14 de mayo de 2008

Conclusiones, conclusiones

Hoy cumplo un mes en el trabajo. Y un mes un día en el Distrito Federal. La conclusión es que me había tardado en regresar, que cuando todo va perfecto de algún modo se arruina, que el mejor método para comprender la condición humana es ignorarla del todo (conclusión que se extiende a "el mejor método para que no te afecte la miseria humana es pasarla de largo siempre y a todo momento... en el metro, en las calles, en las cantinas), que ésta ha sido una semana difícil pero no opaca las anteriores, que los coreanos no son caballerosos aunque hay excepciones (y son estas excepciones las que cuentan), que me gusta decir que me negrean porque son las 9 de la noche y sigo sentada frente a mi monitor Samsung* con los ojos rojos y llorosos porque estreno unos nuevos lentes de armazón que conjugan lo mejor de la ñoñería y la femineidad, pero en realidad lo hago con gusto y algo de masoquismo.

La conclusión es que, a pesar de todo, no he logrado obtener una conclusión. No se me ocurre una síntesis con índole filosófica que ilustre lo que ha sucedido aquí y cómo lo percibo. Todavía no me cae el veinte. No he descansado en ningún momento. Llegué e hice todo lo que me gusta hacer en una semana, incluidos vicios y pecados menores. He recorrido lugares, conocido muchas personas, reído muchísimo, y llorado sólo ayer y con todo el ánimo de llorar por una situación ajena que, sin embargo, me afecta y me responsabiliza.


Jamás me había adaptado tan rápido a dos lugares nuevos y aparentemente hostiles: trabajo nuevo (en un área que no es ni de lejos la mía) y ciudad semi-nueva.

Siempre tuve  fascinación por el D.F. Nací aquí y viví los primeros años de mi vida aquí. Por lo tanto, y es difícil explicarlo, mis recuerdos más remotos están escenificados en sus avenidas y sus edificios setenteros, poblados de chilenos exiliados. Siempre asocié la ciudad con un tiempo casi inasequible, en el que yo apenas aparecía. Un tiempo mejor, acaso. Mis hermanos en su niñez, innumerables aventuras en mercados, espectaculares que significaban el regreso a casa, un parque que visitaba de noche, los pasillos marmoleados del Gigante de La Viga, las primeras conclusiones rápidas de la vida, justo como éstas a las que llego ahora sin un respiro.

O sí. Ahora mismo, mientras escribo, se me ocurre algo, una conclusión apresurada: me la he pasado bien.












* Creo que aquí lo llaman "posicionamiento de marca". Me pongo la camiseta, aunque el color no me gusta. Ni su olor a ajo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Haz lo que sea correcto.

El DeFectuoso es el mejor lugar para vivir en México y el mundo. ;D

El Agus dijo...

Sobre tu amiga si la puedes ayudar ayudala, la vida da muchas vueltas y tal vez seas tu después la que necesite de ella. Creo yo.

Y sobre el DF, el maldito es como el sexo, una vez que lo pruebas ya no lo puedes dejar, es adictivo el condenado; con todo y sus problemas.

Saludos

chilangelina dijo...

Naaaaanananana!!
El drama es apropiado para la situacion, esta usted en el DeFe. Pero si la conclusion no hubiera sido que se la ha pasado usted requetebien, grande habria sido mi decepcion.