3 de octubre de 2009

Vimos Placebo y ningún hueso roto


El primer concierto al que fui en mi vida fue a uno de Placebo, en el Metropólitan. Julio de 2003, si la memoria no me falla. En esa época, a los 17 años, nada me importaba más que Placebo: Fanny y yo veíamos los videos que ella había descargado de internet, durante tres semanas ininterrumpidas a través de Kazaa u otro servicio de antaño, y decíamos BrianBrianBrian. También creíamos en el rumor de que Stephan y él habían tenido un amorío. En mi fuero interno, deseaba que "My sweet prince" fuera la canción de amor escrita de Molko a Olsdal.

Luego, cuando nos enteramos del concierto, empezamos a correr alrededor del circuito de la Preparatoria Sur. Yo pensaba que comprar un boleto de ¿450 pesos? era inalcanzable. Casi de inmediato pensé que no lo lograría, que esos lujos sólo le estaban permitidos a los citadinos con poder adquisitivo. Sin embargo, algo nos impulsó.

Carlita y yo empezamos a vender dulces en el salón. Suena como el plan más idiota del universo, pero tenía todo el sentido posible: comprábamos los dulces en una tienda/supermercado deprimente en avenida Pasteur, llamada Gary's, y luego les aumentábamos un porcentaje razonable. Las ganancias fueron visibles al cabo de dos semanas, o tres, y compramos el boleto en un MixUp recién abierto en la flamante Plaza Galerías.

Nos tocó en la penúltima fila. Tortuosamente revisábamos los planos del teatro Metropólitan, y sufríamos por la distancia, pero también nos creíamos con una suerte infinita por poder ver a nuestra banda favorita.

Una vez con el boleto, me di cuenta de que el viaje al DF me costaría más dinero del que mi venta de dulces me proveería. Ergo: tomé mi primer trabajo. Encuestadora para el Partido Acción Nacional.

Sé que es un shock descubrir que yo trabajé para ese partidete, pero necesitaba el dinero. Mi trabajo consistía en ir de casa en casa preguntando por quién iban a votar, y luego llenar unas hojitas con circulitos. Al cabo de un mes empecé a llenar los circulitos en la comodidad de mi casa.

Junté mil pesos. Pensaba que no era suficiente. La angustia se agrandaba: sin dinero suficiente, tan lejos del escenario, ¿qué pasaría el día final?

Uno antes mi mamá me pidió prestado el dinero de urgencia. Se lo di. Me dijo que al día siguiente me lo depositarían por la tarde.

Me fui tranquilamente al DF. Pasamos a Mundo E y comimos comida griega, corrimos por las escaleras, estábamos emocionados, éramos unos adolescentes estúpidos que creían tenerlo todo. Cuando fui a revisar al cajero, no había nada. ¡Cómo era posible! ¡Estafada por mi propia familia! Me puse a llorar sobre una banca hasta que Fanny llegó y dijo: dude, no pasa nada, dude.

Me depositaron a la media hora. Luego de eso nos fuimos al Metropólitan. El vecino de Jorge, quien nos llevó al DF en su Chevy, se fue a pasear en el coche y prometió pasar por nosotros después del concierto.

Naturalmente, nos compramos como cinco playeras antes de entrar al concierto (éramos vírgenes de conciertos... y de todo lo demás). Compramos binoculares, jamás estuvimos sentados en nuestros asientos, gritamos hasta que a los cuatro se nos apagó la garganta, no podíamos creerlo, éramos tan felices... Todavía conservo memorabilia del concierto: un encendedor que ya no prende, y una calcomanía que está pegada a mi escritorio.

Cuando el vecino llegó, por haber cometido una infracción, había perdido el celular de Carlita -quien a partir de entonces, sospechamos, desarrolló un karma negativo de celulares, pues siempre los pierde o se los roban.

En el momento no nos importó, regresamos a Querétaro y fuimos muy felices. Durante cinco días asistimos a la escuela con nuestras playeras del concierto (¡Ah! Los tiempos en que llegar con la playera del concierto anterior a la escuela era el atuendo más elegante posible).

Ese mismo año volvimos a verlos en la Concha Acústica, en Guadalajara. Fue un concierto sin precedentes: íntimo, al aire libre, estábamos hasta adelante, Brian cantó "Bésame mucho" a capella... Todavía lo considero uno de los mejores conciertos a los que he asistido.

Desde entonces he visto a Placebo más veces. Cinco o seis. Y, sin embargo, siempre me emociono, porque cada una es revisitar esa primera vez. De hecho, cada concierto, de cualquier banda, es un homenaje al Metropólitan en 2003 (a la fecha, mi mamá no entiende por qué me gusta ir a repegarme a un montón de gente y brincar y sudar y gritar y sufrir deshidratación y descargar adrenalina).

El miércoles vimos otra vez a Placebo. Muchas cosas eran diferentes: hay un nuevo baterista, un nuevo disco, Brian ya es un padre, yo ya no tengo que ahorrar por cinco meses para verlos -sólo por cuatro.

El concierto, extraordinario. A pesar de las constantes interrupciones de los señores que venden cervezas, refrescos y nieves de limón. A pesar de que tocaron casi puras canciones nuevas, y pocas clásicas. A pesar de. Creo que nunca me voy a cansar de verlos.

Lo bonito: la unión de la "banda queretana" con la "banda defeña". El encuentro de dos mundos. Y cómo nos une el amor por una banda. Joterías, diría Aline Salazar.

A continuación, fotografías flagrantemente robadas del Facebook de Defeña Salerosa y mi amigo Nidia "El loco" Sánchez:

Sí, eso es lo que veías desde tu lugar. Unas bonitas nieves de limón.


¿Qué sobra acá? ¡Buena noticia! Carla -baterista y MUY buena- se ganó una baqueta. Si eso no es destino, entonces no sé qué lo sea


Acá Defeña se cortó que porque el flash le hace daño y le causa cáncer o algo así. Nótese la mirada reflexiva de Queque (abajo, el Rufián Melancólico, que me hizo leer "Los siete locos", era virgen de Placebo)

Y todos en el éxtasis post-concierteril


En resumen: hola, mamá.



14 comentarios:

Carla dijo...

MIja, o manches! Era lo que le decía a queque: el de Guadalajara es uno de los mejores conciertos a los que he ido; Brian cantando "bésame mucho", primera vez que se presenta hablando en español ("Hola chiscos y chicas, mi nombre es Brian Molko y el nombre de mi banda es Placebo" con su voz bien maricona, pero linda, jajaja), Brian y Stephan se bajaron del escenario... Y además, parte de este concierto está en dvd! Jajaja. Ay, nostalgia, =').

Por cierto, todavía tengo los binoculares y el encendedor, bueno parte del encendedor; ya ves que compre uno metálico (según yo bien chingón, ja!), y los posters!!! De cartón con fondo negro y letras plateadas, jajaja, también lo tengo.

Aaah, nostalgia :').

P.d. Pinche maldición de perder celulares, carajo! Por eso no puedo tener uno chido :(.

Carla dijo...

Y cuando fuimos a Guadalajara, que comimos tortas y a a Argentina le salió un nerviosotote en su torta de queso, jajajaja.


Ok, ya bye.

Lilián dijo...

¡Oh, ya no me acordaba de las tortas ahogadas ni lo de Argentina! ¡Es más! No me acordaba que Argentina había ido con nosotros, pero ya. Es cuando se hizo fan así de la noche a la mañana (comentario mamón de fan mamón). ¡Cómo olvidarlo!

( I_I ) dijo...

Jaja, yo también fui al concierto del 2003 (o 2004, ya ni sé) pero mi anécdota es superperdedora y sin chiste, así que no diré nada.

Además, ya ni me gusta esa pinche banda.

Hola!

Lilián dijo...

Cuéntanos tu anécdota, cara de Sandía. Queremos escucharla.

Tessitore di Sogno dijo...

zzzzzzz....

( I_I ) dijo...

Mira, hay quien viene a dormir a tu blog, supongo que es abrigador.

Pues nada, que mis acompañantes querían que me ligara a una morra y yo ni en cuenta. En el concierto teníamos asientos juntos y hasta sugerían temas de conversación. Yo hacía chistes y ella no los entendía. Al final, me confesó ser fan de la ley, yo hice un chiste y se ofendió para toda la noche. Vaya "ligue" me prepararon mis "amigos".

Y la banda no tocó 36 degrees, yo así no juego.

Lilián dijo...

Yo siempre trato de lo mejor a mis visitantes. Aunque sean muy cultos como para tomarse la molestia de venir a poner un ZZZZZ en protesta de mi estulticia.

En otros dos conciertos tocaron 36 degrees. Una vez creo fue en el Palacio de los Rebotes. Una vez hasta tocaron I know. ¡I know! Del disco homónimo.

El Ángel Caído dijo...

Seguramente un gran show. Sí me quedé con ganas de ir, aunque no soy así tan fans de Placebo como para ir hasta el D.F. a verlos. Igual a Guadalajara sí iba. Lo bueno que hasta eso vienen seguido.

Unicornio dijo...

Bueno, pues acá, de metiche...

Gracias por presentarnos (a los ignaros Caballos con Cuerno) a "Placebo". Ya nos dió curiosidad e iremos a escucharlo, ¡vive Dios!

Y qué buena suerte que os haya ido bien. A nosotros no nos va tan bien: nos pisaron en un Cirque du Soleil, nos aventaron por saludar de mano a la Sarah Brightman, nos patearon unos chamacos que querían imitar al tal Michael Flatley en "Feet of Flames" y nos bañaron con agüita (u otro líquido que manchara nuestro honor?!) en el palenque por culpa del Chente Fernández.

Lo bueno es que ni "El fantasma de la ópera" ni "La dama de negro" nos espantaron... ejem...

Y ya. Es que... siento que se nos cae el candelabro... ¿o es la camarita web? ¡Aayy, Dios, estoy traumado!

Cobardemente, se despide,
el Unicornio de Chagny.

Gabriela/undies dijo...

Yo fui al concierto del miércoles pasado porque me invitaron y me pagaron el boleto de pista y los drinks y todo, lo acepto, no soy tan fan, de eso me di cuenta cuando tocaban rolas de Battle for the sun y Meds y yo con cara de "huh?" sólo iba por más whiskies.
Me divertí, sí, aunque me sentí algo fuera de lugar.

Platicando con un sujeto de la cabina de sonido conseguí el setlist, irónico que fuera de un show del que no conocía muchas canciones pero bueno siempre lo podré vender en eBay jeje.

D´Maurice dijo...

Queretaro = PAN

Encuestadora del pan= Lilian

¡PANISTA!

Don Rul dijo...

El primer concierto es como la primer relación sexual: nada es como lo esperabas, todo es un poco tropezado y forzado pero finalmente es maravilloso e inolvidable.

La ventaja del primer concierto es que no hay riesgo de eyaculación precoz.

Sara dijo...

Jjjajajaja qué loco post. Yo en aquellos tiempos era joven e inexperta así que no me llamaba mucho la atención Placebo, mi etapa fan-enferma vino ya tiempo después que si no... habría sido quien vendía dulces pero en la prepa norte y entendería aún mejor tu emoción del concierto.

Saludos