9 de mayo de 2009

No soy buena amiga


Tampoco he sabido, cuando he tenido la oportunidad, ser una buena novia. Ni hermana, ni hija, ni nada que implique desprenderse del egoísmo fundamental. O nada que implique tener detalles, hablar con sinceridad, llamar por teléfono de vez en cuando, demostrar cariño.

En el primer semestre de la prepa, Imelda era mi mejor amiga. Yo recién había llegado a Querétaro, no conocía a nadie y me costaba trabajo socializar. Sin embargo, aún hoy, me doy cuenta de que nunca hice un esfuerzo tan grande como entonces.

A Imelda la escogí, por decirlo de algún modo. Estábamos en una clase, la vi dos butacas adelante, y noté cómo se reía y cómo era simpática y cómo los demás la apreciaban y la consideraban una tipa agradable. Así que le hablé un día en el baño, así nada más. Y desde entonces fuimos amigas.

Pero siempre hubo una barrera entre nosotras. Aún no lo sabía, pero se gestaba en mí esa rebelión adolescente que ahora, vista a la distancia, es absurda... pero que entonces era letal. Un desinterés atroz se apoderó de mí y poco a poco me convertí en la puberta apática llena de ira, me abandoné a la depresión y a un modo de vida que yo creía muy marginal, pero que ni siquiera era medianamente subversivo. Además, claro,
Imelda no me comprendía. ¿Quién podía comprenderme? ¿Quién podía interesarse en las mismas cosas que yo?

Imelda era el tipo de amiga que te escribe cartas por cualquier motivo, que te pregunta por qué estás triste, que te lleva galletas hechas por ella misma si estás deprimida, que te anima a hablarle al sujeto que gusta, que te presenta otros amigos y te invita a fiestas... Y yo, simplemente, no podía lidiar con eso.

Puede que mi concepto de la amistad esté maltrecho. Luego conocí a Fanny y a Carla, la misma apatía generalizada, la misma ira tonta y adolescente, el mismo gusto por conductas como levantarse tarde, escuchar a Placebo en
repeat sin decirse nada, relegarse de los demás sin motivo y sólo andar por ahí sin cuestionarnos sobre nuestros sentimientos, anhelos y esperanzas.

Un par de años después, Imelda me preguntaba qué había hecho mal. Y me vi explicándole que
no era ella, sino yo... Y preguntándome, en el fondo, por qué actuábamos como esas parejas tontas que deben aclararse cada motivación y gesto, cada acción y consecuencia. Me sentí muy cansada de no poder corresponder su amistad con la misma intensidad, con el mismo entusiasmo, con todos esos gestos sencillos que ella, con todo su derecho, esperaba: comprenderla, escucharla y animarla, simplemente.

A la fecha, me siento muy triste cada que pienso en Ime. En cómo nuestra amistad siempre fue una línea recta en la que ella siempre andaba atrás de mí, alcanzándome, de modo disparejo e injusto. Y cómo, en contraposición, con Carla y Fanny siempre fue muy fácil, quizás porque nadie esperaba nada de nadie. Porque era natural. Porque teníamos ganas de ir a los mismos lugares, escuchar la misma música, ver las mismas películas, hablar de los mismos temas, e integrarnos, sin resistencia, a un sector de la sociedad que tampoco esperaba nada de nadie. Ah, la apatía de la adolescencia.

Creí, absurdamente, que siempre sería así. Que me conduciría por la vida conociendo a muchas Carlas y Fannys que tampoco esperarían detalles cursis de mí, ni que me comportara como esas amigas que se acompañan al baño y se prestan la ropa y se apoyan en todo jodido momento. Ya lo dije: soy egoísta. Pienso en los amigos como prolongaciones vivientes de la diversión y la felicidad, como los recipientes de anécdotas que alguna vez viví, y -sobre todo- como Wikipedias con bocas con las que nunca me canso de conversar. Y, por eso, siempre espero que sólo vean eso en mí.

Vamos: me gustaría vivir mi vida sin que nadie, absolutamente nadie, esperara nada de mí. Ya me he dado cuenta de que no soy sincera ni abierta, sino que
me sumo en el silencio y doy pie a la malinterpretación. Que pido demasiado tarde, cuando mi solicitud ya es más bien exigencia, y una exigencia demasiado obsoleta por lo demás. Que, en el fondo, no merezco tener ni la mitad de amigos que tengo.

Creo que ya lo había dicho.

Soy una basura. Eso no impide que, a veces, me dé cuenta de cómo no he podido alejarme de lo que Imelda significó para mí y sienta una punción entre el estómago y el pecho... que sólo puedo definir como culpa. Y nostalgia. O impotencia, esa impotencia de saber que tenías todo en las manos para darlo y decidiste, casi por ningún motivo, no hacerlo.

He conocido otras Carlas y Fannys. Ahí están: no les diría jamás que los quiero (porque los quiero), salvo si estoy demasiado intoxicada como para saber lo que estoy haciendo. Nos vemos, hablamos, charlamos, nos regresamos para nuestras casas... No hace falta ponerle palabras a lo evidente, porque ellos me hacen feliz sin que se los diga.

Pero he conocido otras Imeldas. Y no sé por qué, si ni siquiera soy la clase de persona que merecería tener una amistad así... Y de nuevo, el círculo se repite: para estas personas, cualquier cosa que les dé no será suficiente, aún cuando mi torpeza emocional me haga creer que lo es.

Sólo quiero decirles, por ocasión única, que lo siento muchísimo y que los quiero. Y que lamento de veras no ser la clase de amiga/novia/hija/hermana que merecen.


29 comentarios:

bLanche ʚïɞ dijo...

No sé porque pero tus palabras y recuerdos de antaño me son muy familiares. Tampoco yo he aprendido a ser buena amiga, de repente esas Imeldas de mi camino me estorban para seguir mi soledad.

Israel V.R. dijo...

Pues así eres, me imagino que eres feliz la mayoría del tiempo, si no, que locura.

Mmm, creo que eso duele cuando se pone en peligro el que ese tipo de personas sigan estando a nuestro lado; el sólo hecho de pensar en la ausencia puede llegar a ser un infierno.

Simple Poeta+ dijo...

No no no.... hay q ser buen amigo...:P

Diego dijo...

Lo que te hace falta es abrirte más, sensibilizarte: todos tenemos sentimientos y no se pueden negar. Todos cometemos errores, no deberías recriminarte tanto. Yo, que tengo rasgos esquizofrénicos, te puedo asegurar que si es posible abrirse un poco al mundo, ser congruentes con nuestras emociones y alcanzar por instantes la paz en el alma.

Don Rul dijo...

Yo apoyo las palabras del Simple Poeta+.

Aquiles Digo, antes Jordy dijo...

No te preocupes demasiado, algunas amistades se perderán, otras aparecerán, y otras tantas permanecerán ahí por mucho tiempo... independientemente de los detallitos de por medio. En todo caso haces bien al advertirnos: "soy egoísta, así es mi naturaleza". Creo que es mejor no esperar nada de ti, ni de nadie, pues la sorpresa y la emoción son más genuinas cuando, debajo de esa Lilián blogstar distante y semi-pedante, se descubre a Lilián, a secas y con acento en la "a".

Pelo dijo...

Envidio tu impecable redacción y me siento identificada parcialmente con el post. Y digo parcialmente porque en realidad mi concepto de amistad es hasta idealista, aunque en la práctica sólo proyecte un valemadrismo llevado al extremo la mayoría del tiempo.

No me atrevería a decir que soy una mala amiga, porque no lo soy, es sólo que no soy detallista y me cuesta trabajo hacer la clase de cosas que hace la gente casi como un deporte con la facilidad con la que yo devoro una bolsa de frituras, y, la verdad, tampoco creo que tú seas una mala amiga.

Sólo eres, no sé... tú.


PD.Sorry por el rollo, pero el final me llegó bastantito. *Llora*

fonema dijo...

Mmmmmmmm.
Este post me gustó, quizá por honesto. La cosa es que creo que lo que tú llamas "no ser buena amiga" es una ligera confusión en los términos.
Las relaciones son intercambios, por feo que suene. Si tú intercambias estampitas de El Santos (ay, ojalá hubiera), no vas a pedir las que ya tienes. Vas a querer unas distintas. Igual con las personas: uno da lo que tiene para recibir algo que no tiene. La cosa con Imelda fue que sentiste que tenías que darle lo mismo que ella te daba, y eso no es necesariamente así. Ella te daba lo que era y quería lo que tú eras, y ya. En prepa yo tenía amigas a las que les hacía cartitas por todo, y otras a las que no, eso puede ser distinto con cada persona. Pero en el momento en el que crees que ser buena amiga o novia o hija o hermana es ser el reflejo exacto del amigo o novio o padre o hermano, pos no. Todos ellos te quieren por ser la "egoísta, apática, etc." que tú crees que eres. A lo mejor ni siquiera lo eres, y sólo eres esclava de tu autoconcepto. En fin, yo por lo menos tuve una impresión de ti por el blog y otra el día que estuvimos en tu reciencasa. Y eres una persona con la que uno se puede tomar a gusto las chelas y malacopear, sin necesidad de que me escribas una cartita o me hornees unas galletas, me cae.

Jair Trejo dijo...

Arghhh... Lo que son tú y Felipe, me identifico muuuy cabrón.

Yo he aprendido a ser disciplinadamente amable. A veces, fingir que eres detallista y ser detallista resulta ser lo mismo.

Plaqueta dijo...

¿Por qué no me mandas cartitas, POR QUÉ?

No, ya en serio. Las cartitas. Lo entiendo de los novios, está bien, incluso yo he llegado a HACER CARTITAS, en contadas ocasiones. Pero lo que es amigas e instituciones bancarias o Cablevisión, ¿POR QUÉ?

Gaviota dijo...

¡¡Ouch, creo que he vivido siendo una Imelda!!

Ric dijo...

Suele pasar

Omar dijo...

Pues sí.
En realidad creo que no importa tanto que seas buena o mala, sino que seas honestamente buena u honestamente mala. Si es así, ya lo demás es bronca de tus amigos. Su masoquismo no depende de tí.
O tal vez sí.
Sepa.

María dijo...

Al decir que NO eres buena amiga (y todo lo demás), me queda muy claro que eres no buena, sino fantástica. Muy franca. Por ello tienes tantos y buscan de tu compañía.

(este efecto de luna llena a todos nos pega)

Saludos

Lorena Ceballos dijo...

yo siempre e sido Imelda, solo hasta hace poco he dejado de ser taaan atenta para concentrarme un poquito en mi ego. No te pongas triste, es de suponer que esto tuvo que pasar por algo.

antidoping dijo...

Muy buen post, me identifico cabrón aún cuando he tratado de entrar en ese ciclo de amistad/noviazgo/hijo y lo quesea. Eres genial por ser franca y simplemente disfrutar de la gente sin decir palabra, solo hechos y verdades. Saludos.

Rosada dijo...

Yo siempre he creido en el: Eres tú! No soy yo.

Oriøn dijo...

Que tal!
Si te agrada expresarte y debatir entorno a distintas temáticas te recomiendo te pases por un foro que acabo de crear http://www.laotracaradelamoneda.com . El foro busca reunir todo tipo de posturas, por lo que sin lugar a dudas eres bienvenido. Si crees que esto es spam te pido una disculpa.

Eduardo Blas dijo...

mmm... es grato leer la conciencia de enfermedad de otras personas ;)
has oido hablar de la personalidad alcoholica:
http://www.alcoholinformate.org.mx/investigaciones.cfm?investigacion=18

Octopus Queque dijo...

Oh, amigui, creo que estos son los terrenos peligrosos de teorizar amor/amistad. Lo cual es fácil, se puede entender lo de la vida social y las relaciones, pero en la vivencia pfff hasta parece que se viene abajo adrede. Y lo más raro es que en todas las ideologías es un enigma esto de relacionarse con los demás (el pragmatismo, que se centra en qué me sirven los demás podría ser un ejemplo, pero en algo más acá, ni la religión ha podido construir un paradigma fuerte. Por ejemplo, creo entender el concepto de sacrificio por el prójimo, pero eso de llevarlo a cabo, Ay [Chesterton en El Hombre Que fue Jueves decía que al fin y al cabo nadie vale la pena]).

Y bueno, todo esto de la teorización lo dije porque, mientras te leía, me acordé de la introducción que Zygmunt Bauman hace a su librito (muy interesante, cabe mencionar), que se llama Amor Líquido. No sé si lo has leído, pero subrayé esta parte:

"La atención humana tiende a concentrarse actualmente en la satisfacción que se espera de las relaciones, precisamente porque no han resultado plena y verdaderamente satisfactorias, y si son satisfactorias, el precio de la satisfacción que producen suele considerarse excesivo e inaceptable".

Ay.

Y bueno. con el tiempo me he dado cuenta de que, más que reciprocidad, una amistad puede conservarse por aprender a valorar a las personas que te rodean, sin necesidad de dar/recibir algo a cambio, que igual y es lo desgastante. Lo recíproco es como que muy condicional. Y en el amor, bueno, igual valorar, pero ya son terrenos que me dan dolor de cabeza :P

Jaja no te digo? teorizar es fácil. PEro hay una mejor teoría: nomás nada de esto se entiende al 100% Sólo pasa.

Yéndome a un lado más cursilón, a mi me caes muy bien, amigui :) Y me gusta platicar contigo chela en mano, eeeeh!

Un abrazo amigui. ROCK!

oruga_morada dijo...

Mijaza de mi vidaza!!!!
Jaja, qué te puedo decir yo al respecto? No me había puesto a pensar en esperar algo de tí o de Fanus, no sé si soy conformita o qué, pero me gusta esa relación en la que uno no tiene por qué cumplir con esas expectativas que ya están... casi que impuestas como los pecados capitales.. Bueno no me meteré en eso.

A lo que voy es que también he tenido esos conflictos con otras amigas de acá de la uni, yo no entiendo a suciedat, digo sociedad jaja. Lo único que espero de ella es que me den diversión y entretenimiento, como una buena peli o una buena rola. Ya, lo dije. La amistad creo que se basa en eso, en compartir y aceptar a la otra persona, sí se da de manera natural; no es como ir a la escuela y cumplir con la tareas OBLIGATORIAMENTE. Por otro lado, me gusta ir a visitarte y a ebrirar por allá contigo. Aaay, esto se vuelve muy gay. Mejor así le dejo, tú sabes que eres mi requetemejor chila amiga.

Y... nos vemos pronto pa' platicar y ebriar! :)

Stephanie dijo...

Que gay el comentario de carla u_u

y tu que nefasta y egoista eh! pero mientras me sigas dando druogas estaré dispuesta a aguantarte y ser tu amiga...anyway, luego de como 7 años me sigues cayendo rebien

luva ya duuudee :D

«danito» dijo...

En ese caso yo tampoco he sido buen amigo. Snif!

Tampoco soy asi detallista ni nada, para mi la amistad esta hasta en tomarte una chela bajo el rayo del sol y no decir ni madres.

YIZUS dijo...

Leyendo tu post y pensando que soy totalmente lo contrario a vos en lo que a amistad concierne, caí cuenta de todos aquellos buenos amigos de los que prescindí sin razón aparente, los cuales recuerdo con indiferencia y sin culpa...
Punto para vos.

Mar dijo...

Creo fervientemente que cada quién tiene lo que merece.
No veo por qué no has de merecer los amigos que tienes.

Hay mil y un formas de demostrar afecto. Hay maneras imeldianas y modos más carlescos. Uno escoge el que le sienta mejor.

Kazu dijo...

Chale, que mierda vivir así, con culpa por las Imeldas del mundo. Creo que el problema también radica en el concepto de amistad, cuando dos personas llaman por lo mismo a dos cosas diferentes y en algun punto se dan cuenta que ¡oh sorpresa! Eran diferentes. Sería - y es - más fácil decir: "mira, la amistad para mí es esto y en estos términos, si le quieres entrar al ruedo, con todo gusto".
Es menos cortés o diplomático pero te ahorra un montón de malentendidos.

Lady Midnight dijo...

La cuestión es que parece que algo ganas en el hecho de repetirte que "no eres buena_____" etcétera, debe haber algo placentero ahí ¿no te parece?, no es mi intención hacerte sentir mal pero realmente parece que no sabes amar y eso indica que te amas tanto a tí que no puedes colocar tu cariño en otra personas.

Blogger User dijo...

Iba a comentar algo amargoso, como está haciéndoseme costumbre en cada blog que piso, pero me sentiría parte de la reunión AA.
Na'más pregunto

¿No encajar en el prototipo Disney es ser malo?

moshigordi dijo...

Hola!
Bueno acabo de sentirme mucho mejor al leer tu post. De adolescente tengo que decir que era mejor amiga...pero me han dado tantos palos! Lo he pasado muy mal y me he ido cerrando con el tiempo. Además me encanta ir a mi bola, que me dejen en paz, y no me agobien. Luego no puedo pedir que los demás me den lo que yo no doy, pero es que no lo pido. El problema es que me siento culpable muchas veces, como si debiera algo. Y no me gusta nada esa sensación. Al leer tu post y los comentarios de tus amig@s creo que al final la gente valora es la sinceridad.

Un saludo!