8 de abril de 2010

Pensamientos arbitrarios


Ayer me enteré que una de mis novelas favoritas, El país de las sombras largas, de Hans Ruech, está basado en una película sobre esquimales. La novela describe tan profundamente las costumbres de los inuit, los hombres del norte que viven a temperaturas de cuarenta grados bajo cero y se alimentan de animales marinos congelados, que en mis ensoñaciones siempre imaginé que Hans (suizo, muerto hace casi tres años) había pasado una larga temporada con ellos, aprendiendo sobre su forma de vida: las temporadas de caza, la construcción de iglús, la etiqueta que exige que el invitado obtenga favores sexuales de la esposa, el abandono de los viejos en el mar glacial, las constantes expediciones nómadas de acuerdo a las estaciones -más bien poco perceptibles- del tiempo, y sobre todo su filosofía, tan fundamentada en el presente, tan desprovista de complejidades, tan ajena al hombre blanco.

No imagino que haya una conclusión al respecto, ni me hace cambiar mi idea de que, para escribir sobre un lugar, hay que haber estado en él. Lo que me hace escribir al respecto es una cita de la novela que siempre me ha gustado: "Por eso tenemos que irnos tan al norte que hacia cualquier parte que volvamos la mirada nos encontremos mirando hacia el sur".


***

La otra vez estaba pensando, sin dejarme manipular por la subjetividad, en las razones que me llevaban a ser una persona muy ególatra.

Luego pensé que todas las personas, por definición, son ególatras. Las personas normales, al menos. Luego están los demás, seres grises que viven en función de otras figuras, que nunca hablan de sí mismas y encontrarían impensable tener un bló.

Mi conclusión: Aristóteles, los griegos, la estructura narrativa.

1. A mí me gusta escribir, me ha gustado desde siempre, y cualquier historia tiene por definición un personaje principal. Luego entonces, al construir un paralelismo entre la realidad y lo escrito, surge involuntariamente la idea de la figura central.

Siempre me han llamado la atención los personajes secundarios, y a menudo pienso que ellos mismos son, en otras historias, los personajes principales.

2. En mi vida ha ocurrido una cantidad ingente de pelotudeces. He vivido en distintas ciudades, me he enamorado, se han enamorado de mí, me he enemistado, he triunfado en algunas cosas, fallado en otras, he perseguido mis objetivos de manera desarreglada pero puntual, y he conocido personajes secundarios que me han impresionado hondamente. En resumen: la vida de casi todo mundo. Mi historia, como todas, ha tenido arcos temáticos, clímax, desarrollos lentos y rápidos, plot holes y finales de temporada.

3. En vista de lo anterior, es lógico que me sienta la protagonista de mi vida/historia, y lo digo sin ese tufillo feminista de los libros de superación personal para mujeres que no han practicado el coito en tres años. Como escribo, como imagino mi vida más como una novela que como una película, como casi todo lo que me ocurre de importancia lo imagino escrito casi de inmediato, es natural que para mí todas las personas sean parte de mi historia, y no al revés. Es natural que cuando algo grandioso, algo extraño me suceda, piense: claro, así tenía que suceder.

4. Durante mi viaje abandoné un poco estos conceptos, porque continuamente conocí personas con historias un millón de veces más interesantes que la mía (cosa nada difícil), y empecé a sentirme como el personaje secundario que entraba a su vida. Empecé a notar que mi participación se reducía a unas semanas, a unos días, a una tarde, pero que ellos para mí iban a permanecer por siempre. Luego los usé. Para escribir sobre ellos.

5. La respuesta a mi egolatría se encuentra explicada en la estructura tradicional del relato. Si yo no soy la protagonista de mi vida, y no actúo como tal, ¿quién sería entonces?


***

Después de exactamente veinte posts sobre mis aventuras en América del Sur, bloguear otra vez me resulta depresivo. ¿Y ahora de qué podría escribir? ¿A quién entretendrían mis monótonas aventuras en el mundo real? ¿Por qué habría de volver a las banalidades que antes me apasionaban? ¿Debo inventarme otro viaje para tener de nuevo posts con pasión, encanto e intensidad?

En este momento vivo en una perenne resaca. De un licor llamado vida, que pude disfrutar por unos meses.



20 comentarios:

Don Rul dijo...

Yo siempre siento que soy la resaca del personaje secundario de una novela menor escrita por un autor mediocre.


Pero eso es sólo cuando tengo el ego inflado.

Sascha! dijo...

Me gusta la idea que expones, con mi ego tan grande, es como me siento la mayoría del tiempo, con una pequeña variante de realismo mágico que quiere pintarse un futuro en las consecuencias de todo su presente.

El Agus dijo...

Si la resaca da posts como este que te dure unos añejos más.

Saludos.

El Rufián Melancólico dijo...

Y sí, otro viaje es opción, pero a lo mejor también reescribir el viaje desde el recuerdo. La perspectiva te haría encontrar zonas insospechadas que no tuviste en cuenta cuando lo viviste en tiempo presente. Otra opción sería dilucidar sobre las galletas de avena con pasas Quaker, pero eso se me ocurrió porque acabo de comprar unas y me las voy a comer. Hallémonos pronto, Lilians.

angiedolllot dijo...

Si, lilian, es difícil volver a la rutina. también me pasó.
dos meses en el sur me voltearon la hoja. y lo peor (o lo mejor) es que ahora, dos años después, todavía tengo volteada la hoja! la rutina no es la misma de hace dos años. rutina?

Rubo dijo...

1.- Deberías tener cuidado con los libros de superación personal para mujeres que no han tenido relaciones en tres años. Algunos somos sensibles con el tema.

Bueno, no.

2.- Si escribes como viajas estoy seguro que cualquier cosa que escribas tendrá al menos un poco de pasión, encanto, intensidad o todo.

Jair Trejo dijo...

No te leo por tus temas, te leo por tu estilo.

Pero eso no es importante... ¿Podrás tú misma interesarte en escribir sobre otra cosa? Yo creo que sí. Yo creo que podrás trascender tu viaje, eventualmente.

Antara dijo...

Siempre he pensado que todo está permeado por la ficción en tanto esté mediado por el lenguaje. Si vivo y reflexiono sobre lo que vivo, allí inmediatamente está la ficción, la elaboración, porque lo que recuerdo, cuento y recuento es, irreductiblemente, un ejercicio del lenguaje, un quitar aquí y poner allá. Y así te conviertes, como reflexionaba sobre las memorias como género literario en Simone de Beauvior, un personaje ficcional a la par que autora.

Me ha encantado eso que dices sobre los personajes secundarios: "a menudo pienso que ellos mismos son, en otras historias, los personajes principales".

¿A quién entretendrían tus monótonas aventuras en el mundo real? Respuesta: A mí, que soy la secundaria de la historia donde eres tú la protagonista. Y a ti, por supuesto, que viceversa.

PD. Yo sigo enganchada a la serie y espero con ansias la nueva temporada. :P

PD2. Si reescribes el viaje desde el recuerdo, como bien apunta Rufián, encontrarás (y encontraremos) de seguro, cosas muy interesantes. Yo quedé con ganas de más sobre el capítulo que me compete.

Liz dijo...

Coincido con Jair. Comprendo que lo vivido en el viaje fuera la fuente de lo que con tanta pasión escribías, pero hay algo que es aún más emocionante: la forma en que lo relatas. Desde que describes el hot cake que tiene tus facciones hasta la casi-pérdida de Wenceslao en un Sanborns tu huella queda impresa en cada párrafo, cosa de la cual solamente tú puedess enorgullecerte.
Eres de mis escritoras favoritas.

Bueno, ya, basta de cebollazos.
¡Vamos al Pialadero!


Manténlo real, sistah.

ge zeta dijo...

Pues viaja, aunque sea en la ciudad, o en tu pueblo. Siempre hay cosas por descubrir. Ok no.

Pero tus posts siempre son chidos, Lilián.

Unicornio dijo...

Estimada Odise"Á":

Bienvenida al "Argos", al "Beagle", al "Endeavour", al "Resolution" y al "Endurance".

Ya has ingresado a la antigua estirpe de los navegantes, de los exploradores, de los viajeros. Y siempre cuesta trabajo volver a la vida un tanto cuanto más "cotidiana" (que, de hecho, Nunca lo es).

Es hasta que te das cuenta que el viaje más inextricable, caro y fundamental es el de Tu Vida, cuando comprendes que quizás no es que hayas catado un licor diferente y exquisito, sino que lo degustaste en circunstancias que lo hacen más inolvidable. Es, ¿cómo decirlo?... mmhhh, como tomar champagne Taittinger de invitado especial (?!) con Peña Nieto y Ebrard, en la inauguración de unos terceros pisos transas, con expropiación a los más pobres y festejo de los socios millonarios de ese par de miserab... perdón, gobernantes...

...y más tarde "echarse unos tequilas dobles con cara de triples" o "unas chelas bien elodias" con tus amigos de toda la vida, entre canciones y chacoteo desenfrenado.

Por supuesto que (bueno, al menos yo: nótese la frase cornúpeto-ególatra) que disfrutaríamos más el segundo caso.

Es cuestión de irse acostumbrando a ver que, para todos los que te quieren bien (y hasta te admiran), el "Viaje Secundario" que podrían ser tus aventuras personales, podría ser el "Viaje de su Vida" para otras personas.
Puede que los papeles secundarios que describas sean las aventuras primarias para otras personas. En fin...

Es un gusto volverte a leer, Lili"Á"n. Y gracias por hacerme recordar a los inuit. Y la egolatría. Y las resacas (¡ayyy, la "cruda" realidad, jeje!).

Y, sobre todo, por invitarnos a ver la travesía desde la proa de tu propia embarcación, "La-Isla-a-Mediodía".

Desde la proa de su "MariGalante", (a lo DiCaprio-Winslet en Titanic, jaja!), se despide con un saludo afectuoso,

el Contramaestre Unicornio...

P.D. Y, sí, concuerdo en que (sin preocuparse demasiado por ello) "El egoísmo (egolatría) NO es el Amor Propio, sino una pasión desordenada por uno mismo", según Aristóteles. Pero, si no se vive con Pasión, entonces... ¿SE VIVE?

Otro abrazo de Bienvenida, del
filosóficamente egocéntrico, Caballito con Cuerno...

Dre. dijo...

Joyce construyó toda una novela sobre un día en Dublín. Aunque sí siente uno esa resaca del "no tengo sucesos", pero aquí o allá lo que vives lo tienes que interiorizar: sea un viaje o una reflexión perejilera.

Y escribes maravillosamente bien.

Antara dijo...

El viaje verdadero del descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en tener ojos nuevos. Marcel Proust.

antinea dijo...

Quiero cantar el abismo
y a la muerte estafar
volvamos a cero borremoslo todo
y festejemos si mañana me despierto solo y feliz
Por eso canción, llevame lejos
donde nadie se acuerde de mi
quiero ser el murmullo
de alguna ciudad que no sepa quien soy
Yo daria hasta mi sueño
por ver la farsa fallar
perdamos el centro,
quememoslo todo
y pediremos que mañana
nadie venga a hacerme cumplir
Por eso canción, llevame lejos
donde nadie se acuerde de mi
quiero ser el murmullo
de alguna ciudad que no sepa quien soy
Lo cambio todo por el don
que hace a las mujeres reir
el mundo de ellas
me hunde en sus huellas
y roguemos que mañana
me convierta en otro infeliz
Por eso canción, llevame lejos
donde nadie se acuerde de mi
quiero ser el murmullo
de alguna ciudad que no sepa quien soy

soltar todo y largarse que maravilla.

me encanta leerte Lilian!!!

rainman dijo...

Oye, con ese par de piernas que tienes, puedes ser la protagonista de cualquier historia. Lo juro!

sebastian amaru dijo...

Me gustó mucho tu blog.
Harta lucidez en tus palabras.

Saludos

Chilangelina dijo...

El problema de ser el protagonista de la propia historia es que somos incapaces de verla a distancia, pero bastaría con salirnos de nuestros zapatos y verla como la ve alguno de nuestros secundarios para darnos cuenta de cuán buena es.

En mi experiencia, tus últimos veinte posts son la media hora de recreo que te tomaste para poder seguir construyendo tu vida, la deadeveras: recuperaste energía, tienes más materia prima, y ahora hay que usar ambas de la mejor manera.
Cuando tienes mejores elementos también tienes mayor responsabilidad para hacer las cosas bien. Pasar esa prueba, eso es vivir.

el Profe dijo...

"La vida está en otra parte", decía Rimbaud...

Pero Rimbaud murió miserablemente en un rincón de mierda en Etiopía, tras no haber encontrado lo que buscaba y convertirse en un vil traficante de esclavos que añoraba Europa y odiaba los negros, el calor y la arena. Y su dichosa frasecita romántica que suena tan bien es el puto infierno si uno tiene la mala idea de tomársela muy en serio.

Por lo que:

¡No se me ponga tanguera, López! ¡Arréglese con lo que tiene a mano! La vida está en donde uno está, y está en uno que sea digna de vivirse.

Recuerde: vivir de viaje es una utopía y es, por definición, egoísta e improductivo. Viajar para conocer, encontrar una visión, un proyecto, y retomar la vida de todos los días aplicando eso que a uno le estalló en la cabeza, eso es lo que sirve.

Cariños desde Buenos Aires, donde NO se está mejor ni peor que en Querétaro (y encima llueve hace tres días).

kasabian dijo...

Lo que necesitas es ponerte a trabajar donde te paguen por lo que escribes.

°venganza dijo...

Yo siempre he creído que no se necesita haber vivido en un lugar para escribir sobre él. Es más, que no se necesita haber vivido en lo absoluto (en el sentido de tener vivencia y muchas experiencias interesantísimas y únicas), para escribir sobre cualquier cosa y hacer que esa cosa cualquiera deje serlo.

Si tú no fueras la protagonista de tu vida, seguramente alguien o alguna otra cosa lo sería, aún así podrías ser la protagonista de una historia centrada en la vida de una persona que no es protagonista de su vida; sería, quizá, una historia triste. Pero no necesariamente el protagonista de un relato es protagonista de su vida, e incluso si lo fuera tampoco necesariamente sería ególatra. Lo que usted no podría hacer es no ser protagonista de su historia, del relato que podría contarse, pero su historia podría ser la de una mujer sumisa que no se responsabiliza de nada en su vida y que prefiere que los demás lo hagan en su lugar.

Todo esto va de maravilla con el título de su post. Lo que no entiendo es por qué buscar una respuesta que suena a justificación. Hasta ahora no conozco a nadie que aprecie que no sea un maldito ególatra. Lo que hace falta es hacerlo con estilo, y haber hecho y, de preferencia, seguir haciendo algo que valga comportarse ególatramente.