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5 de junio de 2010

Porque usted lo pidió: más pensamientos arbitrarios


1. Me acuerdo una vez, hace mucho tiempo, que me quedé dormida en el sillón viendo televisión. En la madrugada bajó mi mamá las escaleras y me encontró hecha ovillo frente a la tele prendida. "¿Por qué no te vas a acostar?", me preguntó, y yo abrí los ojos y la vi en el pasillo, y por un segundo no entendí de qué me hablaba; aún me encontraba en la duermevela, en ese estado donde no se entiende bien a bien qué está pasando, y mi cerebro no lograba comprender gran cosa. La veía pero no sabía quién era, sino hasta que me incorporé, la vi mejor y le dije "ya voy", y al decirlo tuve la sensación de que no conocía en lo absoluto a esa persona que me miraba, y que esa persona tampoco me conocía a mí.
Sentí miedo.
¿Cómo podría no conocer a mi mamá? ¿Cómo podría parecerme una desconocida en ese momento? A partir de entonces me sentí en otra parte, en un lugar más bien nebuloso donde no soy parte de nada y soy incapaz de reconocer las caras de las personas que he visto toda mi vida. A veces todavía, cuando charlo con ella y le tengo tanta confianza y siento que no hay mujer a la que quiera más en la vida, recuerdo que hubo un segundo en el que me pareció una absoluta desconocida, como si hubiera sido abducida por los extraterrestres, me hubieran borrado la memoria, y me hubieran insertado en la casa de una familia desconocida, a la que no hubiera visto nunca.
Es horrible.
Siempre tengo esas pesadillas donde soy Nicolas Cage en Padre de Familia, y en una realidad alterna despierto como parte integral de una familia que no conozco y tengo que fingir que soy "el papá", que sé dónde está la repisa de las medicinas, dónde guardan las toallas y cómo se toma el café en esa casa.
Es, se los digo, horrible.

2. Cuando estaba en Buenos Aires fui al MALBA a ver una exposición de Andy Warhol que iba a cerrar en unas semanas. La primera vez que pasé, mientras hacía mi recorrido por la Recoleta con Nicolás, el chileno del que he hablado antes, había una fila enorme que me hizo renunciar a entrar ese día. Fui después, un miércoles por la tarde, y la fila le daba la vuelta a la manzana. Me dije que no había tiempo y, abnegadamente, me formé.
Ya saben eso de que Buenos Aires es la capital de la moda.
Me di cuenta de que tenía frente a mí la fila más larga de fashionistas de la historia: todos los sujetos estaban en sus veintes, tenían peinados a la moda, zapatos curiosos y ropajes excéntricamente combinados. Todos hablaban con su acentito porteño y leían libros de Dostoyevsky mientras fumaban sus Lucky Strike.
De modo que me quedé paradota mientras los veía y conté porteños hipsters en la cabeza hasta que, hora y media después, fue mi turno de entrar.
Lo hice, vi las obras, me reí un poco, fui al baño, regresé, leí cosas, y me salí. Cuando iba cruzando la avenida Libertador, una muchachita me detuvo. Me preguntó si me podía sacar una foto. Puse una cara de vergüenza y confusión máximas, y cuando le iba a preguntar para qué, se adelantó y me dijo que estaba haciendo un proyecto DE MODA para su clase de no sé cuánto y que le había
encantado mi atuendo y que por favor, si no me molestaba, le permitiera sacarme una foto. Así que hice mi más logrado intento de una pose (mano en la cintura, mirada al vacío) y la muchacha me sacó la foto, luego se despidió con un beso y se fue dando brinquitos hasta el MALBA.
Fui dios en ese momento.
No les puedo contar en qué consistía mi atuendo porque eso arruinaría la emoción. Sólo sé que canté una canción de los Bee Gees mientras caminaba para tomar el ómnibus (que por supuesto tomé equivocadamente y donde desde luego me humillé ante todos).

3. También me acuerdo cuando fui al pueblecito ese en Chile, Pumanque, con los universitarios católicos. Me hice amiga sobre todo de una chica llamada Valeria, que tenía una relación tormentosa con su
pololo. Me gustó que fuera muy sarcástica y que no moviera un dedo para levantar vigas ni cargar ropa, así que hicimos migas ipso facto. Al día siguiente me encontré en el campamento bebiendo pisco con los sujetos mencionados, y una de las muchachas católicas de alcurnia se sentó conmigo, no me acuerdo de su nombre, pero sí que era extremadamente delgada. Me contó que el "líder" de la expedición era su pololo desde hace poco, pero que ella estaba muerta de vergüenza porque desde hacía dos días no se podía dar un baño. Luego, de la nada, empezó a hablarme en inglés. A mí me dio risa y no dije nada, pero luego noté que los chavales ricos tienen la costumbre de ponerse a hablar en inglés por ningún motivo. Mientras estaba con ella llegaron otros tres que se pusieron a charlar en el idioma de Shakespeare con un acento peor que el de Penélope Cruz y de nuevo me sentí en la dimensión desconocida, una dimensión donde no sabía si era mejor llorar o reír.
Afortunadamente, Valeria llegó y me rescató. Era tan mala leche que aún la extraño.

4. Tengo ganas de abandonarme a la actividad física extrema. Cuando era chica canalizaba mi hiperactividad con peleítas con mi primo Juan: nos aventábamos almohadas, nos dábamos de patadas o corríamos sobre el pasto hasta vomitar la comida. También me gustaba poner un cassette de Ace of Base y ponerme a bailar como desquiciada en la sala de mi casa. Esa sensación de hacer algo idiota hasta sudar para después correr por un vaso de agua a la cocina y bebértelo en treinta segundos es algo que realmente extraño. Todavía de vez en cuando me pongo a bailar como estúpida, hasta sudar de veras, pero no es lo mismo: quiero ponerme a golpear a alguien amistosamente, patear objetos y dar brincos por la calle como si me hubiera tomado una pastilla de éxtasis.
Hace poco veía
Little Ashes por la única razón de que sale Rob Pattinson, quien a pesar de ser el hombre más guapo del mundo es el peor actor del mundo, y hay una escena donde él -que la hace de Salvador Dalí, por razones incomprensibles- se pone a golpear unas ramas en la playa con el güey que la hace de Federico García Lorca. Ambos se ven muy desquiciados, empujándose y cayéndose al piso y luego levantándose y arrojando cosas y tropezándose contra las olas. Me gustó tanto esa acción que no sé cómo definir... ¿Pendejear acaso? ¿Andar de hiperactivo sin rumbo? ¿Jotear? Da igual.
Tengo ganas de entrar a una casa y destrozar todo. Me sabe mejor que gritarle a la gente y esas cosas.

5. Aunque estuve cerca de eso hace ocho días, cuando fui a la feria del vino y el queso en Tequisquiapan. No sé por qué se me subieron tan rápido las botellas de vino espumoso, o el chiste ese de "vino... chileno... Maipo...
merlots" (lo malo de las bromas internas es que cuando uno las quiere exteriorizar ya no funcionan igual), pero el caso es que amanecí con quemaduras de segundo grado, moretones en las piernas y una vaga sensación de haber estado tirada en el pasto mientras escuchaba a unos muchachos cantar unas canciones de un grupo que odio.

6. Quiero perderme en estos ojos:



Escuchando: Yeasayer: O.N.E.



25 de mayo de 2010

Anuncio a la comunidad / reflexión mundana


Les informo que ya hemos hecho la compra de la Netbook de Ronald. Se trata de una Acer bastante bonita y útil y fantástica. Una persona muy amablemente la llevará consigo en su próximo viaje a Santiago. Sólo hace falta arreglar unos cuantos asuntos de logística, porque Ronald vive en Tocopilla.

Juntamos $4,000 pesos exactos, increíblemente. Aquí la factura de la compra:


Para que todo esto tenga un aire muy "Se vale soñar", en cuanto la computadorzuela esté en manos de nuestro amigo, nos enviará una fotografía con ella para que todos seamos muy felices y cantemos de la mano.

***

En un día cumplo veinticuatro años. Esta vez probablemente no festeje, lo hice el año pasado y resultó muy bien, así que no siento más el deseo de tener una fiesta rompebolas. Como casi todas las personas sensatas, mi cumpleaños no me provoca ilusión alguna, y no por amargosa sino porque en mi otra vida fui Atila el Huno y me quedé seca de sentimientos.

Empezaré a sentir la "crisis de edad" cuando cumpla un cuarto de siglo y entonces pueda correr por ahí con unos
stilettos decadentes y decir: "oh, soy tan vieja, oh" y luego me beba ocho martinis para compensar.

Sé que estoy entrando a la pasmosa etapa del "adulto contemporáneo" porque quiero:

1) Aprender a cocinar con elementos muy sofisticados como: albahaca y eneldo.

2) Tomar un curso de vino. Mis escasos pero concisos conocimientos en materia de vino son atesorados como si se trataran de preciosos rubíes que, además, te ponen borracho.

3) Descubrir más lugares de comida internacional a precios no exorbitantes. Esta frase suena a una frase que leo constantemente en blogs que me parecen horribles y pretenciosos pero: disfruto mucho ir a comer a lugares nuevos, árabe, peruano, colombiano, japonés, venezolano, italiano, español, etcétera. Tugurios escondidos donde comes gastronomía con... albahaca y eneldo en mesitas con manteles de cuadros y musiquita pretenciosa a volumen moderado.

Eso es todo. Básicamente: comer y beber con más finura.

Estoy convirtiéndome en una asquerosa persona de veintitantos con tanta rapidez que empiezo a escribir de un modo aburrido.


BABOSOS (nomás para compensar)


17 de mayo de 2010

Silencio


Silencio es casi todo lo que he hecho en las últimas semanas. Quise dejar Twitter por dos semanas, pero no lo logré. Me fui un jueves en la madrugada. Regresé, más de una semana después, un domingo por la madrugada. No tengo mucho qué hacer últimamente; mi vida es un paraíso en apariencia: leo, leo mucho, no sólo cosas importantes, autores muertos, cuentistas y novelas escritas en inglés decimonónico, sino sitios de chismes y foros de discusión sobre el señorito Edward Cullen. También escribo, no mucho en el blog, sino los cuentos de mi proyecto del Fonca. Luego del primer encuentro llegué con la moral un poco pisoteada, la hoja en blanco me resultaba verdaderamente aterradora, todo lo que escribía me parecía una soberana mierda, y a pesar de tener las tramas adecuadamente pensadas y delimitadas, me debatía en la forma: todo era tieso, acartonado, falto de vida, como zombies diciendo "oh, míranos, somos un cuento, tenemos vida" y cuando intentan comerte el cerebro se desploman sobre sus raquíticas piernas.

Pero luego volví a escribir, cosas que sabía que no terminarían en mi antología, sino cosas en general y de pronto tuve inercia y seguí escribiendo. Así que estoy en eso.

Pero también estoy desempleada, así que mi vida carece de una rutina establecida. Me la paso en una depresión campechana la mayor parte del tiempo, pensando en mi desgracia, lamiéndome las heridas, pensando en cosas que no tienen sentido: puedo analizar durante toda la noche una entrevista que leí en la Cosmpolitan sobre el inodoro y todo tiene sentido y es tan fugaz y tan importante, pero al mismo tiempo tan... no. Saben a lo que me refiero (o no, seguro ustedes tienen sus viditas importantes, se levantan temprano por las mañanas para ir al trabajo, pasan por su café al Starbucks de la esquina, actualizan sus redes sociales cuando el jefe no los ve, van a comer guisados insaboros al comedor de la empresa, luego ven una película en el cine, se desvelan con videos del YouTube y empiezan todo de nuevo, seguro sí).

Pienso mucho en Rusia. Tengo una debilidad (odio la expresión tener una debilidad) por las almas tormentosas, y los rusos son campeones en este deporte. Hace muchos años mi hermana fue a Rusia, de regreso nos trajo unas playeras con símbolos raros, unas matrioskas y un par de esos sombreritos felpudos con orejeras. Le pregunté todo, cómo era la comida, los amaneceres rusos, los rusos que caminan por la nieve sucia en las calles de San Petersburgo, pero luego se me olvidó.

Recientemente (es una afrenta decirlo) descubrí a Gógol apenas. Fue uno de esos momentos importantes en la vida de las personas, como cuando decidí qué carrera estudiar, qué música escuchar, qué libros leer y qué persona ser. Me di cuenta, sobre todo leyendo otros rusos importantes cuyos nombres no mencionaré para no ser la clase de persona pretenciosa de porquería que pone muchos autores clásicos en sus posts para parecer inteligente, que los rusos son simpatiquísimos, tienen un sentido del humor muy agudo, muy excepcional, muy cabrón, pues. Morí de risa con este fragmento de El Capote, uno de los cuentos largos de sus Novelas de San Petersburgo*:

[El protagonista, un tipo muy patético que pasa hambre durante meses para poder comprarse un capote nuevo, visita a un personaje muy importante luego de que lo asaltan enfrente de un guardia una noche cualquiera, y el personaje muy importante no quiere recibirlo porque está muy ocupado charlando con un viejo amigo]


Tiempo no le faltaba: su conversación con el amigo había llegado hacía mucho tiempo a una fase en que, agotados todos los temas, se intercalaban en ella pausas larguísimas, dándose el uno al otro ligeras palmaditas en las rodillas y diciendo: "¡Así es, Iván Abrámovich!", "¡Exactamente, Stepán Varlámovich!"


Ahora tengo la necesidad de ir a Rusia. Caminar por esas calles heladas, esa patria fustigada por un clima extremoso, frío, crudo, de arquitectura imponente, y luego perderme en un pueblecito en medio de una tormenta de nieve.

También estuve leyendo una entrevista a Boris Pasternak, el autor de Doctor Zhivago. La entrevistadora, Olga Carlisle, nieta de un escritor ruso importantísimo, Leonid Andreyev, está en Moscú por espacio de un mes y visita a Pasternak en su casita en forma de chalet a las afueras de la ciudad. Una vez, cuando llega luego de la hora del almuerzo, le ofrecen carne de venado y vodka. Todo es tan ruso y tan típico que, a pesar de tener ella misma ascendencia rusa, no puede sino rendirse ante ese exotismo frío y no-occidental. La charla, en general, me resultó muy conmovedora.

Ahora, junto con Finlandia, Rusia es otro destino que quiero y debo conocer. No ahora. Después.

***

Esta semana compraremos la netbook de Roland. Tenemos $ 3,800 al lunes 17 de mayo. Todo transcurrió mejor de lo que hubiera esperado, y eso fue realmente motivante. Gracias de nuevo.

***

Me gusta encontrar blogs honestos, pero no el blog en sí, sino la persona que lo escribe. Aunque la leo desde hace mucho, siempre me sorprendo, y también me conmuevo. Ya lo dije: me gustan las personalidades atormentadas. Charlotte es así, es tan contradictoria y tan real, que no puedo dejar de actualizar mi propio blog con la recomendación de que, en serio, léanla. Es una pequeña joya.

***

Y pues ya. ¡Salud!

***

* Acá pueden leer otra traducción, distinta a la del fragmento que presenté, que además viene en un libro que cualquiera puede comprar a bajo precio en Gandhi.

** Aquí pueden leer la entrevista, del libro con entrevistas del Paris Review, El oficio del escritor.





23 de diciembre de 2009

El subconsciente me traiciona


Hace 9 días, soñé que me bebía un perfume. Sentí que el sueño duró toda la noche, y que en él me debatí entre beber o no el perfume: un trago primero, luego ponía el frasco en otro lado, luego regresaba a él, luego ponderaba los riesgos de beber alcohol del 96 con notas de bergamota, luego pensaba que era el perfume más delicioso del mundo. Al final, derrotaba, me lo tomaba todo y reflexionaba en lo mal que estaba, en lo asquerosamente mal que estaba empacarse semejante bebida.

En la mañana fui al Péndulo. En una pila de libros estaba éste, cuya portada me hizo sonreír:


Mira, mamá, puse unos senos en mi blog.


Después recordé una fiesta de disfraces a la que fui en mis años mozos universitarios. Estábamos Fanny y yo en el cuarto de la anfitriona con nuestras bebidas en la mano, y después ya sólo tuvimos los vasos vacíos (entra tema musical de Los Fabulosos Cadillacs). Como nos daba mucha flojera salir a buscar más estabilizador neuronal, nos quedamos como tontas sobre la cama. De pronto, encontramos un frasquito en el tocador. Tenía un líquido ambarino y unas manzanitas en la etiqueta, sin leyenda.

Pasamos como media hora discutiendo si era perfume o era licor. Yo insistía en que era licor, pero Fanny argumentaba que
tenía que ser perfume (porque, además, ¿quién tendría una frasquito de licor en su tocador?) (yo decía que cualquiera; es más, si yo pudiera tendría botellas de ron escondidas debajo de la cama).

Al final, nos lo tomamos. No recuerdo que haya sido malo, ni que nos sacaran en ambulancia, ni que... Es más: puedo asegurar con absoluta seguridad que no recuerdo lo que pasó después. Prueba superada.

El recuerdo explica el sueño, ¿pero cómo el sueño explica la foto? (entra tema musical de The Twilight Zone).










El comité evaluador de posts navideños decretó que esta gansada careció de sustancia jocosa, por lo que nos obligaron a poner esta foto (que nos recuerda a este listado).

2 de diciembre de 2009

Sólo para ponernos al tanto


Ya envolví mis triques en papel periódico y los metí en una mudanza. Ahora están en medio de la sala en la casa de mis papás, impasibles.

Los últimos tres días no sentí nostalgia de dejar mi departamento. Los vecinos estaban más hijos de puta que nunca, así que me la hicieron fácil: sólo conté los días que faltaban para el domingo.

Ese día, cruda, me fui a comer una torta de camarón ahogada del Pialadero de Guadalajara, sitio donde lo más granado de la sociedad suele curarse la cruda (ejemplo: Cuauhtémoc Blanco, Itatí Cantoral y todos los Masca Brothers).

Todo está raro, como en pausa, pero por las noches sueño que estoy de juerga con los de Miranda! en una provincia argentina. Eso es bonito. Empiezo, por fin y sin el lastre de mis pendientes defeños, a soñar con mi viaje. Luego escribiré al respecto.

El post es también para invitarlos a la mesa redonda de los chamucos en la Feria Internacional del Libro. Estaremos dentro de lo que viene siendo el Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta. Es un tanto absurdo, tomando en cuenta que no soy caricaturista y que los monos que solía hacer siguen totalmente enterrados en mis cuadernos de mi vida escolar. PERO. Igual vayan. Haré preguntas jocosas a los chamucos, lo que todos quisimos saber siempre, chancán.

Salón 4, planta baja, Expo Guadalajara. Y si se fijan no le pusieron acento a mi nombre. SACRILEGIO.









13 de noviembre de 2009

Las drogas me están matando


Ayer hice una de las cosas más estúpidas del mundo: dejé a Wenceslao olvidado en una restaurante. Me di cuenta como 18 minutos después... ¿Quién se da cuenta de que dejó su computadora olvidada tanto tiempo después? Soy una pelmaza.

Mientras corría las dos calles que me separaban de mi querido Wences, por mi mente desfilaban escenarios alternos: era cierre editorial de El Chamuco, y no iba a poder hacerlo. Gastaría mis ahorros para mi viaje de mochilazo en una nueva Wenceslao. Me sentiría estúpida y deprimida durante semanas enteras: extrañaría sus teclas mugrosas, su aplicación para imitar el sonido de un sable de luz, la forma en que se traba cuando llevo trabajando en Photoshop muchas horas, el nuevo paquete Microsoft Office que le instalé hace poco (no la última versión, sino justo la anterior, que es la que más me acomoda), los múltiples
bookmarks en Firefox, el millón de estupideces guardadas en sus archivos, mis fallidos textos literarios, las fotos de mis sobrinitos, mis videos porno mis videos artísticos, los torrentes a medias... Y, sobre todo, Wenceslao en todo su esplendor a 18 pagos sin intereses: su otrora blancura, su otrora rapidez, su otrora fascinación.

Al mismo tiempo, sin embargo, algo en mi corazón me decía que no lo había perdido. Era un rayo de esperanza en el campo pantanoso de mi alma: ya antes, en esos mismos bisquets, Carlangas había olvidado un morralito con millones de pesos. Nos dimos cuenta ya en mi depto, así que volvimos sobre nuestros pasos con los ojos clavados en el piso, sin esperanza casi. Y, ¡oh!, hubo esperanza: encontramos el morralito atorado debajo de la pata de una mesa.

Subí las escaleras del lugar con el corazón estrujado. Miré hacia nuestra mesa y no había nada, ¡no había nada, Alá mío! Sin embargo, al virar la cabeza, la mesera me miraba con unos ojos llorosos: "¡Aquí la tengo, señorita! ¡Aquí la tengo!"

Nos abrazamos y todos los comensales aplaudieron. Entró música emotiva y corrieron los créditos.

Después de regresar con las piernas temblorosas, mi desayuno en la garganta, y la presión baja, pasé toda la tarde diciéndome: estúpida, papanatas, irresponsable, distraída de mierda. Luego golpeé un poco a Wences por separarse de mí.


***

Soy toda una guía de turistas. Bueno, no. Hoy fui a Teotihuacán con el camarada Gregory y con otro camarada que no conocía, recién desembarcado de Francia, que resultó ser una agradable compañía en nuestra conquista piramidal.

Subimos inmensos escalones, escupimos nuestras vísceras (bueno: escupí mis vísceras, mientras ellos me miraban) (bueno: escupimos nuestras vísceras, Gregory
et moi, mientras el francés nos miraba fumando un Gauloise).


Acá tomamos un atajo que nos llevaría directo a la Pirámide del Sol, donde cada tanto hicimos pausas para, en efecto, escupir sangre.


A la entrada del museo estaban estas palabras de unos venezolanos molones. El camarada Gregory fingió que él lo había escrito, lo cual le pareció "arrechísimo" (ya estoy aprendiendo a hablar venezolano, chamo).


Estúpido y sensual cabello. Acá ya estamos en la punta. De espaldas, la Pirámide de la Luna, que Rafa y yo subimos... Rafa subió fresco como lechuga, mientras yo lo seguía con el alma en un hilo.



En este punto debo confesar que sufro un poco de vértigo.


Finalmente fuimos a comer al pueblo. Nos metimos en lo que creímos que era un restaurante (y lucía como un restaurante), pero un señor nos condujo dentro de la casa, donde una señora con apariencia de lituana en drogas nos gritoneó para luego ofrecernos su mesa y su comida. Extraño. Y sensacional.

Como corolario de un post que no tuvo nada que ver con nada, diré que hace dos noches me picaron unos malditos moscos en la frente y me dejaron una estúpida (y sensual) cadena montañosa. ¡Idiotas moscos!



11 de noviembre de 2009

Rarezas de miércoles

Me subí a un taxi en la Roma, con dirección a mi casa.

El taxi olía a menudo*. Cuando íbamos por Hamburgo, el señor dijo:

- Esto era la zona más bonita de la ciudad y vea: ya toda llena de bolas, intransitable. Si fuera al centro de Iztapalapa -y le digo Iztapalapa- vería qué bonito está el centro. Y las velitas de la Balbuena. Ah...

- Pero es que están arreglando.

- Y ahí donde usted se subió, nooombre. Antes era otra colonia bien bonita. Ahora ya está toda sucia -¿no ve que nunca barren?-. Y además oscura. No hay ni alumbrado público...

- Es que...

- Para lo que pagan los que viven aquí, la de impuestos, debería estar mejor y no estas polvaredas y estas bolas y estas calles intransitables.

- Es...

- El gobierno tiene culpa de todo. Si usted viera...

- Aquí me bajo.

Y me bajé.









Creo que no fue tan raro después de todo.


* Para los extranjeros: menudo = caldo de vísceras rezumantes. Yomi.



6 de noviembre de 2009

Estúpida y sensual presión

Conozco muchos blogueros, antaño glorias de las letras en un monitor de computadora, que han ido abandonando de a poco el blog. Muchos hablan ya de la "muerte de la blogósfera", y la mayoría culpa a Twitter (ver este genial post de Defeña Salerosa).

Tener un blog es como firmar un contrato de exclusividad con tus intimidades. Por alguna razón, sientes que cada gran evento de tu vida, cada gran chascarrillo proferido en un momento de inspiración máxima, cada cambio de humor, cada mínima transición en el curso de tu vida habitual, debe ser consignado en tu blog.

Pero entonces, cuando los eventos se acumulan y uno no escribe, el blog se convierte en el monstruo del que ya he hablado: le tienes miedo, quieres manosearlo y escribir en él, pero sabes que sería un post tan largo y lleno de detalles que la sola idea te marea. Entonces lo dejas. Te alejas progresivamente.

Y luego piensas: debo regresar triunfalmente. Si, por ejemplo, no he posteado en un mes... debo regresar con EL post. Debo hacer reír, llorar, recordar, debo tener soundtrack y efectos especiales. Debo conmover a mis lectores.

No, queridos: esto lo escribo para ustedes, y saben bien quiénes son, que no han escrito en sus blós por semanas o meses. Regresen. Escriban. El método es el siguiente:

No se sientan presionados por escribir un post fenomenal. Regresen modestamente, como un teaser jocosón de lo que se avecina. Una anécdota idiota con la señora que atiende la cafetería de la escuela, una observación intrascendente sobre la forma de las monedas de diez pesos (o la errata de los billetes de cien pesos), una foto de un cartel con faltas de ortografía en el cajero de HSBC, un verso de una canción, lo que dicen dos personajes de la última película indie que viste en el cine... ¡El cielo es el límite!

Por mi parte, mucho he dejado pasar desde el debatido post politicoide, que además ni pude contestar.

En resumen:

Me titulé por fin. Fui a Querétaro un fin de semana que incluyó seis zopencos metidos en un motel con cervezas, la michelada intercambiada por la chelada y por la cubana, un desfile de zombies en un andador, quesadillas de huitlacoche, una peluca, caminatas interminables. Fui a Mixquic, que nomás fue la contemplación de un montón de velas sobre un panteonzote, pero excelente comida: mole, barbacoa, atole de amaranto, elotes, ponche, usted nómbrelo. Recibí al camarada Reindertot directo desde Venezuela, con el ron Pampero Aniversario de regalo (el original de piratas del caribe -- sin alusión a la banda noventera que tanto nos gustaba). Firmé el convenio por la beca que amablemente el Fonca me otorgará para escribir un librito de cuentos. Me queda menos de un mes de vivir en este depto y posiblemente en esta ciudad, temporalmente. El 4 de enero parto a Sudamérica y no regresaré sino hasta marzo...

No quería decírselos tan de sopetón. Casi todo ya lo había tuiteado, así que si me sigue, seguramente ya lo sabe. Y si no, aplicaré la salida más elegante:

¡Son unos zoquetes!



16 de octubre de 2009

También puedo vengarme


El día del concierto de Placebo bajé a ver si ya estaban mis compañeros en la banqueta, y en el ínter dejé la puerta abierta. Me paré con las manos sobre la cintura en actitud todopoderosa, cuando noté que un vecino estaba cerrando la puerta con llave. Alcé los brazos oscilatoriamente y le hice señas que sólo podían significar dos cosas:

"Estoy acá afuera y en un segundo entro y por favor no cierres con llave, por favor, señor en boxers y almohadazo en la cabeza".

O

"Soy una mujer fértil con las ganas suficientes para procrear niños con los esclavos rumanos que se la pasan pidiendo limosna en los países escandinavos y quiero que usted me dé su visto bueno sobre mi capacidad para agitar los brazos fuertemente y atraer a los gitanos mencionados".

Aparentemente, el tipejo entendió lo segundo y me cerró la puerta en la cara. La abrí con prominente ruido de llaves y fierros, y en cuanto entré, el imbecilazo me esperaba al final del pasillo.

- ¡Por qué dejas la puerta abierta, qué no ves que se azota! -si omito los signos de interrogación es porque en su frase no había preguntas, sino obvias imprecaciones.

Mi respuesta, con ceño fruncido y llaves en mano, fue:

- ¿Por qué me gritas? -si él me grita, yo lo tuteo. ¡Ajá! ¿Quién es el idiota ahora?

- ¡No-ves-que-la-puerta-se-azota! -cada vez con decibeles más altos.

En ese momento desfilaron ante mis ojos todos los zoquetes y taradas que me han tratado mal en mi vida: todas las secretarias ineptas, burócratas de medio pelo, profesoras frígidas, tenderos culeros, microbuseros hijos de puta, cajeras del mal y jefes que me han hecho patanadas constantes. En específico, pensé en estas personas:

1. Mi maestra de cuarto año de primaria. Me hacía la vida imposible por ningún motivo, se burlaba de mi subrepticio entusiasmo por los nombres de los días de la semana en relación con los planetas de la galaxia, y siempre se equivocaba al calificarme. Cuando ya estaba en quinto año, un día pasó junto a mí, me dio un papelito y me dijo que lo leyera hasta que estuviera en mi casa. Era una disculpa. Pero ya para qué, tarada, ya para qué: entonces ya había perdido el amor por la Astronomía.

2. Las dos ineptas de Segundo B que en el Instituto Plancarte me arrojaron unos bichos a la cabina del baño, y que luego me cerraron el paso en el angosto pasillo del segundo piso, y que luego lo negaron todo cuando las acusé con la "madre superiora" (o directora monja, ya no recuerdo ni cómo nos referíamos a ella).

4. El microbusero de la ruta 64 que se arrancó antes de que bajara ambos pies de la unidad, y que por tanto me revolcó en plena avenida Constituyentes de Querétaro.

5. La secretaria prepotente de servicios escolares en la UAQ, que jamás tenía una respuesta para nada pero sí un comentario hiriente del tipo "niña babosa, parece que eres de prepa".

6. La infeliz mentecata del 21 que atiende el Oxxo y que no quiso cambiarme mi ensalada echada a perder y que veladamente me acusó de pérfida un domingo por la mañana.

7. Todos los que ya no recuerdo, pero que seguro fueron muchos y me hicieron la vida de cuadritos, pero a los que jamás les dije nada, pero de los que hablé horriblemente en mi bló, pero que me hicieron llorar.

Así que luego de un desfile relámpago de todos los bullies de mi vida, con la cara roja de ira, pasé a su lado y le grité:

- Si me vuelves a gritar, PENDEJO, te demando.

Acto seguido: subí los cuatro pisos con tremendas zancadotas, y llegué a mi depto en menos de medio minuto. La sangre me latía furiosa por el cuerpo.

Jamás, nunca, en todos estos años que he aparentado ante ustedes y Alá nuestro señor ser una marimacha amarranavajas todas-las-puede... le había dicho pendejo a alguien. Vamos, ni un imbécil se me había salido. Lo común en mí es reaccionar de la siguiente forma:

Lo miro fijo. Pongo ojos llorosos. Aprieto los puños. Me desaparezco de la escena. Lloro abundantemente.

Pero no esta vez, no, señor. Esta vez le dije PENDEJO. ¿Y se sentía bien?

Lo terrible es que no lo sé todavía. Hay un triunfo pueril en imponerse de esa forma a las personas, pero sigo sin entender en qué consiste. Pienso en la voz de mi mamá, en la voz de todas las mamás del mundo, diciendo: "no te dejes, contéstales" (niéguenlo). Pienso en el orgullo estúpido de las mamás de hijos que pegan en lugar de los hijos que son pegados. En cómo una simple actitud a tus 8 años parece definir la clase de adulto que serás: un dejado que se saca los mocos, o un honorable sujeto que no-se-deja-de-nadie.

Tal vez quiero dejarme de la gente. Tal vez quiero acumular karma-points. Tal vez quiero ser técnica, y ser cortés aunque no lo merezcan. Tal vez... tal vez vuelva a decirle PUTO DE MIERDA cuando lo vea, oh sí.


7 de septiembre de 2009

Los amigos de mis amigos

Creo que hay un fenómeno en el terreno de la amistad que ocurre frecuentemente, pero cuyas consecuencias son olvidadas con facilidad: los amigos de nuestros amigos.

A mí me gusta conocer a los amigos de mis amigos, excepto cuando no me gusta, que es casi siempre. Cuando me caen gordos en el momento exacto en que me dicen "me llamo Juan" y me dan la mano, y luego hacen algo vulgar y execrable como reírse por una estupidez, hacer un comentario misógino/sexista/antisemita sin una pizca de gracia, decir que votaron por Calderón, o hacer bromitas a mis costillas.

Matemáticamente, no entiendo por qué casi siempre me caen mal los amigos de mis amigos. Se supone que mis amigos son mis amigos porque tenemos ciertos elementos ideológicos-de esparcimiento-culturales en común, y ellos a su vez comparten estos elementos con sus amigos. Ergo: al conocer a los amigos de mis amigos, estos amigos deberían ser mis amigos de inmediato, y así todos podríamos ser amigos y llamarnos amigos unos a otros.

(¿notan cómo he retacado este post de la palabra "amigos" hasta que pierda su significado? ¡Ajá! Tiene una razón semiótica)

Pero no sucede así, por lo cual he llegado a una conclusión que se antoja a paradoja: mis amigos tienen mal gusto para elegir a sus amigos. Pero si tienen mal gusto para elegir a sus amigos, y yo soy su amiga, entonces yo soy tan ruin, vil y asquerosa como sus amigos. Pero si yo fuera tan ruin, vil y asquerosa como esos amigos, entonces debería llevarme bien con esos amigos ruines, viles y asquerosos. Sencillamente, no lo entiendo.

Disclaimer: este post puede resultar chocante para mis amigos, y segurolas van a empezar a pensar "sí, claro, seguro te cae gordo mi amigo Zutano y mi amigo Mengano, mujer del mal", pero pues... me importa una naranjada. No tienen por qué.
Ejemplo 1:

El sábado fui a una reunión de cumpleaños. Como llegué cuando ya todos estaban entrados en el fiestón loco, hice una entrada tímida y me dirigí a las bebidas. Como mis amigas estaban siendo retratadas por un tipo, me paré cortésmente a un lado para esperar a saludarlas. Acto seguido, el amigo-no-mío que estaba sacando la foto me señaló con el dedo y dijo:

- Ella quiere salir en la foto.

Me dieron ganas de decirle:

- No me señales. Me llamo Lilián. No quiero salir en la foto. Y chinga a tu madre.

¿Pero lo hice? ¡No-ho! No, señor. Puse mi sonrisa más idiota, me senté a un lado de ellas, torcí la boca y salí en la foto con lo que en buen mexicano se conoce como jetota.

Más tarde, decidí beber como si no hubiera un mañana, con lo cual terminé bailando con el tipo amigo-no-mío, quien al final de la noche ya era mi amigo y a quien yo adoraba con todas mis fuerzas. O no, pero algo así.

Conclusión: el alcohol es el mejor lubricante social (¿de quién es esta gran frase?)

Ejemplo 2:

No hay ejemplo dos, pero se dan una idea. Cuando conozco a los amigos de mis amigos digo algo como "Lilián, mucho gusto" y luego le entierro un hipotético cuchillo en la espalda. Y ya.



17 de agosto de 2009

Su nombre es Howard Wolowitz

Mírenlo.




Este tipo me gustaba en la secundaria.

El mismo peinado absurdo, la misma mirada semi-concentrada no obstante imbécil, la narizota descomunal y los mismos gestos que te harían correr desesperadamente por una vereda, con la ropa destrozada, sangre de vaca en el rostro, y un tipo con una motosierra y una máscara de cuero persiguiéndote.

Ahora puedo decirlo: Wilfrido. Todos los que tuvieron la desdicha de conocerme en aquella época, mis dulces 13-14 años, recordarán que el tipín me gustaba mucho. Era un idiota, como todos los idiotas de su edad, pero a mí me parecía guapísimo. No precisamente brillante, pero a quién le importaba.

Su primo, que iba en mi salón, fue un día a mi casa y vio la descomunal carta de reyes familiar que mi hermana había escrito. Ahí pedía algo para cada uno. Como yo era una idiota, como todas las idiotas de mi edad, había pedido tener un NOVIO. A un lado estaba escrito, con letra chiquita y temblorosa, el nombre del narigón del peinado absurdo.

Estábamos Wallie y yo sentados en la mesa del comedor, haciendo quién sabe qué idiotez propia de los idiotas de nuestra edad, y yo estaba de espaldas a la infame carta. Veía que Wallie miraba detrás de mí y se reía, pero yo pensaba que tenía una infatuación adolescente con mi cabellera. Cuando se fue, volteé hacia mi lugar y ahí estaba: la prueba definitiva, trágica, de mi gusto por su primo hermano.

¡Oh, cuánto sufrí!

Wilfrido era novio de mi prima Robustina, dos años menor. Aún así, como mis primas eran esa clase de muchachas de campo que de alguna manera se las arreglan para ser muy cool, fui introducida a un mundo que no conocía (yo, que me desvelaba viendo Nickelodeon y vestía con pants y playeras de ponys con alitas de colores). Íbamos a montar, a hacer fogatas, a su rancho a decir que éramos geniales por tener 14 años, ir a un rancho y prender una fogata; a montar otra vez, a ver películas que sus papás quitaban porque decían muchas groserías y dos personas se besaban repetidamente, a comprar un helado, a ver a sus primos que no eran mis primos.

Cuando llegó otro primo que no era mi primo, y cuyo nombre ya ni recuerdo, Wilfrido me jugó una mala broma. Había llegado yo a la casa de mis primas, para entonces ya con nuevo peinado y ropa decente (i.e. pescadores, chamarra de mezclilla y una blusa roja TODOS los días durante TODO ese "verano"), y sus primos estaban ahí con sus cabelleras y su guapura adolescente. Yo dije alguna tontera y me fui a mi casa. Más tarde, Wilfrido me habló por teléfono para decirme que yo le había gustado al primo de mis primas.

Mentira flagrante.

Luego, cuando cumplí los 15, me mudé a Querétaro y seguí viendo a Wilfrido, que vivía por mi prepa. Ahí me presentó a su amigo XXX, que no se llamaba XXX pero que le decían así porque entonces XXX todavía estaba de moda, y su amigo XXX me acosaba. Y luego ya no. Y luego otro día fui a casa de las primas de Wilfrido a comer por el cumpleaños de una de ellas, y luego fuimos al cine y no traía lentes y no vi nada y no recuerdo de qué trataba, pero era Final Fantasy.

-si sienten que estoy divagando, mándenme un correo al pasado, al momento en el que estaba escribiendo el post-

Oquei. El punto es que a mí me gustaba un tipo así de perdedor. Y la verdad es que hace ya unos días que me había dado cuenta de que Simon Helberg es idéntico a ese Wilfrido que nunca me hizo caso, que me mandaba mails como uno, que hablaba con una falsa papa en la boca, que estaba larguirucho y tonto, y que se tardó como 7 años en acabar la prepa. Y tenía un punto, uno muy bueno, pero otra vez lo olvidé.



PD. A Wilfrido lo olvidé de inmediato, sólo para infatuarme ipso facto con un sujeto que usaba playeras negras, tenía el cabello largo y decía "grrrrooooar" a la menor provocación.


En este momento no me le quiero ni acercar al blog


Me ha hecho cometer pura barrabasada.

Por ejemplo: cuando me enojo, no soy simpática y atractiva como muchos de ustedes establecieron jocosamente en algunos comentarios. No: en realidad soy vengativa y rencorosa. Debo tantas disculpas.



¡Pero... I'll be back! (con voz del Governatorrr).




4 de agosto de 2009

Ya no estoy enojada


En serio. Les voy a confesar lo que ocurrió:

Tengo sífilis.











Mala broma.

Soy de mecha corta. Y me regañaron unos minutos antes, injustamente, así que mi sangre hervía en su propio caldo coloidal. Ergo: no estaba para aguantar hijodeputeces.

Usualmente no exploto. No suelo arrojar vasos con líquidos en la cara de la gente, patear carros, romper ventanas ni estrellarme el cráneo contra la pared. Usualmente, cuando me enojo, me guardo mis rencores en la entraña, hasta que se mimetizan con mis demás vísceras... y luego me da peritonitis.

Pero qué importa lo que me ocurre usualmente.

¿YA VIERON TERMINATOR?

Por Alá. No vale la pena hablar de la nueva, no. De las dos primeras, por Alá. Cómo explicar que desde entonces le tengo un terror infundamentado a los tráilers, y otro poco a los robots sanguinarios, y otro poco a los Arnoldos Chuachueneguers del futuro.

Pero eso ya lo sabían.

Nada: sólo quería establecer que ya estoy otra vez de buen humor.







Éjele. Ándense con cuidado, cabroncetes.




Con amor, Lilián



30 de julio de 2009

Comportamiento vergonzante


Siempre que hago alguna estupidez en mi vida diaria, siento la necesidad de postearlo en el blog como una forma de redención y atenuante en primer grado. Si lo escribo es casi como si no hubiera sucedido, mofarme del hecho reduce su importancia, bromear con él significa que no me afectó, ni me hace llorar en posición fetal, ni atormenta mis sueños casi todas las noches de luna llena.

Por eso, contaré esto.

El martes íbamos a ver a Candy en el Pata Negra. Decidimos antes, por qué no, echar mano del precopeo en mi casa. Me tomé, como dicen, ¿qué? ¿Un par de cervezas? ¿Media botella de Boone's? ¿Dos vasos de calimochos? Lo usual, pues.

Elsa, Jordy, Vero y yo estábamos de lo más tranquilos bebiendo, charlando y analizando de una forma totalmente incorrecta la literatura de Michel Houellebecq (que ahora, según me informan, es Miguelito Jocoque, pa' los cuates).

Después fuimos a recoger a Olga a la Bolsa de Valores. Yo tuve la grandiosa idea, por qué no, de llevar nuestras chelas en el regazo. Era eso o dejar que se quemaran lentamente en nuestro trayecto de 5 minutos.

Enfrente del Ángel, le di un trago. UN trago. Un PUTO trago. ¿Y qué sucede?

Claro, nos detiene una patrulla.

Jordy tenía todo en orden, por supuesto. La señorita policía, sin embargo, pidió que subiera el vidrio de mi puerta y le contestara qué estaba tomando.

Acá viene la parte que recrearon entre risas como 7 veces una vez nos soltaron. Miré a Jordy de soslayo, y con un hilito de voz pregunté: ¿le digo?

Y sí, sí le dije. Una cerveza, mire. Y se la di.

Acto seguido, preguntó si había más gente tomando. Ésta es la única parte donde puedo defenderme un poco, porque fui valerosa, tenaz y desapegada. Me sacrifiqué por todos mis compañeros. Dije que sólo yo estaba tomando.

- ¿En serio? ¿Si reviso el coche no encuentro nada?

Y le dije que no.

Después, lo clásico: me dijo que me llevaría al MP y que mi multa sería de 900 a 1,700 pesos. Lo único que yo tenía ganas de decirle era: "en serio sí voy, pero espérese a que termine de tocar Candy".

En realidad, lo que dije fue:

(con un hilo de voz homosexual): ¿Voy a tener antecedentes?

Soy una perdedora.

Cuando por fin le dimos la consabida mordida, que era todo lo que ellos querían, el policía me regresó mi cerveza (que estaba nueva, con apenas medio trago menos) y me dijo:

- Procure darle un trago cuando no la estén viendo.

Cerdos corruptos.

Media hora más tarde, 400 pesos menos en la cartera, y una perdida absurda en mi propia colonia, llegamos a la Bolsa. Olga no salía, y de pronto yo sentí algo.

Ganas de orinar.

La verdad, no tiene caso justificarme. Me sentí un poco como Monica-Chandler-Joey cuando, en la playa, una aguamala le pica el pie a Monica y sus amigos tienen que orinarle encima. La orina es vergonzosa, pero es tan natural, aunque no en pleno Paseo de la Reforma, pero al mismo tiempo ni modo de que explotara mi vejiga y...

¡Me oriné en pleno Reforma!

-ya, lo dije, soy libre de culpas-.

No me hice en mis pantalones, sino que me metí en una especie de tunelcito y rogué por que no pasara otra patrulla. Sin embargo, estaba confiada: Murphy no se mete contigo dos veces en la misma noche.

En resumen, viví dos vergüenzas máximas antes del concierto de Candy, que a Alá gracias estuvo buenísimo y en el que, gracias al alcohol, logré olvidar que casi me llevan a la cárcel y que arrojé el líquido de mis riñones en plena avenida de gran envergadura.

Necesito unas vacaciones urgemente,





22 de julio de 2009

Desaguisados a lo largo del día


En realidad, no debería decirlo pero... qué más da. No sería yo si no ventilara estupideces en mi blog.

1. Medio me llamaron la atención en El Chamuco. No realmente. Puede que sí. Y lo hizo mi amor platónico, El Fisgón (bah: si lo sabe media revista, Alá y el coro angelical que vigila mis acciones desde el cielo, que lo sepa el mundo). En realidad, no me regañó... ¿O sí? De todos modos, mis columnas siempre son realmente malas y si la gente me dice que soy un asco, lo acepto sumisamente.

No, no es cierto.

Tengo un problema severo para aceptar críticas. Y ni siquiera es un problema de ego. Es que no sé cómo reaccionar cuando me dicen que hice algo mal. Por lo general, los ojos se me llenan de agua, toso un poco y digo que tengo que ir a polvearme la nariz. Y luego lloro. Tengo como 12 años mentales.

2. Si quieren saber una de las razones del "altercado", visiten mi blog alterno. Al parecer, Loret de Mola me va a perseguir y me hará un boicot y me dirá "niña estúpida, tú qué sabes" y ya jamás podré ejercer ni en éste ni en un ningún país donde coman chile picante y la población sea mayoritariamente católica. Bah.


La insoportable levedad de ser... Loret de Mola (gratis dando click)


3. Leí una nota sobre un niño al que le hicieron chanchullo en la Olimpiada del Conocimiento Infantil, y ciertos recuerdos de la infancia se reavivaron como hierro incandescente. Después me enteré que hay otros como yo a los que les hicieron fraude, y quise contar mi historia.

En 1998 yo iba a conocer al mismísimo Ernesto Zedillo Ponce de León. Estudiaba en el Colegio Regional Villa Ilustración, una primaria tan pequeña en mi pueblo natal que en sexto grado sólo íbamos ¡4 mozalbetes! ¿Se imaginan lo que es estudiar en un salón con sólo otros 3 estupidines?

Es sensacional.

Así que concursé y fui escalando los infinitos municipios del Estado de México, dándoles metafóricas patadas en las metafóricas bolas a los escuincles mexiquenses. No entiendo cómo lo hice si me pasaba la tarde viendo Friends y leyendo las revistas Eres de mi hermana, pero a quién le importa. El último examen, en Toluca, tuve mareos y deseos de vomitar. Aún así, salí avante.

Un mes después, había ganado. Hasta me habían tomado las medidas para el uniforme con el que iríamos a saludar al niñito de Harvard que no despertaba ni odio ni simpatía ni lujuria ni nada, porque era muy gris y no ofrecía gran posibilidad de burla.

[con tono lúgubre] Pero una semana antes le llamaron a mis papás... y el sueño acabó [termina tono lúgubre]

La razón oficial era que mi primaria era muy pequeña, y encima era 'privada', y que preferían darle la "oportunidad" a otros niños de ganar el súper súper súper premio de desayunar con Zedillo.

Desde entonces, cada que un niño gana ese concurso, algo dentro de mí se revuelca en envidia y dolor. Y después muere lentamente.

Todavía en la secundaria concursé en el súper súper súper campeonato de ortografía. Me entrené de una forma tan absurda, entusiasta y poco saludable que las secuelas fueron irreparables... y hoy en día me dedico a corregir la ortografía de los demás. ¿No es eso patético?

[voz de lector] Sí, sí es patético. Continúa con tu patética historia [lector se sienta de nuevo en su lugar]

En la penúltima etapa, en el municipio de Jilotepec, concursé contra un escuincle de la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez, de la capital. Yo iba en la secundaria oficial Andrés Molina Enríquez... del pueblo Polvotitlán de la Ilustración. Ergo: yo era un cero a la izquierda y él, un ganador en potencia.

Cuando terminó el examen, comparamos resultados. El tipo se había equivocado en tantas y tan escandalosas formas, que hasta sentí pena por él. Y luego me comí un sándwich, un plátano y un jugo Jumex de manzana.

Luego, por supuesto, el imberbe ganó.

De ahí todo fue cuesta abajo. En la preparatoria jamás me distinguí por tener buenas calificaciones, no volví a concursar en nada, tomé drogas, alcohol y prostitutos baratos. Y eso me llevó a ser lo que soy: una guacamaya del planeta NF11 que les trae un mensaje de amor y paz.

4. El taxista de hoy me vino contando sobre un jefe suyo al que secuestraron, pidieron 3 millones de dólares por él, y amenazaron a su hermano. Bonita forma de despejarse después de un arduo día de trabajo (el sarcasmo es lo mío) mientras viajaba por la noche con mi Wenceslao a cuestas. Yo traía las bolsas del súper, pero había pagado con tarjeta, así que no tenía cambio. Le dije que se parara en el Oxxo de la esquina mientras bajaba a cambiar.

El taxista me dijo que dejara las bolsas ahí mientras se estacionaba. Miré mis bolsas: Pinol ecológico, una revista para mariquitas, unos Yakults y una pastilla para el excusado. A lo mejor no iba a robarse mis compras porque éstas eran insulsas, vulgares, de mal gusto, pendejas y estúpidas. Pero eran mis compras, y yo pensaba: ¿por qué, Alá, por qué? ¿Decirle que no y sorrajarle en la cara que no confío en él? ¿Confiar en él y perder mi Pinol? ¿Hablar con un extraño de inseguridad y luego darle un voto de confianza? Era una auténtica encrucijada.

Confié en él. En el Oxxo estaban los putitos de siempre, y se tardaban siglos. Y yo sólo pensaba en mis artículos para limpiar el piso de mi casa, y mi corazón se estrujaba.

¿Notan cómo esta anécdota no va a ningún lado?

Finalmente, no me robó.

Uoooooooooh.


5. En serio: tenía un punto muy bueno para el punto anterior, pero perdí el punto. El post se terminará aquí abruptamente. No tuvo pies ni cabeza. Hola mamá.



13 de julio de 2009

Pensamientos desordenados


Cada que abandono el blog, éste se convierte en una bestia a la que me da miedo acercarme. Se queda tanto tiempo atorado en una sola entrada que con el paso de los días va perdiendo sentido, que cuando siento que es momento de postear me doy cuenta de que estoy seca. No tengo temas.

No tengo temas. Ya ven que la gente suele justificarse, cuando no postea, escribiendo de una forma muy críptica que "muchas cosas han pasado".

A mí no me ha ocurrido nada importante. Esta semana he sufrido mi cotidianidad: la gente no me paga, yo sufro porque no me pagan. Genuinamente sufro. Camino por la calle pensando en mi pobreza, y en mi riqueza virtual, y me dan ganas de llorar, y lloro. Y luego me pongo a ver Friends, y lloro de risa mientras veo Friends.

Y no es que no escriba. Escribo mucho, pero nada para mi blog. Escribo mis notas en Chilango.com, pero casi nunca las firmo porque sería como serle infiel al blog. Bueno, en realidad no las firmo porque siempre escribo sobre temas insulsos, y los que comentan allá son muy despiadados (es decir: son muy culeros) y quiero mantener mi nombre en limpio.

Entonces, la verdad es que la semana pasada fue muy deprimente por muchas razones achacables a mi azotadez intrínseca, y en tales circunstancias no podía escribir ni media palabra de aliento. En mi pueblo ganó el PRI. Tristeza total.

Los puntos brillantes: por fin conocí el famoso Borrego Viudo, y no sólo eso... Me comí un taco de ¡lengua! Siempre odié su sabor, pero me animé por no sé qué razón y no vomité sobre la gente. Por supuesto, me sigue pareciendo asquerosa a la vista, y le sugiero a los taqueros del mundo que la partan en pedacitos en lugar de servirla tal cual... porque es, sencillamente, ASQUEROSA.

Asquerosa pero deliciosa.

Otro punto brillante: ayer, mientras bailábamos en el Malva, un tipín como de 13 años se quiso propasar. Yo lo empujé y le lancé una frase que siempre había querido decir: "¿Cuántos años tienes? ¿12?", pero el idiota no dejó de molerme y decirme quién sabe qué en su dialecto, así que tuve que llamar al gorila de la entrada, y lo sacaron.

Un punto no brillante: me comí el hot-cake más caro del mundo. 120 pesos por dos hot-cakes horribles con Lechera, pero ¿qué tenían de especial?

Mi pinche cara:



Y creo que eso es todo, salvo mencionar que el que hizo el hot-cake era, con perdón de todos, un putísimo.

Sección de anuncios:

1. El Chamuco de esta quincena viene ardiente. La portada de Hernández va a causar ámpula, sobre todo en Fecal. Ánimas que nos haga un poco de publicidad gratis.

2. El tercer número de Distintas Latitudes ya está disponible. Mi texto aún no está listo porque... básicamente, aún no lo he escrito. ¡Miren allá! ¡Un burro con sombrero!

3. Respondiendo a Emilio en el post anterior: por supuesto que el partido Verde me parece el peor de todos. Ni siquiera tiene caso manchar mis dedos con la retahíla de argumentos en contra de esta bola de zoquetes, empezando por su grandiosa idea de "pena de muerte para proteger tu vida", que tiene tanto sentido como decir "porque somos vegetarianos, organicemos una carne asada afuera del rastro: todos lleven medio kilo de maciza". Y, sobre todo, porque sus voceros cometieron dos que tres errores vitales, como, no sé, declarar que nunca han votado. Lo cual tiene tanto sentido como hacer una campaña para el Screen Actors Guild y poner a Cuauhtémoc Blanco de portavoz y luego organizar una cena donde los vegetarinos cenen tacos de carnitas. Ustedes entienden mi punto.

4. Espero que esta semana sea fantástica. Tengo fe en ello... lo cual tiene tanto sentido como una atea diciendo "tengo fe" y luego posteándolo.


1 de julio de 2009

Fotopost explicativo



Sin sentido y sin razón de ser, sólo vomitadas aquí por la misericordia infinita de Alá. Algunas ya explicadas en Twitter, por ejemplo.


FOTOGRAFÍAS VARIAS:

Un curry demasiado delicioso para ser verdad:




Una fotografía de su servilleta a los 13 años:





Caricaturas por Hernández:







Caricaturas por Patricio Betteo (quien ilustra mi columna en El Chamuco cada quince días, con el mismo nombre de este bló, ¡búsquela en su quiosco de confianza!):











Cuando mi abuelita me mandó solicitud de amistad en Facebook y estuve A PUNTO de declinar, porque entonces no podría poner groserías como "puñetero" e "hijos de puta" y "cerdos fascistas" después de contestar un test puñetero escrito por unos hijos de puta cerdos fascistas:



Por qué Chynna Clugston es una de las mejores novelistas gráficas. Detalle de Blue Monday:




Fotografía antiquísima que encontré en el Facebook de mi tía Norma: mi hermano Billy como de 13 ó 14 en el acto temerario de agarrar un bonche de churritos. Mi papá en actitud de meditación. Su servilleta enfrente de una cerveza helada. Cosa de todos los días:






17 de junio de 2009

Actualización necesaria


En resumen: el viernes fui a la presentación del disco de Candy en el Imperial, mi nueva banda favorita. Son extraordinarios en vivo. Tomé demasiadas cubas y un martini algo gay que llevaba absinthe. Malacopeé horriblemente y camino a mi casa, a pie, me fui descalza.

Hice una cosa horrible

(la pausa dramática es para que, en el ínter, se imaginen que me acosté con un desconocido, me inyecté heroína o contraté un prostituto gay).

Como a eso de las 5,30 ó 6 am, me acosté. Los ojos me lagrimeaban y dije: debes quitarte los lentes de contacto. Me levanté, me los quité y luego... ¿me los quité?

¡Lo olvidé por completo!

Así que me los volví a quitar, o al menos intenté quitármelos. Evidentemente, ya no había nada. Lloré y rogué a Alá, ¿cómo era posible que los lentes se me adherieran a la retina? Y luego los vi hechos bola sobre el lavabo: ahí estaba yo, picándome los ojos, por ningún motivo.

Es la hora que no olvido el suceso.

A las 8,30 am, llegaron Fanny y sus papás para una visita guiada con el objetivo de adquirir un vestido. Llevé a cabo una proeza física y mental: bebí líquidos hasta que el estómago se me inflamó y caminé kilómetros a la redonda por el centro, con los pies hechos talco. En ningún momento me quejé, salvo cuando me tiraba sobre la banqueta cada cierto tramo e imploraba piedad y decía "ya estuvo bueno, yo ya no camino" y "alguien consígame un doctor" y "ya no puedo seguir... tendrán que cargarme", como el buen rey Homero.

Por la noche ya no alcancé camión a mi pueblo, así que tuve que irme con ellos hasta Querétaro. Llegamos hechos unas piltrafas, nos dormimos y nos despertamos tarde. Fanny hizo unas sincronizadas con unas salsas morelenses, luego de las cuales tomé un taxi a la central y después un camión a mi pueblo. Llegué, salimos a comer, vegeté un rato, maldije mi columna vertebral y trabajé un poquitín.

Vi a mi amiga Araceli, comimos papas, hablamos de nuestros sueños y esperanzas, y nos dormimos.

El lunes tiene lagunas mentales.

Hoy, martes, fui a la presentación del libro de Felipe. Agradable velada, y puedo decirles desde hoy que ese vino emborrachó a varios (no a mí, por supuesto... porque nomás me tomé una copa, malditos meseros).

Y luego Olga y yo ordenamos comida en mi casa, vimos Doctor House y Los Simpsons, y cada quién se fue a su casa -bueno, yo ya estaba en la mía-.

Y luego acá: wuuuuuh, grooooovie.


Anuncio Importante


Pasen a nuestra revista de reflexión latinoamericana, Distintas Latitudes. Lean grandes textos de muchachos de todas partes del continente -mejor dicho: de Iberoamérica. Los futuros periodistas y escritores de nuestras respectivas naciones (con lágrimas en los ojos). Luego pueden pasar a echarle florecitas o florezotas a mi texto, que trata sobre la literatura de transición en Chile.

¡Acá!

Luego podrán dormir en paz.

¿Qué esperan?



25 de mayo de 2009

¡Por favor, denme permiso de desangrarme en su presencia!



En la materia de Multimedia hice una página web sobre la donación altruista de sangre. No sé por qué elegí este tema, supongo que fue un reflejo, una manifestación del subconsciente bondadoso (del que no creía que hubiera residuos en mi organismo), y me vi diciéndole a mi maestro guapo y generoso: SANGRE. DONACIÓN (me costaba trabajo hilar las palabras en su presencia, siendo él tan guapo y generoso).

En el proceso aprendí mucho del tema y me
comprometí con él. Tuve la certeza de que la donación altruista de sangre era necesaria. En el ínter, pasé el 90% de mis clases de Multimedia dibujando en Adobe Flash -A MANO- las venas de un corazón palpitante, que se llenaban de sangre candorosamente en la animación introductoria a mi página.




-Ésta es una versión beta del corazón, que ya al final lucía IMPONENTE. Éste es, digamos, el único adelantito que subí a una cuenta Image Shack. Para ver su imponencia tendrían que recargar la página cientos de veces y ni así estarían cerca de sentir su PODERÍO.

-gracias a ese corazón saqué 10 en la materia, aplausos-.




Tres veces en mi vida he intentado donar sangre.

La primera vez fue en Querétaro, mientras trabajaba en el café Dos Minutos (rebautizado por Carlangas como "Dos Mierdutos"). Escuché en la radio que un niño de 10 años necesitaba sangre O Negativo, que es mi tipo, así que enseguida fui al Seguro Social. El tipejo en la ventanilla, apenas me vio, me dijo:

- No puedes donar porque tienes bráquets. ¡Largo!



Así es. Alguna vez en la vida tuve fierritos en los dientes. ¡Gran cosa! ¡Supérenlo!


La segunda vez, mi tía Blanca la necesitaba urgentemente, también O Negativo. No encontraban el tipo en ningún banco de sangre y la transfusión era imperativa. En los requisitos pedían pesar más de 60 kilos. No sé quién (¿mi mamá? ¿Mi conciencia?) me recomendó mentir. Así que cuando me tomaron los signos vitales y me preguntaron mi peso, contesté muy segura de mí misma: 60.

La enfermera, una gorda enana horrible, me miró de arriba a abajo, como quien duda de la honorabilidad de uno, y me dijo:

- Súbase a la báscula.

No tengo qué decir que me corrieron con una patada en el trasero, mientras me gritaban agitando el puño:

- ¡Y no vuelva nunca más por aquí!


Esta vez pensé: la tercera es la vencida. Además, sólo pedían 50 kilos. ¡50 KILOS!

El jueves en la tarde fui, pero me retacharon porque digamos que había
abusado del ayuno. Además, me dieron una lista de alimentos que no podía consumir. ¡Carajo! Todo lo bueno estaba ahí: los dulces, las fritangas, los lácteos, las grasas, el alcohol y las drogas intravenosas.

Me cuidé de cumplir con sus requisitos absurdos, y el viernes en la mañana volví.

Sufrí como reo condenado a muerte cuando me sacaron la muestra de sangre, apretando los puños y haciendo muecas dolorosas. Luego, con esa sensación de post-violación, me dirigí al cuestionario con la doctora.

Me rechazaron.

No voy a ventilar aquí los motivos, porque entonces sabrían de mis aventuras lésbicas con luchadoras grecorromanas y mis hábitos de consumir crack y acostarme con enanos pansexuales y cómo me tomé una aspirina y me desvelé y tengo chancros.

Sólo quiero asentar que su lista de requerimientos es DISCRIMINATORIA y absurda.

¡Carajo! ¡Alguien se está muriendo y USTEDES se ponen sus moños! Ya quiero ver cuando haya una emergencia real -i.e. Holocausto Zombie- y nomás le pidan a la gente ponerse en mangas de camisa y amarrarse una liguita en el brazo. Cerdos.

Por eso, estoy de acuerdo con Méjico Májico cuando dice que -y la cito- sólo
puro májico mejicano notable, sano, casto y ñoño puede donar. Gente sin vida sexual, sin aventuras escandalosas, sin un pasado digno de vivirse, sin -parajódicamente- SANGRE EN LAS VENAS.


Por eso he resuelto una cosa: no donar mi sangre. ¿La quieren? Pues no la tienen. La voy a envenenar a mi gusto.

*se inyecta heroína con toda rudeza*


PD. Este post se lee mejor si mientras tanto usted escucha la GRAN banda Type O Negative, uh, góticos gringos ridículos que me hicieron feliz durante mi adolescencia. Ponga especial atención a la letra de "I don't wanna be me": poesía pura.







19 de mayo de 2009

Un día con demasiada publicidad...


...Y creo que estoy a punto de decir cosas como "no puedo contarte ahora, mejor te mando un
brief al rato" o "quiero comerme una torta al pastor ASAP" o "qué cagado, güey", etcétera.

Primero, porque comí con mis antiguos colegas de la agencia del mal: el Roger y el Vic (en ese entonces era preponderante agregar un artículo antes del apócope de cada uno) (a que no adivinan cómo me llamaban) (¿No? ¿Se dan?) ("La Lili") (así, sin acento, con la sílaba tónica en la primera li). La comida fue muy agradable, yo tiré todos los arroces sobre la mesa y los escupía mientras hablaba y derramé la salsa de soya sobre el pantalón de ambos y el gerente llegó y nos pidió que nos retiráramos y yo lloré en la banqueta, etcétera.

De la misma forma en que ver fotografías antiguas te remonta a recuerdos de tu infancia de los que no creías que aún hubiera registro mental (por ejemplo: esa tarde viendo caricaturas te recuerda que tenías unos shortcitos color verde con pequeños pececitos amarillos, o que una tarde cualquiera comiste albóndigas con agua de jamaica, o que una vez en la escuela trataste de hacer trampa en el examen de Historia y te condenaste académicamente de por vida, etcétera). Y aunque no son recuerdos propiamente dichos, pues en ellos no hay acción ni sentimentalismo ni significación, sí ayudan a ver la imagen más amplia: el shortcito te recuerda esa edad y tus amigos y tus sentimientos y tus esperanzas. Eso: una simple prenda ridícula y apestosa.

De la misma manera, la conversación con el Vic y el Roger me transportó a esas tardes terribles con tiempos muertos en los que -maldita maldición- encontré en el Twitter un refugio de "mi realidad" (como personaje de Guillermo del Toro durante la Guerra Civil española y eso). Esas conversaciones en el comedor con chismecitos sobre el mundo publicista, que Fulano ganó la cuenta no sé cuál, que Zutano se cambió a la agencia quién sabe cuántas, que Mengano es pero si bien homosexual, etcétera. Y también me di cuenta, como ya lo he reiterado, que la diferencia entre "la Lili" que ellos conocieron, esa burda escuincla que se reía cuando un coreano escupía la sopa, y "la Lili" que ahora se ríe de los coreanos por el simple hecho de ser coreanos... es grande. Aunque no sé qué tanto. Sólo sé que, si volviera a entrar a trabajar ahí, todo sería MUY diferente. A lo mejor no hubiera renunciado a los tres meses, pero quién sabe.

Lo más curioso fue cuando llegamos al APASIONANTE tema de las bicicletas, porque tanto el Roger como el Vic (y sobre todo el primero, que publicó un libro extraordinario, "Las bicicletas y sus dueños") son bicicleteros de corazón. Le dije al Roger que gracias a su libro me compré mi bicicleta, y él me dijo que ése es el mejor halago que le podrían hacer a su libro, y yo le dije que qué va, que qué había de "es una obra maestra que está destinada a trascender durante siglos" y él me dijo que por qué no me callaba y disfrutaba del momento sentimentaloide-ya-no-soy-tu-jefe-ya-no-tienes-qué-alabarme.

Entonces el Vic que me dice:

"¡No me digas! ¡Seguro tu bici es rosa, con florecitas y una canasta!"


¿Qué le dije?

"¡Oh! ¿A poco ya la viste?!"


¿De verdad soy tan predecible?



Más tarde, ya en mi casa, me senté a ver la tele. Cuánto me divertí. Bueno, en realidad no. En eso, que veo este comercial de Toyota Corolla:



Enseguida me indigné. Ese comercial era el PLAGIO de algo que ya había visto alguna vez, un día que me metí al cuarto de Luis Mariano a buscar un cortauñas y de paso compartir tiempo de calidad con mi sobrino y de paso aterrorizarlo emocionalmente.

Primero pensé que era de los Padrinos Mágicos. Tiene sentido: Timmy Turner es el escuincle ese que puede hacer realidad lo que se le antoje, manipular a su padre y conseguir que le regalen el ROBOT que él quería, incluso si ya había una versión anterior.

Expresé mi indignación en Twitter y todos se indignaron igual que yo. Corrimos en manada hacia el video en YouTube y lo inundamos de comentarios (bueno, sólo Jair Trejo lo hizo). Incluso, tuve el atrevimiento de ponerles un insulto que en buen castellano podría traducirse como "chupapijas". Luego les escribí que eran unos remedos de creativos y luego borré mi comentario, porque era suficiente catarsis por el día de hoy.

Sin embargo, todos en Twitter me preguntaban en qué capítulo sucedía eso. Busqué en la Wikipedia y nada. Empezaba a dudar de mi salud mental, así que hice lo que cualquier tipa de casi 23 años con una duda haría:

Llamarle a mi sobrino de 11 años.

- Loló (es que en realidad así lo llamo desde que nació; "Lolocián", cuando quiero molestarlo), dime cuál es el capítulo ese de Los Padrinos Mágicos donde Timmy quiere un robot y hace que su papá se lo compre, y su papá le dice que ya tenía uno igual, pero Timmy le dice que no, que éste es nuevo porque habla y así, DÍMELO por amor de Alá.

- No entiendo de qué estás hablando.

- Sabes de qué estoy hablando, niño. ¿Acaso el papá de Timmy no es el que se queda a hacer las labores domésticas mientras su mamá va y trabaja y tiene el rol económicamente activo de la casa y eso?

- No. Estás hablando de Johnny Test, el niño con cabeza de flama.

- JA-JA. Lo sabía.

Click.

Bueno: "hice una papanatas de mí misma", como dicen los gringos, al afirmar tajantemente que era de Los Padrinos Mágicos. Bah, cualquiera se confundiría: Timmy Turner y Johnny Test tienen en común que son escuincles y que inspiran deseos de darles una patada en el rostro.


Acto seguido: busqué en la red. ¡Y he aquí mi descubrimiento!



Videos tu.tv

Está en portugués, muchachos, pero hagan un esfuerzo: no en balde lo llaman "portoñol".


¿Qué aprendimos de todo esto? Que seguro algún creativito de Saatchi & Saatchi llegó un día agobiado de su chamba, siempre los mismos problemas, siempre la misma jeta de la tipa de cuentas, siempre la misma comida insabora e incolora del comedor, siempre los mismos mails idiotas... y se puso a ver Cartoon Network y decidió PLAGIAR una idea y luego vendérsela millonariamente a los de Toyota.

Qué tipo tan listo.




Creo que es suficiente por hoy de publicidad, aunque aún tenía reservados algunos comentarios ácidos sobre los comerciales del PRD y cómo uno de Pepto Bismol me recuerda algunas escenas de Fight Club y lo que pienso de este noble arte, en fin. Pero... tengo sueño.


Actualización:

El comentario de S.S. me recordó una página que, en la agencia, era algo así como nuestra biblia de contenidos. Mi jefe, no el Roger, sino el que a ambos nos caía en las hipotéticas bolas, era un tipo sin una sola idea original. Por consiguiente, cada que proponía algo que a simple vista no se oía mal, TODOS corríamos a joelapompe a ver si ya se había hecho.

10 veces de 10 ya se había hecho.

Si usted, creativo en ascenso, aún no conoce joelapompe... ¿Espera a que alguien le dé un zape o qué?

JOELAPOMPE
- donde se exhiben los plagios más horrorosos de la industria creativa.