6 de marzo de 2007

Sobre las extrañísimas costumbres de nuestros “camaradas” que, si aún son comunistas, vaya que nos lo han ocultado bastante bien

Hay algo que me tiene intranquila. He pasado numerosas noches en vela tratando de comprender la cuestión y todo lo que he obtenido son unas ojeras terriblemente ridículas y un comportamiento extraño en horas de trabajo, como contestar con monosílabos a cuestionamientos tales como:

Dígame de qué color preferiría las cortinas de su oficina en el Empire State, oh grandísima senadora de todas las repúblicas adjuntas del nuevo régimen bolchevique del reino de Polo-Polo.

o:

¿Va a querer sus esquites con chile del que pica o del que no pica?


Pues bien. Aquí voy:

¿Alguien tendrá la amabilidad de explicarme por qué en la ahora República Federal de Rusia los apócopes o diminutivos siempre son diametralmente opuestos al nombre en cuestión?

Tomaré como ejemplos los proveídos por un tipo alegre y cero existencialista como don Fedor Dostoievski en su grandísima novela Crimen y Castigo:

El protagonista, de nombre Raskólnikov, es llamado Rodia o Rodino por familiares y amigos.

Su hermana, de nombre Avdotia Románovna, es llamada Dúniechka o Dunia por familiares y amigos.

La madre, de nombre Pulkeria (wujú) Alexándrovna, es llamada (¡el colmo!) mamá por sus hijos y señora por amigos.

Pero lo peor no es esto, no. Lo peor es cuando suceden conversaciones larguísimas y profundas entre Raskólnikov y su amigo Razumijin, pues entre tanto ra-bishu-bishu uno ya no sabe quién dijo qué ni cómo. Y la cosa se pone más fea cuando de improviso aparecen personajes con nombres como Piotr Petróvich o Afanasi Ivánovich Vajrushin o Paskrovia Pávlona o Katerina Ivánovna o Pestriakov y todos se ponen a hablar muy contentos y dándose la palabra unos a otros con absoluta cortesía.

¿No pueden tener nombres facilitos y de rápida memorización como Pepe, Ana o Memo? ¿Sería mucho pedir que fueran personas más accesibles, menos complejas y más o menos igual de camaradas?

O que no tuvieran nombres como Marmeládov, quien con su sola presencia provoca el antojo repentino por un bolillo cubierto de mermelada de chabacano.

Chale.

Ruego alguien me explique las razones de estas contrariedades. Por favor hágalo antes de que me convierta en un zombie que escribe sandeces... Esperen: eso ya lo soy.

Llegaron muy tarde.

3 comentarios:

raul g.n. dijo...

Siempre tuve esa duda con los benditos rusos. Pero un buen día dejó de interesarme. Será porque dejé de leerlos; y no sólo por los nombres sino por la inmensa capacidad que tienen para deprimirme (como si mi patética realidad no bastara).
Una buena idea sería que a la hora de traducirlos les pusieran nombres cristianos y decentes a los personajes.
—Perdone, Doña Chuy (Aliona Ivánovna)..., soy un conocido suyo... Ramoncito el del ocho(Raskólnikov)...Le traigo una prenda, que le prometí hace unos días... —y le tendió el objeto que llevaba preparado.

Arthur Alan Gore dijo...

Existe un proverbio maya que reza: "como es arriba, es abajo"...
Quizá para los rusos leer los nombres de Cien años de soledá resulta un auténtico tormento. Remedios la bella, José Arcadio Segundo, Macondo, Aureliano Buendía y Pita Cortéz quizá signifiquen auténticas proezas linguísticas, jajajjajajaja
Pero la neta más de una vez me he preguntado lo mismo que tú. Me gusta mucho leer a Ray Bradbury y eventualmente me cuesta identificar a los protagonistas que no se apellidan Smiths o Johnson.
Grax por el comentario en mi blog, me volveré asiduo al tuyo, colega Moscosa. Sí iré el viernes, si me ves salúdame porque yo soy muy malo con los rostros.
¿Vives en Querétaro, por cierto?
Tengo familia por esos lares.
Ah, grax por decir que mi blog es darqui, pero debo confesar que soy vampiro marinella: negro por fuera, pero cremosito en el fondo.
jajajaja

Daniel Afanador dijo...

muy chistoso lo de los nombres...precisamente estoy leyendo crimen y castigo y para despejar una duda google me trajo a este blog mientras buscaba quién era afanasi ivanovich