Fulano ganó la cuenta no sé cuál, que Zutano se cambió a la agencia quién sabe cuántas, que Mengano es pero si bien homosexual, etcétera. Y también me di cuenta, como ya lo he reiterado, que la diferencia entre "la Lili" que ellos conocieron, esa burda escuincla que se reía cuando un coreano escupía la sopa, y "la Lili" que ahora se ríe de los coreanos por el simple hecho de ser coreanos... es grande. Aunque no sé qué tanto. Sólo sé que, si volviera a entrar a trabajar ahí, todo sería MUY diferente. A lo mejor no hubiera renunciado a los tres meses, pero quién sabe.

Lo más curioso fue cuando llegamos al APASIONANTE tema de las bicicletas, porque tanto el Roger como el Vic (y sobre todo el primero, que publicó un libro extraordinario, "Las bicicletas y sus dueños") son bicicleteros de corazón. Le dije al Roger que gracias a su libro me compré mi bicicleta, y él me dijo que ése es el mejor halago que le podrían hacer a su libro, y yo le dije que qué va, que qué había de "es una obra maestra que está destinada a trascender durante siglos" y él me dijo que por qué no me callaba y disfrutaba del momento sentimentaloide-ya-no-soy-tu-jefe-ya-no-tienes-qué-alabarme.

Entonces el Vic que me dice:

"¡No me digas! ¡Seguro tu bici es rosa, con florecitas y una canasta!"


¿Qué le dije?

"¡Oh! ¿A poco ya la viste?!"


¿De verdad soy tan predecible?



Más tarde, ya en mi casa, me senté a ver la tele. Cuánto me divertí. Bueno, en realidad no. En eso, que veo este comercial de Toyota Corolla:



Enseguida me indigné. Ese comercial era el PLAGIO de algo que ya había visto alguna vez, un día que me metí al cuarto de Luis Mariano a buscar un cortauñas y de paso compartir tiempo de calidad con mi sobrino y de paso aterrorizarlo emocionalmente.

Primero pensé que era de los Padrinos Mágicos. Tiene sentido: Timmy Turner es el escuincle ese que puede hacer realidad lo que se le antoje, manipular a su padre y conseguir que le regalen el ROBOT que él quería, incluso si ya había una versión anterior.

Expresé mi indignación en Twitter y todos se indignaron igual que yo. Corrimos en manada hacia el video en YouTube y lo inundamos de comentarios (bueno, sólo Jair Trejo lo hizo). Incluso, tuve el atrevimiento de ponerles un insulto que en buen castellano podría traducirse como "chupapijas". Luego les escribí que eran unos remedos de creativos y luego borré mi comentario, porque era suficiente catarsis por el día de hoy.

Sin embargo, todos en Twitter me preguntaban en qué capítulo sucedía eso. Busqué en la Wikipedia y nada. Empezaba a dudar de mi salud mental, así que hice lo que cualquier tipa de casi 23 años con una duda haría:

Llamarle a mi sobrino de 11 años.

- Loló (es que en realidad así lo llamo desde que nació; "Lolocián", cuando quiero molestarlo), dime cuál es el capítulo ese de Los Padrinos Mágicos donde Timmy quiere un robot y hace que su papá se lo compre, y su papá le dice que ya tenía uno igual, pero Timmy le dice que no, que éste es nuevo porque habla y así, DÍMELO por amor de Alá.

- No entiendo de qué estás hablando.

- Sabes de qué estoy hablando, niño. ¿Acaso el papá de Timmy no es el que se queda a hacer las labores domésticas mientras su mamá va y trabaja y tiene el rol económicamente activo de la casa y eso?

- No. Estás hablando de Johnny Test, el niño con cabeza de flama.

- JA-JA. Lo sabía.

Click.

Bueno: "hice una papanatas de mí misma", como dicen los gringos, al afirmar tajantemente que era de Los Padrinos Mágicos. Bah, cualquiera se confundiría: Timmy Turner y Johnny Test tienen en común que son escuincles y que inspiran deseos de darles una patada en el rostro.


Acto seguido: busqué en la red. ¡Y he aquí mi descubrimiento!



Videos tu.tv

Está en portugués, muchachos, pero hagan un esfuerzo: no en balde lo llaman "portoñol".


¿Qué aprendimos de todo esto? Que seguro algún creativito de Saatchi & Saatchi llegó un día agobiado de su chamba, siempre los mismos problemas, siempre la misma jeta de la tipa de cuentas, siempre la misma comida insabora e incolora del comedor, siempre los mismos mails idiotas... y se puso a ver Cartoon Network y decidió PLAGIAR una idea y luego vendérsela millonariamente a los de Toyota.

Qué tipo tan listo.




Creo que es suficiente por hoy de publicidad, aunque aún tenía reservados algunos comentarios ácidos sobre los comerciales del PRD y cómo uno de Pepto Bismol me recuerda algunas escenas de Fight Club y lo que pienso de este noble arte, en fin. Pero... tengo sueño.


Actualización:

El comentario de S.S. me recordó una página que, en la agencia, era algo así como nuestra biblia de contenidos. Mi jefe, no el Roger, sino el que a ambos nos caía en las hipotéticas bolas, era un tipo sin una sola idea original. Por consiguiente, cada que proponía algo que a simple vista no se oía mal, TODOS corríamos a joelapompe a ver si ya se había hecho.

10 veces de 10 ya se había hecho.

Si usted, creativo en ascenso, aún no conoce joelapompe... ¿Espera a que alguien le dé un zape o qué?

JOELAPOMPE
- donde se exhiben los plagios más horrorosos de la industria creativa.




28 de marzo de 2009

Ayer fui a ver a Peter Gabriel y me sentí la más joven entre puros rucos


Oquei, no quiero ser grosera: eran rucos con clase, cabello canoso, whisky en mano, esposa de cabello ultra-rubio planchado hasta la perfección, panzas desbordantes y ánimo SÚPER en onda. Del estilo: bailaré para sublimar mi juventud perdida, mis años asalariados, mi hipoteca, mi casita en Las Lomas, mi esposa frígida y mis hijos adolescentes cocainómanos.

Fue un GRAN concierto.

Travis, como banda abridora, no tuvo desperdicio. A pesar de que ciertos espectadores, y me refiero a los rucos con clase y whisky en mano, se preguntaban unos a otros "¿qué es un Travis?" o, ya más o menos enterados, "¿cuál de todos ellos se llama Travis?".

La situación cómica de la noche:

En cuanto salió Travis nos paramos. El sentido común concierteril es muy certero al respecto: pararse en cuanto sale la banda. Puedes no saltar, puedes no corear, puedes no gritar como si fueras un idiota con un par extra de anginas, pero de-fi-ni-ti-va-men-te sabes (aún de una forma intuitiva) que DEBES pararte. ¡Por Alá!


Entonces ahí estábamos, parados, en la zona platino donde TODO mundo estaba sentadito comiendo palomitas. Nos paramos, ¿y qué sucede?

La gente nos EXIGIÓ que nos sentáramos. Una tipa atrás de mí empujó su dedo índice en un movimiento unidireccional y repetitivo sobre mi hombro, un movimiento que execro como a los crímenes contra los chechenos, y me dijo:

- ¡No veo!

Daban ganas de decirle: "perfecto, come más zanahorias, señora cuarentona". Le dijimos que era UN CONCIERTO y nos dijo:

- ¡No sean egoístas!

"No sean egoístas". No seas egoísta tú, señora cuarentona. Estás en un concierto, no en la sala de tu casa viendo los programas de Discovery Home & Health.

Luego de la violencia verbal por parte de los asistentes, Fran Healy emergió de la oscuridad y dijo -con su acento escocés comiquísimo:

"Por favor, párense. Me siento raro de verlos ahí sentados. No están en el cine, ¡están en un concierto!"


¿Qué hace la gente idiota? Se para.




Peter fóquin Gabriel

Qué vozarrón, aunque mi acompañante dijera que ya parecía una señora gorda (tranquilízate: no revelaré tu identidad por el bien de todos). Su hija no canta mal, en mi opinión, pero de nuevo mi acompañante -al borde de la neurosis- dijo que no era nada impresionante. Púf. Había un ruco canoso con whisky en mano delante de mí que DE HECHO estuvo moviendo las caderas durante Steam. Bailaban. Coreaban. Estaban genuinamente emocionados.

Yo me sentía joven entre todos ellos.

Al lado de mí estaba el niño más hermoso del universo. Su papá seguro era fanático de a quien en adelante llamaremos Peter fóquin Gabriel. No sólo era  hermoso sino que traía la actitud más ponedora. Coreó TODAS las canciones, agitó los puños diminutos en alto, exigió a su padre que grabara todo en la cámara, y se ligó a unas tipas de Ciudad Juárez que lo miraban arrobadas.

Yo morí de celos.



19 de marzo de 2009

El post sobre Radiohead que llegó muy tarde y ya perdió todo sentido



Después de un sábado horrendo, en el que me enteré de cosas que hubiera deseado no saber nunca y en el que fácilmente trascendí la barrera del adolescente-idiota-con-acné al adulto-idiota-con-acné, tuve un domingo harto cansado. Ese domingo me la pasé corriendo de un lado a otro con una hoja de chútin, cagándola a cada rato como es mi costumbre, para luego prestar mis sagrados aposentos en una grabación de gran presupuesto que le incluyó las Pizzabrosas.

El lunes: lo mismo. Corrí, sudé, me requemé los hombros como suelen requemarse si uno está en la playa, y al final me semi-embriagué mientras comía arrachera. De ahí, de nuevo corrí a la cita que nos llevaría al Foro Sol y de ahí... Radiohead.

Pensé, durante horas ese día y el anterior, que me la pasaría lloriqueando en silencio, hundida en ese estado depresivo que resulta agradable y lánguido. Estaba preparada. Lo deseaba.

¿Qué sucede? Me la pasé excelente. Me sentí feliz.


Por Radiohead siempre he sentido un respeto doctrinal, similar al que se siente ante figuras de autoridad incuestionable. Su música me parece hermosa. Sospecho de los que no piensan de esta forma, pero en realidad me dan igual.

No tocaron
True Love Waits, no me tocó Fake Plastic Trees, pero fuimos testigos de You and whose army? con una actuación increíblemente poderosa, estremecedora, y dos canciones que jamás creí escuchar en vivo: Karma Police y Creep.

Y durante todo ese lapso, desde que el concierto inició hasta que entendí que ya no había nada más -adiós, esperanza de que terminen
Exit Music (for a film); adiós, esperanza de que el chilenote de dos metros a un lado de mí volteara a verme; adiós, casualidades funestas- tuve una sonrisa idiota, una sonrisa infeliz, el tipo de sonrisas que se cuelgan en la cara sin voluntad y sin propósito. Me sentía feliz. No me faltaba nada. No pensaba en violaciones sistemáticas a los más elementales derechos humanos, en las rupturas sentimentales, en las figuras endiosadas que dejan de estar endiosadas y hasta de ser figuras del todo, en los niños con hambre y los negros con Sida. En realidad, no pensaba nada. Volaba.

Me gustó mucho. Me sorprendí de que terminaran con Creep, igual que todos los asistentes, mientras miraba a mis compañeritos de la zona A (¡claro, si no presumo mi lugar ¿quién lo hará por mí?!) y veía rostros deformados por el placer culpable, que sollozaban "but I'm a creeeeeeeep -que nadie me vea-, I'm a weirdooooo -por dios, qué bajo he caído-, what the hell am I doing heeeeere -a la chingada, ¡venga desde ahí!- I DON'T BELONG HEEEEEERE" (a todo pulmón).

Por cierto, había gran cantidad de extranjeros en esta zonita (lo cual me pareció bellísimo: que gente de Ecuador, de Argentina, de Chile, de Estados Unidos viajaran a ver su banda favorita, con tanto fervor). Personajazos del mundo pop contemporáneo. Figuras lúcidas de nuestra cultura y nuestro espectáculo.

En la zona de los baños charlé con Benny, uno que alguna vez tuvo un greñero largo y cantaba "tonto, corazón-oh-oh", y tuvimos un momento incómodo, del tipo "creo que voy a voltearme para el otro lado" mientras mensajeábamos frenéticos en nuestros respectivos celulares.

Fui amiga de Benny Ibarra por 8 minutos y mi vida tuvo sentido. Y mi legado se incrementó, gracias a una foto pixeleada sin luz en la que mis dientes parecen gomitas hechas con aspartame.


Conclusiones generales:

  • Qué alucinantes son Kraftwerk. El hecho de que toquen su música como si no la tocaran, con esa frialdad misteriosa y fascinante, me mantuvo con la boca lo suficientemente abierta como para intentar nada. Salvo empujar a una tipa que le mandó un ese-eme-ese a otra (soy tan alta que puedo ver todo) (bueno, en realidad estaba husmeando) donde decía "k ueva me da, stan orribles"... Ilusa.
  • She's a model and she's looking good, tara-tara-rara-ra-ra-rá.
  • Me preguntaba Jordy que cuál fue mi favorita. Le dije que luego le decía. La verdad no supe contestarle. Todas fueron absolutamente alucinantes, pero creo que The Bends fue como ¡uoh! ¡Uooooooh!
  • Quise llorar con Exit Music. Oquei: lo hice. Y luego no la terminaron. Mi corazón se estrujó, pero algo dentro de mí encontró la equivocación poética, o como diría Elsa: humana. Algo que siempre has considerado tan intachable, casi perfecto, de pronto te muestra sus costuras y revela con ello su verdadera esencia. El error fue como ese momento torpe en el que tus dedos se encuentran por primera vez con los de la persona amada, y el chispazo surge tímidamente, pero con más fuerza que el abrazo intencional.
  • Esa metáfora estuvo fallida.
  • Me gustó que Yorke riera tanto.
  • Ed O' Brien se parece a Dr. House. Ya estuvo bueno de que nos hagamos tontos al respecto. Vamos admitiendo dos que tres verdades.
  • Me encontré a mucha gente en los lugares más disímbolos. Unos ex-compañeros de la prepa de Querétaro, incluido uno al que llamábamos Rejos (se apellida Regalado), se parece a Andrew VanWyngarden pero en feo y solía tomarse el Maestro Limpio sólo porque encontraba su olor "altamente exquisito". También, como rescate divino, un tipo que había semi-conocido en el centro cuatro horas antes: ¡a mitad de la fila del baño! Gracias a él mi vejiga no explotó.
  • I hope that you choke.
  • Sí escuché al señor que vendía las playeras "de esos güeyes".
  • El momento apoteósico fue cuando todos nos unimos en contra de un tipejo borracho que puso el desorden en nuestro pequeño grupúsculo de fans tranquilísimos y corteses. Gritamos al unísono "fueeera, fueeeeera" y le arrojamos cervezas en la cara (como ya dije: éramos personas educadas y decentes), hasta que apareció un monigote de seguridad y todos nos abrimos como las aguas de Moisés para que el uniformado pudiera hacer su chamba sin obstáculos. Cuando se lo llevaron, aplaudimos y nos abrazamos unos a otros (verídico) en el momento exacto en que, de pronto, apareció Radiohead. DOS triunfos consecutivos.
  • No me pareció condescendiente ni encontré dobles lecturas en lo que ya saben qué. Me gustó. Canté. Suficiente.


Y a continuación, un listado de los posts más bonitos al respecto:

Elsa - el más hermoso en términos llanos. Casi me hizo llorar.

Taquero - el más honesto, el de fan.

Jorge Pinto - el más increíblemente cómico.

Plaqueta - el que abrió LA discusión antes que nadie.

Hernández - el talentoso/suertudo, que además me echa de cabeza

Rufián - el que se burló con metáforas.

Emilio - el reflexivo (¡a quien también me encontré en la fila del baño!)

Jordy - el entusiasta/organizativo

Disculpitas a mis hermanos -hermana y cuñado, pues-, a quienes no pude atender como se merecen por etseso de chamba. ¡Abrazos para ambos!


13 de marzo de 2009

Quis custodiet ipsos custodes?



Leí Watchmen apenas el año pasado, gracias a un purista de los cómics que me mostró la luz (y que también me acompañó a comprar mi bicicleta en un tugurio de José María Izazaga, no fuera a ser que nos confundieran con las chicas galantes recargadas en las puertas de los comercios).

Esa lectura me impactó profundamente. Es una obra maestra. Por días traté de digerir ese primer monólogo de Rorschach:






Dog carcass in alley this morning, tire tread on burst stomach. This city is afraid of me. I have seen its true face.

The streets are extended gutters and the gutters are full of blood and when the drains finally scab over, all the vermin will drown.


The accumulated filth of all their sex and murder will foam up about their waists and all the whores and politicians will look up and shout "Save us!"...

...and I'll look down and whisper "No".


En ese momento pensé: Alan Moore es un genio. La historia de Watchmen es una de las más intrincadas y hermosas que he leído, repleta de sub-historias, con estricto apego a los mitos, totalmente coyuntural y, lo que me pareció más impresionante, con una visión casi agorera del futuro (cuando la leí pensé de inmediato en septiembre 11 y en teorías de conspiración directamente relacionadas con los avionazos a las torres gemelas, un acto siniestro que desviaría la atención de las masas hacia un tema más patriótico, humano) (son mis dos centavos: hasta hoy en la tarde compartí esta visión y tuve réplica) (y luego nos comimos unas crepas flameadas con nuececillas y frutos del bosque).

No necesito decir que Rorschach es uno de los personajes más complejos y fascinantes jamás creados: su fundamentalismo ideológico, ese todo o nada moral, ese compromiso contundente con lo que
es correcto, ese misterio simbolizado en una tela mutable y temerariamente simétrica, y las líneas más poderosas:

None of you understand. I'm not locked up in here with you. You're locked up in here with me.

There is good and there is evil, and evil must be punished. Even in the face of Armageddon I shall not compromise on this.

For my own part, regret nothing. Have lived life, free from compromise ... and step into the shadow now without complaint.

Lo fascinante de Watchmen es, como ya se sabe, que logró romper con el arquetipo del super-héroe. Quién podría imaginar a un cuasi-dios que no sabe cómo satisfacer a su compañera, que cada vez está tan deshumanizado, cada vez más mecánico, que adopta comportamientos indulgentes sólo porque
sabe que es lo esperable de una persona. O a otro héroe con disfunción eréctil que sólo se excita ante el peligro y bajo su disfraz. Un vigilante que golpea mujeres y mata niños. Un verdugo gay. Un megalómano gay. Etcétera.

Luego entonces: estaba muy emocionada por ver la película, pese a todos los pronósticos en contra (¿cómo resumir en menos de 3 horas doce capítulos complejos e intrincados?).


Anécdota semi-graciosa del post



Así que fui a la matiné de Reforma 222, con mi corazón en una mano y un hambre feroz en la otra. Salí tan tarde de mi casa que tuve que tomar un taxi, a pesar de que vivo a cuadritas. El taxista me preguntó si había probado los zapotes, y le conté en tres minutos que en mi casa teníamos un árbol de zapotes negros y uno de zapotes blancos y que sí: había comido zapote. Zapote en dulce, zapote con leche, agua de zapote. Zapote en todas sus formas.

Creo que tuvimos
un momento.

Llegué corriendo. Subí las escaleras eléctricas. Miré feo al tipín de taquilla, que hablaba por teléfono y no se decidía a venderme mi boleto. Subí otra escalera eléctrica. No había nadie. Me pasé por mi casa y detuve con una mano al poli que se me acercaba con un seco "pues no hay nadie en la entrada".

Me dirigí, ya temblorosa, a la dulcería.

Ahí me esperaba esto:
Hola. Soy el adolescente con voz de pito y trabajo en la dulcería de un cine. Me tardo dieciocho siglos en atender unos mugrosos nachos con queso.


Yo me desesperaba. Atrás de mí estaba otro sujeto que aguardaba con el terror impreso en el rostro. Al vernos en situación parecida, por lo horrible, lo miré y le pregunté si también iba a ver Watchmen. Dijo que sí, pero "que estos se tardaban un chorro".

Cuando me dieron mis nachos corrí a la sala y no supe más.

Durante la secuencia inicial, el pobre tipo entró jadeante y se sentó como a tres butacas de mí. Mala estrategia.

Cuando se acabó la película, noté que me esperaba. Cuando estuvimos a la misma distancia, volteó con su cara de menso y me dijo "buena, ¿no?"

NUNCA lo hubiera dicho.

Me dio la oportunidad de soltarle un sermonsazo que duró los tres pisos de Reforma 222.

"Es que, o sea, debiste leer el cómic. El final es bien distinto, porque...", "Y el pasado de...", "Y hay una historia alternativa donde...", "Además, yo opino que..." and so on and so on.

Para cuando estábamos abajo me miró aterrorizado y me dijo que se le iba su metrobús. Acto seguido: se esfumó.

Creo que le caí bien.



EPÍLOGO:


We're all puppets, Laurie. I'm just a puppet who can see the strings (Dr. Manhattan)


  • Nunca dudé de Jackie Earle Haley (Rorschach), desde que lo vi en Little Children. Al lado de, OH, Patrick Wilson (Nite Owl II)

  • Siempre he amado a Billy Crudup. Por fin lo vi desnudo. EN AZUL.

  • Gracias, tipa sueca de nombre impronunciable, por arruinar un personaje tan oscuro como Silk Spectre II en pos de una tipa ultra-maquillada que actúa como las chicuelas de Televisa.

  • Que levante la mano quien por segundos creía que The Comedian era casi casi Robert Downey Jr.


  • ¡No le hablan a gente en el cine! ¡Es peligroso! Bueno, no.

  • Hoy (¿ayer?) volví a verla en IMAX. Ja-ja.

Y ya.



  • Ah, sí. El tendero de Bidi-Bang Cómics o como se escriba me regaló este pin. Cuando me lo ponía parecía cajera de Wal-Mart, nadie lo comprendía, pero igual molaba mogollón. Sientan envidia:




14 de noviembre de 2008

Ghost World


Desde que lo vi anunciado en una revista Eres de 1999, quise leer ese cómic. JAMÁS lo encontré: no está en Gandhi, no está en Comic Castle, no está en Bada Bing Comics, no está en ningún jodido lugar que a uno -si uno fuera sensato y tuviera pizca de sentido común- le haría pensar:

"Oh, quizás
ahí lo tengan".

Pues no lo tienen. Entonces, un día que iba en el metro y cabeceaba cada tramo y me golpeaba con el asiento de enfrente, la luz vino a mí:

DIOS CREÓ INTERNET. Y sus apóstoles crearon los torrents.

Cuando leí Ghost World, me di cuenta de que Daria era una FARSA. Yo, que idolatraba a Daria, descubrí que no era más que una copia edulcorada de uno de los mejores cómics que he leído.

Digamos que la Daria original, Enid Coleslaw, es una chica sabihonda y mordaz. Pero ella es realmente cínica, realmente ojete, y tiene un problema de complexión: es un poco choncha y tiene unos senos enormes. Su mejor amiga, Rebecca (Becky) Doppelmeyer, es una rubiecita callada que en secreto se siente intimidada por la personalidad de Enid y que, también en el fondo, carece de grandes aspiraciones en la vida.

La personalidad de Enid es hasta tal punto fascinante, contradictoria e irritable que en un momento encuentra el quid de la vida y el universo:

Todos intentan lucir cool. Sólo que yo sí tuve éxito en el intento.

O que en todas las calles hay pintas que dicen Ghost World, muy en el estilo de Watchmen (cuyo who watches the watchmen? siempre aparece recortado o semioculto en las calles de Nueva York). Y que, en general, la ciudad en la que viven es realmente como un fantasma: hay hartazgo, hay personajes disímbolos, hay monotonía, hay un tipo Josh del que ambas están secretamente enamoradas...

Sin embargo, creo que mi viñeta FAVORITA es la siguiente.

¿Quién no ha visto parejas horribles en la calle y pensado que realmente siempre hay un roto para un descosido?


Creo que Daniel Clowes es mi nuevo héroe personal.



19 de octubre de 2008

Eventualidades @ Motorokr 2008

Mi karma de conciertos es fallido. Siempre me duele una muela, el estómago o las falanges de los dedos. Me dan ganas de orinar a dos segundos exactos de que salga mi banda favorita. Las suelas de mis zapatos se parten en dos. Alguien me pisa. Otro me pica los ojos. Los roadies me miran feo. A todos les caigo mal. Etcétera.

Como saben, me perdí a Muse por mi cirugía de la muela del juicio, y a los Smashing Pumpkins porque estaba a punto de muda
rme para el DF. Decidí vengarme con el Motorokr Fest y hasta fui a comprar mi boleto al Mix Up de la Zona Rosa.

Tenía todo perfectamente planeado, pero la logística me falló: ¡Lo sabía!

Todo empezó mal desde que el sábado al mediodía no encontraba mi boleto, lo que debe ser la pesadilla más recurrente de un s
er sensato antes de ir a un concierto. A pesar de que don Rufián Melancólico me había marcado el día anterior (¡oh, un día tan funesto y lleno de altibajos!) para incluirme en su pase de prensa, los 539 pesos no dejaban de dolerme mientras revolvía mis pertenencias con gesto contrito. Al final, después de haber agitado el puño fúricamente mientras maldecía a todos los dioses de Oriente y Occidente, el boleto apareció metido en un libro de Saul Bellow.
(Es un boleto muy culto)

Luego están los malditos celulares. Creemos que la consigna de Motorola fue bloquear secretamente las señales de todos los celulares que no son Motorola, por lo que mi recién adquirido Nokia fue inútil (¡incluso ante mi antiguo Motorola, que sin duda hubiera funcionado a las mil m
aravillas en tal situación!). Les dije a TODOS que eso de mandarse mensajito revelando ubicación exacta resultaría en un bodrio de magnitudes colosales, y así fue.

Ir con distintos grupos no es la actitud. Por un lado tu peor-es-nada con sus amigos; por el otro, tus amigos de la prepa; por el otro, tu hermana y cuñado; por el otro, tus amigos realmente cultos; y por el otro una tipa vestid
a de oso que te cayó excelente en cuanto la viste y pensaste "ridícula".

Sin contar que tuve que interrumpir la actuación de los -
reverencia- Flaming Lips -termina reverencia- para ir a dar el boleto a un muchacho sen-sa-cio-nal que conocí en producción y que, según una chilena que bebió con nosotros el viernes, es "un ángel".

Las bandas, formidables. The Kooks me gustan muchísimo, aunque digan que son como los Hanson pero con más punch. De Stone Temple Pilots y NIN sólo tengo halagos.


Pero sigo con el enojo por culpa de los celulares y las perdidas y los corajes. Me he convertido en una persona problemática y enojona. Luego sucede.

Una mísera foto:



4 de junio de 2008

La Eterna Lucha Computacional (otro post geek antes de concentrarnos en reflexiones filosóficas)

Mac versus PC.

Los usuarios de Mac adoran y enaltecen sus aparatejos a la menor oportunidad. Los usuarios de PC defienden sus aparatejos cuand
o se sienten amenazados. Los usuarios de Linux, indistintamente usuarios de Mac o PC, meten su cuchara con un debate sobre el software gratis libre. Los usuarios de Mac y los usuarios de PC les dicen que nadie los llamó y que se larguen con su pingüinito a otro lado. Los usuarios de Linux aprenden nuevas formas de correr Windows Vista o Leopard en sus computadoras indistintamente Mac o PC. Llega un usuario Palm y se mofa de todos. Atrás de él viene uno con un Blackberry que calza zapatos Manolo Blahnik* y choca en el pasillo con un coreano que usa su nuevo B-Jack II de Samsung® (jijijiji).

Al final, me compré mi Macbook de 13 pulgadas. Una belleza como la siguiente:

Me han acusado (¡oh, usuarios de PC que van por la vida con el dedo acusador!) de fan-boy-ismo, de show-off-ismo, de innecesario-ismo, de geek de quinta y de domadora de tigres siberianos.

A mí me daba miedo ese culto por las Mac. Pero es cierto: una vez que la pruebas, la amas. O como me gustaría decirlo si viviera dentro de una sitcom del Warner Channel: "once a Mac, always a Mac".

Pero no predico la religión de las computadoras con sistemas operativos de nombres caprichosamente felinos. Todo mundo objetó mi decisión de comprar una Macbook. Al final, cansada de enumerar las múltiples ventajas del aparatejo, contesté de forma ruda: "porque quiero".

¿Por qué unos tenis verdes y no unos azules? Porque quiero. ¿Por qué una playera Hot Topic y no una Zara? Porque quiero. ¿Por qué Motorola y no Samsung? Porque quiero. ¿Por qué un taco al pastor y no uno de suaperro? Porque quiero.

En serio, ¿tiene algo de malo comprarse una puta Macbook por la sencilla razón de que uno quiere esa Macbook? Jamás he visto que alguien a punto de comprar una HP sea apabullado por un usuario de Compaq que le recomienda "no complicarse" con los "intrincados procedimientos" de su Hewlett Packard.

¡Apártense!

El mundo blogueril aprueba las Macbook. Recientes compras de Mario Flores, Plaqueta, Chilangelina, Malakatonche, entre un sinfín más, lo avalan. O la acertadísima definición de Defeña Salerosa: Mac (maravillosos aparatos computacionales) contra PC (putas computadoras).

Además, gracias Malakatonche, ¿su PC puede hacer lo que sigue?








Y no, no me compré la iBook Clamshell. Están locos. La amo.


Actualización: Linux es LIBRE y no gratis (también es gratis, pues, pero hoy en día hasta la dignidad de un hombre es gratis, ay con estas juventudes corrompidas).

HP y Compaq son casi lo mismo, ve tú a saber.

Y por último: mañana gran GRAN GRAN cambio de imagen. Este bló le entrará a la onda Beta. Hagan sus apuestas.

* Jo-jo: Claro, Manolo le entrará a diseñar zapatos para los jombres. Muy jombres. O travestis.