31 de enero de 2010

En Cartagena


Desde hace ya varios días, todas mis comidas incluyen alguna porción de arroz blanco y plátano macho. Estoy al borde de la locura. Hace rato, después de que mi alma lo implorara, me comí una crepa de Nutella en un lugarcito en Cartagena. Mientras esperaba mi orden, languideciendo en una silla de plástico en la calle, un gringuito pasó caminando. No podría lucir más turista ni aunque lo intentara: huarache-tennis, bermudas y un sombrerito ridículo que, de acuerdo a sus razonamientos, le refrescaría la cabeza.

Nos preguntó si era un buen lugar para comer. Como nadie había comido nada, le dijimos que no sabíamos. Se quedó pensativo, ponderando la situación. Decidió irse por donde venía. A los tres minutos apareció de nuevo y, alzando dramáticamente las cejas, dijo que ese camino no era aconsejable para la gente decente. Desapareció otra vez. Cuando le di la primera mordida a mi crepa, el tipo ya estaba sentado en el mismo lugar pidiendo una pizza. Me pareció encantador.

El hostal en Taganga estaba lleno de argentinos. Todo esto lo conté -o lo contaré próximamente- en mi columna de El Chamuco, pero da igual: los dueños son dos bogotanos, uno llamado Jairo y el otro sepa cómo, que se la pasan fumando mota todas las tardes. Ahí mismo, tirada en las hamacas, escuché conversaciones increíbles y chuscas entre Jairo y los argentinos (que no hacían otra cosa que rolarse los porros indiscriminadamente).

Uno de ellos, por ejemplo, dijo que conoció a uno de los paisas. "Pero, ¿cómo? ¿Vos sos de Medellín?", le preguntó el argentinito. "No, soy de los Paisas, de los Paisas, che" (le contestó, presuntamente, el narco). Ahí supe que los sicarios ganan de tres a diez mil dólares por muertito, dependiendo del grado de dificultad e importancia de la víctima, y que
una vez un sicario, siempre un sicario. Un oficio ingrato, como puede verse.

Otra tarde, mientras veía a Carmen Aristegui sobre la hamaca del área común, un argentino me preguntó si era mexicana. La conversación hubiera quedado ahí atascada de no ser porque se fue la luz y nos vimos forzados a intercambiar datos culturales, halagando mutuamente nuestras culturas. Mientras yo hablé airadamente de la literatura argentina, el tipín se limitó a nombrar a Café Tacvba como su banda favorita de pubertad. Después se puso a despotricar contra Borges con tal ira e intensidad que temí haber dicho algo malo, inventé una excusa, y me deslicé a otra hamaca con rapidez.

Las argentinas, en cambio, eran todas unas perras.

Paréntesis políticamente correcto: Odio los estereotipos culturales. Los odio como el niño odia los lunes, como el empleado a su jefe, como el inquilino al casero, como la anoréxica al espejo. Me duele ser tan dependiente al picante y que la gente se ría y diga "claro, mexicana", y que se diga que los argentinos son todos unos arrogantes... Pero, carajo, estas tipas le hacían honor al cliché.

Me quitaban de la mesa para "cenar", apagaban la luz de la cocina aunque me vieran ahí adentro picando pepinos, y monopolizaban la televisión con tal saña que parecían hacerlo sólo para joder (por supuesto, ni quién quiera ver la tele en sus vacaciones en el Caribe... err... sí).

Hace rato las vi caminando por el centro de Cartagena, ¡por Alá! Un viaje de cinco horas para encontrármelas ocho después, ¿de qué se trata esto?

Ahora sí me siento atlética. He hecho mucho trekking en lugares que casi me han llevado a la muerte sólo para traerles fotos como ésta, que ni siquiera tiene gracia:



Si sienten que la calidad de mis posts ha disminuido, no están en un error. Pero ya casi me voy de Colombia, y las cosas adquirirán un tinte dramático una vez que esté en Venezuela. ¡Arrozconplátano!




9 comentarios:

El Agus dijo...

Está chida la foto de la piscina...¿o es el mar?...este..gracias por el esfuerzo para la foto verdá?..saluditos.

Chilangelina dijo...

Más fotos. Más fotos, más fotos.

Fire_tony dijo...

La foto la bajaste de Internet, ¿para qué dices que no? Sigue pasándotela chido.

N. dijo...

¡Venezuela! Sniff. Sniff. Muero por leer tus crónicas venezolanas. =)

Botica Pop dijo...

hace unos días una amiga y yo volvimos de nuestras vacaciones, tomadas en la habana: un día un guapo cubano se acercó a mi amiga y sin más le preguntó "¿de dónde eres?" y mi amiga, que estaba dura de oído en ese momento, dijo "¿mande?" "ah, ¡mexicana!" dijo el hombre. ¿alguien dijo estereotipo?

ge zeta dijo...

Sí, más fotos, dude.

Alberto dijo...

Estereotipos, las argentinas son una zorras y los argentinos son arrogantes e ignorantes.

Los mexicanos somos chingones... no sé cual es el problema entonces con los estereotipos.

Patitas de Perro dijo...

Los Argentinos son buena onda!

Unicornio dijo...

Políticamente correcta "Á":

Coincido en los estereotipos... (los Caballitos Con Cuerno prefieren los tipos cuadrafónicos, no los tipos "estéreo"... jejeje... gulp... OK, ok, fue un chiste demasiado fino... continúo, ejem...)

...odio cuando dicen ¿TÚ eres EL Unicornio... AZUL, verdá? ¡¡¡Caraxo, que soy marrón, tirándole a bronce playero!!!

Ejem... Y, sí: pobres argentinos, no son un estereotipo... son genéticamente repelentes, ni modo. Excepto Borges (pero no veía) y Les Luthiers (pero están locos)... y quizás Cortázar (pero... ¿era cronopio?)...

¡los argentinos son como...
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!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Caray, ¿quién me censuró en el ciberespacio? Ha de ser un argentino, jejeje!!

Ni hablar. Ofréceles plátano MACHO frito con arroz blanco, para variar un poco, a las chés (argentinas), y búrlate con Mexicana Alegría...!!!

...sólo es un (estereotipado) consejo del

Racista (dirán los argentinos) y/o loable (dirán los NO argentinos) Caballo con Cuerno...

P.D. ¡Suerte en Venezuela!