26 de febrero de 2010

República Oriental del Uruguay

El lunes por la noche, confundida por mis planes próximos, tomé la resolución espontánea de irme a Uruguay. Me levanté a las seis de la mañana, dejé una nota y partí hacia Puerto Madero.

El viaje en buquebus, un ferry inmenso de dos pisos, duró unas tres horas. Leí, escribí, me asomé a la cubierta, donde el Río de la Plata divide a ambos países con su franja de agua, y me dormí. Cuando abrí los ojos, llegábamos al puerto de Colonia.

La pequeña ciudad uruguaya causó una gran impresión en mí. Días antes, abrumada por la perspectiva de viajes larguísimos a tierras lejanas, las contantes llamadas a Banamex e Ixe, el adelanto de efectivo que se escurría como agua en mis manos y cierta melancolía que no me abandonaba, había llegado a sentir un cansancio atroz. Supongo que a todos los viajeros les pasa, sobre todo a la exacta mitad de su viaje: no es tanto el famoso
homesick como una sensación de que algo está fuera de lugar. No diría que me dieron ganas de regresar, sino que perdí cierto entusiasmo por seguir viajando.

Y de pronto, mientras caminaba por las calles de estilo portugués de Colonia del Sacramento, toda la emoción volvió a mí. Uno nunca deja de sorprenderse, no cuando se descubren sitios tan hermosos como éste.

El casco histórico de Colonia, uno de los asentamientos más antiguos de Sudamérica, es muy pequeño: su totalidad se recorre en una hora. Está todo rodeado por el río y sus calles son de piedra, llenas de árboles. Como cambié pocos pesos argentinos, estaba limitada de recursos: comí empanadas y manzanas en un parque, luego renté una bici y recorrí todos sus senderos. Fue una de las tardes más felices de mi vida, pues la belleza de un lugar así puede alegrar al corazón "más frío del universo, oh".



Calle de los suspiros. Creo que me estafaron porque no suspiré ni un poquito.

Acá con mi súper bici rentada por treinta pesos "uruguashos"

Semejantes imágenes no merecen pies de foto jocosos. Además no se me ocurre ninguno.


No era mi plan original quedarme a dormir, pero decidí hacerlo de último minuto. En el hostal conocí a una pareja de australianos con los que charlé un rato. Me contaron que llevaban una semana en Sudamérica, y que iban a recorrer todos los países hasta subir a México por los próximos seis meses. Les pregunté a qué se dedicaban, y me dijeron, pero después agregaron convencidos:
we are professional travellers. Me di cuenta de que para muchos esto no se trata de simples paseos, sino de un modo de vida. Tuve que pensar qué era para mí este viaje, y creo que aún lo estoy decidiendo.

Por la mañana tomé un autobús a Montevideo. Mi plan era pasear unas horas y regresar por la noche a Buenos Aires, pero también me di cuenta de que no tenía caso, así que me quedé de nuevo en otro hostal.

Montevideo es una ciudad melancólica. A pesar de ser una capital federal, me sorprendió lo solitarias que están algunas calles. Casi no hay tráfico, hay mucho viento y oscurece poco después de las nueve de la noche. Hice algunas conclusiones apresuradas: los uruguayos son más reservados y callados que los argentinos, carecen de esa altivez y desenfreno que tienen los porteños. Por otro lado, paradójicamente, los hombres son más coquetos: no tienen reparo en lanzar piropos desde el coche o desde la ventana, y con esto reactivan en un trescientos por ciento la autoestima de la piropeada.

Willy me había contado que los uruguayos tomaban más mate que los argentinos, y de forma desquiciante (por ejemplo, que lo cebaban mientras conducían o entregaban las cartas montados en una bicicleta). No lo descreí, pero cuando llegué al Uruguay tuve que admitir que mi buen amigo se quedó corto.

Los uruguayos no
toman mate: hacen de ello el centro de su existencia. Caminan por la calle agarrados del termo, bajo la axila, como si fuera una prolongación de su cuerpo. Lo beben como agua de uso, con una naturalidad e insistencia que no hace menos extravagante la venta de mates, materas, boquillas y paquetes de hierba mate en todas las presentaciones posibles cada dos metros.

Las calles de Ciudad Vieja son angostas y largas, y de alguna forma todas llevan al puerto. Hay una vibra de algo antiguo y elegante en sus edificios venidos a menos, de colores grises con manchas de humedad.

Al cabo de una larga caminata ya había hecho mi resolución: si alguna vez me exilio, elegiré Uruguay para vivir.

Palacio Legislativo

Plaza Independencia de noche. Jugando con los colores de la cámara.


Uno de esos edificios antiguos, descuidados y hermosos de Ciudad Vieja.


Por la mañana caminé en la playa, de agua helada, cerca del barrio de Pocitos.


Anecdotario Jocoso:

En mi dormitorio había cuatro chilenos. Uno de ellos se parecía a Claudio Valenzuela y me hablaba de usted: "¿Lleva mucho tiempo en Uruguay? ¿Le ha gustado? ¿Va a regresar a Buenos Aires después?"

Me contaron que al día siguiente se irían a Colonia en autobús, y luego de ahí tomarían un ferry a Buenos Aires. Yo partiría directo de Montevideo.

En la noche dejé mi iPod conectado al cable conectado al adaptador de usb conectado al adaptador del enchufe uruguayo conectado al enchufe uruguayo, que era algo como esto:

+
+


Por la mañana sólo tomé el "aipaaad" y, luego de desayunar con todos los otros huéspedes y de decir algunas chabacanerías, me largué a caminar. Cuando volví, no estaban ni mi cablerío ni los chilenos. Tanto la dueña del hostal como yo pensamos que los tomaron sin querer, así que me dio el correo de uno de ellos para ver si lo podía contactar en Buenos Aires o, ya de plano, en Santiago.

Estoy harta de ser tan estúpidamente distraída y de perder las cosas todo el tiempo (la otra vez dejé mi diario con pensamientos máximos y profundos en un locutorio, maldita sea) (pero lo recuperé). Me fui al terminal. De ahí salió un bus de nuevo a Colonia, y de ahí un Seacat a Buenos Aires. La mitad del camino leí y la otra mitad me dormí. Cuando arribamos al puerto, cansada de largas filas, esperé en mi lugar hasta que el ferry se vaciara por completo. Cuando me levanté, los chilenos venían por el mismo pasillo. Jamás se me hubiera ocurrido que tomarían el mismo ferry. Antes de decir nada, uno de ellos sacó mi cablerío y me dijo "¡Mira!".

Fue fenomenal y me hizo sentir menos estúpida.

Sección de letreros chistosos:


Este letrero sólo puede tener sentido en esta parte del mundo.


Estamos de acuerdo en que todo este comercio, que no sé ni de qué era, sería un enorme albur en México.


Perspectivas a futuro:

Creo que visitar la tierra de Onetti me dio un segundo aire y refrescó mi perspectiva del viaje. Aún me faltan los trayectos más pesados, que serán una prueba de resistencia para mi cuerpo y mi mente. Pero también falta lo mejor: las cascadas de Iguazú, el glaciar de Perito Moreno, los Andes, Machu Picchu... Las glorias sagradas del continente. Tengo otra vez la energía. En una hora, por ejemplo, parto hacia Puerto Iguazú. Treinta y cinco horas de viaje en total, ida y vuelta, pero valdrá la pena, estoy segura. O eso quiero pensar. Me reportaré si no pierdo la cabeza.


17 comentarios:

Rosminda Perlasca dijo...

Eyyy desde hace tiempo leo tu blog...fíjate que soy de Guadalajara y acá hay un "tugurio" o cantina que se llama precisamente "LA SIN RIVAL"...ja...saludos

Rosminda Perlasca dijo...

Eyyy desde hace tiempo leo tu blog...fíjate que soy de Guadalajara y acá hay un "tugurio" o cantina que se llama precisamente "LA SIN RIVAL"...ja...saludos

el yo-yo dijo...

en efecto, viajar puede convertirse en algo francamente agobiante: cambiarse de cama cada pocos dias, estar de humor para conocer extraños todo el tiempo, largos trayectos de autobus, el recuento de las mismas historias. pero mas alla de eso a mi me pega la crisis del que chigados estoy haciendo ahi. me estoy haciendo guaje? y todo para que, todo para que? darle sentido a las cosas en un viaje largo es de admirarse.

saludos. ven a brasil.

Patitas de Perro dijo...

Arribe ese animo viajero!

el Profe dijo...

Tenemos exactamente las mismas sensaciones uruguayas, che... Pero pescaste muy bien la atmósfera montevideana: la cosa lenta y melancólica, los edificios medio en ruinas pero por eso mismo encantadores, el viento, la gente amable pero en el fondo un poco distante... Tiene algo, Montevideo, una especie de respiración en cámara lenta. La gente a la que le cuento estas cosas en general me dice que estoy loco, así que me alegra ver que no soy el único.

Y por Colonia, tus sensaciones son iguales a las de la mitad de los argentinos, que fantasean con irse a vivir ahí cuando se jubilen (yo incluido). Es chiquito, redondo y perfecto. Como un Meccano.

"La sin rival" es a todas luces una fábrica de pastas frescas, de ahí el slogan loco. En lugar de comprar un paquete de horribles fideos secos, la gente va ahí y compra fideos, agnolottis, ñoquis, capelettis, sorrentinos y un largo y muy italiano etc., las hierve en pocos minutos y tiene una flor de comida en familia. Es la OTRA tradición argento-uruguaya cuando uno no quiere o no puede hacer un asado. Si en México no tienen eso, tenés que probarlo como sea.

¡Suerte en Iguazú! No te preocupes, si no te morís por derretimiento en el bus, vas a ver las cataratas, vas a sentir el Mazazo de Dios en el cráneo, y tus comprensibles angustias de viajera sin rumbo se van a disolver como un mal sueño.

dni. dijo...

Woooo!
De hace tiempo leo su blo'
(permitame hablarle de uste', no es que sea lamebolas, un poco tal vez, pero es toda una personalidad para mi)
& he leido lo de su viaje, he tenido, pues unos cuantos varios encuentros con viajeros como uste' que pasan por mi rancho aca en Michoacán, y tengo tantas ganas de viajar, justo como usted lo hace en este momento, que leerla, es casi orgasmico, y hasta "ya me vi".

Mero quiere que le diga, es bien inspirador leer su perspectiva de esos paises, tanta vuelta nomas pa decirle eso, siga disfrutando y relatando.

Alana Farrah dijo...

Amiga, sigo pendiente de ti y disfrutando de todo lo que cuentas. ¿Recuerdas que te dije que cuando te fueras iba a lamentar no haberte abrazado más? Pues bueno, resulta que ahora, cuando has llegado a la mitad de tu viaje, yo he emprendido uno hacia la nostalgia por haberte visto tan poco. Hasta ahora reacciono y veo que pasará mucho tiempo hasta que nos volvamos a encontrar. :'(

PD.: Al día siguiente de irte, Barrranquilla se llenó de las brisas más espectaculares, pero desde hace dos días hace un calor aún peor que el de aquellos de tu estadía, estarías derritiéndote... o encerrada en un centro comercial. :P

PD. 2: No escribo mucho en tu blog porque siempre lloro, no hay pierde. Hoy no fue la excepción.

Chilangelina dijo...

Así que empedraron esa calle con suspiros.

Don Rul dijo...

A mí Montevideo también se me hizo un poco triste y desierto, pero la verdad es que comparado con el Defectuoso todo se ve vacío y silencioso.

CHISPAZO DE OPTIMISMO: Después de esas largas travesías, ir de la Ciudat de la Esperanza al 3 veces heroico Polotitlán será para ti sólo un suspiro.

No entendí lo del albur (y creo que tú tampoco).

Fire_tony dijo...

No lo leí, es que estoy cansado y medio pedo.

ge zeta dijo...

La bici que rentaste se parece a la que tenías en tu depa.

Hermosas fotos.

Darkmo dijo...

Lilián, hace ya tiempo que te leo, pero es la primera vez que dejo un comentario. Sólo quiero preguntar ¿estás bien? No decidiste ir a Chile justo antes del terremoto ¿verdad?. Saludos y esperamos pronto los nuevos relatos de tu viaje.

Unicornio dijo...

"Reloaded Á":

Igualmente, espero no te haya afectado el movimiento telúrico de todos tan conocido.

Sigue tu osado periplo rumbo al Sur... y no olvides ver... no, más bien "sentir" los glaciares, si puedes (y no insisto en "brincar" a la Antártida, porque de "brincos sísmicos" ya deberíamos estar "curados"...)

Cuídate y por acá te esperamos...

Glaciarmente, se despide,

el trepidatorio Caballo con Cuerno...

Kyuuketsuki dijo...

Lilián, aunque ya tiene rato que no te comento, he leído tu divertidísima crónica sureña paso a paso. Adelante con el viaje y felicidades, como siempre.

Kari dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kari dijo...

"Montevideo es una ciudad melancólica" Sin dudas que lo es. Me gustó lo que lei, y que sientieras esas cosas lindas por mi tierra!

Saludos desde el Uruguay

David dijo...

Me encanta viajar a Uruguay. Cada vez que voy a comer a un restaurante
puerto madero
, me dan mas ganas de ir ya que cerca de allí se encuentra la terminal de barcos que parten hacia Uruguay