5 de agosto de 2007

De cómo el vodka perdió todo el respeto que yo podía tenerle

Me siento un poco en la obligación de explicar las circunstancias del post ebrio anterior:
Primero quiero aclarar que yo normalmente me alcoholizo con cerveza... o con vino tinto mezclado con Coca-Cola... o con tequila y refresco de toronja... o con mezcal... o con Tonayán/Jalpeño/Alcohol del 96/el licor barato de su preferencia.
Pero con vodka jamás. Tengo los peores y más humillantes recuerdos de esta bebida, así que me he mantenido alejada de ella por muchos años.
Sin embargo, el viernes dije “Vodka: te voy a reivindicar. Tantos años en el oscurantismo más absoluto. Hoy es tu día”. Acto seguido: nos hicimos de un finísimo vodka Karat y los consecuentes e infaltables jugos Jumex.
De la noche no cuento más allá de lo necesario. Fiesteamos por ahí, dimos cien mil vueltas a la ciudad, tropezamos con emos ridículos (¡me reencontré con Caldo... de lejecitos!), pensé que yo ya era una muchacha de 21 años hecha y derecha como para andar codeándome con gente que usa pantaloncitos entubados y se peina de raya de lado y entonces emprendimos la graciosa huida, comimos unos tacos y departimos con los taqueros más absolutamente geniales del mundo, terminamos en una fiesta hasta la colonia Agapito, donde bebimos, brindamos y todo fue alegría y felicidad.
Ya entrada la madrugada y habiéndonos separado del grupo, Fany y yo terminamos en un parque que está a una cuadra de mi depa y conversamos encima de unos pasamanos. Apuesto a que nunca han tenido una charla ebria mientras se equilibran sobre un pasamanos.
Como es natural, y con el grado suficiente de alcohol en la sangre, los tópicos se tornaron cada vez más melancólicos y en un momento dado no tuve otra opción que derramar las de cocodrilo. En la foto se nota, según creo (ver ojos rojos, nariz ídem y lágrimas rutilantes).
(¡Cuenta lo importante de una buena vez!, grita un lector desesperado)
Sí, sí.
“El post ebrio: sus raras circunstancias y génesis”
No sé ustedes, pero en medio de mi alcoholización, lo último que ronda por mi cabeza es prender la computadora y navegar por internet, ni el blog y sus raros vericuetos. Postear ebria equivaldría a una conjunción de elementos que, pensé, en mi caso nunca se darían.
Pero he aquí que al traspasar el umbral de mi puerta, escuché que alguien vomitaba en la calle y, más por seguir el relajo e interactuar de un modo simpático con mis vecinos, me asomé por la ventana y dije “Hey, ¡a guacarear a otra parte!”
Oh, por el amor de Alá, nunca lo hubiera hecho.
Subrepticiamente apareciose una muchacha iracunda que procedió a lanzar improperios contra mi persona. Algunos de ellos muy ofensivos como para reproducirlos en un blog tan cortés y buena onda como éste, pero sí me acuerdo que nos gritó gordas (nota: Fany y su servilleta sólo teníamos media cabeza fuera de la ventana, así que era imposible corroborar si en efecto estábamos gordas… Hablando de proyectarse).
Luego de que nos insultamos y nos carcajeamos cuanto quisimos y que Fany llamó a la policía y no nos hicieron caso, nos tomamos la foto ebria y decidimos que teníamos que inmortalizar ese momento.
Y fue así como terminé tratando de atinarle a las teclas mientras seguía riéndome porque me acababan de insultar y todo el asunto me había parecido en extremo cómico.
No sé ni por qué subí esa foto de mi credencial, pero queda una cosa clara: aparentemente uso mucho la palabra yeah cuando estoy ebria y tengo serios prejuicios contra la gente chaparra.
EL PUNTO ES que todavía tengo una resaca marca diablo. Maldito vodka: perdiste tu oportunidad. Bienvenidas cervezas: ustedes nunca me han fallado.


Lo siento mucho: para aquellos que me consideraban un modelo a seguir y me tenían en alta estima. Soy humana y soy borracha, después de todo.

5 comentarios:

Malakatonche dijo...

Me abstuve del anterior porque como este trata de lo mismo, pus ya no viene al caso rayar donde no leerán.

Tanto yeah es un tic merol, es harto común.

Yo tengo cierta resistencia para el alchohol -sólo me he emborrachado con eficacia dos veces en la vida-, lo cual solo he ha traido desgracias en esta vida, primordialmente porque nunca puedo deslindarme eficazmente de mis responsabilidades para mis co-ebrios, ergo yo soy el que termina repartiendo compadres por la ciudad, o en el peor de los casos, limpiando guacareada y evitando que sus autores se ahogen en la misma.

Yo, por el contrario, amo al vodka: es el único que -garantizado- no deja penetrantes olores una vez vomitado.

Ahora, tampoco hay que tomar hasta embrutecerse, porque eventualmente puedes amanecer -te recuerdo- en algun lugar muy hediondo, con varias contusiones y con sabor de pastor y sangre en la boca.

Que bellos brackets.

P.D. Me comienzan a preocupar las similitudes: la primera vez que me emborraché, descubrieron mis co-pedos que soy borracho depresivo, es decir, me pongo a llorar y me deprimo hasta quedarme dormido entre estertores de diafragma.

maus dijo...

solo fueron cinco yeahs, yeah!!. no es tanto, alguna vez un compadre mio rompió el record, 72 weyes en un lapso de 3 minutos, eso si es triste, logicamente el individuo estaba alcoholizado.

usted beba no se limite.

Jair Trejo dijo...

Yo no me alcoholizo si no es con vodka. Las veces que me he puesto mal, es porque he tomado otra cosa.

El problema es que no puedo evitar vomitarlo cuando he bebido mucho. sobre todo si es con cosas dulces.

Por eso, últimamente cuando tomo mucho, lo tomo solo.

Diablos, tengo un problema.

Erendira Rico dijo...

Tu no te apures! borracheras van y vienen! a mi me sale el indio que todos llevamos dentro, diria una de mis mejores amigas, porque empiezo a hablar como la india Maria.Vodka? no, gracias, yo puro tequilita puesto, el vodka me da una cruda!!! asi como tu comprenderas, raro, no? casi tienen los mismos grados de alcohol.

anteopolis dijo...

Me gustó tu blog! :P

Sólo que difiero en lo de la chela.. wakara:

Saludos!